EL COMPLEJO DE EDIPO, Melanie Klein

EL COMPLEJO DE EDIPO A LA LUZ DE LAS
ANSIEDADES TEMPRANAS
(1945)

INTRODUCCIÓN 
Tengo dos propósitos principales al presentar este artículo. Pretendo
aislar algunas situaciones de ansiedades tempranas típicas y mostrar su
conexión con el complejo de Edipo. Como estas ansiedades y defensas
forman parte, según creo, de la posición infantil depresiva, espero con ello
aclarar algo la relación entre la posición depresiva y el desarrollo libidinal.
Mi segundo propósito es comparar mis conclusiones sobre el complejo de
Edipo con las opiniones de Freud sobre el mismo tema.


Como ejemplo para mis argumentaciones expondré fragmentos de
dos historiales clínicos. Se podrían aducir muchos más detalles de esos dos
análisis, de la relación de los enfermos con su familia y de la técnica
empleada. Sin embargo, me limitaré a exponer los detalles del material que
considero esenciales para el tema de este artículo.
Los dos niños, cuyos historiales ilustrarán mis argumentaciones,
padecían de dificultades emocionales intensas. Al emplear tal material
psicoanalítico como base para fundamentar mis conclusiones sobre el curso
normal del desarrollo edípico, sigo un método empleado repetidamente en
psicoanálisis. Freud justificó este enfoque especial en muchos de sus
artículos. Por ejemplo1, escribe: «La patología, como Uds. saben, mediante
el aislamiento y la exageración nos ha ayudado siempre a hacer
reconocibles cosas que normalmente hubiesen quedado ocultas.»

FRAGMENTOS DE UN HISTORIAL, ILUSTRATIVOS DEL
DESARROLLO EDÍPICO DEL NIÑO

El material, en el cual me detendré para ilustrar mis conclusiones
acerca del desarrollo edípico del varón, proviene del análisis de un niño de
10 años. Sus padres tuvieron que consultarme, porque algunos de sus
síntomas se habían intensificado tanto que le hacían imposible concurrir a
la escuela. Se asustaba mucho de los otros niños y por ello evitaba más y
más salir solo. Además, desde hacía ya unos años una inhibición progresiva
1 Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, O. C., 22.
de sus capacidades e intereses preocupaba mucho a sus padres. Fuera de
estos síntomas, que le impedían concurrir a la escuela, estaba
excesivamente preocupado por su salud y padecía de frecuentes estados de
ánimo depresivo. Estas dificultades se manifestaban en su aspecto físico,
porque daba la impresión de estar preocupado y de ser desgraciado. Sin
embargo, en ocasiones -y esto se hacía más manifiesto en sus sesiones
psicoanalíticas- cesaba su depresión y de pronto la vida y la luz venían a
sus ojos y le transformaban por completo la cara.


Ricardo era un niño precoz y bien dotado en muchos aspectos. Tenía
talento musical, demostrándolo ya muy tempranamente. Le gustaba mucho
la naturaleza, pero solamente en sus aspectos agradables. Sus dotes
artísticas se manifestaban, por ejemplo, en la manera como elegía las
palabras y en un cierto sentido para lo dramático que vitalizaba su
conversación. No se entendía bien con los otros niños; se sentía mejor en
compañía de adultos y especialmente de mujeres. A éstas trataba de
impresionarlas con sus dotes de conversación y quería entrar en su favor de
un modo impropio de su edad.
La lactancia de Ricardo había sido breve e insatisfactoria. Había sido
un niño delicado, padeciendo resfríos y enfermedades desde su primera
infancia. Había sufrido dos operaciones (circuncisión y amigdalectomía)
entre sus tres y seis años. La familia vivía modestamente, aunque no sin un
cierto desahogo. El ambiente del hogar no era del todo feliz. Entre los
padres no existía ni cordialidad ni intereses comunes, aunque no tenían
entre sí reyertas manifiestas. Ricardo era el segundo de dos hijos; su
hermano era unos pocos años mayor que él. Su madre, aunque no estaba
enferma en el sentido clínico, era de tipo depresivo. Le preocupaba mucho
cualquier enfermedad de Ricardo y no había duda de que con su actitud
había contribuido a los temores hipocondríacos del niño. Su relación con
Ricardo no era satisfactoria en varios aspectos. En tanto que su hermano
mayor era de los primeros en la escuela y recibía la mayor parte del amor
de la madre, Ricardo era más bien un desencanto para ella. Aunque él la
quería mucho, era un niño sumamente difícil de manejar. No tenía
intereses, ni juegos que le ocupasen. Estaba demasiado angustiado y
demasiado ligado a su madre, a la que se adhería de un modo persistente y
agotador.
Su madre lo cuidaba mucho y en cierto modo lo mimaba, pero no
apreciaba realmente los aspectos más sutiles de su carácter, tales como una
gran capacidad innata para el amor y la bondad. No comprendía que el niño
la quería mucho y tenía poca confianza en su desarrollo futuro. Por otro
lado, tenía paciencia con él cuando lo cuidaba; por ejemplo, no intentaba
imponerle la compañía de otros niños, ni lo obligaba a concurrir a la
escuela.
El padre de Ricardo lo quería mucho y era amable con él, pero
aparentemente dejaba la responsabilidad de su educación a la madre. Como
demostró el análisis, Ricardo se daba cuenta de que su padre era demasiado
indulgente con él y de que ejercía demasiado poco su autoridad en el
círculo familiar. La mayoría de las veces su hermano mayor le mostraba
amistad y tenía paciencia con Ricardo, pero los dos niños tenían poco en
común.
El desencadenamiento de la guerra aumentó mucho las dificultades
de Ricardo. Fue evacuado con su madre y, para analizarse, se trasladó con
ella al pueblo donde yo residía entonces, mientras que su hermano fue a
otro lugar con su escuela. El separarse de su hogar trastornó a Ricardo.
Además, la guerra agudizó todas sus ansiedades, angustiándolo
especialmente los bombardeos aéreos. Seguía las noticias con gran
atención; se interesaba mucho por los cambios de la situación bélica y esta
preocupación se manifestó una y otra vez en el transcurso de su análisis.
Aunque había dificultades en la situación familiar -lo mismo que
había habido dificultades en el desarrollo precoz del niño- en mi opinión la
gravedad de la enfermedad de Ricardo no se podía explicar solamente por
estas circunstancias. En él, como en cualquier otro caso, debemos tener en
cuenta los procesos internos que resultan y actúan conjuntamente con los
factores tanto constitucionales como ambientales; pero no puedo aquí tratar
en detalle la acción recíproca de todos estos factores. Me limitaré a señalar
la influencia de ciertas ansiedades tempranas en el desarrollo genital.
El análisis se realizaba en un pueblo no muy cercano a Londres y en
una casa cuyos propietarios estaban ausentes por entonces. En dicha casa
yo no disponía de un cuarto de juegos en las condiciones que me hubiese
gustado, ya que no podía sacar de él algunos libros, láminas, mapas, etc.
Ricardo tenía una relación especial, casi de persona a persona, con esta
habitación y con la casa, a la que identificaba conmigo. Por ejemplo: a
menudo hablaba cariñosamente de la casa y a la casa; se despedía de ella
antes de marcharse al final de la hora, y a veces, con gran cuidado,
arreglaba los muebles de un modo que, según él, «alegraría» a la habitación.
En el transcurso del análisis, Ricardo hizo varias series de dibujos2.
Unas de las primeras cosas que dibujó fue una estrella de mar rondando
cerca de una planta submarina, y Ricardo me explicó que era un bebé
hambriento que deseaba comerse la planta. Uno o dos días después
introdujo en sus dibujos un pulpo. mucho mayor que la estrella de mar y
2 Las reproducciones en este artículo han sido sacadas de los originales y son de tamaño
algo menor. Los originales fueron dibujados con lápiz negro y luego coloreados con
otros de colores. En tanto que ha sido posible en las reproducciones, los diferentes
colores están indicados por señales diferentes. En el Dibujo III, sin embargo, los
submarinos deben ser negros, y las banderas rojas y los peces y estrellas de mar,
amarillos.
con una cara humana. Este pulpo representaba a su padre y al órgano
genital de su padre en sus aspectos peligrosos; posteriormente se equiparó
con el «monstruo», que encontraremos en seguida en su material analítico.
La forma de la estrella de mar se transformó pronto en un conjunto hecho
de diferentes secciones coloreadas. Los cuatro colores principales de este
tipo de dibujo -negro, azul, morado y rojo- simbolizaban, en este orden, a
su padre, madre, hermano y a él mismo. En uno de los primeros dibujos, en
que usó estos cuatro colores, puso el negro y el rojo moviendo los lápices
hacia lo dibujado con ruidos acompañadores. Explicó que el negro era su
padre y acompañó el movimiento del lápiz imitando el ruido de soldados
marchando. El rojo vino después, y Ricardo dijo que era él mismo, y cantó
una tonada alegre mientras movía el lápiz. Cuando coloreó las secciones
azules, dijo que eran su madre; y cuando llenó las secciones moradas, dijo
que su hermano era bueno y que le ayudaba.
El dibujo representaba un imperio, siendo sus diferentes secciones
los distintos países. Es significativo que el interés de Ricardo por los
sucesos bélicos tuviesen un papel importante en sus asociaciones. A
menudo miraba en el mapa los países que Hitler había subyugado y
entonces se hacia evidente la conexión entre los países del mapa y sus
dibujos del imperio. Los dibujos del imperio representaban a su madre, que
había sido invadida y atacada. Generalmente su padre aparecía como el
enemigo. Ricardo y su hermano tenían diferentes papeles en los dibujos; a
veces eran aliados de la madre, otras veces del padre.
Aunque parecidos a primera vista, estos dibujos variaban mucho en
los detalles; nunca hubo dos exactamente iguales. Era significativo cómo
Ricardo hacía estos dibujos y también la mayoría de sus dibujos. No los
empezaba con un plan preconcebido y a menudo él mismo se sorprendía al
ver el aspecto del dibujo terminado.
Usaba material de juego variado; por ejemplo, los lápices negros y de
colores, con los que hacía sus dibujos, en sus juegos también representaban
a personas. Además trajo a mi casa su propio conjunto de barcos de
juguete, dos de los cuales siempre representaban a sus padres, mientras que
los otros barcos tenían diferentes papeles.
Con la finalidad de esta exposición, he limitado mi selección de
material a unos pocos ejemplos, sacados principalmente de sus horas de
análisis. Durante estas horas -en parte debido a circunstancias exteriores, de
las que me ocuparé más adelante-, algunas de las ansiedades de Ricardo se
manifestaron con mayor intensidad. Se logró disminuirías mediante
interpretaciones y los cambios resultantes aclararon la influencia de las
ansiedades tempranas en el desarrollo genital. Estos cambios, que fueron
solamente un paso hacia una genitalidad más desarrollada y hacia una
estabilidad psíquica mayor, se habían anunciado ya anteriormente en el
análisis de Ricardo.
En lo referente a las interpretaciones presentadas en este artículo, no
es necesario decir que he seleccionado las que se aplican mejor a su tema.
Aclararé cuáles fueron las interpretaciones dadas por el paciente mismo.
Además de las interpretaciones que yo di al paciente, este artículo contiene
varias conclusiones sacadas del material analítico y no siempre haré una
clara distinción entre estas dos categorías. Tal demarcación traería consigo
mucha repetición y embarullaría los puntos principales.
Ansiedades tempranas como obstáculos al desarrollo edípico
Como punto de partida elijo la reanudación del análisis después de
una interrupción de diez días. Hasta entonces el análisis había durado seis
semanas. Durante esos días yo fui a Londres y Ricardo partió de
vacaciones. Nunca había estado en un bombardeo y sus temores de
bombardeo se centraban en Londres como el lugar más peligroso. De ahí
que para él mi marcha a Londres significase el ir a la destrucción y a la
muerte. Esto se añadía a la ansiedad que le causaba la interrupción del
análisis..
A mi vuelta encontré a Ricardo preocupado y deprimido. Durante la
primera hora apenas me miraba y alternaba entre estar sentado rígidamente
en su silla, sin levantar los ojos, y caminar sin descanso a la cocina vecina y
al jardín. Sin embargo, a pesar de su resistencia intensa, me hizo algunas
preguntas: ¿Había visto mucho del Londres destruido? ¿Había habido un
bombardeo mientras yo estaba allí? ¿Hubo muchos truenos en Londres?
Una de las primeras cosas que me dijo fue que odiaba volver al
pueblo donde se realizaba el análisis, y lo llamó «pocilga» y una
«pesadilla». En seguida salió al jardín, donde parecía sentirse con mayor
libertad para mirar a su alrededor. Vio algunos hongos, que me señaló
temblando y me dijo que eran venenosos. Volvió al cuarto, tomó un libro
del estante y en él me señaló especialmente la imagen de un hombrecito
que se peleaba con un «monstruo terrible».
Dos días después de mi vuelta, Ricardo, con gran resistencia, me
habló de una conversación que había tenido con su madre, durante mi
ausencia. Había dicho a su madre que estaba muy preocupado acerca de
tener él niños en el futuro y le había preguntado si le dolería mucho. Ella le
contestó y le explicó lo que ya había hecho anteriormente, el papel del
hombre en la reproducción. A lo que él le replicó que no le gustaría colocar
su órgano genital en el genital de otra persona, porque le iba a asustar y
además que todo el asunto le causaba una gran preocupación.
En mi interpretación uní este temor con el pueblo «pocilga»; el
pueblo representaba, en la mente de Ricardo, mi «interior» y el «interior» de
su madre, que se habían vuelto malos a causa de los truenos y de las
bombas de Hitler. Estas representaban el pene «malo» de su padre, que
entraba en el cuerpo de su madre y lo convertía en un lugar que corría
peligro y que era peligroso. El pene «malo» dentro de su madre estaba
también simbolizado por los hongos venenosos, que habían crecido en el
jardín durante mi ausencia, así como por el monstruo, en contra del cual
estaba luchando el hombrecito (que representaba a Ricardo). La fantasía de
que su madre contenía el órgano genital destructivo de su padre explicaba
en parte los temores de Ricardo al coito. Esta ansiedad se había agudizado
e intensificado por mi marcha a Londres. Sus propios deseos agresivos
relacionados con el coito de sus padres aumentaban mucho sus ansiedades
y sentimientos de culpa.
Había una conexión íntima entre el temor de Ricardo al pene «malo»
del padre dentro de la madre y su fobia a los niños. Estos dos temores
estaban íntimamente unidos con sus fantasías del «interior» de su madre
como un lugar peligroso, porque él sentía que había atacado y dañado a los
niños por él imaginados en el «interior» del cuerpo de su madre y que ellos
se habían convertido en sus enemigos. Gran parte de esta ansiedad la
desplazó a su temor a los niños de su ambiente.
La primera cosa que Ricardo hizo con sus barcos durante estas horas
fue que un destructor, que él llamaba «Vampiro», chocase con un
acorazado, «Rodney», que para él siempre representaba a la madre. En
seguida entró en resistencia y en ella Ricardo volvió rápidamente a arreglar
los barcos. Me contestó, sin embargo -aunque no con agrado-, cuando le
pregunté que a quién representaba el «Vampiro», diciéndome que era él
mismo. La resistencia súbita, que le hizo interrumpir el juego, aclaró algo
acerca de la represión de sus deseos genitales hacia la madre. En su
análisis, el choque repetido de un barco contra otro simboliza el coito. Una
de las causas principales de la represión de sus deseos genitales era su
temor al carácter destructor del coito, porque -como lo sugiere el nombre
«Vampiro»- lo consideraba como algo oral-sádico.
