Mecanismos Esquizoides, Melanie Klein

NOTAS SOBRE ALGUNOS MECANISMOS
ESQUIZOIDES1
(1946)
INTRODUCCIÓN

ansiedad infantil

Este capítulo se refiere a la importancia de las tempranas ansiedades
y mecanismos paranoides y esquizoides. Durante muchos años me he
ocupado de este tema, aun antes de haber aclarado mis puntos de vista
sobre los procesos depresivos en la infancia. Sin embargo, a medida que fui
elaborando mí concepto sobre la posición depresiva infantil, se impusieron
nuevamente a mi atención los problemas de la fase que la precede. Deseo
formular ahora algunas de mis hipótesis sobre las ansiedades y mecanismos
más precoces2.

Las hipótesis que he de presentar, y que se relacionan con
etapas muy tempranas del desarrollo, surgieron por inferencia del material
obtenido en análisis de adultos y niños, y algunas de ellas parecen
concordar con las observaciones usuales de la labor psiquiátrica. Para
apoyar mis argumentos se requeriría un cúmulo de detallado material de
casos, que por razones de espacio no puedo exponer en el presente trabajo,
por lo que espero llenar este vacío con futuras contribuciones.
Primeramente será útil resumir brevemente las conclusiones que ya
he presentado con respecto a las fases más tempranas del desarrollo3.En la
temprana infancia surgen las ansiedades características de las psicosis, que
conducen al yo a desarrollar mecanismos de defensa específicos. En este
período se encuentran los puntos de fijación de todas las perturbaciones
psicóticas. Esta hipótesis llevó a algunas personas a creer que yo considero
psicóticos a todos los niños, pero ya me he ocupado suficientemente de este
malentendido en otras oportunidades. Las ansiedades psicóticas, los
mecanismos y las defensas del yo en la infancia ejercen una profunda
influencia en todos los aspectos del desarrollo, incluyendo el desarrollo del
yo, superyó y relaciones de objeto.


1 Artículo leído en la Sociedad Psicoanalítica Británica el 4 de diciembre de 1946. Se lo
ha reproducido tal como se lo publicó entonces, aparte de ligeras alteraciones (en
especial la adición de un párrafo y algunas notas al pie).
2 Antes de completar este trabajo, intercambié ideas con Paula Heimann, a quien mucho
agradezco sus sugerencias en la elaboración y formulación de muchos de estos
conceptos.
3 En «Psicoanálisis de Niños» (1932) y «Contribución a la Psicogénesis de los Estados
Maníaco-Depresivos» (1935).


He expuesto a menudo mi punto de vista de que las relaciones de
objeto existen desde el comienzo de la vida, siendo el primer objeto el
pecho de la madre, el que es escindido en un pecho bueno (gratificador) y
un pecho malo (frustrador), conduciendo esta escisión a una separación
entre amor y odio. Sugerí, además, que la relación con el primer objeto
implica su introyección y su proyección, y de esta manera, desde un
comienzo, las relaciones de objeto son modeladas por la interacción entre
introyección y proyección, entre objetos y situaciones internas y externas.
Estos procesos intervienen en la construcción del yo y del superyó, y
preparan el terreno para el advenimiento del complejo de Edipo en la
segunda mitad del primer año.
Desde un comienzo, el impulso destructivo se dirige hacia el objeto y
se expresa primeramente en fantasías de ataques sádico-orales al pecho de
la madre, que pronto se transforman en violentos ataques a su cuerpo con
todos los recursos del sadismo. Los temores persecutorios que surgen de
los impulsos sádico-orales del niño de robar del cuerpo de la madre sus
contenidos buenos, y de los impulsos sádico-anales de colocar dentro de
ella sus excrementos (incluyendo el deseo de entrar en su cuerpo para
poder controlarla desde adentro) son de gran importancia para el desarrollo
de la paranoia y de la esquizofrenia.
He enumerado varias defensas típicas del yo precoz, tales como los
mecanismos de escisión del objeto y de los impulsos, la idealización, la
negación de la realidad interior y exterior, y el ahogo de las emociones. He
mencionado también varios contenidos de la ansiedad, incluyendo el miedo
de ser envenenado y devorado. La mayor parte de estos fenómenos -que
prevalecen en los primeros meses de vida- se encuentran en el cuadro
sintomático posterior de la esquizofrenia.
He descrito este periodo temprano primero como «fase persecutoria»
y luego como «posición paranoide»4, y sostuve que precede a la posición
depresiva. Silos temores persecutorios son muy intensos, y si por esta razón
(entre otras) el niño no puede superar la posición paranoide, le es también
imposible superar la posición depresiva. Este fracaso puede conducir a un
reforzamiento regresivo de los temores persecutorios y fortificar los puntos
de fijación de graves psicosis (es decir, el grupo de las esquizofrenias). El
surgimiento de severas dificultades durante el período de la posición
depresiva puede provocar perturbaciones maníaco-depresivas en la vida
posterior. He llegado también a la conclusión de que en perturbaciones
menos agudas del desarrollo, los mismos factores influyen intensamente en
la elección de la neurosis.
4 Cuando publiqué por vez primera este trabajo en 1946 utilizaba el término «Posición
paranoide» como sinónimo de la «posición esquizoide» de W.R.D. Fairbairn.
Habiéndolo pensado más, decidí combinar el término de Fairbairn con el mío y utilizar
la expresión «posición esquizo-paranoide».
Aunque he supuesto que el resultado de la posición depresiva
depende de la elaboración de la fase precedente, le he atribuido, sin
embargo, un papel central en el desarrollo temprano del niño. Porque con la
introyección del objeto como un todo, la relación objetal del niño se
modifica fundamentalmente. La síntesis entre los aspectos amados y
odiados del objeto total da origen a sentimientos de duelo y de culpa que
implican progresos vitales en la vida emocional e intelectual del niño. Esto
constituye también un punto crucial para la elección de neurosis o psicosis.
Mantengo aún todas estas conclusiones.
ALGUNAS NOTAS SOBRE LOS RECIENTES TRABAJOS DE
FAIRBAIRN
En varios trabajos recientes5 Fairbairn se ha ocupado mucho del tema
al que me refiero. Por eso he creído necesario aclarar algunos puntos
esenciales de acuerdo y desacuerdo entre nosotros. Se verá que algunas de
las conclusiones que he de presentar en este trabajo coinciden con las de
Fairbairn, mientras que otras difieren fundamentalmente. El enfoque de
Fairbairn está hecho en gran medida desde el ángulo del desarrollo del yo
en relación con los objetos, mientras que el mío ha sido hecho
predominantemente desde el ángulo de las ansiedades y sus vicisitudes.
Fairbairn denomina a la fase más temprana «posición esquizoide», y afirma
que ésta forma parte del desarrollo normal y constituye la base de la
enfermedad esquizoide y esquizofrénica adulta. Estoy de acuerdo con este
concepto y considero su descripción de los fenómenos esquizoides del
desarrollo muy importante y esclarecedora, y de gran valor para nuestra
comprensión de la conducta esquizoide y de la esquizofrenia. También
considero que el punto de vista de Fairbairn de que el grupo de
perturbaciones esquizoides y esquizofrénicas es mucho más amplio de lo
que se ha creído es correcto e importante, y que el énfasis particular que
pone sobre la intrínseca relación entre histeria y esquizofrenia merece suma
atención. Su denominación «posición esquizoide» parece adecuada, si se
entiende que abarca tanto el temor persecutorio como los mecanismos
esquizoides.
Estoy en desacuerdo, para mencionar primero los puntos básicos, con
su revisión de la teoría de la estructura mental y de los instintos. También
estoy en desacuerdo con su concepto de que en un comienzo sólo se
internaliza el objeto malo, concepto que creo contribuye a la importante
diferencia que existe entre nosotros con respecto al desarrollo de las
5 «Revisión de la Psicopatología de las Psicosis y Psiconeurosis», «Las Estructuras
Endopsíquicas Consideradas en Términos de Relaciones de Objeto» y «Relaciones
Objetales y Estructura Dinámica».
relaciones de objeto y al desarrollo del yo. Por mi parte, sostengo que el
pecho bueno introyectado forma una parte vital del yo, ejerce desde un
comienzo una influencia fundamental en el proceso del desarrollo del yo y
afecta tanto a la estructura yoica como las relaciones de objeto. Disiento
también con su concepto de que «el mayor problema del esquizoide es
cómo amar sin destruir con su amor, mientras que el mayor problema del
depresivo es cómo amar sin destruir con su odio»6. Esta conclusión está de
acuerdo no sólo con su rechazo del concepto de instintos primarios, sino
también con su subestimación del papel que desempeñan la agresión y el
odio desde el principio de la vida. Como resultado de este enfoque, no da
suficiente importancia a la ansiedad y conflicto tempranos y a sus efectos
dinámicos sobre el desarrollo.
ALGUNOS PROBLEMAS DEL YO TEMPRANO
En la exposición que sigue he de separar un aspecto del desarrollo
del yo y deliberadamente no trataré de relacionarlo con los problemas del
desarrollo del yo como un todo. Tampoco puedo referirme aquí a la
relación del yo con el ello y el superyó.
Hasta el momento conocemos muy poco de la estructura del yo
temprano. Algunas sugestiones recientes al respecto no me han convencido.
Me refiero particularmente al concepto de Glover sobre los núcleos del yo
y a la teoría de Fairbairn del yo central y los dos subsidiarios. Creo más
eficaz la importancia que da Winnicott a la no integración del yo
temprano7. Diría también que el yo temprano carece de cohesión y que una
tendencia a la integración alterna con una tendencia a desintegrarse, a
hacerse pedazos8. Pienso que estas fluctuaciones son características de los
primeros meses de vida.
Creo que tenemos razón al suponer que algunas de las funciones que
conocemos en el yo posterior existen desde un comienzo. La más
sobresaliente de estas funciones es la de hacer frente a la ansiedad.
Sostengo que la ansiedad surge de la actuación del instinto de muerte
dentro del organismo, es sentida como temor a la aniquilación (muerte) y
toma la forma de temor a la persecución. El temor al impulso destructivo
parece ligarse inmediatamente a un objeto, o mejor dicho es vivenciado
6 «Revisión de la Psicopatología de las Psicosis y Psiconeurosis» (1941).
7 Véase D. Winnicott, «Primitive Emotional Development (1945) En este trabajo
Winnicott describe también el resultado patológico de estados de no integración,
citando, por ejemplo, el caso de una enferma que no podía distinguir a su hermana
gemela de sí misma.
8 La mayor o menor cohesión del yo en el comienzo de la vida postnatal debe
considerarse en conexión con la mayor o menor capacidad del yo para tolerar ansiedad
la cual, como ya sostuve (“El Psicoanálisis de Niños” pág. 65) es un factor
constitucional.
como temor a un abrumador objeto incontrolable. Otras fuentes
importantes de ansiedad primaria son el trauma del nacimiento (ansiedad
de separación) y la frustración de las necesidades corporales; y también
estas experiencias se sienten desde un principio, como provocadas por
objetos. Aun cuando estos objetos sean sentidos como externos, se
transforman, por introyección, en perseguidores internos, reforzando así el
temor a los impulsos destructivos internos.
La necesidad vital de hacer frente a la ansiedad fuerza al yo
temprano a desarrollar mecanismos y defensas fundamentales. El impulso
destructivo es proyectado en parte hacia afuera (desviación del instinto de
muerte) y según creo, se liga inmediatamente al objeto externo primario, el
pecho de la madre. Tal como lo señaló Freud, el remanente del impulso
destructivo es ligado hasta cierto punto dentro del organismo por la libido.
Empero, ninguno de estos procesos cumple enteramente su propósito, y por
tanto, la ansiedad de ser destruido desde adentro sigue activa. Creo que está
de acuerdo con la falta de cohesión el hecho de que bajo la presión de este
temor el yo tienda a hacerse pedazos9. Este hacerse pedazos parece
subyacer a los estados de desintegración de los esquizofrénicos. Se
plantea el interrogante de si algunos procesos activos de escisión del yo no
pueden tener lugar incluso en una época muy temprana. Como suponemos,
el yo temprano escinde en forma activa al objeto y a su relación con él, lo
que puede implicar cierta escisión activa del yo mismo. De cualquier modo,
el resultado de la escisión es una dispersión del impulso destructivo, que es
sentido como la fuente de peligro. Sugiero que la ansiedad primaria de ser
aniquilado por una fuerza destructiva interior, con la respuesta específica
del yo de hacerse pedazos o escindirse, puede ser de mucha importancia en
todos los procesos esquizofrénicos.
PROCESOS DE ESCISIÓN EN RELACIÓN CON EL OBJETO
El impulso destructivo proyectado afuera es experimentado primero
como agresión oral. Creo que los impulsos sádico-orales hacia el pecho de
la madre son activos desde el comienzo de la vida, si bien con la iniciación
de la dentición los impulsos canibalistas aumentan en intensidad, hecho que
fue señalado por Abraham.
En estados de frustración y ansiedad los deseos sádico-orales y
canibalistas se refuerzan y el niño siente que ha incorporado el pezón y el
pecho en pedazos. De esta manera, junto a la división entre un pecho bueno
9 Ferenczi en «Notas y Fragmentos» (1930) sugiere que muy posiblemente todo
organismo viviente reacciona a los estímulos displacenteros con fragmentación, la que
sería una expresión del instinto de muerte. Es posible que los organismos complejos
(organismos vivos) solo se mantienen como entidad por el impacto de las condiciones
externas. Cuando éstas se hacen desfavorables, el organismo se hace pedazos.
y uno malo en la fantasía del niño, el pecho frustrador -atacado en fantasías
sádico-orales- es sentido como hecho pedazos, mientras que el pecho
gratificador, incorporado bajo el dominio de la libido de succión, es sentido
como completo. Este primer objeto interno bueno actúa como un punto
central del yo. Contrarresta los procesos de escisión y dispersión,
contribuye a la cohesión e integración y constituye un factor en la
construcción del yo10. Pero la sensación del niño de tener adentro un pecho
bueno y completo puede ser sacudida por la frustración y ansiedad. Como
resultado, la división entre el pecho bueno y el malo puede ser difícil de
mantener y el niño puede sentir que también el pecho bueno está hecho
pedazos.
Creo que el yo es incapaz de escindir al objeto -interno y externo- sin
que se lleve a cabo una escisión correspondiente dentro del yo mismo. Por
tanto, las fantasías y sentimientos con respecto al estado del objeto interno
influyen vitalmente en la estructura del yo. Cuanto más sadismo prevalece
en el proceso de incorporación del objeto y cuanto más se siente que el
objeto está hecho pedazos, tanto más está el yo en peligro de escindirse en
relación con los fragmentos del objeto internalizado.
Por supuesto que los procesos que he descrito están ligados a la vida
de fantasía del niño, y que las ansiedades que estimulan el mecanismo de
escisión son también de naturaleza fantástica. Es en la fantasía que el niño
escinde al objeto y al yo, pero el efecto de esta fantasía es muy real, porque
conduce a sentimientos y relaciones (y luego a procesos de pensamiento)
que están de hecho desconectados entre sí11.
LA ESCISIÓN EN RELACIÓN CON LA INTROYECCIÓN Y LA
PROYECCIÓN
Me he referido hasta ahora particularmente al mecanismo de escisión
como a uno de los mecanismos y defensas más tempranos del yo contra la
ansiedad. La introyección y la proyección son también usadas desde el
principio de la vida al servicio de este propósito primario del yo. La
proyección, como la describió Freud, se origina por la desviación hacia el
exterior del instinto de muerte y, desde mi punto de vista, ayuda al yo a
10 Winnicott (loc. cit.) se refiere al mismo proceso, aunque desde otro punto de vista, al
describir cómo la integración y la adaptación a la realidad dependen esencialmente de la
experiencia del niño, del cuidado y del amor de la madre.
11 En la discusión que siguió a la presentación de este trabajo, Clifford Scott se refirió a
otro aspecto de la disociación. Señaló la importancia de las grietas en la continuidad de
experiencias, que implican una disociación en el tiempo mas que en el espacio. Se
refirió, como ejemplo, a la alternación entre estados de reposo y estados de vigilia.
Concuerdo completamente en que la disociación no debe ser considerada meramente en
términos de espacio y en que las grietas en la continuidad son muy esenciales para la
comprensión de los mecanismos esquizoides.
superar la ansiedad librándolo de lo peligroso y de lo malo. La introyección
del objeto bueno es también utilizada por el yo como una defensa contra la
ansiedad.
Íntimamente relacionados con la proyección y la introyección se
encuentran algunos mecanismos. Me interesa aquí particularmente la
relación entre escisión, idealización y negación. Con respecto a la escisión
del objeto, debemos recordar que en estados de gratificación los
sentimientos de amor se dirigen hacia el pecho gratificador, mientras que
en estados de frustración el odio y la ansiedad persecutoria se ligan al
pecho frustrador.