Ahora interpretaré el Dibujo I que
especifica más las situaciones angustiosas de
Ricardo en esta etapa de su análisis. Como
ya sabemos, en esta serie de dibujos el rojo
siempre representaba a Ricardo, el negro a su
padre, el morado a su hermano y el azul
claro a su madre. Mientras coloreaba las
secciones rojas, Ricardo me dijo: «Estos son
los rusos». Aunque los rusos se habían hecho
nuestros aliados, él los miraba con mucha
desconfianza. Por lo tanto, al referirse al rojo
(él mismo) como siendo los rusos
sospechosos, me estaba dando a entender
que temía su propia agresión. Era este temor el que le habla hecho
interrumpir su juego con los barcos, cuando se dio cuenta de que él era el
«Vampiro», en su acercamiento sexual a su madre. El Dibujo I expresaba
sus ansiedades referentes al cuerpo de su madre, atacado por el Hitler-padre
malo (bombas, truenos, hongos venenosos). Como veremos, cuando
discutamos sus asociaciones con el Dibujo II todo el imperio representaba
el cuerpo de su madre, que estaba perforado por el órgano genital «malo»
de Ricardo. En el Dibujo I, sin embargo, la perforación se hacía por tres
órganos genitales, que representaban a los tres hombres de la familia: el
padre, el hermano y él mismo. Sabemos que durante esta hora Ricardo
había expresado su horror al coito. O sea, que a la fantasía de la destrucción
que amenazaba a la madre, causada por el padre «malo», se añadía para ella
el peligro de la agresión de Ricardo, porque se identificaba con su padre
«malo». También aparecía su hermano como atacante. En este dibujo su
madre (azul claro) contiene a los hombres malos o, en último término, los
órganos genitales malos de éstos, y, por lo tanto, el cuerpo de su madre
corre peligro y es un lugar peligroso.
Algunas defensas tempranas
Las ansiedades de Ricardo por su agresión y sobre todo por sus
tendencias oral-sádicas eran muy grandes y motivaban una lucha aguda
dentro de él en contra de su agresión. A veces esta lucha se percibía
claramente. Era significativo que en los momentos de rabia rechinase sus
dientes y moviera sus mandíbulas como si estuviese mordiendo. Debido a
la intensidad de sus impulsos oral-sádicos, Ricardo temía dañar a su madre.
A menudo preguntaba a su madre o a mí misma, aun después de alguna
observación sin importancia: «¿He herido tus sentimientos?» El temor y la
culpa, dependientes de sus fantasías destructivas, moldeaban toda su vida
emocional. Para mantener su amor hacía su madre, Ricardo procuraba una
y otra vez dominar sus celos y resquemores, negando hasta los motivos más
evidentes de ellos.
Pero las tentativas de Ricardo para refrenar su odio y su agresividad
y para negar sus resquemores no tenían mucho éxito. La rabia, reprimida
por las frustraciones sufridas en el pasado y en el presente, se manifestaba
claramente en la situación transferencial: por ejemplo, en sus reacciones a
la frustración impuesta por la interrupción del análisis. Sabemos ya que al
ir yo a Londres, en su mente me había convertido en un objeto dañado. Sin
embargo, yo no estaba dañada únicamente por haber estado expuesta al
peligro de las bombas, sino también porque, al frustrarle, había suscitado su
odio; en consecuencia, de un modo inconsciente, él sentía que me había
agredido. Repitiendo situaciones anteriores de frustración, Ricardo se había
identificado -en los ataques que fantaseaba contra mí- con el Hitler-padre
bombardeador y peligroso, y temía la retaliación. Por lo tanto me convertí
para él en un sujeto hostil y vengativo.
La división precoz de la imagen materna en una «madre pecho»
buena y mala, como una técnica de manejar la ambivalencia, fue muy
patente en Ricardo. Esta división evolucionó ulteriormente a una división
en la «madre pecho» que era «buena» y la «madre genital» que era mala. En
esta etapa del análisis, su madre real representaba la «madre pecho buena»,
mientras que yo me había convertido en la «madre genital mala» y, por ello,
despertaba en él la agresión y los temores conectados con esa imagen. Me
había convertido en la madre dañada por el padre en el coito o unida con el
Hitler-padre «malo».
La actividad del interés genital de Ricardo en aquella época quedó
demostrada, por ejemplo, por su conversación con su madre sobre el coito,
aunque entonces Ricardo expresase sobre todo horror. Y era este horror el
que le había hecho separarse de mí, viéndome como la madre «genital», y
también el que lo impulsó hacia su madre real como objeto bueno. Durante
mi estancia en Londres, Ricardo fue más inseparable que nunca de su
madre. Como él me expresó, era el «pollito de mamá» y «los pollitos van
detrás de sus madres». Esta huida al pecho materno, como una defensa
contra la angustia ante la madre genital, no tuvo éxito, porque Ricardo
añadía: «pero los pollitos tienen que arreglarse sin ellas, porque las gallinas
ya no se preocupan más de ellos y no los cuidan».
Las frustraciones, experimentadas en la situación transferencial por
la interrupción del análisis, habían reavivado frustraciones y resquemores
anteriores y, ante todo, la privación sufrida anteriormente por Ricardo del
pecho de su madre. Por lo tanto, había fracasado su ilusión de tener una
madre buena.
Inmediatamente después del choque entre «Vampiro» (él mismo) y
«Rodney» (su madre), más arriba descrito, Ricardo colocó uno al lado del
otro los acorazados «Rodney» y «Nelson» (su padre y su madre) y después,
en una fila, algunos barcos que representaban a su hermano, a él mismo y a
su perro, siguiendo -como él dijo- un orden de edad. Con esto el juego con
los barcos expresaba su deseo de restaurar la armonía y la paz en la familia,
al permitir a sus padres reunirse y al ceder él ante la autoridad de su padre y
de su hermano. Esto implicaba la necesidad de frenar su envidia y su odio,
porque sentía que sólo así podía evitar la lucha con el padre para obtener la
posesión de la madre. De este modo rehuía su temor de castración y
además conservaba al padre bueno y al hermano bueno. Y, sobre todo, así
salvaba también a su madre de ser dañada en una lucha entre su padre y él
mismo.
Así que Ricardo, no solamente estaba dominado por la necesidad de
defenderse contra el temor de ser atacado por sus rivales, que eran su padre
y hermano, sino también por preocupaciones acerca de sus objetos buenos.
Los sentimientos de amor y la necesidad
de reparar el daño que había hecho en su
fantasía -daño que podía ocurrir de nuevo
si se dejaba llevar por su odio y su
envidia- se manifestaron con mayor
intensidad.
Sin embargo, Ricardo podía
conseguir la paz y la armonía en la
familia, podía refrenar su envidia y su
odio y conservar su objeto amado
solamente si reprimía sus deseos edípicos.
La represión de sus deseos edípicos
implicaba una regresión parcial a la
primera infancia, a ser bebé y esta regresión estaba unida a la idealización
de la relación madre-bebé. Porque Ricardo quería convertirse en un niño
libre de agresión y, sobre todo, libre de impulsos oral-sádicos. La
idealización del bebé presuponía una idealización correspondiente de la
madre y, ante todo, de la de sus pechos. Era figurarse un pecho ideal que
nunca frustrara y una madre y un hijo en una relación mutua únicamente
amorosa. En su mente Ricardo alejaba el pecho malo, la madre mala, de la
madre ideal.
El Dibujo II ilustra algunos de los procedimientos de Ricardo para
manejar su ambivalencia, ansiedad y culpa. Me señaló Ricardo la sección
roja «que pasa a través del imperio de mamá», pero se corrigió en seguida,
diciendo: «no es el imperio de mamá, es solamente un imperio, donde todos
nosotros tenemos algunos territorios». Le interpreté que temía darse cuenta
de que había pensado que representaba el imperio de la madre, porque
entonces la sección roja estaría penetrando en el interior de su madre.
Entonces Ricardo miró una vez más el dibujo y manifestó que la sección
roja tenía aspecto «como un genital» y señaló que dividía al imperio en dos:
en el oeste había territorios que pertenecían a todo el mundo, mientras que
la parte del este no contenía nada de su madre, sino solamente a él mismo,
a su padre y a su hermano.
La parte izquierda del dibujo representaba a la madre buena, muy
unida a Ricardo, porque allí había poco de su padre y relativamente poco
de su hermano. En contraste, en el lado derecho (el «este peligroso», que ya
había surgido anteriormente en su análisis), aparecían únicamente los
hombres luchadores o, más bien, sus genitales malos. Su madre había
desaparecido de este lado del dibujo, porque, como lo sentía Ricardo, había
sido subyugada por los hombres malos. Este dibujo expresaba la división
de la madre en la madre mala, llena de peligros (la madre genital) y a la
madre querida y segura (la madre pecho). Ya en el primer dibujo, del que
hice uso para señalar algunas situaciones de ansiedad, podemos ver algo de
los mecanismos de defensa que aparecen más claramente en el Dibujo II.
Aunque en el Dibujo I la madre azul claro ocupa todo el dibujo y la
división entre la madre «genital» y la madre «pecho» no resalta tan
claramente como en el Dibujo II, una tentativa de división de esta clase
puede ser vista en él si aislamos la sección de su extrema derecha.
Es significativo que en el Dibujo II la división se efectúe por una
sección especial puntiaguda y alargada, que Ricardo interpretó como
órgano genital. De este modo él expresaba su creencia de que el genital
masculino era penetrante y peligroso. Esta sección especial se parece a un
diente puntiagudo y largo o a una daga y, según mi opinión, tiene ambos
significados: el primero, que simboliza el peligro para el objeto amado los
impulsos oral-sádicos, y el último, el peligro dependiente, según sentía
Ricardo, de la función genital como tal, debido a su capacidad penetrante.
Estos temores contribuían más y más a la huida hacia la madre
«pecho». Ricardo podía solamente conseguir una estabilidad relativa en un
nivel predominantemente pregenital. El movimiento de su libido hacia
adelante estaba dificultado, porque eran demasiado grandes su ansiedad y
su culpa, y su yo no era capaz de desarrollar las defensas adecuadas. Con
ello su organización genital no podía estabilizarse suficientemente3, lo cual
implicaba en él una tendencia intensa a la represión. El juego entre estos
fenómenos de fijación y regresión podía ser visto en cualquier etapa del
desarrollo de Ricardo.
Disminución de la represión de los deseos edípicos
El análisis de las diversas situaciones de ansiedad que he descrito,
tuvo el efecto de empujar hacia adelante los deseos y las ansiedades
edípicas de Ricardo. Pero su yo podía mantener estos deseos únicamente
mediante el empleo intensificado de ciertas defensas (de las que trataré en
esta sección). Sin embargo, estas defensas podían ser eficaces solamente
porque el análisis había disminuido algo la ansiedad, lo que también
implicaba una disminución de las fijaciones.
3 En su artículo «La organización genital infantil» (O. C., 19), Freud describe la
organización genital infantil considerándola como una «fase fálica». Una de sus razones
principales para introducir ese término era su opinión de que durante la fase genital
infantil el órgano genital femenino no ha sido todavía descubierto o reconocido y que
todo el interés del niño ola niña está centrado en el pene. Mi experiencia no confirma
este punto de vista; tampoco creo que el uso del término «fálico» designe bien al
material que se discute en este artículo. Por lo tanto sigo empleando el término original
de Freud de «fase genital» («organización genital»). Expondré más detalladamente mis
razones para esta elección de términos en el resumen general teórico que se encuentra
mas adelante en este artículo.
Cuando se disminuyó en cierto grado la represión de los deseos
genitales de Ricardo, su temor a la castración se presentó más intensamente
en el análisis y se expresó de diferentes modos, juntamente con una
modificación correspondiente de sus métodos de defensa. En la tercera
hora, después de mi vuelta, Ricardo salió al jardín y me habló de su deseo
de escalar montañas, sobre todo Snowdon, a la que había mencionado
anteriormente en el transcurso de su análisis. Mientras hablaba, se dio
cuenta de que había nubes en el cielo y expresó la opinión de que se estaba
formando una tormenta peligrosa. Dijo que en tales días compadecía a las
montañas, porque lo pasaban mal cuando una tormenta descargaba sobre
ellas. Así expresaba su temor al padre malo, que en el material citado
anteriormente estaba representado por bombas y truenos. El deseo de
escalar Snowdon, que simbolizaba su deseo de coito con su madre, le
provocaba inmediatamente el temor a la castración por su padre malo y, por
ello, la tormenta que se descargaba era un peligro tanto para su madre
como para él mismo.
En la misma hora Ricardo me dijo que iba a hacer cinco dibujos. Me
mencionó que había visto un cisne con cuatro cisnes pequeños «muy ricos».
Jugando con sus barcos, Ricardo hizo que un barco fuese mío y otro de él;
yo me iba en mi barco en un viaje de recreo, y lo mismo hacía él. En un
primer momento alejó su barco, pero pronto le dio la vuelta y lo colocó
bastante cerca del mío. En el material anterior el contacto de los barcos –
sobre todo en lo referente a sus padres- había simbolizado con frecuencia el
coito. Por lo tanto, en este juego Ricardo expresaba sus deseos genitales,
así como su confianza de tener potencia. Los cinco dibujos, que él decía
que me iba a dar, lo representaban (el cisne) dándome -o más bien dando a
su madre- cuatro hijos (los cisnecitos).
Como ya hemos visto, unos días antes había ocurrido algo similar en
el juego de los barcos: «Vampiro» (Ricardo) tocaba a «Rodney» (su madre).
Entonces esto trajo como consecuencia un cambio brusco en el juego, que
fue provocado por el temor de Ricardo de que sus deseos genitales
pudiesen estar dominados por sus impulsos oral-sádicos. Sin embargo, en
los días siguientes se alivié parte de su ansiedad, disminuyó su agresión y
por ello se reforzaron algunos métodos de defensa. Con lo que Ricardo
pudo realizar un juego similar (su barco tocó al mío en un viaje de recreo),
sin que ello le provocase ni ansiedad ni represión de los deseos genitales.
La creencia reforzada de Ricardo de que podría llegar a ser potente
estaba unida a una mayor confianza de que su madre podía ser preservada
de peligros. Ahora ya era capaz Ricardo de permitirse la fantasía de que
ella lo iba a querer siendo él un hombre y que le permitiría ocupar el lugar
del padre. Esto le hizo confiar en que ella seria su aliada y que lo iba a
proteger contra todos sus rivales. Por ejemplo, Ricardo tomó el lápiz azul y
el lápiz rojo (su madre y él mismo) y los colocó en la mesa levantados el
uno al lado del otro. Luego movió el lápiz negro (su padre) hacia los otros
y el lápiz negro fue rechazado por el rojo, mientras que el lápiz azul
rechazaba al morado (su hermano). Este juego expresaba el deseo de
Ricardo de que su madre, puesta de acuerdo con él, alejase a su padre y a
su hermano peligrosos. Su madre, como alguien fuerte en lucha contra los
hombres malos y contra los genitales peligrosos de éstos, también surgía de
una asociación con el Dibujo II; porque Ricardo dijo que la madre azul en
el oeste estaba preparándose a luchar contra el este, para reconquistar allí
sus territorios. Como ya sabemos, en la parte derecha del Dibujo II la
madre había sido subyugada por los ataques genitales de los tres hombres
que eran su padre, su hermano y él mismo. En el Dibujo IV, que describiré
algo más adelante, Ricardo extendió el azul sobre la mayor parte del dibujo
y con ello expresó su confianza en que la madre volverla a recuperar sus
territorios perdidos. De este modo -restaurada y reavivada- la madre iba a
ser capaz de ayudarlo y de protegerlo. Debido a su confianza en poder
restaurar y reavivar a su objeto bueno, lo que implicaba su creencia de que
él podría manejar mejor su agresión, Ricardo fue capaz de sentir sus deseos
genitales más intensamente. Como disminuyó su ansiedad, pudo también
dirigir su agresión hacia afuera y, en su fantasía, volver a la lucha con su
padre y su hermano para conseguir la posesión de su madre. En su juego
con los barcos, los puso en orden formando una fila larga, con el barco más
pequeño delante. El significado de este juego era que él se había apropiado
de los genitales de su padre y de su hermano y los había añadido al suyo
propio. Sentía que con esta victoria fantaseada sobre sus rivales él se había
hecho potente.
El Dibujo III es un conjunto de dibujos, frecuentes en el análisis de
Ricardo, en los cuales figuran, en varias combinaciones, plantas, estrellas
de mar, barcos y peces. Como ocurría con el tipo de dibujos que
representaban el imperio, en ellos había una gran variación en los detalles,
pero algunos de sus elementos siempre representaban el mismo objeto y la
misma situación. Las plantas bajo el agua representaban los órganos
genitales maternos; por lo común se trataba de dos plantas con un espacio
en el medio. Las plantas también representaban los pechos maternos, y
cuando una de las estrellas de mar estaba entre las plantas, significaba
invariablemente que el niño estaba en posesión de los pechos de su madre o
que realizaba un coito con ella. Los puntos salientes en el contorno de la
estrella de mar representaban dientes y simbolizaban los impulsos oralsádicos
del bebé.