La idealización está ligada a la escisión del objeto, ya que se
exageran los aspectos buenos del pecho como salvaguardia contra el temor
al pecho persecutorio. La idealización es, así, el corolario del temor
persecutorio, pero surge también del poder de los deseos instintivos, que
aspiran a una gratificación ilimitada y crean, por tanto, el cuadro de un
pecho inagotable y siempre generoso, un pecho ideal.
Un buen ejemplo de semejante clivaje lo constituye la gratificación
alucinatoria infantil. Los principales procesos que entran en juego en la
idealización actúan también en la gratificación alucinatoria, principalmente
la escisión del objeto y la negación tanto de la frustración como de la
persecución. El objeto frustrador y persecutorio es mantenido muy
separado del objeto idealizado. No obstante, el objeto malo no sólo es
mantenido separado del bueno sino que su misma existencia es negada,
como también la entera situación de frustración y los malos sentimientos
(dolor) a que da lugar la misma. Esto está ligado a la negación de la
realidad psíquica. La negación de la realidad psíquica sólo se hace posible a
través de fuertes sentimientos de omnipotencia, característica esencial de la
mente infantil. La negación omnipotente de la existencia del objeto malo y
de la situación dolorosa equivale, en el inconsciente, a la aniquilación por
medio del impulso destructivo. Sin embargo, no es sólo una situación y un
objeto lo que se niega y aniquila; es una relación de objeto la que sufre este
destino, y por tanto, también es negada y aniquilada una parte del yo, de
quien emanan los sentimientos hacia el objeto.
De esta manera, en la gratificación alucinatoria tienen lugar dos
procesos interrelacionados: la conjuración omnipotente del objeto y
situaciones ideales, y la igualmente omnipotente aniquilación del objeto
malo persecutorio y de la situación dolorosa. Estos procesos están basados
en la escisión tanto del objeto como del yo.
Mencionaré, al pasar, que en esta fase temprana la escisión, la
negación y la omnipotencia desempeñan un papel similar al que cumple la
represión en una época posterior del desarrollo del yo. Al considerar la
importancia de los procesos de negación y omnipotencia en un estadio
caracterizado por temores persecutorios y mecanismos esquizoides,
podemos recordar las ideas delirantes de grandeza y de persecución en la
esquizofrenia.
Hasta ahora, al referirme al temor persecutorio me referí sólo al
elemento oral. Sin embargo, aunque la libido oral mantiene la primacía,
impulsos y fantasías libidinales y agresivos de otras fuentes entran en
acción y provocan una confluencia de deseos orales, uretrales y anales,
tanto libidinales como agresivos. Los ataques contra el pecho de la madre
evolucionan también hacia ataques de naturaleza similar contra su cuerpo,
el que pasa a ser sentido, por así decirlo, como una continuación del pecho,
aun antes de que la madre pueda ser concebida como persona total. Los
fantaseados ataques a la madre siguen dos líneas principales: una es el
impulso predominantemente oral de chupar hasta la última gota, arrancar
con los dientes, vaciar y robar del cuerpo de la madre los contenidos
buenos. (Expondré la relación de estos impulsos con el desarrollo de las
relaciones de objeto en referencia a la introyección.) La otra línea de ataque
deriva de los impulsos anales y uretrales e implica el expulsar sustancias
peligrosas (excrementos) fuera del yo y dentro de la madre. Junto con estos
excrementos dañinos, expelidos con odio, también son proyectados en la
madre, o, como prefería decirlo, dentro de la madre12 partes escindidas del
yo. Estos excrementos y partes malas del yo no sólo sirven para dañar al
objeto sino también para controlarlo y tomar posesión de él. En la medida
en que la madre pasa a contener las partes malas del yo, no se la siente
como un ser separado, sino como el yo malo. Mucho del odio contra partes
del yo se dirige ahora contra la madre. Esto lleva a una forma especial de
identificación que establece el prototipo de una agresiva relación de objeto.
Sugerí para estos procesos el término «identificación proyectiva». Cuando
la proyección deriva del impulso a dañar o controlar a la madre13, el niño
siente a ésta como un perseguidor. En perturbaciones psicóticas, esta
identificación de un objeto con las partes odiadas del yo contribuye a la
intensidad del odio dirigido contra los demás. En lo que atañe al yo, la
excesiva escisión de partes de si mismo y la expulsión de éstas al mundo
exterior lo debilitan considerablemente. Pues el componente agresivo de
12 La descripción de tales procesos primitivos está muy obstaculizada porque estas
fantasías surgen en una época en la que el niño no ha empezado aún a pensar con
palabras. En este trabajo, por ejemplo, utilizo la expresión «proyectar dentro de otra
persona» porque éste me parece el único medio de transmitir el proceso inconsciente
que trato de describir.
13 Gwen Evans, en un corto trabajo sin publicar (leído en la Sociedad Psicoanalítica
Británica, en enero de 1946) dio algunos ejemplos de enfermos en los que los
fenómenos siguientes eran pronunciados: falta de sentido de la realidad, sentimiento de
estar dividido y de que partes de la personalidad habían penetrado en el cuerpo de la
madre para robarla y controlarla; como consecuencia, la madre y otras personas
similarmente atacadas representaban a la enferma. Evans atribuyó estos procesos a una
etapa muy primitiva del desarrollo.
los sentimientos y de la personalidad está íntimamente ligado en la mente
con poder, potencia, fuerza, conocimiento y muchas otras cualidades
deseables.
Empero, no son sólo las partes malas del yo las que se expulsan y
proyectan, sino también partes buenas del yo. Los excrementos tienen
entonces significado de regalos, y las partes del yo que junto con los
excrementos se expulsan y proyectan en el Otro representan las partes
buenas, es decir, amorosas, del yo. La identificación basada en este tipo de
proyección influye de nuevo vitalmente en las relaciones de objeto. La
proyección de sentimientos buenos y de partes buenas del yo dentro de la
madre es esencial para la capacidad del niño de desarrollar buenas
relaciones de objeto y de integrar su yo. Pero, si este proceso de proyección
es excesivo, se sienten perdidas partes buenas de la personalidad y de este
modo la madre se transforma en el ideal del yo; este proceso también
debilita y empobrece al yo. Muy pronto estos procesos se extienden a otras
personas14, y el resultado puede ser una extrema dependencia de estos
representantes externos de la propias partes buenas. Otra consecuencia es el
temor de haber perdido la capacidad de amar, porque se siente que el objeto
amado es amado predominantemente como representante del yo. En
consecuencia, los procesos de escindir partes del yo y proyectarlas en
objetos son de vital importancia tanto para el desarrollo normal como para
las relaciones objetales anormales.
El efecto de la introyección en las relaciones de objeto es igualmente
importante. La introyección del objeto bueno, ante todo el pecho de la
madre, es una precondición para el desarrollo normal. Ya he descrito cómo
el pecho interno bueno pasa a constituir un punto central en el yo y
contribuye a su cohesión. Un rasgo característico de la relación temprana
con el objeto bueno, interno y externo, es la tendencia a idealizarlo. En
estados de frustración o de ansiedad incrementada, el niño se ve obligado a
huir hacia su objeto interno idealizado como medio de escapar de los
perseguidores. Este mecanismo puede dar origen a varias perturbaciones
graves: cuando el temor persecutorio es muy intenso, la fuga hacia el objeto
idealizado se hace excesiva, y esto entorpece severamente el desarrollo del
yo y perturba las relaciones de objeto. Como resultado puede sentirse el yo
como enteramente subordinado y dependiente del objeto interno -como si
fuera sólo la cáscara que lo recubre-. Junto a un objeto idealizado no
asimilado se encuentra el sentimiento de que el yo no tiene ni vida ni valor
14 Clifford Scott, en un trabajo sin publicar y leído en esta sociedad hace algunos años,
describió tres rasgos interrelacionados con los que se encontró en una enferma
esquizofrénica: una fuerte perturbación de su sentido de la realidad, el sentimiento de
que el mundo que la circundaba era un cementerio y el mecanismo de colocar todas las
partes buenas de ella en otra persona, Greta Garbo, quien pasó a estar en su lugar.
propios15. Yo sugeriría que el estado de fuga hacia un objeto idealizado no
asimilado requiere aun más procesos de escisión dentro del yo. Ya que
algunas partes del yo intentan unirse con el objeto ideal, mientras otras
luchan por hacer frente a los perseguidores internos. Las diversas formas de
escindir al yo y a los objetos internos traen como consecuencia el
sentimiento de que el yo está hecho pedazos. Este sentimiento puede llegar
hasta el estado de desintegración. En el desarrollo normal, los estados de
desintegración que experimenta el bebé son transitorios. Entre otros
factores, la gratificación por parte del objeto externo bueno16 lo ayuda
reiteradamente a superar estos estados esquizoides. La capacidad del bebé
de superar estados esquizoides temporarios está de acuerdo con la fuerte
elasticidad y resistencia de la mente infantil. Si estados de escisión y, por
tanto, de desintegración que el yo no puede superar se producen con
excesiva frecuencia y duran demasiado, deben ser considerados, desde mi
punto de vista, como señales de enfermedad esquizofrénica en el niño,
pudiéndose comprobar algunos indicios de dicha enfermedad ya en los
primeros meses de vida. En enfermos adultos, los estados de
despersonalización y de escisión esquizofrénica parecen una regresión a
esos estados infantiles de desintegración17. En mi experiencia, excesivos
temores persecutorios y mecanismos esquizoides en la temprana infancia
pueden tener un efecto pernicioso en el desarrollo intelectual en sus
estadíos iniciales. Ciertas formas de deficiencia mental debieran, pues, ser
consideradas como pertenecientes al grupo de las esquizofrenias.
15 Paula Heimann en «Sublimation and its Relation to proceses of Internalization»
(1942) ha descrito una situación en la cual los objetos internos actúan como cuerpos
extraños asimilados en uno mismo. Mientras esto es evidente con respecto a los objetos
malos, es también cierto aun para los buenos, en el caso de que el yo sea
compulsivamente subordinado a la preservación de los mismos. Cuando el yo sirve
excesivamente a sus buenos objetos internos, éstos son sentidos como una fuente de
peligro y están próximos a ejercer una influencia persecutoria. Paula Heimann introdujo
el concepto de la asimilación de los objetos internos y lo aplicó específicamente a la
sublimación. Con respecto al desarrollo del yo, señaló que la asimilación es esencial
para el ejercicio exitoso de sus funciones y para el logro de la independencia.
16 Enfocado desde este punto de vista, el amor y comprensión de la madre pueden
considerarse como el mayor aliado que tiene el niño para superar estados de
desintegración y angustias de naturaleza psicótica.
17 Herbert Rosenfeld, en «Análisis de un Cuadro Esquizofrénico con
Despersonalización» (1947), presentó un caso para ilustrar cómo los mecanismos de
desintegración que intervienen en la identificación proyectiva eran responsables del
estado esquizofrénico y la despersonalización. En su trabajo «Nota Sobre la
Psicopatología de los Estados Confusionales en Esquizofrenias Crónicas» (1950)
también señaló que un estado confusional se produce si el sujeto pierde la capacidad de
diferenciar entre objetos buenos y malos, entre impulsos agresivos y libidinales, etc.
sugirió que en dichos estados de confusión los mecanismos de desintegración son
reforzados con fines de defensa.
Concordantemente, al considerar la posibilidad de deficiencia mental en
niños de cualquier edad, debiera tenerse en cuenta una posible enfermedad
esquizofrénica en la temprana infancia.
He descrito hasta aquí algunos efectos de la excesiva introyección y
proyección sobre las relaciones de objeto. No intento investigar aquí en
detalle los diversos factores que en algunos casos contribuyen a un
predominio de procesos de introyección y en otros, de proyección. En lo
que se refiere a la personalidad normal, puede decirse que el curso del
desarrollo del yo y de las relaciones de objeto depende del grado en que
puede lograrse un óptimo equilibrio entre la introyección y la proyección
en los estadíos tempranos del desarrollo. Esto, a su vez, influye en la
integración del yo y en la asimilación de objetos internos. Aun en el caso
de que el equilibrio esté perturbado y uno u otro de estos procesos sea
excesivo, existe cierta interacción entre la introyección y la proyección. Por
ejemplo, la proyección de un mundo interior predominantemente hostil
dominado por temores persecutorios, lleva a introyectar -a volver a tomarun
mundo externo hostil, y viceversa, la introyección de un mundo externo
distorsionado y hostil refuerza la proyección de un mundo interno hostil.
Como hemos visto, otro aspecto de los procesos de proyección
implica la irrupción dentro del objeto y su control por partes del yo. Como
consecuencia, la introyección puede entonces ser sentida como una entrada
violenta desde el exterior al interior, en retribución de la violenta
proyección. Esto puede conducir al temor de que no sólo el cuerpo, sino
también la mente, sean controlados por otras personas en forma hostil.
Como resultado puede producirse una aguda perturbación en la
introyección de objetos buenos, perturbación que impedirá tanto las
funciones del yo como el desarrollo sexual, y que puede conducir a un
excesivo retraimiento en el mundo interno. Sin embargo, este retraimiento
no es sólo causado por el temor de introyectar un mundo externo peligroso,
sino también por el temor a los perseguidores internos, y una consiguiente
fuga hacia el objeto interno idealizado.
Me he referido al debilitamiento y empobrecimiento del yo resultante
de la excesiva escisión e identificación proyectiva. Pero este yo debilitado
se vuelve también incapaz de asimilar sus objetos internos, lo que conduce
al sentimiento de que es dominado por ellos. Nuevamente, dicho yo
debilitado se siente incapaz de retomar dentro de sí mismo las partes que ha
proyectado en el mundo exterior. Estas diversas perturbaciones en el
interjuego entre proyección e introyección, que implican excesiva escisión
del yo, tienen un efecto perjudicial en la relación con el mundo interno y
externo, y parecen encontrarse en la raíz de algunas formas de
esquizofrenia.
La identificación proyectiva es la base de muchas situaciones de
ansiedad, de las cuales mencionaré algunas. La fantasía de forzar la entrada
en el objeto origina ansiedades relacionadas con los peligros que amenazan
al sujeto desde el interior del objeto. Por ejemplo, los impulsos de controlar
un objeto desde dentro despiertan el miedo de ser controlado y perseguido
dentro de él. Al introyectar y reintroyectar el objeto en que se entró por la
fuerza, se refuerzan los sentimientos del sujeto de persecución interna; más
aun dado que el objeto reintroyectado es sentido como conteniendo los
aspectos peligrosos del yo. La acumulación de ansiedades de esta
naturaleza, en las que el yo se ve atrapado entre una variedad de situaciones
de persecución interna y externa, es un elemento básico en la paranoia18.
He descrito previamente19 las fantasías de ataque y de penetración sádica
del cuerpo de la madre que tiene el bebé como fuente de diversas
situaciones de ansiedad (particularmente, el temor de quedar prisionero
dentro de ella y de ser perseguido) que están en la base de la paranoia.
También he mostrado que el temor de quedar prisionero (y especialmente
de que el pene sea atacado) dentro de la madre, es un factor importante en
posteriores perturbaciones de la potencia masculina (impotencia) y también
subyace a la claustrofobia20.
RELACIONES OBJETALES ESQUIZOIDES
Para resumir algunas de las perturbadas relaciones de objeto que se
encuentran en personalidades esquizoides: la violenta escisión del yo y la
18 Herbert Rosenfeld en «Análisis de un Cuadro Esquizofrénico con
Despersonalización» (1947) y en «Observaciones Sobre la Relación Entre la
Homosexualidad Masculina y la Paranoia, Ansiedad Paranoide y Narcisismo» (1949),
expuso la importancia clínica de las ansiedades paranoides que están conectadas con la
identificación proyectiva en los pacientes psicóticos. En dos casos de esquizofrenia que
describió, era bien claro que los pacientes estaban dominados por el temor de que el
analista estaba tratando de imponerse a ellos. Cuando se analizaron estos temores en la
transferencia pudieron progresar. Además, Rosenfeld ha conectado la identificación
proyectiva (y los correspondientes temores de persecución) por una parte con la frigidez
femenina y además con la frecuente combinación de homosexualidad y paranoia en los
hombres.
19 “El Psicoanálisis de Niños”, capítulos 8 y 12.