Al comenzar el Dibujo III Ricardo primero dibujó los dos barcos,
luego el pez grande y alguno de los pequeños a su alrededor. Al dibujar
estos últimos, se animó más y más y llenó el espacio restante con los peces
hijos. Luego me hizo notar que uno de los peces hijos estaba cubierto por
una aleta de «pez-mami» y me dijo: «éste es el más joven de todos los
hijos». Este dibujo sugiere que el
pececito está siendo alimentado por la
madre. Le pregunté a Ricardo si él se
encontraba entre los pececitos, pero me
dijo que no. También me dijo que la
estrella de mar situada entre las plantas
era una persona adulta, y que la otra
estrella de mar, más pequeña, era una
persona medio desarrollada,
explicándome que era su hermano; me
señaló asimismo que el periscopio del
«Pez solar» estaba «penetrando en
Rodney». Le sugerí que el’ ‘Pez solar»
le representaba a él mismo (la palabra
inglesa sun -sol- en lugar de son -hijo-)
y que el periscopio penetrando en
«Rodney» (la madre) representaba su
coito con su madre.
La afirmación de Ricardo de que la estrella de mar entre las plantas
era una persona adulta significaba que representaba al padre, mientras que
Ricardo mismo estaba representado por el «Pez solar», o sea por el barco
que era de un tamaño aun mayor que «Rodney» (su madre). De este modo
expresaba el cambio de los papeles en la relación padre-hijo. Al mismo
tiempo el dibujo señalaba su amor hacia su padre y su deseo de reparación,
porque colocaba la estrella de mar-padre entre las plantas, permitiéndole
con ello estar en la posición de un niño a quien se trata bien.
El material presentado en esta sección demuestra que la situación
edípica positiva y la posición genital se habían hecho más manifiestas.
Como hemos visto, Ricardo lo alcanzó siguiendo varios métodos. Uno de
ellos era hacer de su padre un bebé -un bebé no privado de satisfacciones y
que, por lo tanto, sería «bueno»- mientras que él mismo se apropiaba del
pene del padre.
Hasta entonces, Ricardo, que solía desempeñar varios papeles en esta
clase de dibujos, siempre se reconocía a si mismo en ellos, inclusive
cuando hacía el papel de niño. Lo hacía, porque bajo el impacto de la
ansiedad se retrotraía: al papel idealizado del niño satisfecho y amante.
Ahora, por vez primera, afirmaba que no estaba entre los bebés del dibujo.
Esto me pareció otra indicación del refuerzo de su posición genital. Sentía
ahora que podía crecer y hacerse potente sexualmente. En su fantasía, por
lo tanto, podía tener niños con su madre y ya no necesitaba presentarse
como si fuera un bebé.
Sin embargo, estos deseos y fantasías genitales hacían surgir en él
diversas ansiedades y, por ello, la tentativa de resolver sus conflictos
edípicos colocándose Ricardo en el lugar del padre, sin tener que pelearse
con él, sólo tuvo un éxito parcial. Al lado de esta solución relativamente
pacífica, encontramos en el dibujo temores de Ricardo referentes a la
sospecha de su padre acerca de sus deseos genitales hacia la madre, que por
ello iba a vigilarlo de cerca y que lo iba a castrar. Porque cuando interpreté
a Ricardo su cambio de la relación padre-hijo, me dijo que el aeroplano de
arriba era inglés y que estaba vigilando. Se recordará que el periscopio del
submarino penetrando en «Rodney» representaba el deseo de Ricardo
detener un coito con su madre. Lo cual implicaba que Ricardo intentaba
desplazar a su padre y que, por lo tanto, suponía que su padre le miraba con
recelo. Le interpreté que esto significaba, no solamente que su padre estaba
transformado en un niño, sino también que estaba presente en el papel de
superyó paterno, del padre que le vigilaba, que intentaba evitar que él
tuviese un coito con la madre y que lo amenazaba con castigos (el
aeroplano vigilante).
Le interpreté también que él mismo había estado «vigilando» a sus
padres, porque, no solamente acechaba su vida sexual, sino que además
deseaba intensamente interferir en ella y separar a sus padres.
El Dibujo IV ilustra el mismo material de un modo distinto. Mientras
coloreaba las secciones azules, Ricardo estaba cantando el himno nacional;
me explicó que su madre era la reina y que él era el rey. Es decir, que
Ricardo se había convertido en el padre y que había adquirido el órgano
genital potente del padre. Cuando terminó el dibujo y lo miró me dijo que
allí había «mucho de mami» y de él mismo y que «en realidad podían
vencer a papi». Me señaló que había poco del padre malo en el dibujo
(negro). Como el padre se había convertido en un niño indefenso, no
parecía necesario vencerlo Sin embargo, Ricardo no tenía demasiada
confianza en esta solución omnipotente, como lo demostró al decir que
unido a su madre, si fuese necesario, él podría vencer al padre. O sea, que
la disminución de la ansiedad le permitía enfrentar su rivalidad con el padre
y hasta luchar con él.
Mientras coloreaba la sección morada, Ricardo cantaba los himnos
noruego y belga y dijo: «él está bien». La pequeñez de las secciones
moradas (en comparación con las azules y rojas) señalaba que su hermano
también había sido convertido en un bebé. El cantar los himnos nacionales
de los dos pequeños países aliados me señaló que «él está bien» se refería a
la vez a su padre y a su hermano, que se habían convertido en niños
inofensivos. En esta etapa del análisis se había hecho más manifiesto el
amor reprimido de Ricardo hacia su
padre4. Sin embargo, Ricardo percibía
que no podía eliminar a su padre en
sus aspectos peligrosos. Más aun, sus
propias heces -en tanto que
inconscientemente estaban
equiparadas con el padre negro- le
parecían una fuente de peligro y
tampoco podían ser eliminadas. El
reconocimiento de su realidad
psíquica se demostró en el hecho de
que el negro no dejó de incluirse en el
dibujo, aunque Ricardo se tranquilizó diciendo que en él solamente había
un poco de padre-Hitler.
En los diferentes comportamientos que ayudaron a reforzar la
posición genital de Ricardo, vemos algunas de las transacciones entre las
exigencias del superyó y del ello, que el yo trata de realizar. Mientras
Ricardo satisfacía los impulsos de coito con su madre, esquivaba el
impulso de matar a su padre; por lo tanto, con ello conseguía disminuir los
reproches del superyó. Sin embargo, las exigencias del superyó se
satisfacían sólo parcialmente, porque, aunque el padre no sufriese, era
separado de su posición junto a la madre.
Tales transacciones son componentes esenciales en cada etapa del
desarrollo normal del niño. Siempre que hay grandes fluctuaciones entre las
posiciones libidinales, las defensas se trastornan y es necesario encontrar
nuevas transacciones. Por ejemplo, en la sección anterior he señalado que
al disminuir las ansiedades orales de Ricardo, él intentó solucionar el
conflicto entre sus temores y deseos colocándose, en la fantasía, en el papel
de un bebé ideal que no ocasionaría disturbios en la paz familiar. Sin
embargo, cuando se reforzó la posición genital y Ricardo pudo enfrentar
bastante más su temor a la castración, resultó otra transacción. Ricardo
mantuvo sus deseos genitales, pero evitó la culpa transformando a su padre
y hermano en bebés que él tendría con su madre. Transacciones de este
tipo, en cualquier etapa del desarrollo, solamente pueden conducir a una
estabilidad relativa, si la cantidad de ansiedad y culpa no es excesiva en
relación con la fortaleza del yo.
4 Es significativo que al mismo tiempo el deseo libidinal por el pene de su padre, que
había estado fuertemente reprimido, también apareció, y en su forma más primaria.
Mirando de nuevo la lámina del monstruo, en contra del cual el hombrecito estaba
peleando, Ricardo dijo: «Es horrible mirar al monstruo, pero es posible que su carne sea
deliciosa para comer».
He tratado con tanto detalle la influencia de la ansiedad y las
defensas en el desarrollo genital, porque me parece que no es posible
comprender completamente el desarrollo sexual, sin tener en cuenta las
fluctuaciones entre los diferentes estadíos de la organización libidinal y las
ansiedades y defensas especiales que caracterizan estos estadíos.
Ansiedades relacionadas con los padres internalizados
Los Dibujos V y VI necesitan una introducción. La noche anterior
Ricardo había tenido un ligero dolor de garganta y algo de temperatura,
pero a pesar de ello acudió al análisis, ya que el tiempo era bueno. Ya he
señalado anteriormente que los dolores de garganta y los resfríos se
contaban entre sus síntomas, y que aun cuando eran leves, le producían una
gran ansiedad hipocondríaca. En el comienzo de la sesión, en la que hizo
los Dibujos V y VI, Ricardo estaba muy angustiado y preocupado. Me dijo
que sentía muy caliente la garganta y que tenía veneno detrás de la nariz.
La asociación siguiente, que me comunicó con gran resistencia, fue su
temor a que sus alimentos pudiesen estar envenenados. Era un temor que
Ricardo habla tenido consciente durante años, aunque en esta ocasión, lo
mismo que en ocasiones anteriores, solamente lo pudo relatar en el análisis
con dificultades.
Durante esta sesión Ricardo miraba con frecuencia a través de la
ventana, como si sospechase de algo. Cuando vio a dos hombres
conversando, me dijo que lo estaban espiando, lo cual constituía una de las
repetidas indicaciones de sus temores paranoides referentes a su padre y su
hermano, vigilantes y perseguidores, pero centrados sobre todo en sus
padres en alianza secreta y hostil en contra de él. En mi interpretación,
asocié su sospecha con su temor de tener perseguidores internos, que le
espiaban y se complotaban en contra de él -una ansiedad que se había
presentado anteriormente en su análisis. Un poco después, Ricardo, de
repente, se introdujo todo lo que pudo el dedo en la garganta y pareció estar
muy preocupado. Me dijo que estaba buscando gérmenes. Le interpreté que
los gérmenes representaban a los germanos (al padre-Hitler negro en unión
conmigo misma) y que, en su mente, ellos estaban relacionados con los dos
hombres que lo espiaban y, en último término, con sus padres. O sea, que
su temor a los gérmenes estaba íntimamente unido a su temor a ser
envenenado, lo que él hacia depender de sus padres inconscientemente,
aunque conscientemente no le fueran sospechosos. Su resfrío había
removido estos temores paranoides.
En esta sesión Ricardo había hecho los Dibujos V y VI, y la sola
asociación que conseguí en ese día fue que VI era el mismo imperio que V.
Ello coincidía con que los dos dibujos habían sido hechos en la misma hoja
de papel. Al día siguiente Ricardo estaba bien del todo de su dolor de
garganta y acudió con un estado de ánimo diferente. Me describió con
animación cómo le había gustado su desayuno, sobre todo el cereal, y me
demostró cómo lo había masticado. (Había comido muy poco los dos días
anteriores) Me dijo que hasta antes de tomar su desayuno había tenido el
estómago muy pequeño, delgado y recogido, y que «los huesos grandes en
él» «sobresalían». Estos «huesos grandes» representaban a su padre
internalizado -o al órgano genital de su padre-, presentado en el material
anterior unas veces como el monstruo y otras como el pulpo. Los «huesos
grandes» significaban los aspectos malos del pene de su padre, mientras
que «la carne deliciosa» del monstruo eran los aspectos atrayentes del
mismo. Le interpreté que el cereal representaba a la madre buena (el pecho
y la leche buenos), ya que en una ocasión anterior lo había comparado con
un nido de pájaro. Como su creencia en la madre buena internalizada había
aumentado, Ricardo estaba menos asustado de los perseguidores internos
(los huesos y el monstruo).
El análisis del significado inconsciente del dolor de garganta lo llevó
a una disminución de sus ansiedades, con un cambio correlativo en los
métodos de defensa. En esta sesión el estado de ánimo de Ricardo y sus
asociaciones expresaban claramente este cambio. De repente el mundo se le
convirtió en algo hermoso: admiraba el paisaje, mi vestido, mis zapatos y
me dijo que yo estaba bonita. También me habló de su madre con gran
amor y admiración. De este modo, al disminuir sus temores de los
perseguidores internos, el mundo exterior le parecía mejorado y podía
confiar más en él, incrementándose su capacidad de disfrutarlo. Al mismo
tiempo podía observarse que su depresión había dado lugar a un estado de
ánimo hipomaniaco, en el cual negaba sus temores de persecución. En
realidad era la disminución de la ansiedad lo que había permitido que se
manifestase la defensa maníaca contra la depresión. Claro es que el estado
de ánimo hipomaniaco de Ricardo no persistió, y en el curso ulterior de su
análisis la depresión y la ansiedad reaparecieron una y otra vez.
Hasta ahora me he referido principalmente a la relación de Ricardo
con su madre considerada como un objeto externo. Sin embargo, en su
análisis, anteriormente, se habla hecho evidente que el papel que ella tenía
como objeto externo estaba constantemente mezclado con su papel como
objeto interno. Con la finalidad de ser clara, he dejado este punto para ser
ilustrado mediante los Dibujos V y VI; que exponen vivamente el papel de
los padres internalizados en la vida mental de Ricardo.
En esta sesión Ricardo tomó los Dibujos V y VI, hechos el día
anterior, y asoció libremente con ellos. Disminuidas sus ansiedades
depresivas e hipocondríacas, él era ahora capaz de enfrentar las ansiedades
subyacentes a su depresión. Me señaló que el Dibujo V parecía un pájaro y
un pájaro «muy, muy horrible». Según él, el azul claro de arriba era una
corona, el trozo morado era el ojo, y el pico estaba «completamente
abierto». Este pico, como puede verse, estaba formado por las secciones
rojas y moradas a la derecha, es decir,
por los colores que siempre los habían
representado a él y a su hermano.
Le interpreté que la corona azul
claro indicaba que el pájaro era su
madre -la reina, la madre ideal del
material anterior-, que ahora tenía un
aspecto hambriento y destructor. El
hecho de que su pico estuviese
formado por las secciones rojas y
moradas expresaba la proyección de
Ricardo en su madre de sus propios
impulsos oral-sádicos (y también de
los de su hermano).
Este material parece demostrar
que Ricardo había hecho importantes
progresos hacia el enfrentamiento de
su realidad psíquica, porque en él
había sido capaz de expresar la
proyección sobre su madre de sus impulsos oral-sádicos y canibalísticos.
Además, como lo demuestra el Dibujo V, había permitido que se reuniesen
más íntimamente los aspectos «buenos» y «malos» de su madre. Los
prototipos de estos dos aspectos, que ordinariamente se mantienen muy
apartados el uno del otro, eran el pecho bueno querido y el pecho malo
odiado. Estas defensas, mediante la división y el aislamiento, podían ser
vistas también en dicho dibujo, porque su parte izquierda era
completamente azul. Sin embargo, en la parte derecha del Dibujo V; la
madre aparecía simultáneamente como un pájaro «horrible» (pico abierto) y
como reina (corona azul claro). Con la disminución de la negación de su
realidad psíquica, Ricardo se había hecho también más capaz de enfrentar
la realidad externa, porque le había sido posible reconocer el hecho de que
su madre realmente le había frustrado y de que, por lo tanto, había
provocado que la odiase.
Siguiendo mis interpretaciones del Dibujo V, Ricardo repetía
enfáticamente que el pájaro parecía «horrible», y me dio algunas
asociaciones referentes al Dibujo VI. Me dijo que parecía asimismo un
pájaro, pero sin cabeza, y que lo negro de abajo era «lo mayor» que caía de
él. Me dijo que todo era «muy horrible».