20 Joan Riviere, en un trabajo no publicado sobre «Paranoid Attitudes Seen in Everyday
Life and in Analysis», leído ante la Sociedad Psicoanalítica Británica, en 1848,
comunicó mucho material clínico en el cual la identificación proyectiva se ponía en
evidencia. Las fantasías inconscientes de entrar por la fuerza en el objeto (para obtener
control y posesión), llevaban por el temor de retaliación a una variedad de ansiedades
persecutorias tales como la claustrofobia, o fobias a los ladrones, arañas o, en época de
guerra, fobia a la invasión. Estos miedos están conectados con las fantasías
«catastróficas» inconscientes de ser desmembrado, despanzurrado, cortado en pedacitos
o de total destrucción del cuerpo y la personalidad y pérdida de la identidad; temores
que son una elaboración del temor a la aniquilación (muerte) y tienen el efecto de
reforzar los mecanismos de escisión y el proceso de desintegración del yo que se ve en
los psicóticos.
excesiva proyección tienen el efecto de que la persona hacia la cual se
dirige este proceso sea sentida como un perseguidor. Dado que la parte
destructiva y odiada del yo que se ha escindido y proyectado es sentida
como un peligro para el objeto amado, y por lo tanto origina la culpa, este
proceso de proyección implica, en cierta forma, una desviación de la culpa
desde el yo hacia el otro. Pero no se ha hecho desaparecer la culpa, y la
culpa desviada es sentida como una responsabilidad inconsciente por las
personas que han pasado a ser representantes de la parte agresiva del yo
Otro rasgo típico de las relaciones objetales esquizoides es su
naturaleza narcisista, que deriva de los procesos infantiles de introyección y
proyección. Porque, como ya lo he sugerido, cuando el ideal del yo se
proyecta en otra persona, esta persona pasa a ser predominantemente
amada y admirada porque contiene las partes buenas del yo. De la misma
manera, la relación con otra persona basada en la proyección en ella de
partes malas del yo, es de naturaleza narcisista, porque también en este
caso el objeto representa fuertemente una parte del yo. Ambos tipos de
relación narcisista con un objeto exhiben a menudo fuertes rasgos
obsesivos. El impulso a controlar a otras personas es, como sabemos, un
elemento esencial de la neurosis obsesiva. La necesidad de controlar a otros
puede ser explicada, hasta cierto punto, como un impulso desviado de
controlar partes del yo. Cuando estas partes han sido excesivamente
proyectadas sobre otra persona, sólo pueden ser controladas controlando a
la otra persona. De esta manera, una de las raíces de los mecanismos
obsesivos podría encontrarse en la particular identificación que resulta de
los procesos de proyección infantiles. Esta relación puede también
esclarecer en parte el elemento obsesivo que interviene tan a menudo en la
tendencia a la reparación. Porque no sólo se siente culpa por los objetos
sino también por partes del yo que el sujeto se siente impulsado a reparar o
reconstruir.
Todos estos factores pueden conducir a un ligamen compulsivo a
ciertos objetos o, lo que sería otro resultado, a una huida de las personas,
con el intento de prevenir tanto una intrusión destructiva dentro de ellas,
como el peligro de una retaliación. El temor a dichos peligros puede
manifestarse en varias actitudes negativas en las relaciones de objeto. Por
ejemplo, uno de mis pacientes me dijo que no le gustaban las personas
sobre las que él ejercía mucha influencia porque parecían volverse muy
parecidas a él y por eso «se cansaba» de ellas.
Otra característica de las relaciones de objeto esquizoides es una
pronunciada artificialidad y falta de espontaneidad. Paralelamente a esto se
encuentra una seria perturbación en el sentimiento del yo o, como me
siento inclinada a decir, en la relación con el yo. Esta relación parece ser
también artificial. En otras palabras, la realidad psíquica y la relación con
la realidad externa están igualmente perturbadas
La proyección dentro de otra persona de partes escindidas del yo
influye especialmente en las relaciones de objeto, en la vida emocional y en
la personalidad total. Para ilustrar este punto seleccionaré como ejemplo
dos fenómenos universales ligados entre sí: el sentimiento de soledad y el
temor a separarse. Sabemos que una de las fuentes de los sentimientos
depresivos que acompañan al separarse de otros puede encontrarse en el
temor a la destrucción del objeto por los impulsos agresivos dirigidos hacia
él. Pero, más específicamente, son los procesos de escisión y proyección
los que subyacen a este temor. Si predominan los elementos agresivos en la
relación con el objeto y la frustración de la partida los despierta
intensamente, el individuo siente que los componentes escindidos de su yo,
proyectados en el objeto, controlan a éste en forma agresiva y destructiva.
Al mismo tiempo se siente al objeto interno en el mismo peligro de
destrucción que el objeto externo, en el que se siente que se ha dejado una
parte del yo. El resultado es un excesivo debilitamiento del yo, el
sentimiento de que no hay nada que lo sostenga, y un correspondiente
sentimiento de soledad. Sí bien esta descripción se aplica a los neuróticos,
creo que hasta cierto punto constituye un fenómeno general.
No considero necesario subrayar que algunos otros rasgos de las
relaciones objetales esquizoides, que he descrito anteriormente, pueden
también encontrarse, en menor grado y en forma menos marcada, en
sujetos normales, por ejemplo timidez, falta de espontaneidad o, por el
contrario, un interés particularmente intenso por los demás.
En forma similar, las perturbaciones normales en los procesos de
pensamiento pueden relacionarse con la posición esquizo-paranoide
evolutiva. Porque todos nosotros estamos sujetos a veces a un momentáneo
bloqueo del pensamiento lógico, llegando al extremo de que se desconecten
pensamientos y asociaciones y que se escindan situaciones unas de otras:
en realidad, el yo está temporariamente escindido.
LA POSICIÓN DEPRESIVA EN RELACIÓN CON LA POSICIÓN
ESQUIZO-PARANOIDE
Deseo considerar ahora las etapas siguientes en el desarrollo del
niño. Hasta aquí he descrito las ansiedades, mecanismos y defensas
característicos de los primeros meses de vida. Con la introyección del
objeto total durante el segundo cuarto del primer año, se realizan marcados
progresos en la integración. Esto implica importantes cambios en la
relación con los objetos. Los aspectos amados y odiados de la madre ya no
son percibidos como tan separados, y en consecuencia se produce un mayor
miedo a la pérdida, un fuerte sentimiento de culpa y estados análogos al
duelo, porque se siente que los impulsos agresivos se dirigen contra el
objeto amado. La posición depresiva entra en escena. La misma
experiencia de sentimientos depresivos tiene, a su vez, el efecto de integrar
más al yo, porque contribuye a una mayor comprensión de la realidad
psíquica y a una mayor percepción del mundo externo, como también a una
mayor síntesis entre las situaciones internas y externas.
El impulso a la reparación, que aparece en esta etapa, puede ser
considerado como la consecuencia de un mayor insight de la realidad
psíquica y de una creciente síntesis, ya que muestra una respuesta más
realista a los sentimientos de aflicción, culpa y temor a la pérdida,
resultantes de la agresión contra el objeto amado. Dado que el impulso a
reparar o proteger al objeto dañado prepara el camino para relaciones de
objeto y sublimaciones más satisfactorias, aumenta a su vez la síntesis y
contribuye a la integración del yo.
Durante la segunda mitad del primer año de vida, el niño realiza
progresos fundamentales hacia la elaboración de la posición depresiva,
pero los mecanismos esquizoides son aún poderosos, aunque en forma
modificada y en grado menor, y las tempranas situaciones de ansiedad se
experimentan reiteradamente en el proceso de modificación. La elaboración
de las posiciones persecutoria y depresiva se extiende durante los primeros
años de la niñez y desempeña un papel esencial en la neurosis infantil. En
el curso de este proceso las ansiedades pierden intensidad, los objetos se
vuelven menos idealizados y menos terroríficos, y el yo se unifica más.
Todo esto está ligado a la creciente percepción de la realidad y adaptación a
ella.
Pero sí durante la posición esquizo-paranoide el desarrollo no ha
transcurrido normalmente y el niño no puede por razones internas o
externas, manejar el impacto de las ansiedades depresivas, surge un círculo
vicioso. Porque si el temor persecutorio, y, por ende, los mecanismos
esquizoides son demasiado intensos, el yo no puede elaborar la posición
depresiva. Esto obliga al yo a regresar a la posición esquizo-paranoide y
refuerza los anteriores temores persecutorios y fenómenos esquizoides. De
esta manera se establece la base para varias formas de esquizofrenia en la
vida posterior; porque cuando ocurre dicha regresión, no sólo se refuerzan
los puntos de fijación de la posición esquizoide, sino que existe el peligro
de que se establezcan mayores estados de desintegración. Otra
consecuencia puede ser el reforzamiento de rasgos depresivos.
Por supuesto que las experiencias externas son de gran importancia
en estos desarrollos. Por ejemplo, en el caso de un paciente que presentó
rasgos depresivos y esquizoides, el análisis hizo surgir con gran intensidad
las tempranas experiencias de la época de la lactancia, hasta el extremo de
que en algunas sesiones analíticas sintió sensaciones físicas en la garganta
o en los órganos digestivos. El paciente había sido súbitamente destetado a
los cuatro meses porque su madre cayó enferma. Además, no la vio durante
cuatro semanas. Cuando regresó encontró al niño muy cambiado.
Anteriormente había sido vivaz, se interesaba por lo que lo rodeaba y
parecía haber perdido este interés. Ahora parecía completamente apático.
Aceptó la comida sustitutiva muy fácilmente y en realidad nunca rechazó la
comida. Pero ya no la aprovechaba, perdió peso y tuvo perturbaciones
digestivas. Sólo al final del primer año, cuando se introdujeron otras
comidas, hizo nuevamente buen progreso físico.
En el análisis se pudo ver la influencia que estas experiencias
tuvieron en todo su desarrollo. Su aspecto y actitudes en la vida adulta se
basaban en las pautas establecidas en ese estadio temprano. Por ejemplo,
encontramos repetidamente la tendencia a ser influido por otros en toda
forma -tendencia que lo llevaba a incorporar vorazmente todo lo que se le
ofrecía-, junto con una gran desconfianza durante el proceso de
introyección. Ansiedades provenientes de diversas fuentes perturbaban en
forma constante el proceso de introyección y contribuían a un aumento de
la voracidad.
Considerado todo el material de este caso llegué a la conclusión de
que por la época en que tuvo lugar la repentina pérdida del pecho y de la
madre, mi paciente tenía ya, hasta cierto punto, una relación con un objeto
bueno total. No hay duda de que ya había entrado en la posición depresiva,
pero no pudo elaborarla exitosamente y la posición esquizo-paranoide se
reforzó regresivamente. Esto se manifestó en la «apatía» que siguió al
período de vivo interés por lo que lo rodeaba. El hecho de que había
alcanzado la posición depresiva e introyectado un objeto total se
manifestaba en muchas formas en su personalidad. Tenía realmente fuerte
capacidad de amor y un gran anhelo de un objeto bueno y total. Un rasgo
característico de su personalidad era el deseo de amar a las personas y de
confiar en ellas, inconscientemente para reobtener y reconstruir el pecho
bueno y total que una vez había poseído y perdido.
RELACIÓN ENTRE LOS FENÓMENOS ESQUIZOIDES Y
MANIACO-DEPRESIVOS
Siempre se producen fluctuaciones entre la posición
esquizoparanoide y la depresiva, que son parte del desarrollo normal. Por
tanto, no puede establecerse una división neta entre los dos estadíos del
desarrollo; además, la modificación es un proceso gradual y los fenómenos
de las dos posiciones permanecen, durante algún tiempo y hasta cierto
punto, entremezclándose e interactuando. En el desarrollo anormal esta
interacción influye, creo, en el cuadro clínico, tanto de algunas formas de
esquizofrenia como de las perturbaciones maníaco-depresivas.
Para ilustrar esta relación me referiré brevemente a cierto material de
casos. No tengo intención de presentar un historial y por lo tanto sólo
selecciono algunos fragmentos de material para ilustrar mi punto de vista.
La paciente era una maníaco-depresiva pronunciada (diagnosticada como
tal por varios psiquiatras), con todas las características de esta enfermedad:
alternancia entre estados depresivos y maníacos, fuertes tendencias suicidas
que la llevaban repetidamente a intentos suicidas y varios otros rasgos
maníacos y depresivos típicos. En el curso de su análisis llegó a una etapa
en la que se logró una notable mejoría; el ciclo se hizo menos marcado y se
produjeron cambios fundamentales en su personalidad y en sus relaciones
de objeto. Su productividad se desarrolló en diversos sentidos, y también
verdaderos sentimientos de felicidad (no de tipo maníaco). Entonces,
debido en parte a circunstancias externas, se estableció otra fase. Durante
ésta, que duró varios meses, la paciente cooperó en el análisis en forma
especial. Venía regularmente a la sesión analítica, asociaba muy
libremente, proporcionaba sueños y material para al análisis. No obstante,
no había respuesta emocional a mis interpretaciones y si un gran desprecio
por ellas. Muy raramente se producía una confirmación consciente de lo
que yo le sugería. Sin embargo, el material con el que respondía a las
interpretaciones reflejaba sus efectos inconscientes. La fuerte resistencia
exhibida en esta época parecía provenir de una sola parte de su
personalidad, mientras, al mismo tiempo, otra parte respondía al trabajo
analítico. No era sólo que partes de su personalidad no cooperaban
conmigo; parecían no cooperar entre si, y el análisis fue incapaz de ayudar
a la enferma en esa época a lograr una síntesis. Durante esta etapa decidió
finalizar el análisis. Las circunstancias externas contribuyeron en mucho a
esta decisión y fijó una fecha para su término.
En ese día fijado comunicó el siguiente sueño: un hombre ciego
estaba muy preocupado por el hecho de serlo, pero parecía reconfortarse
tocando el vestido de la paciente y averiguando cómo se lo abrochaba. El
vestido del sueño le recordaba uno de sus vestidos, abotonado hasta el
cuello. Asoció además otras dos cosas. Dijo, con cierta resistencia, que el
ciego era ella misma, y al referirse al vestido abotonado hasta el cuello
señaló que nuevamente había entrado en su «escondite». Le sugerí que en
su sueño expresaba inconscientemente que estaba ciega para con sus
propias dificultades y que su decisión en relación con el análisis, como
también con respecto a varias circunstancias de su vida, no estaba de
acuerdo con su conocimiento inconsciente. Esto también lo mostraba al
admitir que se había metido en su «escondite», significando con ello que se
estaba cerrando, actitud que le era bien conocida por etapas anteriores de su
análisis. De esta manera, el insight inconsciente e incluso cierta
cooperación en el nivel consciente (reconocimiento de que ella era el ciego
y de que se había metido en su «escondite») provenían sólo de partes
aisladas de su personalidad. En realidad, la interpretación de este sueño no
produjo ningún efecto y no alteró la decisión de la enferma de concluir el
análisis en esa sesión21. En la época que precedió a la interrupción del
análisis se esclarecieron ciertas dificultades que aparecieron en el curso del
mismo, y también en otros análisis. La mezcla de rasgos esquizoides y
maníaco-depresivos era la que determinaba la naturaleza de su enfermedad.
Ya que en ocasiones a lo largo de su análisis -aun en la primera etapa, en la
que los estados depresivos y maníacos estaban en su cúspide- algunas veces
aparecían simultáneamente mecanismos depresivos y esquizoides. Por
ejemplo, había sesiones en las que la paciente estaba evidentemente muy
deprimida, llena de autorreproches y sentimientos de desvalorización; las
lágrimas corrían por sus mejillas y sus gestos expresaban desesperación, y
sin embargo, cuando le interpretaba estas emociones, decía que no las
sentía. Entonces se reprochaba por no tener sentimientos, por ser
completamente vacía. En esas sesiones había también fuga de ideas: los
pensamientos parecían estar quebrados y su expresión era inconexa.
Siguiendo la interpretación de las razones inconscientes subyacentes
a dichos estados, algunas veces había sesiones en las que las emociones y
las ansiedades depresivas surgían completamente, y en estas oportunidades
los pensamientos y el lenguaje eran mucho más coherentes.
Esta estrecha relación entre los fenómenos depresivos y esquizoides
se manifestó, aunque en diversas formas, a través de todo su análisis, pero
se hizo muy pronunciada durante el periodo que precedió a la interrupción.
Ya me he referido a la conexión evolutiva entre las posiciones
esquizo-paranoide y depresiva. Se plantea ahora el problema de si esta
conexión evolutiva es la base de la mezcla de estos rasgos en las
perturbaciones maníaco-depresivas y, como deseo sugerir, también en las
perturbaciones esquizofrénicas. Si esta hipótesis provisional fuera
comprobada, llegaríamos a la conclusión de que los grupos de
perturbaciones esquizofrénicas y maníaco-depresivas están más
relacionados evolutivamente de lo que se ha supuesto. Esto explicaría
también los casos en los que el diagnóstico diferencial entre melancolía y
esquizofrenia es muy difícil de realizar. Estaría enormemente agradecida si
mi hipótesis pudiera ser posteriormente aclarada por colegas que han tenido
amplio material de observación psiquiátrica.
ALGUNAS DEFENSAS ESQUIZOIDES
Se acepta generalmente que los enfermos esquizoides son más
difíciles de analizar que los de tipo maníaco-depresivo. Su actitud retraída
y no emocional, los elementos narcisistas de sus relaciones de objeto (a los
que ya me he referido), una especie de distante hostilidad que penetra en
toda la relación con el analista, crean un tipo de resistencia muy difícil.