En mi interpretación del Dibujo V recordé que me habla dicho el día
anterior que los dos imperios eran el mismo imperio. Le sugerí que el
Dibujo VI lo representaba a él y que, como él había internalizado al «pájaro
horrible» (Dibujo V), sentía que se había convertido en uno igual a éste. El
pico abierto representaba la boca hambrienta de
su madre, pero también expresaba los propios
deseos de Ricardo de devorarla, porque los
colores, con los cuales estaba formado el pico,
los representaban a él y a su hermano (los bebés
hambrientos). En su mente, Ricardo había
devorado a su madre, siendo ella un objeto
destructor y devorador. Cuando, al tomar el
desayuno, internalizó a la madre buena, sintió
que ella lo estaba protegiendo contra el padre
malo internalizado, es decir, contra los «huesos
de su estómago». Cuando internalizó a la madre pájaro «horrible», sintió
que ella se había unido con el padre monstruo, y que en su mente esta
imagen terrorífica de padres unidos lo estaba atacando desde dentro y lo
estaba devorando, así como lo atacaba desde fuera y lo castraba5. Así
Ricardo se sentía mutilado y castrado por los padres malos internos y
externos, que le devolvían sus ataques contra ellos; expresaba estos temores
en el Dibujo VI, porque en él el pájaro aparecía sin cabeza. Como un
resultado de sus impulsos oral-sádicos hacia sus padres en el proceso de
internalizados, ellos, en su mente, se habían convertido en enemigos tan
hambrientos y destructivos como él. Además, como sentía que devorando a
sus padres los había cambiado en monstruo y en pájaro, experimentaba no
sólo temor de estos perseguidores internalizados, sino también culpa, tanto
mayor cuanto que temía que había sido él mismo quien había expuesto a la
madre buena interna a los ataques del monstruo interno. Su culpa también
dependía de sus ataques anales contra los padres externos e internos, lo que
él había expresado por «lo mayor horrible» que caía del pájaro6.En la hora
precedente había estado tan sometido Ricardo a su ansiedad al hacer estos
dibujos, que no los habría podido asociar; cierta disminución de la ansiedad
le permitía asociar ahora.
Un dibujo anterior (VII), que expresa la internalización de sus
objetos aun más claramente que los dibujos V y VI, es de interés en este
aspecto. Cuando Ricardo terminó dicho dibujo, hizo una línea a su
alrededor y llenó su fondo con color rojo. Me di cuenta de que esto
representaba el «interior» de Ricardo, el que contenía a su padre, madre,
hermano y a él mismo, relacionados los unos con los otros. En sus
asociaciones a este dibujo, expresó su satisfacción por el aumento de las
5 Es importante mencionar aquí que le habían hecho la circuncisión a la edad de tres
años y que desde entonces siempre había tenido un intenso miedo consciente a los
médicos y a las operaciones.
6 Tan importantes como las ya citadas eran, siguiendo sus fantasías, sus impulsos y
ansiedades uretrales, aunque específicamente no formasen parte de este material.
secciones azul claro, o sea por las que eran su madre. También me refirió
su confianza en que su hermano se aliase a él. Los celos de este hermano
hacían que a menudo lo mirase con desconfianza y que le temiese como
rival. Pero en este momento insistía en la alianza con su hermano. Además
me señaló que una de las secciones estaba completamente rodeada por su
madre, por su hermano y por él mismo. Lo cual quería decir que él estaba
aliado con la madre querida interna en contra del padre peligroso interno7.
A la luz del material presentado en esta sesión parece ser que la parte que
tenía en la vida emocional de Ricardo la madre buena, tan a menudo
idealizada, se refería tanto a la madre interna como a la madre externa. Por
ejemplo, cuando Ricardo expresó su confianza en que la madre azul en el
oeste iba a extender su territorio (véase Dibujo II), esta confianza se refería
tanto a su mundo interno como al mundo externo. Su creencia en la madre
buena interna era su punto de apoyo mayor. Siempre que se le fortificaba
esta creencia, sentía esperanza y confianza y le venía un sentimiento de
seguridad más intenso. Cuando esta sensación de confianza no era tan
firme, por una enfermedad o por otras cansas, entonces aumentaba su
depresión8. Además cuando aumentaban los temores de Ricardo hacia sus
perseguidores, que eran la madre mala y el padre malo, él sentía también
que no podía proteger a sus objetos queridos internos del peligro de la
destrucción y de la muerte, y que esta muerte de ellos traería
inevitablemente consigo su propia muerte. Aquí hemos llegado a la
ansiedad básica del individuo depresivo que, según mi experiencia,
proviene de la posición depresiva infantil.
Un detalle significativo de su análisis ilustra el temor de Ricardo a la
muerte de sus objetos externos e internos. Como ya he dicho anteriormente,
su relación casi de persona a persona con el cuarto de juegos era uno de los
rasgos característicos de su situación transferencial. Después de mi viaje a
Londres, que había aumentado intensamente el temor de Ricardo a los
bombardeos aéreos y a la muerte, ocurrió en varias sesiones analíticas que
Ricardo no soportase tener que apagar la estufa eléctrica hasta el momento
mismo en que salíamos de la casa. En una de las sesiones, que he descrito
en conexión con los análisis de los Dibujos III y IV, tal obsesión
desapareció. En esas sesiones, juntamente con el fortalecimiento de sus
deseos genitales y con la disminución de su ansiedad y su depresión,
intervino más y más en sus asociaciones la fantasía de que él sería capaz de
7 Este dibujo representaba también el «interior» de la madre, en el que ocurría la misma
lucha, Ricardo y su hermano aparecían en el papel de protectores internos de ella, y su
padre como objeto peligroso interno de ella.
8 No hay duda de que a su vez tales ansiedades son capaces de provocar resfríos u otras
enfermedades físicas y, por lo menos de disminuir la resistencia a ellos. Lo que significa
que aquí tenernos que enfrentarnos con un circulo vicioso, porque a su vez estas
enfermedades reforzaban todos los temores de Ricardo.
darnos bebés «buenos» a mi y a su madre, y también su amor por los bebés.
Su insistencia obsesiva de mantener encendida la estufa en el cuarto todo el
tiempo posible era un indicio de su depresión9.
Resumen del historial del niño
La incapacidad de Ricardo para afianzar su posición genital provenía
en gran parte de su incapacidad para elaborar su ansiedad en la etapa previa
de su desarrollo. El papel importante que el pecho malo tenía en la vida
emocional de Ricardo dependía de su lactancia satisfactoria, que había
estimulado fuertes impulsos y fantasías orales, uretrales y anal-sádicos. Los
temores de Ricardo al pecho malo estaban contrarrestados hasta un cierto
límite por la idealización del pecho bueno; así podía mantener parte de su
amor hacia su madre. Las cualidades malas del pecho y los impulsos oralsádicos
de Ricardo contra él las transfería en gran parte al pene de su padre.
Además Ricardo sentía intensos impulsos oral-sádicos hacia el pene de su
padre, que provenían de los celos y del odio existentes en la temprana
situación edípica positiva. Por ello el órgano genital de su padre, en su
fantasía, se convertía en un objeto peligroso que muerde y envenena. El
temor al pene, como perseguidor externo e interno, era tan intenso que
Ricardo no podía llegar a confiar en las cualidades buenas y productoras
del pene. Así la posición femenina temprana de Ricardo era trastornada en
su raíz por temores de persecución. Estas dificultades, que él
experimentaba en su situación edípica invertida, se mezclaban con el temor
a la castración, que era estimulado por sus deseos genitales hacia su madre.
El odio a su padre, que acompañaba a estos deseos genitales y que se
manifestaba en el impulso de arrancar mordiendo el pene del padre, le
llevaba al temor de que lo castrasen, siguiendo el mismo procedimiento, y,
con ello, ese odio incrementaba la represión de sus deseos genitales.
Una de las características de la enfermedad de Ricardo era una inhibición
creciente de todas sus actividades e intereses. Ello se unía a la represión
intensa de sus tendencias agresivas, patente sobre todo en relación con su
madre. En relación con su padre y con otros hombres reprimía menos la
agresión, aunque ésta estaba muy restringida por temor. La actitud más
frecuente de Ricardo hacia los hombres era la de pacificar a quienes podían
ser atacantes y perseguidores.
Con otros niños la agresividad de Ricardo estaba menos inhibida,
aunque él temía mucho expresarla directamente. Su odio a los niños, así
como su temor a ellos, derivaba en parte de su actitud hacia el pene del
padre. En su mente estaban muy unidos y relacionados el pene destructor y
9 Mantener la estufa encendida tenía también el significado inconsciente de demostrarse
a sí mismo que ni él ni su padre estaban castrados.
el niño destructor y hambriento que iban a agotar a la madre y finalmente a
destruirla. Lo cual era debido a que Ricardo, inconscientemente, mantenía
la equiparación «pene-niño» con gran intensidad. También sentía que el
pene malo podía producir solamente niños malos.
Otro factor determinante de su fobia a los niños eran sus celos a su
hermano y a cualquier otro niño que su madre pudiese tener en el futuro.
Sus ataques sádicos inconscientes a los niños dentro del cuerpo de la madre
estaban unidos a su odio al pene del padre dentro de la madre. Solamente
en una situación podía manifestar a veces su amor a los niños: en su actitud
amistosa hacia los bebés.
Ya sabemos que Ricardo sólo podía mantener su capacidad de amor
si idealizaba la relación madre-bebé. Pero, debido a su temor y culpa
inconscientes flor sus propios impulsos oral-sádicos, consideraba a los
niños ante todo como seres oral-sádicos. Era ésta una de las razones que
hacían que él no pudiese llevar a cabo, en su fantasía, su deseo de dar niños
a su madre. Aún era más importante su angustia oral, que desde el
comienzo de su desarrollo había aumentado su temor de los aspectos
agresivos de la función genital y de su propio pene. El temor de Ricardo a
que sus impulsos oral-sádicos dominasen sus deseos genitales y a que su
pene fuese un órgano destructor, era una de las causas principales de la
represión de sus deseos genitales. Por ello te resultaba importante
considerar la genitalidad como uno de los medios imprescindibles para
hacer feliz a su madre y para hacer una reparación por los bebés que él
creía que había destruido. De todos estos distintos modos, los impulsos,
fantasías y temores oral-sádicos de Ricardo interferían una y otra vez con
su desarrollo genital.
En las secciones precedentes me he referido repetidamente a la
regresión a un estadío oral como defensa contra las nuevas ansiedades que
surgen en la posición genital; sin embargo, es importante no descuidar el
papel que tiene la fijación en estos procesos. Como las ansiedades orales,
uretrales y anal-sádicas de Ricardo eran excesivas, su fijación a estos
niveles libidinales era muy intensa; en consecuencia, su organización
genital era débil y era fuerte su tendencia a la regresión. Sin embargo, a
pesar de sus inhibiciones, Ricardo habla desarrollado algunas tendencias
genitales sublimadas. Más aun, en tanto que sus deseos estaban dirigidos
predominantemente hacia su madre y sus sentimientos de celos y odio
hacia su padre, él había alcanzado algunos de los componentes del
desarrollo heterosexual. Sin embargo, este cuadro era decepcionante en
cierto modo, porque el amor de Ricardo a su madre solamente podía ser
mantenido mediante el refuerzo de los elementos orales de su relación con
ella y mediante la idealización de la madre «pecho». Ya hemos visto en sus
dibujos que las secciones azules representaban siempre a su madre; esta
elección de color, asociada con su atracción por el cielo azul y sin nubes,
expresaba su anhelo por un pecho ideal, completamente bondadoso, que no
lo frustraría jamás.
El hecho de que de este modo Ricardo fuese capaz, hasta cierto
punto, de mantener su amor por su madre, le habla dado la pequeña
estabilidad psíquica que él poseía y que le había permitido también
desarrollar hasta cierto límite sus tendencias heterosexuales. Era patente
que la ansiedad y los sentimientos de culpabilidad formaban parte amplia
de su fijación a su madre. Ricardo la quería, pero de un modo más bien
infantil. No toleraba separarse de ella, ni dejar de verla, aunque en él
existían pocos rasgos de una relación independiente y masculina hacia la
madre. Su conexión con otras mujeres -aunque muy lejana de ser
verdaderamente masculina e independiente- expresaba un contraste
llamativo con el gran amor y hasta la admiración ciega mostrados por su
madre. Con las otras mujeres tenía una conducta inadecuada para su edad y
en cierto modo parecida a la de un don Juan adulto. Trataba de
congraciarse con las mujeres de distintos modos, hasta adulándolas
falsamente. Al mismo tiempo a menudo las criticaba y se disgustaba con
ellas, y se divertía si podía engañarlas con sus adulaciones.
Aquí vemos dos actitudes contrapuestas en relación con las mujeres,
lo que recuerda algunas conclusiones hechas por Freud. Hablando de la
«separación entre las corrientes sexuales y cariñosas del sentimiento
erótico» existente en algunos hombres que sufren -como Freud lo formula-,
de «impotencia psíquica», es decir, que sólo pueden ser potentes en ciertas
circunstancias, Freud escribe: «la vida erótica de esas personas permanece
disociada y dividida en dos corrientes, en las mismas dos que aparecen
personificadas en el arte como amor celestial y amor terrestre (o animal).
Cuando esos hombres aman, no tienen deseo sexual, y cuando desean, no
pueden amar»10. Hay alguna analogía entre la descripción de Freud y la
actitud de Ricardo hacia la madre. Temía y odiaba éste a la madre
«genital», mientras que daba su amor y cariño a la madre «pecho». Esta
división siguiendo las dos corrientes se hacia aparente en el contraste entre
su actitud hacia su madre y hacia las otras mujeres. Mientras sus deseos
genitales hacia su madre estaban reprimidos fuertemente y, por lo tanto,
ella seguía siendo para él un objeto de amor y admiración, estos deseos
podían ser activos, hasta un cierto grado, hacia otras mujeres que no fuesen
su madre. Pero, al ocurrir así, estas mujeres eran objeto de sus criticas y de
su desagrado. Representaban a la madre «genital» y se tenía la impresión de
que el horror de Ricardo por la genitalidad y su necesidad de reprimirla se
reflejaban en su desagrado hacia los objetos que despertaban en él deseos
genitales.
10 «Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa», O. C., II.
Entre las ansiedades de Ricardo, que traían consigo su fijación y su
regresión hacia la madre «pecho», era predominante el temor al «interior»
de su madre, considerado un lugar lleno de perseguidores. Porque la madre
«genital», que era para él la madre cohabitando con el padre, según él
contenía también el órgano genital «malo» del padre -o mejor dicho una
gran cantidad de genitales del padre-, lo que originaba una alianza
peligrosa de la madre con el padre en contra del hijo; la madre también
contenía los bebés hostiles. Además, en Ricardo había la ansiedad de
considerar a su propio pene como un órgano peligroso que iba a herir y a
dañar a su madre amada.
Las ansiedades mostradas, que obstaculizaban su desarrollo genital,
estaban muy conectadas con la relación de Ricardo con sus padres como
imágenes internalizadas. A la visión que él se formaba del «interior» de su
madre visto como un lugar peligroso, correspondía lo que él sentía acerca
de su propio «interior». En las sesiones anteriores hemos visto que la madre
buena (es decir, el alimento bueno del desayuno) lo protegía internamente
del padre, o sea, de los «huesos largos salientes» en su estómago. Esta
visión de la madre protegiéndolo del padre internalizado, tenía como
paralelo una imagen materna, a la cual Ricardo se consideraba impulsado a
proteger del padre malo: la imagen de una madre dañada por los ataques
orales y genitales del monstruo interno. Sin embargo, últimamente él
también la percibía como dañada por sus propios ataques oral-sádicos en
contra de ella. El Dibujo II muestra a los hombres malos (a su padre, a su
hermano y a él mismo), que subyugan y se tragan a su madre. Aquel temor
a haber dañado a la madre provenía del sentimiento de culpabilidad básico
de Ricardo de haber destruido (devorado) a su madre y los pechos
maternos, mediante sus ataques oral-sádicos en el proceso de internalizarla.
Además de esto expresaba su culpabilidad por sus ataques analsádicos
en el Dibujo VI, ya que señalaba lo «mayor horrible» que caía del
pájaro. La equiparación entre sus propias heces y el padre-Hitler negro se
ha visto ya antes de su análisis, cuando empezaba a hacer los dibujos del
imperio; en el primer dibujo Ricardo empezaba con el color negro como
representante de sí mismo, pero pronto decidía que el rojo lo representase a
él y el negro a su padre, manteniendo luego esto en el transcurso de todos
sus dibujos. Esta equiparación quedó más aclarada mediante unas
asociaciones con los Dibujos V y VI. En el Dibujo V la sección negra
representaba al padre malo, en el Dibujo VI representaba lo «mayor
horrible» que caía del pájaro mutilado.