21 Debo mencionar que el análisis fue reiniciado después de un intervalo.
Creo que en gran parte los procesos de escisión son los que explican el
fracaso del paciente para establecer contacto con el analista y la falta de
respuesta a sus interpretaciones. El paciente mismo se siente extraño y
lejano, sentimiento que corresponde a la impresión del analista de que
partes considerables de la personalidad del paciente y de sus emociones no
están disponibles. Los pacientes con rasgos esquizoides suelen decir: «Oigo
lo que usted dice. Puede tener razón, pero para mi no tiene significado…».
Otras veces dicen que sienten que no están ahí. La expresión «no tiene
significado» no implica en estos casos un rechazo activo de la
interpretación, sino que sugiere que partes de la personalidad y de las
emociones están escindidas. Por tanto, estos pacientes no pueden hacer
nada con las interpretaciones; no pueden ni aceptarlas ni rechazarlas.
Ilustraré el proceso subyacente a dichos estados por medio de un
fragmento de material tomado del análisis de un paciente. En la sesión a la
que me refiero el paciente comenzó manifestando que tenía ansiedad sin
saber por qué. Hizo entonces comparaciones con personas de más éxito y
más afortunadas que él. Estas observaciones se relacionaban también
conmigo. Surgieron intensos sentimientos de frustración, envidia y
aflicción. Cuando le interpreté (doy aquí sólo lo esencial de mis
interpretaciones) que estos sentimientos estaban dirigidos contra el analista
y que quería destruirme, su estado de ánimo cambió súbitamente. El tono
de su voz se hizo uniforme, habló en forma lenta e inexpresiva y dijo que
se sentía alejado de toda la situación. Agregó que mi interpretación parecía
correcta, pero que no importaba. En realidad ya no deseaba nada y nada
valía la pena como para preocuparse por ello.
Mis interpretaciones siguientes giraron alrededor de las causas de
este cambio de humor. Le sugerí que en el momento de mi interpretación el
peligro de destruirme se le había hecho muy real y que la consecuencia
inmediata era el temor de perderme. En vez de sentir depresión y culpa, las
que en ciertas épocas de su análisis seguían a tales interpretaciones, trató
ahora de manejar estos peligros por medio de un método especial de
escisión. Como sabemos, bajo la presión de la ambivalencia, el conflicto y
la culpa, el enfermo escinde a menudo la figura del analista: entonces éste
puede ser, a veces, amado y a veces odiado. O puede escindirse la relación
con él en forma tal que sigue siendo la figura buena (o mala) mientras
alguna otra persona se convierte en la figura opuesta. Pero éste no fue el
tipo de escisión que tuvo lugar en nuestro caso particular. El paciente
escindió aquellas partes de sí mismo, es decir, de su yo, que sentía
peligrosas y hostiles hacia el analista. Dirigió sus impulsos destructivos
desde su objeto hacia su yo, con el resultado de que partes de su yo dejaron
temporariamente de existir. En su fantasía inconsciente esto llegó hasta la
aniquilación de parte de su personalidad. El mecanismo particular de volver
el impulso destructivo contra una parte de su personalidad y la subsecuente
dispersión de emociones, mantuvo su ansiedad en estado latente.
Mi interpretación de estos procesos tuvo el efecto de alterar
nuevamente el estado de ánimo del paciente. Se volvió emotivo, dijo que
tenía ganas de llorar, que estaba deprimido, pero que se sentía más
integrado; luego expresó también una sensación de hambre22. La violenta
escisión y destrucción de una parte de la personalidad bajo la presión de la
ansiedad y culpa constituye, de acuerdo con mi experiencia, un importante
mecanismo esquizoide. Quisiera referir brevemente otro ejemplo: una
enferma soñó que debía habérselas con una niña muy mala que estaba
decidida a matar a alguien. La paciente trataba de influir o controlar a la
niña y la exhortaba a una confesión que sería beneficiosa para la niña; pero
no tenía éxito. Yo también intervenía en el sueño y la paciente sentía que
podía ayudarla a entenderse con la niña. Entonces la paciente la colgaba de
un árbol con el fin de atemorizarla y evitar también que hiciera daño.
Cuando estaba por tirar de la soga y matar a la niña, despertó. Durante esta
parte del sueño yo también estaba presente, pero permanecía nuevamente
inactiva.
Daré aquí sólo la esencia de las conclusiones a las que llegué por el
análisis de este sueño. La personalidad de la enferma estaba escindida en el
sueño en dos partes: por un lado, en la niña perversa e incontrolable, y por
el otro, en la persona que trataba de influir sobre ella y de controlarla. Por
supuesto, la niña representaba también a varias figuras del pasado, pero en
este contexto representaba principalmente a una parte del yo de la paciente
misma. Otra conclusión fue que la persona a quien iba a matar la niña, era
la analista, y mi papel en el sueño era, en parte, evitar que se cometiera este
asesinato. Matar a la niña -a quien la enferma tenía que recurrirrepresentaba
la aniquilación de una parte de su personalidad.
Se plantea el problema de cómo se relaciona el mecanismo esquizoide de
aniquilación de partes del yo con la represión, que, como sabemos, se
dirige contra los impulsos peligrosos. Pero éste es un problema que no
puedo tratar aquí.
Por supuesto que los cambios de humor no aparecen siempre tan
dramáticamente en una sesión como en el primer ejemplo que he dado.
22 La sensación de hambre indicaba que se había puesto en marcha nuevamente el
proceso de introyección, bajo el dominio de la libido. Mientras a mi primera
interpretación de su temor de destruirme con su agresión, respondió inmediatamente con
la violenta escisión y aniquilación de partes de su personalidad, experimentó ahora mas
completamente las emociones de aflicción, culpa y temor a la pérdida, como también
cierto alivio de estas ansiedades depresivas. El alivio de la ansiedad hizo que el analista
pasara a ser nuevamente un objeto bueno en el que él podía confiar. Por tanto, pudo
manifestarse el deseo de introyectarme como objeto bueno. Si lograba reconstruir el
pecho bueno dentro de él, podría fortalecer e integrar su yo, tendría menos miedo de sus
impulsos destructivos y podría, en realidad, preservarse y preservar al analista.
Pero he comprobado repetidamente que por medio de interpretaciones de
las causas específicas de la escisión se logran progresos en la síntesis.
Dichas interpretaciones deben tratar en detalle con la situación de
transferencia de ese momento, incluyendo por supuesto la conexión con el
pasado, y deben contener una referencia a los detalles de las situaciones de
ansiedad que llevan al yo a regresar a mecanismos esquizoides. La síntesis
que resulta de las interpretaciones de este tipo se acompaña de depresión y
ansiedades diversas. En forma gradual, dichas olas de depresión, seguidas
de mayor integración, conducen a una reducción de los fenómenos
esquizoides y también a cambios fundamentales en las relaciones de objeto.
ANSIEDAD LATENTE EN PACIENTES ESQUIZOIDES
Me he referido ya a la carencia de emoción que hace a los pacientes
esquizoides tan faltos de respuesta. Esto corre parejo con una ausencia de
ansiedad. Por tanto, falta un importante sostén para el trabajo analítico.
Porque en otros pacientes con intensa ansiedad manifiesta y latente, el
alivio de la ansiedad extraído de la interpretación analítica se transforma en
una experiencia que estimula su capacidad para cooperar en el análisis.
Esta falta de ansiedad en los pacientes esquizoides es sólo aparente.
Porque los mecanismos esquizoides implican una dispersión de emociones,
incluyendo la ansiedad, pero estos elementos dispersos siguen existiendo
en el paciente. Estos pacientes tienen cierta forma de ansiedad latente, la
que es mantenida latente por el temor particular de dispersión. El
sentimiento de estar desintegrado, de ser incapaz de experimentar
emociones, de perder los propios objetos, es en realidad el equivalente de la
ansiedad. Esto se torna más evidente cuando se han hecho progresos en la
síntesis. El gran alivio que entonces experimenta el paciente deriva de
sentir que su mundo interno y externo no sólo se han aproximado más, sino
también que han vuelto a la vida. En esos momentos se hace evidente,
retrospectivamente, que cuando faltaban las emociones, las relaciones eran
vagas e inciertas y se sentían perdidas partes de la personalidad, todo
parecía muerto. Todo esto es el equivalente de una ansiedad de naturaleza
muy seria. Esta ansiedad, mantenida latente por la dispersión, es hasta
cierto punto experimentada todo el tiempo, pero su forma difiere de la
angustia latente que podemos reconocer en otros tipos de casos.