El temor de Ricardo a su propia destructividad estaba relacionado
con su temor hacia su madre como un objeto peligroso y represivo. El
«pájaro horrible» con el pico abierto era una proyección en su madre de sus
propios impulsos oral-sádicos. Las experiencias reales de Ricardo, de haber
sido frustrado por su madre, no podían explicar por sí mismas que él se
formase una imagen psíquica terrorífica de una madre que lo devoraba
interiormente. Se hace patente en el Dibujo VI lo peligroso que él sentía
que era el horrible madre-pájaro, porque el pájaro sin cabeza del dibujo lo
representaba a él mismo y provenía de su temor a la castración efectuada
por su madre peligrosa en unión con el padre monstruo, ambos
considerados como enemigos externos.
Además Ricardo se sentía internamente amenazado por la alianza de
la madre-pájaro «horrible» con el padre monstruo internalizados. Estas
situaciones internas de peligro eran la causa principal de sus temores
hipocondríacos y persecutorios.
Cuando durante su análisis Ricardo fue capaz de enfrentar el hecho
psicológico de que su objeto querido era también su objeto odiado y de que
la madre azul claro, es decir, la reina con la corona, estaba unida en su
mente con el pájaro picudo horrible, pudo asentar más firmemente su amor
hacia su madre. Sus sentimientos de amor se unieron más íntimamente a los
de odio y sus vivencias felices con la madre ya no se alejaron tanto de las
frustradoras. Por ello Ricardo ya no se sintió impulsado a idealizar tan
intensamente a la madre buena, ni a formarse una imagen tan terrorífica de
la madre mala. Cuando se permitió reunir los dos aspectos de la madre, esto
trajo consigo que el aspecto malo fuera atenuado por el bueno. Entonces
esta madre buena, más asentada en él, podía protegerla contra el padre
«monstruo». Lo que a su vez implicaba que en esos momentos no la sintiese
dañada, sin remisión, por su avidez oral y por el padre malo, lo que también
significaba que sentía que él y su padre se habían vuelto menos peligrosos.
Una vez más la madre buena revivía y con ello desaparecía la depresión de
Ricardo.
Su mayor confianza en poder conservar vivos al analista y a su
madre, como objetos internos y externos, dependía del esfuerzo de su
posición genital y de una mayor capacidad de experimentar los deseos
edípicos. Ahora, en su fantasía, le era más posible la reproducción, o sea, la
creación de bebés buenos, que inconscientemente consideraba como el
medio más importante para combatir a la muerte y al temor a la muerte. Por
asustarse menos de estar dominado por sus impulsos sádicos, Ricardo creía
que iba a ser capaz de crear bebés buenos, debido a que el aspecto creador
y productor del órgano genital masculino (tanto del de su padre como del
suyo propio) se le había hecho más manifiesto. Esto aumentó su confianza
en sus tendencias constructoras y reparadoras, así como en sus objetos
internos y externos. Se le reforzó la confianza, no solamente en la madre
buena, sino también en el padre bueno. Su padre ya no era un enemigo tan
terrible como para que no pudiese enfrentar la lucha con él cuando lo
consideraba como un rival odioso. De este modo dio un paso importante
hacia el refuerzo de su posición genital y hacia el enfrentamiento de los
conflictos y temores dependientes de sus deseos genitales.
EXTRACTOS DE UN HISTORIAL QUE ILUSTRA EL DESARROLLO
EDÍPICO DE LA NIÑA
He expuesto algunas de las ansiedades que trastornan el desarrollo
genital del niño. Ahora voy a exponer parte del historial de una niña, al que
he descrito ya en publicaciones anteriores desde diferentes puntos de vista.
Para su presentación este material tiene algunas ventajas, como la de
ser sencillo y claro. La mayor parte de este caso ha sido publicado
anteriormente. Sin embargo, añadiré algunos detalles hasta ahora no
publicados, así como algunas interpretaciones nuevas que no hubiese
podido hacer entonces, pero que retrospectivamente parecen confirmarse en
el material.
Mi paciente, Rita, tenía dos años y nueve meses al comienzo de su
análisis. Era una niña muy difícilmente educable. Sufría de ansiedades de
diferentes clases, de incapacidad de tolerar frustraciones y de frecuentes
estados de tristeza. Demostraba rasgos obsesivos que se fueron
incrementando en los últimos tiempos. También persistía en ceremoniales
obsesivos complicados. Su conducta alternaba entre «bondad» exagerada y
remordimientos y estados de «maldad», en los que intentaba dominar a
todas las personas de su ambiente. También tenía dificultades en la
alimentación; era «caprichosa» en sus gustos y a menudo no tenía apetito.
Aunque era una niña muy inteligente, el desarrollo y la integración de su
personalidad estaban detenidos por la fuerza de su neurosis.
Lloraba con frecuencia, aparentemente sin causa alguna, y cuando su
madre le preguntaba por qué lloraba, contestaba: «Porque estoy tan triste».
A la pregunta: «¿Por qué estás tan triste?», contestaba: «Porque estoy
llorando». Su sentimiento de culpabilidad se expresaba en insistentes
preguntas a su madre: «¿Soy buena?», «¿Me quieres?» No podía tolerar
ningún reproche y si se la reñía empezaba a llorar o se mostraba hostil. Sus
sentimientos de inseguridad en relación con sus padres se manifestaron, por
ejemplo, en el siguiente incidente que ocurrió en su segundo año de vida.
Me dijeron que una vez empezó a llorar porque su padre, jugando, amenazó
a la figura de un oso de su libro con el cual ella se habla identificado
aparentemente.
Rita sufría de una intensa inhibición para jugar. Por ejemplo, lo
único que podía hacer con sus muñecas era lavarlas y cambiarles los
vestidos de un modo compulsivo. Tan pronto introducía en el juego alguna
fantasía, se angustiaba y dejaba de jugar.
Lo que viene a continuación son algunos puntos cruciales de su
desarrollo. Rita había sido amamantada durante unos pocos meses; después
se le dio biberón, que no aceptó bien en un primer momento. También fue
difícil destetarla del biberón para darle alimentos sólidos. Se le daba
todavía un biberón por la noche y su madre me dijo que había tenido que
renunciar a suprimírselo porque cada una de estas tentativas había
provocado en la niña grandes complicaciones. En cuanto al control de
esfínteres de Rita, conseguido ya a poco de tener un año, creo con
fundamento que su madre se había preocupado demasiado. La neurosis
obsesiva de Rita demostraba estar íntimamente conectada con su control de
esfínteres precoz.
Rita compartió el dormitorio de los padres hasta casi los dos años,
siendo a menudo testigo de los coitos de los padres. Cuando tuvo dos años,
nació su hermano y entonces su neurosis se manifestó en toda su
intensidad. Otra circunstancia coadyuvante fue el hecho de que su madre
fuera también neurótica y tuviera una ambivalencia clara hacia Rita.
Sus padres me dijeron que hasta el final del primer año Rita quería
mucho más a su madre que a su padre. Al comienzo de su segundo año
había desarrollado una preferencia clara por el padre, juntamente con celos
intensos de su madre. A los quince meses Rita, cuando estaba sentada en
las rodillas de su padre, expresó repetidamente y de un modo que no dejaba
lugar a dudas su deseo de quedarse a solas con él en el cuarto. Es algo que
no pudo decir con palabras. Cuando tuvo sus dieciocho meses, hubo un
cambio notable, que se manifestó en modificaciones de su relación con
ambos progenitores así como también en varios síntomas del tipo de
terrores nocturnos y fobia a los animales (sobre todo a los perros). Su
madre volvió a ser su favorita, aunque la relación con ella mostraba una
ambivalencia intensa. Se adhería tanto a su madre que casi no podía dejar
de verla. Esto iba acompañado con tentativas de dominarla y con un odio
contra ella que a menudo no disimulaba. Al mismo tiempo Rita desarrolló
un desagrado manifiesto contra su padre.
Estos hechos fueron observados claramente cuando ocurrieron y sus
padres me los comunicaron. En el caso de niños mayores los informes de
los padres acerca de lo ocurrido en los primeros años son menos de fiar, ya
que con el transcurso del tiempo los hechos se falsifican más fácilmente en
la memoria. En el caso de Rita, los detalles de aquellos sucesos todavía
permanecían vivos en la mente de los padres y el análisis confirmó
completamente lo esencial de sus informes.
Relaciones tempranas con los padres
Al comienzo del segundo año de Rita eran patentes algunos
elementos importantes de su situación edípica, como su preferencia por el
padre y sus celos de la madre y hasta el deseo de sustituir a la madre con el
padre. Al estudiar el desarrollo edípico de Rita en su segundo año, tenemos
que considerar algunos factores externos importantes. La niña compartía el
dormitorio con sus padres, teniendo amplia oportunidad de ser testigo del
coito entre ellos. Por lo tanto, había un estímulo constante para tener deseos
libidinales y celos, odio y ansiedad. Cuando Rita cumplió quince meses, su
madre quedó embarazada, comprendiendo la niña inconscientemente el
estado de su madre. De este modo se reforzó fuertemente el deseo de Rita
de recibir un bebé de su padre, así como su rivalidad con su madre. Como
consecuencia de ello su agresividad y los sentimientos de culpabilidad y
ansiedad, que la agresividad le provocaba, se incrementaron tanto que no
pudo mantener sus deseos edípicos.
Sin embargo, las dificultades en el desarrollo de Rita no pueden ser
explicadas solamente por estos últimos estímulos externos. Muchos niños
están expuestos a vivencias similares, y hasta a otras mucho más
desfavorables, sin que enfermen seriamente como consecuencia de ello. Por
lo tanto, tenemos que tener en cuenta los factores internos, los cuales,
interactuando con las influencias exteriores, condujeron a la enfermedad de
Rita y al trastorno de su desarrollo sexual.
Como reveló el análisis, los impulsos oral-sádicos de Rita eran
realmente fuertes y ella tenía poca capacidad para tolerar tensiones de
cualquier clase. Estas eran algunas de las características constitucionales de
Rita, y determinaron el aspecto de sus reacciones a las frustraciones
tempranas que ella sufrió. Estas reacciones afectaron intensamente, ya
desde un comienzo, su relación con su madre. Cuando, al final del primer
año, se manifestaron los deseos edípicos positivos esta nueva posición
frente a sus progenitores reforzó los sentimientos de Rita de frustración, de
odio y de agresividad, con sus afectos concomitantes de ansiedad y
culpabilidad. La niña fue entonces incapaz de elaborar estos diferentes
conflictos y por ello no pudo mantener sus deseos genitales.
La relación de Rita con su madre estaba dominada por dos grandes
fuentes de ansiedad: temor persecutorio y ansiedad depresiva. Por un lado
su madre era para ella una figura terrorífica y vengativa y por otro lado era
su objeto bueno, querido e indispensable. Rita percibía su propia agresión
como un peligro para esta madre querida y, por lo tanto, estaba aterrada por
el temor a perderla. Fueron la intensidad de estas ansiedades tempranas y
los sentimientos de culpabilidad los que en gran parte determinaron la
incapacidad de Rita de tolerar otra ansiedad más y la culpa proveniente de
los sentimientos edípicos: la rivalidad y el odio en contra de su madre.
Como defensa reprimió su odio y lo sobrecompensó con un amor excesivo,
lo que necesariamente traía consigo una regresión a estadíos más
tempranos de su libido. También fue influida básicamente por estos
factores la relación de Rita con su padre. Parte del resentimiento que sentía
hacia su madre fue desplazado hacia su padre, reforzando así contra él el
odio que provenía de la frustración de sus deseos edípicos y que, al
comienzo del segundo año, había suplantado su amor al padre. Su fracaso
en establecer una relación satisfactoria con su madre se repitió en la
relación oral y genital con su padre. Se hicieron patentes en su psicoanálisis
unos deseos intensos de castrarlo (en parte derivados de frustraciones en su
posición femenina y en parte de su envidia al pene proveniente de su
posición masculina).
De este modo las fantasías sádicas de Rita estaban íntimamente
unidas con los resentimientos derivados de frustraciones en diferentes
posiciones libidinales que ella vivenciaba tanto en su situación edípica
invertida como en la positiva. El coito entre los padres tenía un papel
importante en sus fantasías sádicas y en la mente de la niña fue algo
peligroso y terrorífico, donde su madre aparecía como víctima de la
crueldad extrema del padre. Como consecuencia de ella se imaginaba al
padre, no solamente como alguien peligroso para la madre sino también
para ella misma, en la medida en que sus deseos edípicos se mantenían en
identificación con la madre. La fobia de Rita a los perros, provenía del
temor al pene peligroso del padre, que le iba a morder, en venganza a sus
propios impulsos de castrarlo. Todo su contado afectivo con el padre estaba
profundamente trastornado, porque Rita lo había convertido en un «hombre
malo». Lo odiaba tanto más, porque corporizaba sus propios deseos sádicos
en contra de su madre.
El episodio siguiente, que me comunicó la madre, ilustra este último
punto. Al comienzo de su tercer año Rita había salido a pasear con su
madre y vio a un cochero fustigando cruelmente a sus caballos. La madre
se indignó mucho y la niña también expresó una indignación intensa. El
mismo día, algo más tarde, Rita sorprendió a su madre, diciéndole:
«¿Cuándo vamos a salir de nuevo para ver al hombre malo pegando a los
caballos?» Reveló así que había tenido un placer sádico con aquella
crueldad y que deseaba su repetición. En su inconsciente el cochero
representaba al padre, y los caballos a su madre; su padre realizaba en el
coito las fantasías sádicas de la niña dirigidas contra la madre. El temor al
genital malo del padre, juntamente con la fantasía de su madre dañada y
destruida por el odio de Rita y por el padre malo -el cochero-, interfería a la
vez en sus deseos edípicos positivos y en los invertidos. Rita no podía
identificarse con una madre tan destruida, ni tampoco permitirse sustituir al
padre adoptando la posición homosexual. Por ello en estos estadíos
tempranos ella no pudo afianzar satisfactoriamente ninguna de las dos
posiciones.
Algunos ejemplos del material analítico
Las ansiedades experimentadas por Rita al ser testigo de la escena
primaria se observan en el siguiente material.
Durante su análisis en una ocasión puso un ladrillo triangular de
juguete sobre uno de sus lados, y me dijo: «Esta es una mujercita». Luego
tomó un «martillito», como ella llamaba a un ladrillito oblongo, y con él
golpeó fuertemente la caja de ladrillos, diciéndome: «Cuando el martillo
pegaba fuerte, la mujercita se asustaba mucho». El ladrillito triangular la
representaba a ella misma, el «martillo» al pene del padre y la caja a su
madre. Toda la situación la representaba siendo ella testigo de la escena
primaria. Es significativo que Rita golpease la caja exactamente en un lugar
donde tenía únicamente papel, de modo que le hizo un agujero. Esta fue
una de las veces en que Rita me demostró simbólicamente su conocimiento
inconsciente de la vagina y el papel que tenía en sus teorías sexuales.
Los dos ejemplos siguientes se refieren a su complejo de castración y
a su envidia del pene. Rita estaba jugando a que viajaba con su osito de
juguete a la casa de una mujer «buena», donde se le daría «un trato
maravilloso». Sin embargo, este viaje no se hizo tranquilamente. Rita se
deshizo del maquinista, colocándose en su lugar, pero el maquinista volvía
una y otra vez y la amenazaba, provocándole una gran ansiedad. Un objeto
de disputa entre él y ella era su osito, que para ella era algo esencial para el
éxito del viaje. En este juego el osito representaba el pene del padre y la
rivalidad de Rita con el padre estaba expresada en la lucha por el pene. Se
lo había robado al padre, en parte con sentimientos de envidia, odio y
venganza y en parte para sustituirle con la madre y -mediante el pene
potente del padre- reparar los daños que había hecho a la madre en la
fantasía.
El próximo ejemplo está relacionado con el ritual de Rita al
acostarse. Este se había hecho más y más complicado y compulsivo en el
transcurso del tiempo; tenía también otro ceremonial relacionado con el
anterior pero con sus muñecas. El punto principal de este ceremonial era
que ella (y también su muñeca) tenía que estar bien envuelta en las mantas
y sábanas porque de otro modo -como ella decía- un ratón o un «Butzen»
(una palabra que ella inventó) iba a entrar por la ventana y le arrancaría,
mordiéndoselo, su propio «Butzen». El «Butzen» representaba a la vez el
órgano genital de su padre y el suyo propio: el pene de su padre le iba a
arrancar, mordiéndoselo, su propio pene imaginario, exactamente del
mismo modo que ella deseaba castrarlo a él. Como me doy cuenta ahora, el
temor a que su madre atacase el «interior de su cuerpo» contribuía también
a originar su temor de que alguien penetrase por la ventana. La habitación
representaba también al cuerpo de Rita y el asaltante era su madre, que se
vengaba de los ataques de la niña hacia ella. La necesidad obsesiva de que
le envolviesen bien y con tantos cuidados con las mantas y sábanas era una
defensa contra estos temores.
Desarrollo del superyó
Las ansiedades y los sentimientos de culpa descritos en las dos
últimas secciones se encontraban en el desarrollo del superyó de Rita.
Encontré en ella un superyó cruel e inflexible, tal como se encuentra
en las neurosis obsesivas severas de los adultos.
En el análisis pude encontrar el origen de este desarrollo en el
comienzo de su segundo año. A la luz de mi experiencia posterior he
llegado a la conclusión de que los comienzos del superyó de Rita se
encontraban en los primeros meses de su vida.
En el juego del viaje, que he descrito; el maquinista representaba a su
superyó además de su padre real. También vemos la actividad de su
superyó en el juego obsesivo de Rita con su muñeca, cuando hacía un ritual
parecido al ceremonial antes de dormirse, y hacía dormir a su muñeca
tapándola cuidadosamente con las mantas. Una vez, durante el análisis,
Rita colocó un elefante al lado de la cama de la muñeca. Me explicó que el
elefante estaba allí para evitar que la «niña» (muñeca) se levantara, porque
sino la «niña» entraría en el dormitorio de sus padres y «les haría daño o les
quitaría algo». El elefante representaba su superyó (su padre, su madre), y
las agresiones a sus padres, que debía impedir, eran la expresión de los
propios impulsos sádicos de Rita referentes al coito y al embarazo de su
madre. El superyó tenía la función de evitar que la niña robara a la madre
su bebé, dañara o destruyera el cuerpo de la madre o castrara al padre. Un
detalle significativo de su historial es que al principio de su tercer año Rita
declaraba repetidamente al jugar con sus muñecas que ella no era la madre
de la muñeca. En el análisis se pudo ver que ella no podía permitirse ser la
madre de la muñeca porque la muñeca representaba a su hermanito, a quien
ella deseaba pero a la vez temía quitar a su madre.
Su culpabilidad también provenía de las fantasías agresivas tenidas
durante el embarazo de su madre. Cuando Rita no podía asumir en los
juegos el papel de la madre de su muñeca, esta inhibición provenía de sus
sentimientos de culpa y además de su temor de una figura materna cruel,
muchísimo más severa que su madre real.
Rita no solamente veía a su madre real en esta forma distorsionada
sino que sentía además un peligro constante frente a una figura materna
terrorífica interna. Me he referido a los ataques fantaseados de Rita al
cuerpo de su madre, y a la angustia correspondiente de que su madre la
atacase y le robase sus bebés imaginarios, y además de su terror de ser
atacada y castrada por su padre. Profundizando en mis interpretaciones,
considero que a los ataques fantaseados a su cuerpo por sus padres como
figuras externas, correspondía el temor de ataques internos por las figuras
paternas perseguidoras internalizadas, que formaban la parte cruel de su
superyó11. La rudeza del superyó de Rita se demostró a menudo en sus
11 Algo más adelante, en mi resumen general teórico, me refiero al desarrollo del
superyó en la niña ya la parte esencial que desempeña en él el padre. Este aspecto de la
formación del superyó no había aparecido en el análisis de Rita; sin embargo se
manifestaba un desarrollo en esta dirección por la mejor relación con su padre hacia el
juegos durante el análisis. Por ejemplo, solía castigar cruelmente a su
muñeca, lo que iba seguido de un estallido de rabia y de temor. En ello se
identificaba a la vez con los padres rudos, que infligen un castigo intenso, y
con el niño castigado cruelmente que estalla de rabia. Esto era visible, no
solamente en sus juegos, sino también en toda su conducta. En ciertos
momentos, Rita parecía ser el portavoz de una madre severa e inaccesible y
en otros el de un niño que no se domina y que está lleno de avidez y
destructividad. Se tenía la impresión de que existía muy poco de su propio
yo para unir estos dos extremos y que sirviera para modificar la intensidad
del conflicto. Con ello estaba perturbado el proceso gradual de la
integración del superyó, no pudiendo Rita desarrollar su propia
personalidad.
Ansiedades persecutorias y depresivas que interfieren en el desarrollo
edípico
Los sentimientos depresivos de Rita eran un rasgo llamativo de su
neurosis. Sus estados de tristeza y sus llantos sin causa alguna, las
preguntas constantes a su madre sobre si la quería, eran señales de sus
ansiedades depresivas. Estas ansiedades tenían sus raíces en su relación con
el pecho de la madre. A consecuencia de sus fantasías sádicas, en las que
atacaba al pecho materno y a toda su madre, Rita estaba sometida a temores
que influenciaban profundamente su relación con ésta. Por un lado quería a
su madre, sintiéndola como un objeto bueno e indispensable, y se sentía
culpable porque la había dañado con sus fantasías agresivas; por otro lado,
la odiaba y la temía, viéndola como madre mala y perseguidora (en primer
lugar como el pecho malo). Estos temores y sentimientos complicados,
relacionados con la madre, sentida como objeto externo e interno,
constituían su posición depresiva infantil. Rita no podía elaborar esta
angustia y era incapaz de vencer su posición depresiva.
En este contexto es significativo cierto material del comienzo de su
análisis12. Rita trazó unos garabatos en un trozo de papel y lo ennegreció
enérgicamente. Luego lo rompió y tiró los pedazos a un vaso de agua, que
llevó a su boca como para bebérselo. En ese momento se interrumpió y dijo
para sí misma: «Mujer muerta». Este material, con las mismas palabras, se
repitió en otra ocasión. El trozo de papel ennegrecido, roto y echado al
agua representaba a su madre destruida por procedimientos orales, anales y
uretrales, y esta imagen de la madre muerta se refería, no solamente a su
madre externa en los momentos en que no podía verla, sino también a su
fin del análisis. Considero que la angustia y la culpabilidad relacionada con su madre
dominaban de tal manera su vida emocional, que tanto la relación con el padre externo
como con la figura paternal internalizada estaban trastornadas.
12 Esta parte del material no ha sido publicada anteriormente.
madre interna. Rita tuvo que renunciar a su rivalidad con su madre en la
situación edípica, porque su temor inconsciente a la pérdida del objeto
interno y externo actuaba como una barrera contra cualquier deseo que
pudiese incrementar su odio a la madre, y por lo tanto causarle la muerte.
Estas ansiedades, que provenían de la posición oral, eran las que
provocaban la depresión intensa que desarrolló Rita como reacción a las
tentativas de su madre de privarle del último biberón. Rita no quiso beber
la leche de una taza. Se sumió en un estado de desesperación; perdió el
apetito, rechazó los alimentos y se adhirió más que nunca a su madre,
preguntándole una y otra vez que si la quería, que si ella se había
conducido mal, y otras preguntas por el estilo. Su análisis reveló que el
destete o la supresión del biberón era para ella como un castigo cruel a
causa de sus deseos agresivos y de muerte contra su madre. Como no tener
más el biberón le representaba la pérdida definitiva del pecho, al privársele
el biberón, Rita sentía que ella realmente habla destruido a su madre. La
misma presencia de ésta sólo servía para aliviar temporalmente estos
temores, lo que lleva a pensar que mientras el biberón retirado le
representaba el pecho perdido, la taza de leche, que Rita rechazaba en su
estado de depresión consecutivo a la privación del biberón, le representaba
a la madre destruida y muerta, análogamente como el vaso de agua con el
papel roto le había representado a la «mujer muerta».
Como ya he dado a entender, las ansiedades depresivas de Rita,
referentes a la muerte de su madre, estaban unidas a temores persecutorios
referentes a agresiones contra su propio cuerpo hechas por una madre
vengativa. En realidad, a una niña tales agresiones siempre le parecen ser,
no solamente un peligro para su cuerpo, sino también un daño hecho a todo
lo valioso que ella se imagina que contiene su «interior», es decir, a sus
posibles niños, a la madre buena y al padre bueno.
La incapacidad de proteger estos objetos amados en contra de
perseguidores externos e internos es una parte fundamental de las
ansiedades de la niña13. La relación de Rita con su padre en gran parte
estaba determinada por las situaciones de ansiedad centradas en su madre.
Gran parte de su odio y de su temor al pecho malo fue transferido al pene
de su padre. La culpabilidad excesiva y el temor de pérdida relacionados
con la madre también habían sido transferidos al padre. Todo esto –
juntamente con la frustración sufrida directamente del padre- había
interferido con el desarrollo de su complejo edípico positivo.
El odio a su padre estaba reforzado por la envidia al pene y por la
rivalidad con él en la situación edípica invertida. Su tentativa de vencer la
envidia del pene le condujo a una creencia reforzada en su pene imaginario.
13 Esta situación de ansiedad en cierto modo formaba parte del análisis de Rita, pero
entonces yo no percibí totalmente la importancia de tales ansiedades ni su conexión
íntima con la depresión. Esto se me hizo más patente a la luz de mi experiencia ulterior.
Sin embargo, creía que este pene había sido dañado por un padre malo que
la iba a castrar como venganza contra sus propios deseos de castrarlo a él.
Cuando Rita temía que el «Butzen» del padre penetrase en su habitación y
le arrancase su propio «Butzen» de un mordisco esto era una muestra de su
temor de castración.
Sus deseos de apoderarse del pene del padre y de desempeñar el
papel paterno con la madre eran indicaciones claras de su envidia del pene.
Esto fue ilustrado en el material de juego que ya he citado: Viajaba con su
osito de juguete, que representaba su pene, a casa de una «mujer buena»,
que les iba a ofrecer un «agasajo maravilloso». Sin embargo, su deseo de
poseer un pene propio era reforzado fuertemente -como me lo demostró su
análisis- por ansiedades y sentimientos de culpabilidad relacionados con la
muerte de su madre querida. Estas ansiedades, que ya anteriormente habían
dañado su relación con la madre, contribuyeron mucho al fracaso de su
evolución edípica positiva. Tuvieron también la consecuencia de reforzar
los deseos de Rita de poseer un pene, porque sentía que únicamente podía
reparar el daño hecho a su madre y reponer los niños, que en su fantasía
ella le había robado, poseyendo un pene propio, con el cual satisficiese a su
madre y le diese niños. Las dificultades excesivas de Rita para manejar su
complejo de Edipo invertido y positivo estaban, por lo tanto, arraigadas en
su posición depresiva. Juntamente con la disminución de estas ansiedades,
se hizo Rita más capaz de tolerar sus deseos edípicos y de alcanzar más
intensamente una actitud femenina y maternal. Hacia el final de su análisis,
que se interrumpió prematuramente por circunstancias externas, la relación
de Rita con ambos progenitores, así como con sus hermanos, había
mejorado. Su aversión hacia el padre, que hasta entonces había sido muy
patente, fue sustituida por cariño hacia él; la ambivalencia hacia su madre
disminuyó, desarrollándose una relación más amistosa y estable entre
ambas.
El cambio de actitud de Rita hacia su osito y su muñeca reflejaba
cuánto había progresado su desarrollo libidinal y todo lo que habían sido
reducidas sus dificultades neuróticas y la severidad de su superyó. Una vez,
hacia el final de su análisis, mientras estaba besando su osito y abrazándolo
y dándole nombres cariñosos, dijo: «Ahora no me siento desgraciada,
porque ahora tengo un bebé a quien quiero mucho». Ahora Rita podía
permitirse así misma ser la madre de su hijo imaginario. Este cambio no era
una evolución totalmente nueva, sino, en cierto modo, un retorno a una
posición libidinal anterior. En su segundo año, los deseos de Rita de recibir
el pene del padre y de tener un hijo con él, habían sido perturbados por la
ansiedad y la culpabilidad relacionadas con su madre; con ello su desarrollo
edípico positivo fracasó y consecutivamente sufrió una agravación clara en
su neurosis. Cuando Rita afirmó, con énfasis, que no era la madre su
muñeca, expresó claramente su lucha en contra de sus deseos de tener un
bebé. Bajo el agobio de su ansiedad y de su culpa, no pudo mantener su
posición femenina, siendo por ello empujada a reforzar su posición
masculina. De este modo el osito llegó a representar predominantemente el
pene que ella deseaba. Rita no pudo permitirse el deseo detener un niño de
su padre, ni identificarse con su madre en la situación edípica, hasta que le
disminuyeron las ansiedades y la culpabilidad relacionadas con sus
progenitores.
RESUMEN GENERAL TEÓRICO
a) Estadíos tempranos del complejo de Edipo en los dos sexos
El cuadro clínico de los dos casos presentados en este artículo,
difiere en muchos aspectos. Sin embargo, los dos casos tenían importantes
rasgos comunes como eran los fuertes impulsos oral-sádicos, la ansiedad y
la culpabilidad excesivas y la poca capacidad del yo para tolerar cualquier
clase de tensión. En mi experiencia, éstos son algunos de los factores que,
en combinación con circunstancias externas, impiden al yo ir construyendo
gradualmente defensas adecuadas contra la ansiedad. Como consecuencia,
la elaboración de situaciones de ansiedad temprana queda empeorada y
sufre el desarrollo emotivo libidinal y del yo del niño. Debido al
predominio de la ansiedad y de la culpabilidad, hay una fijación exagerada
en los estadíos tempranos de la organización libidinal y, actuando con esto
mutuamente, una tendencia excesiva a regresar a aquellos estadíos
tempranos. En consecuencia, el desarrollo edípico queda dificultado y la
organización genital no puede establecerse firmemente. En los dos casos
tratados en este artículo, así como en otros casos, el complejo de Edipo
empezó a desarrollarse por cauces normales al disminuir las ansiedades
tempranas.
La actuación de la ansiedad y de la culpabilidad en el curso del
desarrollo edípico hasta un cierto grado han sido ilustradas por los dos
breves historiales que he citado. Sin embargo, la revisión que viene a
continuación de mis conclusiones teóricas sobre ciertos aspectos del
desarrollo edípico, está basada en toda mi actuación analítica con casos de
niños y adultos, que comprenden desde la normalidad hasta las neurosis
más graves.
Una descripción completa del desarrollo edípico debería incluir una
valorización de los influjos externos de las vivencias en cada estadío,
además de la descripción de la manera como actúan éstas a través de toda la
infancia. He sacrificado deliberadamente la descripción exhaustiva de los
factores externos a la necesidad de aclarar los resultados más importantes
de la evolución14. Mi experiencia me ha llevado a creer que, en el principio
de la vida, la libido está combinada con agresividad y que el desarrollo de
la libido en cualquier estadío está afectado vitalmente por la ansiedad
proveniente de esta agresividad. La ansiedad, la culpabilidad y los
sentimientos depresivos empujan a veces a la libido a nuevas fuentes de
satisfacción, y otras veces frenan el desarrollo de la libido reforzando su
fijación en un objeto y finalidades anteriores.
Comparándola con el desarrollo ulterior del complejo de Edipo, la
imagen de sus primeros estadíos es necesariamente más oscura porque el
yo del niño es inmaduro y se halla totalmente bajo el influjo de las fantasías
inconscientes; también su vida instintiva está en su fase más polimorfa.
Estos estadíos tempranos están caracterizados por fluctuaciones rápidas
entre diferentes objetos y finalidades, con las correspondientes
fluctuaciones en cuanto a las defensas. En mi opinión, el complejo de
Edipo comienza en el primer año de vida y en ambos sexos inicia su
desarrollo siguiendo caminos similares. La relación con el pecho materno
es uno de los factores esenciales que influye en todo el desarrollo emotivo
y sexual del niño, por lo tanto, en la siguiente descripción de los comienzos
del complejo de Edipo en los dos sexos, parto de la relación con el pecho.