Las interpretaciones que tienden a la síntesis de la escisión del yo,
incluyendo la dispersión de las emociones, hacen posible que la ansiedad se
experimente gradualmente como tal, aunque durante largos períodos sólo
podamos conectar los contenidos ideacionales de la ansiedad, pero no
provocar las emociones de ansiedad.
He encontrado también que las interpretaciones de estados
esquizoides exigen mucho de nuestra capacidad para formularlas en forma
intelectualmente clara, en la que se vean los vínculos entre el consciente, el
preconsciente y el inconsciente. Por supuesto que éste es siempre uno de
nuestros propósitos, pero es de especial importancia en los momentos en
que las emociones del enfermo no están disponibles y sólo parecemos
dirigirnos a su intelecto, a pesar de lo fragmentado que pueda estar.
Es posible que las pocas sugestiones que he dado puedan aplicarse,
hasta cierto punto, a la técnica de análisis de pacientes esquizofrénicos.
RESUMEN DE LAS CONCLUSIONES
Me propongo resumir algunas de las conclusiones presentadas en
este trabajo. Uno de mis argumentos principales fue la sugestión de que en
los primeros meses de vida la ansiedad se experimenta predominantemente
como miedo a la persecución y que esto contribuye a ciertos mecanismos y
defensas que caracterizan a la posición esquizo-paranoide. Entre estas
defensas, la que más se destaca es el mecanismo de escindir los objetos
internos y externos, las emociones y el yo. Estos mecanismos y defensas
son parte del desarrollo normal y al mismo tiempo forman la base de la
futura enfermedad esquizofrénica. He descrito los procesos subyacentes a
la identificación por proyección como una combinación de escindir partes
del yo y proyectarlas en otra persona, y algunos efectos de esta
identificación sobre las relaciones de objeto normales y esquizoides. La
irrupción de la posición depresiva es la coyuntura por la que los
mecanismos esquizoides pueden ser reforzados por regresión. He sugerido
también una estrecha relación entre las perturbaciones maníaco-depresivas
y esquizoides, basada en la interacción entre las posiciones infantiles
esquizo-paranoide y depresiva.
APÉNDICE
El análisis que hizo Freud del caso Schreber23 contiene mucho
material relacionado con mi tema, pero del cual sólo extraeré aquí algunas
conclusiones. Schreber describió vívidamente la escisión del alma de su
médico Flechsig (su figura amada y persecutoria). El «alma Flechsig»
introdujo el sistema de «divisiones de almas», escindiéndose hasta en
cuarenta a sesenta subdivisiones. Multiplicadas estas almas hasta
convertirse en una «incomodidad», Dios las diezma y como resultado el
alma Flechsig sobrevive en «solo una o dos formas». Otro punto que
menciona Schreber es que las divisiones del alma Flechsig fueron
perdiendo lentamente tanto su inteligencia como su poder.
23 «Puntualizaciones Psicoanalíticas Sobre un Caso de Paranoia (Dementia paranoides)
Descrito Autobiográficamente», O. C. 12.
Una de las conclusiones a las que llegó Freud en su análisis de este
caso fue que el perseguidor estaba disociado en Dios y en Flechsig,
representando ambos, además, al padre y al hermano. En la discusión de las
diversas formas del delirio de destrucción del mundo de Schreber, Freud
dice: «En todo caso, el fin del mundo era una consecuencia del conflicto
surgido entre él (Schreber) y Flechsig, o según la etiología adoptada en la
segunda fase del delirio, de su unión indisoluble con Dios…»
Sugeriría, de acuerdo con la hipótesis formulada en mi presente
trabajo, que la división del alma Flechsig en muchas almas no era sólo una
escisión del objeto, sino también la proyección del sentimiento de Schreber
de que su yo estaba escindido. Sólo mencionaré aquí la relación de tales
procesos de escisión con los procesos de introyección. Se nos impone la
conclusión de que Dios y Flechsig representaban también partes del yo de
Schreber. El conflicto entre Schreber y Flechsig, al que Freud atribuyó un
papel vital en el delirio de destrucción del mundo, se expresó en el ataque
de Dios a las almas de Flechsig. Desde mi punto de vista, este ataque
representa el aniquilamiento por una parte del yo de las otras partes, lo que,
sostengo, es un mecanismo esquizoide. Las ansiedades y fantasías sobre la
destrucción interna y la desintegración del yo ligadas a este mecanismo se
proyectan al mundo exterior y subyacen a los delirios de destrucción del
mundo.
Con respecto a los procesos que se encuentran en el fondo de la
«catástrofe mundial» paranoica, Freud llegó a las siguientes conclusiones:
«El enfermo ha retirado de las personas que le rodean y del mundo exterior
en general la catexia libidinal que hasta entonces había dirigido hacia ellos.
Así todo ha llegado a serle indiferente y sin sentido, teniendo que ser
explicado, por una racionalización secundaria, como hecho por milagro. El
fin del mundo es la proyección de esta catástrofe interior ya que su mundo
subjetivo se ha hundido desde que él le ha retirado su amor». Esta
explicación se refiere específicamente a la perturbación de la libido objetal
y al consiguiente colapso en la relación con las personas y con el mundo
exterior. Pero más adelante en su trabajo Freud considera otro aspecto de
estas perturbaciones. Dice: «Pero no debemos perder de vista la posibilidad
de que las perturbaciones de la libido reactúen e influyan sobre las catexias
yoicas, ni tampoco la posibilidad inversa de que una perturbación
secundaria o inducida de los procesos de la libido sea consecuencia de
alteraciones anormales en el yo. Es incluso probable que procesos de este
tipo constituyan la característica distintiva de las psicosis» (la cursiva es
mía). Es especialmente la posibilidad expresada en las dos últimas frases la
que provee el eslabón entre la explicación de Freud sobre la «catástrofe
mundial» y mi hipótesis. «Los cambios anormales en el yo» provienen,
según lo sugerí en este artículo, de excesivos procesos de escisión en el yo
temprano. Estos procesos están inextricablemente ligados al desarrollo
instintivo y a las ansiedades a que dan origen los deseos instintivos. A la
luz de la posterior teoría de Freud sobre los instintos de vida y muerte, que
reemplazó al concepto de los instintos del yo y sexuales, las perturbaciones
en la distribución de la libido presuponen una defusión entre el impulso
destructivo y la libido. El mecanismo de una parte del yo aniquilando a
otras, que según sugerí subyace a la fantasía de «catástrofe mundial» (el
ataque de Dios a las almas de Flechsig), implica un predominio del impulso
destructivo sobre la libido. Cualquier perturbación en la distribución de la
libido narcisista está a su vez ligada a la relación con los objetos
introyectados, que (de acuerdo con mi trabajo) desde un comienzo pasan a
formar parte del yo. La interacción entre libido narcisista y libido objetal
corresponde así a la interacción entre la relación con los objetos
introyectados y los externos. Si el niño siente como sí el yo y los objetos
internalizados estuvieran hechos pedazos, experimenta una catástrofe
interna que tanto se extiende al mundo exterior como es proyectada en él.
Tales estados de ansiedad relacionados con una catástrofe interna surgen,
de acuerdo con las hipótesis formuladas en este trabajo, durante el período
de la posición esquizo-paranoide infantil y forman la base de la
esquizofrenia posterior. Según Freud, la fijación predisponente a la
demencia precoz se encuentra en una etapa muy temprana del desarrollo.
Refiriéndose a la demencia precoz, que distinguió de la paranoia, Freud
dice: «La fijación predisponente ha de ser, por lo tanto, muy anterior a la de
la paranoia, correspondiendo al comienzo de la evolución que va desde el
autoerotismo al amor objetal» (loc. cit.).
Deseo extraer otra conclusión del análisis que hizo Freud del caso
Schreber. Sugiero que el ataque que termina reduciendo las almas de
Flechsig a una o dos, fue parte del intento de recuperación. Porque el
ataque se llevó a cabo para deshacer, podríamos decir para curar, la
escisión del yo, aniquilando las partes escindidas del mismo. Como
resultado sólo quedaron una o dos de las almas, las que, como podemos
presumir, querían recuperar su inteligencia y poder. Pero este intento de
recuperación fue efectuado por medios muy destructivos utilizados por el
yo contra sí mismo y contra sus objetos introyectados.
El enfoque de Freud de los problemas de la esquizofrenia y de la
paranoia ha sido de fundamental importancia. Su trabajo sobre Schreber –
debemos recordar también aquí el trabajo de Abraham citado por Freud-24
hizo factible la posibilidad de entender la psicosis y los procesos
subyacentes a ella.
24 «Las diferencias psicosexuales entre la histeria y la demencia precoz» (1908).

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