Parece ser que la búsqueda de nuevas fuentes de satisfacción es
inherente al movimiento progresivo de la libido. La satisfacción
experimentada con el pecho materno permite al niño dirigir sus deseos
hacia nuevos objetos y ante todo hacia el pene de su padre. Sin embargo, es
dado a este nuevo deseo un empuje especial por las frustraciones sufridas
con el pecho materno. Es importante recordar que las frustraciones
dependen tanto de factores internos como de experiencias reales. Y cierta
frustración con el pecho es inevitable, aun bajo las circunstancias más
favorables, porque lo que el niño realmente desea son satisfacciones
ilimitadas. Las frustraciones experimentadas con el pecho materno
impulsan tanto al niño como a la niña a abandonarlo y estimulan en ellos el
deseo de una satisfacción oral a través del pene del padre. Por lo tanto, el
pecho y el pene son los objetos primarios de los deseos orales del niño15.
14 En este resumen mi propósito principal es el de presentar claramente mis puntos de
vista sobre ciertos aspectos del complejo edípico. También intento comparar mis
conclusiones con ciertas afirmaciones de Freud sobre este tema. Por lo tanto, considero
imposible ocuparme también de citar otros autores o de hacer referencias a la copiosa
bibliografía que trata de este asunto. Sin embargo, en lo que se refiere al complejo
edípico de la niña, remito al lector al capitulo II de mi libro “El Psicoanálisis de Niños”
(1932), en el cual he señalado los puntos de vista de varios autores.
15 Al tratar de la relación fundamental del niño con el pecho de la madre, con el pene del
padre y de las situaciones de ansiedad y las defensas resultantes, yo pienso en algo mas
que en una relación con objetos parciales. En realidad ya desde un comienzo el niño
asocia estos objetos parciales con su padre y con su madre. Las vivencias diarias con sus
padres y la relación inconsciente que se va desarrollando con ellos como objetos
Desde un comienzo, la frustración y la satisfacción moldean la
relación del niño con el pecho bueno querido y con el pecho malo odiado.
La necesidad de manejar la frustración y la agresión resultante es uno de
los factores que conducen a idealizar el pecho bueno y la madre buena y
consecutivamente a intensificar el odio y los temores al pecho y a la madre
malos, que se convierten en el prototipo de todos los objetos perseguidores
asustadores. Estas dos relaciones en conflicto con el pecho de la madre son
trasladadas a la relación ulterior con el pene del padre. La frustración
sufrida en la relación anterior con el pecho aumenta las exigencias y
confianzas en la nueva fuente de satisfacción estimulando el amor hacia el
nuevo objeto. El desengaño inevitable refuerza la regresión hacia el primer
objeto y todo esto contribuye a la fragilidad y a la fluidez de las actitudes
emocionales y de los estadíos de la organización libidinal.
Además, los impulsos agresivos estimulados y reforzados por la
frustración hacen que el niño, en su imaginación, convierta a las víctimas
de sus fantasías en figuras dañadas y vengativas, que le amenazan con los
mismos ataques sádicos que él realiza en su fantasía en contra de sus
padres16. Consecutivamente el niño siente una necesidad aumentada hacia
un objeto amado y amante -un objeto ideal perfecto- para satisfacer en él su
anhelo de recibir auxilio y seguridad. Por lo tanto, según las ocasiones,
cada objeto puede convertirse en bueno o malo. Esta oscilación entre los
diferentes aspectos de las imagos primarias significa una interacción íntima
entre los estadíos tempranos del complejo de Edipo invertido y positivo.
Ya que durante el predominio de la libido oral, el niño introyecta sus
objetos desde un comienzo, las imagos primarias tienen su contrapartida en
su mundo interior. Las imagos del pecho de su madre y del pene de su
padre se establecen dentro de su yo y forman el núcleo de su superyó. A la
introyección del pene bueno y malo y de la madre corresponde la
introyección del pene bueno y malo y del padre. Ellos se hacen así los
primeros representantes, por un lado, de las imágenes internas protectoras y
auxiliadoras, y por otro lado de las imágenes internas vengativas y
perseguidoras, constituyendo las primeras identificaciones que desarrolla el
yo.
La relación del niño con sus imágenes internas se entremezcla
diversamente con la relación ambivalente del niño con sus dos
progenitores, percibidos por él como objetos externos. Porque juntamente
internos más y mas se concentran alrededor de estos objetos parciales primarios y se
suman a su importancia primordial en el inconsciente del niño.
16 Debe ser tenida en cuenta la gran dificultad de expresar, en lenguaje adulto, las
fantasías y los sentimientos de un niño pequeño. Todas las descripciones de las fantasías
inconscientes tempranas -y también de todas las fantasías inconscientes en generalpueden
ser consideradas únicamente como señaladores de los contenidos, más bien que
señaladores de las formas de tales fantasías.
con la introyección de los objetos externos existe en cada momento la
proyección de las imágenes internas en el mundo externo, y a esta
interacción de introyección y proyección están sometidos tanto la relación
del niño con los padres reales como el desarrollo de su superyó. A
consecuencia de esta interacción, que supone una orientación hacia afuera y
hacia adentro, hay una fluctuación constante entre los objetos y las
situaciones internas y externas. Estas fluctuaciones son dependientes del
movimiento de la libido entre las diferentes finalidades y objetos; de este
modo el curso del complejo de Edipo está íntimamente unido al desarrollo
del superyó.
Aunque todavía recubiertos por la libido real, uretral y anal, los
deseos genitales se unen pronto a los impulsos orales del niño. Los deseos
genitales tempranos, así como los orales, van dirigidos hacia la madre y el
padre. Según supongo, hay en los dos sexos un conocimiento inconsciente
referente a la existencia del pene así como a la vagina. En el niño varón las
sensaciones genitales constituyen la base para su idea de que el padre posee
un pene, que el niño desea siguiendo la ecuación «pecho = pene». Al mismo
tiempo, sus sensaciones genitales e impulsos también implican la búsqueda
de una abertura en la cual introducir su pene, es decir, son impulsos
dirigidos hacia la madre. De un modo similar, las sensaciones genitales de
la niña preparan el deseo de recibir el pene de su padre en su vagina. Por lo
tanto, parece ser que los deseos genitales hacia el pene del padre, que se
unen con los deseos orales, forman la raíz de los estadíos tempranos del
complejo de Edipo positivo de la niña y del complejo de Edipo invertido
del varón.
En cada estadío el curso del desarrollo libidinal está influido por
sentimientos de ansiedad, de culpa y de depresión. En los dos artículos
precedentes me he referido repetidamente a la posición depresiva infantil,
señalándola como la posición central en el desarrollo temprano. Ahora
sugeriría la siguiente formulación: el núcleo de los sentimientos depresivos
infantiles, o sea, el temor del niño a la pérdida de sus objetos queridos,
como consecuencia de su odio y de su agresión, entra desde un comienzo
en sus relaciones de objeto y su complejo edípico.
Un corolario esencial de los sentimientos de ansiedad, de culpa y de
depresión es la necesidad de reparación. Sometido a su culpa, el niño se
siente impulsado a deshacer, mediante procedimientos libidinales, las
consecuencias de sus impulsos sádicos. De este modo, los sentimientos de
amor, que coexisten con los impulsos agresivos, están reforzados por la
tendencia a la reparación. Las fantasías de reparaciones representan a
menudo, aun en los detalles mínimos, lo contrario de las fantasías sádicas,
correspondiendo al sentimiento de omnipotencia sádica el sentimiento de
omnipotencia reparadora. Por ejemplo, la orina y las heces representan
medios de destrucción cuando el niño odia, y regalos cuando el niño quiere;
pero cuando se siente culpable e impulsado a hacer una reparación, los
excrementos «buenos» se convierten en su mente en los medios por los
cuales puede curar el daño hecho con sus excrementos «peligrosos».
Igualmente, tanto el varón como la niña, aunque a través de caminos
diferentes, sienten que el pene, que en sus fantasías sádicas ha dañado y
destruido a la madre, se convierte el medio de restaurarla y curarla en las
fantasías de reparación. Con esto, el deseo de dar y de recibir satisfacciones
libidinales está aumentado por el impulso a la reparación, porque el niño
siente que de este modo el objeto dañado puede ser restaurado y también
que se ha disminuido el poder de sus impulsos agresivos, que sus impulsos
de amor tienen curso libre y que su culpabilidad está tranquilizada.
Así, en cada etapa el curso del desarrollo libidinal está estimulado y
reforzado por el impulso a la reparación y, en último término, por el
sentimiento de culpa. Por otro lado, la culpa que origina el impulso de
reparación también inhibe los deseos libidinales, porque cuando el niño
siente que predomina su agresividad, los deseos libidinales le parecen un
peligro para sus objetos amados, y, por lo tanto, los tiene que reprimir.
b) El desarrollo edípico del niño varón
Hasta ahora he delineado los estadíos tempranos del complejo de
Edipo en ambos sexos. Ahora trataré especialmente el desarrollo del varón.
Su posición femenina -que influye de un modo vital en su actitud hacia los
dos sexos- llega a constituirse bajo el dominio de impulsos y fantasías
orales, uretrales y anales, y está íntimamente unida a su relación con los
pechos de su madre. Si el niño puede desplazar una parte de sus deseos
tiernos y libidinales del pecho de la madre al pene del padre, y al mismo
tiempo sigue considerando al pecho como un objeto bueno, entonces
imaginará el pene de su padre como un órgano bueno y creador que le
causará una satisfacción libidinal y también que le dará niños, como se los
da a su madre. Estos deseos femeninos constituyen siempre un rasgo
inherente al desarrollo del varón. Constituyen la raíz de su complejo
edípico invertido y forman la primera posición homosexual. La imagen
tranquilizadora del pene paterno, como un órgano bueno y creador, es
también una condición previa para la capacidad del varón de desarrollar sus
deseos edípicos positivos. Porque solamente cuando tiene una creencia
suficientemente intensa en la «bondad» del genital masculino -tanto de su
padre como del suyo propio- puede permitirse el niño experimentar sus
deseos genitales hacia la madre. Cuando su temor del padre castrador está
mitigado por su confianza en el padre bueno, puede entonces enfrentar su
odio y rivalidad edípicos. Así se desarrollan simultáneamente las
tendencias edípicas invertidas y positivas y hay una interacción íntima
entre ambas.
Existen bases firmes para suponer que, tan pronto como se tienen
sensaciones genitales, se activa el temor a la castración. Según la definición
de Freud, el temor a la castración en el varón es el temor de tener el órgano
genital atacado, dañado o quitado. Yo creo que este temor se vivencia bajo
el predominio de la libido oral. Los impulsos oral-sádicos del niño varón
hacia el pecho de su madre se transfieren al pene de su padre, y sumándose
a esto la rivalidad y el odio de la situación edípica temprana encuentra su
expresión en el deseo del varón de arrancar, mordiéndolo, el pene de su
padre, lo cual despierta en él el temor a que su propio órgano genital vaya a
ser arrancado de un mordisco por su padre, que se venga así de sus deseos.
Hay varias ansiedades tempranas que provienen de diferentes fuentes y que
constituyen el temor de la castración. Los deseos genitales del niño hacia su
madre están conectados desde el principio con peligros fantásticos, a causa
de sus fantasías de ataque al cuerpo materno, de contenidos orales, uretrales
y anales. El varón siente que el «interior materno» está dañado, envenenado
y que es venenoso; que también contiene, según sus fantasías, el pene del
padre, el cual. debido a sus propios ataques sádicos contra él, es sentido
como un objeto hostil y castrador que amenaza a su propio pene con la
destrucción.
A esta imagen asustadora del «interior» de su madre -que coexiste
con la imagen de su madre como fuente de todo lo bueno y gratificadorcorresponden
los temores acerca del interior de su propio cuerpo.
Predomina entre ellos el temor del niño a un ataque interno realizado por
unas imágenes peligrosas que son ya maternas, ya paternas, ya de ambos
unidos, en venganza a sus propios impulsos agresivos. Esos temores de
persecución influyen decisivamente en las ansiedades del varón acerca de
su propio pene, debido a que cada ataque en contra de su «interior» por los
perseguidores internalizados implica también para él un ataque contra su
propio pene, que él teme que pueda ser mutilado, envenenado o devorado
desde dentro. Pero no es solamente el pene, lo que el niño siente que debe
preservar, sino también los buenos contenidos de su cuerpo, las heces y
orina buenas, los bebés que él desea tener en la posición femenina y los
bebés que -identificándose con el padre bueno y creador- desea producir,
siguiendo su posición masculina. Al mismo tiempo se siente impulsado a
proteger y preservar los objetos amados que el niño había internalizado
simultáneamente con las imágenes perseguidoras. De este modo su temor a
los ataques internos en contra de sus objetos amados está íntimamente
unido con el temor a la castración, reforzándolo.
Otra ansiedad que contribuye a su temor de castración procede de
fantasías sádicas, según las cuales sus excrementos se han convertido en
venenosos y peligrosos. También su propio pene, que es equiparado en su
mente a estas heces peligrosas, está lleno de orina mala y, por lo tanto, en
sus fantasías de coito se convierte en un órgano de destrucción. Este temor
está incrementado por la creencia de que él contiene el pene malo de su
padre, o sea, por una identificación con su padre malo. Cuando este tipo
especial de identificación se hace intenso, se percibe como una alianza con
el padre interno malo en contra de la madre. Consecutivamente, disminuye
la creencia del niño varón en la capacidad productora y reparadora de su
propio órgano genital; siente que sus propios impulsos agresivos se
refuerzan y que el coito con su madre seria cruel y destructivo. Las
ansiedades de este tipo tienen un papel importante en sus temores de
castración y en la represión de sus deseos genitales, así como en la
regresión a estadíos anteriores. Si estos temores diversos son demasiado
intensos y la necesidad de reprimir los deseos genitales es demasiado
fuerte, posteriormente se presentan dificultades en la potencia. En el varón,
tales temores están normalmente contrarrestados por una imagen del cuerpo
de su madre como fuente de toda bondad (leche y bebés buenos), así como
por su introyección de objetos amados. Cuando predominan sus impulsos
de amor, los productos y contenidos de su cuerpo adquieren el significado
de regalos; su pene se convierte en un medio de gratificación y de dar
bebés a su madre, así como reparación.
También, si predomina la sensación de tener el pecho bueno de la
madre y el pene bueno del padre, la confianza del niño en sí mismo
aumenta, lo que le permite liberar sus impulsos y deseos. En una unión e
identificación con su padre bueno, el niño percibe que su pene adquiere
cualidades reparadoras y creadoras. Todas estas emociones y fantasías le
permiten enfrentar su temor a la castración y establecer de un modo firme
su posición genital. Son también la condición previa para una potencia
sublimada, que interviene fuertemente en las actividades e intereses del
niño; al mismo tiempo se crea así la base para adquirir potencia en años
venideros.
c) El desarrollo edípico de la niña
Ya he descrito los estadíos tempranos del desarrollo edípico de la
niña, en tanto que coinciden con el desarrollo del niño. Ahora señalaré
ciertos rasgos esenciales que son específicos del complejo edípico de la
niña.
A la niña se le presenta el deseo de recibir el pene cuando, dada la
naturaleza receptiva de sus órganos genitales, se le refuerzan las
sensaciones correspondientes17. Al mismo tiempo tiene un conocimiento
17 El análisis de niños pequeños no deja lugar a duda respecto al hecho de que la vagina
está representada en el inconsciente del niño. La masturbación vaginal real en la primera
inconsciente de que su cuerpo contiene bebés en potencia, lo que siente ser
su más valiosa posesión. El pene de su padre como el objeto que da los
bebés, y que está equiparado con los bebés, se convierte en objeto
fuertemente deseado y admirado por la niña. Esta relación con el pene,
como fuente de felicidad y de dones buenos, está incrementada por la
relación de amor y de agradecimiento con el pecho bueno. Unidas a su
conocimiento inconsciente de que en potencia ella contiene bebés, la niña
tiene dudas intensas acerca de su capacidad de poder tener niños. En
diferentes aspectos, se siente en una posición de desventaja al comparar se
con su madre. Según el inconsciente de la niña, la madre está dotada de un
poder mágico, porque todo lo bueno procede de su pecho y porque la
madre también contiene el pene del padre y los bebés. En contraste con el
niño varón, cuya confianza de tener potencia se refuerza por la posesión de
un pene, que puede ser comparado con el pene del padre, la niña no tiene
medios de tranquilizarse en lo referente a su fertilidad futura. Además, sus
dudas se incrementan por todas las ansiedades referentes a los contenidos
de su cuerpo. Estas ansiedades intensifican los impulsos de robar el cuerpo
de la madre, de sus niños y también del pene paterno, intensificando esto a
su vez el temor de que su propio interior pueda ser atacado y robado,
privándole de sus contenidos «buenos», por una madre vengativa externa e
interna.
Algunos de estos elementos actúan también en el niño, pero los
rasgos esenciales del desarrollo de la niña lo constituyen el hecho de que su
desarrollo genital esté centrado en el deseo femenino de recibir el pene
paterno y que su preocupación inconsciente principal sea la referente a sus
bebés imaginados. Consecuentemente, sus fantasías y emociones se hacen
predominantemente alrededor de su mundo y objetos interiores; su
rivalidad edípica se expresa esencialmente en el impulso de robar a su
madre el pene del padre y los bebés. El temor de que su cuerpo sea atacado
y sus objetos internos buenos dañados o sacados de ella por una madre
mala y vengativa, tiene un papel prominente y persistente en sus
ansiedades. Según me parece, ésta es la situación de ansiedad predominante
en la niña.
Además, así como en el niño la envidia de su madre (de la que cree
que contiene el pene del padre y los bebés) es un elemento en su complejo
edípico invertido, en la niña esta envidia forma parte de su situación
edípica positiva, constituye un factor esencial a lo largo de su desarrollo
sexual y emocional y tiene un efecto importante en su identificación con su
madre, en su relación sexual con su padre, así como en su futuro papel de
madre.
infancia es mucho más frecuente de lo que se ha creído, lo cual está señalado por varios
autores.
El deseo de la niña de poseer un pene y de ser varón es una expresión
de su bisexualidad, y este rasgo es tan inherente en las niñas, como lo es en
el niño el deseo de ser mujer. Su deseo de tener un pene propio es
secundario a su deseo de recibir el pene, y está muy incrementado por las
frustraciones en su posición femenina y por la ansiedad y culpa
experimentadas en la situación edípica positiva. La envidia que la niña
profesa al pene, encubre en cierta medida el deseo frustrado de tomar el
lugar de la madre en la relación con el padre y de recibir niños de él.
Aquí sólo puedo referirme rápidamente a los factores específicos en
los cuales descansa la formación del superyó en la niña. Debido a la gran
importancia que tiene el mundo interior de la niña en su vida emocional,
siente ella un fuerte impulso a llenar este mundo interior con objetos
buenos. Esto contribuye a la intensidad de sus procesos introyectivos, que
también están reforzados por la naturaleza receptiva de su órgano genital.
El admirado pene del padre internalizado forma una parte intrínseca de su
superyó. La niña se identifica a sí misma con su padre en la posición
masculina, pero esta identificación se basa en la posesión de un pene
imaginario. Su identificación principal con el padre está vivenciada en
relación con el pene internalizado de su padre, estando basada esta relación
tanto en la posición femenina como en la masculina. En la posición
femenina, la niña está impulsada a internalizar el pene paterno por sus
deseos sexuales y por su anhelo de tener bebés. Es capaz de una sumisión
completa a este padre admirado internalizado, mientras que en la posición
masculina desea imitar todas sus aspiraciones y sublimaciones masculinas.
De este modo su identificación masculina con el padre está mezclada con
su actitud femenina, siendo esta combinación la que caracteriza al superyó
femenino.
En la formación del superyó de la niña el admirado padre bueno
coexiste, hasta un cierto grado, con el padre malo y castrador. Empero, el
objeto de su mayor ansiedad es la madre perseguidora. Si la internalización
de una madre buena, con cuya actitud maternal ella puede identificarse,
equilibra este temor persecutorio, su relación con el padre bueno
internalizado se refuerza por su propia actitud maternal hacia él.
A pesar de la preeminencia del mundo interior en su vida emotiva, la
necesidad de amor de la niña pequeña y su relación real con las personas
indican una gran dependencia del mundo exterior. Sin embargo, esta
contradicción es solamente aparente ya que su dependencia del mundo
exterior está reforzada por su necesidad de reasegurarse en lo referente a su
mundo interior.
d) Algunas comparaciones con el concepto clásico
Compararé aquí mis puntos de vista con los de Freud, en cuanto se
refiere a ciertos aspectos del complejo de Edipo, así como aclarar algunas
divergencias, a las cuales me ha conducido mi experiencia. Muchos
aspectos del complejo de Edipo, en los cuales mi trabajo confirma
completamente los descubrimientos de Freud, en cierto modo han sido ya
expuestos implícitamente en mi descripción de la situación edípica. Sin
embargo, la magnitud del tema hace necesario que al discutir el detalle de
estos aspectos, tenga que limitarme a aclarar algunas de las divergencias. El
resumen siguiente presenta, en mi opinión, lo esencial de las conclusiones
de Freud sobre ciertos rasgos fundamentales en el desarrollo edípico18.
Según Freud, surgen los deseos genitales y hay una elección definida de
objeto en la fase fálica, que se extiende entre los tres y cinco años y que
coincide con el complejo de Edipo. En esta fase «solamente una clase de
órgano genital cuenta: el órgano masculino». La primacía que, por lo tanto,
se alcanza, no es una primacía del órgano genital sino del falo19. En el
varón «el estadío fálico de la organización genital sucumbe a la amenaza de
castración»20. Además, su superyó, el heredero del complejo de Edipo, se
forma por la internalización de la autoridad paterna. La culpabilidad es la
expresión de tensión entre el yo y el superyó. El uso de la palabra
culpabilidad se justifica únicamente cuando el superyó está desarrollado.
Freud considera que la autoridad internalizada del padre predomina en el
superyó del niño; y aunque reconoce hasta cierto punto la identificación
con la madre como un factor en la formación del superyó del varón, no ha
expresado en detalle sus puntos de vista acerca de este aspecto del superyó.
En lo que se refiere a la niña, según la opinión de Freud, se presenta
su «apegamiento preedípico» a la madre en el período anterior al desarrollo
de la situación edípica. Freud también caracteriza este período como «la
fase del apegamiento exclusivo a la madre», lo que puede ser llamado «la
fase preedípica»21. Por lo tanto, durante su fase fálica el deseo fundamental
de la niña, en relación con su madre, mantenido con la mayor intensidad, se
centra en el deseo de recibir un pene de ella. En la mente de la niña e1
clítoris representa el pene, y la masturbación clitoridiana es la expresión de
sus deseos fálicos. Todavía no ha descubierto la vagina, que solamente
empieza a intervenir en su pubertad. Cuando la niña descubre que no posee
un pene, entonces se presenta su complejo de castración. En este momento
se rompe su apegamiento a su madre, con resentimiento y odio, porque su
madre no le ha dado un pene. Descubre también que hasta su misma madre
18 Este resumen proviene en su mayor parte de las siguientes obras de Freud: “El Yo y
el Ello”, «La Organización Genital Infantil», «El Sepultamiento del Complejo de
Edipo», «Algunas Consecuencias Psíquicas de la Diferencia Anatómica Entre los
Sexos», «Sobre la Sexualidad Femenina» y Nuevas Conferencias de Introducción al
Psicoanálisis.
19 «La Organización Genital Infantil.»
20 «El Sepultamiento del Complejo de Edipo.»
21 «Sobre la Sexualidad Femenina.»
carece de pene, y esto contribuye a que se desvíe de la madre y busque al
padre. Primeramente se vuelve hacia el padre con el deseo de recibir un
pene de él, y sólo secundariamente con el deseo de que le dé un niño: el
niño sustituyendo al pene de acuerdo con la vieja ecuación simbólica22. De
este modo su complejo edípico está empujado por su complejo de
castración. La situación principal de ansiedad en la niña es la de pérdida de
amor, y Freud conecta este temor con su temor a la muerte de su madre. El
desarrollo del superyó de la niña difiere en distintos aspectos del del niño,
pero tiene en común un rasgo esencial, que es que el superyó y el
sentimiento de culpabilidad son secuelas del complejo de Edipo.
Freud señala que los sentimientos maternales de la niña derivan de la
relación temprana con la madre en la fase preedípica; se refiere también a
la identificación de la niña con la madre derivada de su complejo de Edipo.
Pero no ha unido entre si estas dos actitudes, ni tampoco ha señalado cómo
la identificación femenina con su madre, en la situación edípica, afecta el
curso del complejo de Edipo en la niña. Según su opinión, en tanto que la
organización genital de la niña está conformándose, ella considera a su
madre predominantemente en su aspecto fálico.
Ahora resumiré mis propios puntos de vista acerca de estos
desarrollos especiales. Tal como yo lo veo, el desarrollo sexual y
emocional del niño y de la niña incluyen desde la primera infancia
sensaciones y rasgos genitales que constituyen los primeros estadíos del
complejo de Edipo invertido y positivo. Son sentidos bajo la primacía de la
libido oral y se entremezclan con deseos y fantasías uretrales y anales. Los
estadíos libidinales existen simultáneamente, sobreponiéndose los unos a
los otros desde los primeros meses de vida. Desde un comienzo, las
tendencias positivas e invertidas edípicas están en interacción mutua. Y es
en el estadío de la primacía genital cuando la situación edípica positiva
alcanza su punto culminante.
En mi opinión, tanto el niño como la niña experimentan deseos genitales
dirigidos hacia la madre y el padre, y tienen un conocimiento inconsciente
tanto de la vagina como del pene23. Por esta razón, la palabra primera de
Freud, «fase genital», me parece más adecuada que su concepto ulterior de
«fase fálica». El superyó se inicia en la fase oral en ambos sexos. Con
el influjo de la vida de fantasías y de emociones en conflicto, el niño en
cada estadío de su organización libidinal, introyecta sus objetos -ante todo
a sus padres- y crea el superyó de estos objetos. Por esta razón, aunque el
superyó corresponde de varios modos a las personas reales en el mundo del
niño pequeño, tiene varios componentes y rasgos que reflejan las imágenes
22 “Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis”.
23 Este conocimiento coexiste en el inconsciente del niño, y también, hasta cierto punto,
en la conciencia, con el conocimiento de la existencia del ano, cuyo papel se puede
observar más frecuentemente que el de la vagina en las teorías sexuales infantiles.
fantásticas existentes en su mente. Todos los factores que intervienen en
algo en sus relaciones de objeto, cumplen un papel desde el comienzo en la
formación de su superyó.
El primer objeto introyectado, el pecho materno, forma la base del
superyó. Así como la relación con el pecho materno precede e influye
fuertemente en la relación con el pene del padre, la relación con la madre
introyectada afecta de diferentes formas a todo el curso del desarrollo del
superyó. Algunos de los rasgos más importantes del superyó, ya sea amante
y protector o destructivo o devorador, provienen de estos componentes
tempranos maternos del superyó. Los primeros sentimientos de
culpabilidad en los dos sexos provienen de los deseos oral-sádicos de
devorar a la madre y, ante todo, sus pechos (Abraham). Es, por lo tanto, en
la primera infancia cuando se originan los sentimientos de culpabilidad. La
culpabilidad no se presenta cuando se está terminando el complejo de
Edipo, sino que más bien es uno de los factores que desde un comienzo
moldean su curso y afectan su desenvolvimiento final.
Ahora me voy a ocupar específicamente del desarrollo del niño
varón. En mi opinión, el temor a la castración se inicia en la infancia tan
pronto como se tienen sensaciones genitales. Los primeros impulsos del
niño varón de castrar a su padre toman el aspecto de arrancarle el pene
mordiéndoselo, y, por lo tanto, el temor a la castración es sentido por el
niño varón primeramente como un temor a que su pene pueda ser arrancado
de un mordisco. Estos temores de castración tempranos, en un comienzo
están encubiertos con ansiedades que proceden de otras muchas fuentes,
entre las cuales tienen un papel predominante las situaciones de peligro
interno.
Cuanto más se aproxima el desarrollo a la primacía genital, tanto más
se hace presente la angustia de castración. Así como estoy de acuerdo con
Freud en que la angustia de castración es la situación de ansiedad
predominante en el varón, no estoy conforme con su descripción de que es
el único factor que determina la represión del complejo de Edipo. A todo lo
largo del desarrollo, las ansiedades tempranas de diferentes orígenes
cumplen un papel al lado del papel predominante que cumple la angustia de
castración en el momento álgido de la situación edípica. Además, el varón
experimenta dolor y pena en relación con su padre, como un objeto
querido, provocando sus impulsos de castrarlo y de matarlo, porque en sus
buenos aspectos el padre es una fuente indispensable de fortaleza, es un
amigo y un ideal al cual el varón se dirige buscando protección y guía, y al
cual, por lo tanto, el niño se siente impulsado a preservar. Sus sentimientos
de culpabilidad, en relación con los impulsos agresivos hacía el padre, le
incrementan la tendencia a reprimir sus deseos genitales. Una y otra vez he
encontrado en el análisis de varones que los sentimientos de culpabilidad
en relación con el padre querido constituyen un elemento integrante
importante del complejo de Edipo, influyendo de un modo vital en el
desarrollo de este complejo. El sentimiento de que también la madre está en
peligro por la rivalidad del hijo con el padre y que la muerte del padre seria
una pérdida irreparable para ella, contribuyen a la intensidad del
sentimiento de culpabilidad del niño y, por lo tanto, a la represión de sus
deseos edípicos.
Como ya sabemos, Freud llegó a la conclusión teórica de que tanto el
padre como la madre son objetos de deseos libidinales de Edipo. (Véase su
concepto del complejo de Edipo invertido.) Además, Freud, en algunas dé
sus obras (entre sus historiales, especialmente en el «Análisis de la fobia de
un niño de cinco años», 1909), ha tenido en cuenta el papel que desempeña
el amor hacia el padre en el complejo de Edipo positivo del niño varón. Sin
embargo, no ha insistido suficientemente en el papel fundamental de estos
sentimientos de amor, tanto en el desarrollo del complejo de Edipo como
en su superación. Según mi experiencia, la situación edípica pierde fuerza,
no solamente porque el niño teme la destrucción de su órgano genital por
un padre vengativo, sino porque, por sentimientos de amor o de
culpabilidad, se siente empujado a preservar y proteger a su padre tanto
como una imagen interna como externa.
Ahora voy a exponer brevemente mis conclusiones sobre el complejo
de Edipo en la niña. La fase en la cual, según Freud, la niña está
exclusivamente unida a su madre, según mi opinión incluye también los
deseos dirigidos hacia el padre, así como los estadíos tempranos del
complejo de Edipo invertido y positivo. Aunque considero esta fase como
un período de fluctuación entre los deseos dirigidos hacia la madre y hacia
el padre en todas las posiciones libidinales, a mi parecer no hay duda
acerca de la influencia profunda, de alcance largo y permanente, de cada
aspecto de la relación con la madre en relación con el padre.
La envidia del pene y el complejo de castración juegan un papel
esencial en el desarrollo de la niña; pero están muy reforzados por la
frustración de los deseos edípicos. positivos. Aunque la niña, en uno de sus
estadíos, supone que su madre posee un pene, como un atributo masculino,
este concepto no desempeña en su desarrollo un papel tan importante como
sugiere Freud. Según mi experiencia, la teoría inconsciente de que la madre
contiene el pene admirado y deseado del padre, es posterior a muchos de
los fenómenos que Freud ha descrito referentes a la relación de la niña con
la madre fálica. Los deseos de la niña del pene paterno se mezclan con sus
primeros deseos genitales de recibir dicho pene. Estos deseos genitales
implican también el deseo de recibir un niño del padre, lo que asimismo
está contenido en la ecuación «pene-niño». El deseo femenino de
internalizar el pene y de recibir un niño de su padre precede
invariablemente al deseo de poseer un pene propio.
Aunque estoy de acuerdo con Freud acerca de la preeminencia, entre
las ansiedades de la niña, del temor a la pérdida del amor y a la muerte de
la madre, yo mantengo que el temor a que su cuerpo sea atacado y sus
objetos queridos internos destruidos contribuye esencialmente a su
situación principal de ansiedad.
OBSERVACIONES FINALES
A través de toda mi descripción del complejo de Edipo he intentado
demostrar la interdependencia de ciertos aspectos predominantes de su
desarrollo. El desarrollo sexual del niño está unido de un modo intrínseco a
sus relaciones de objeto y a todas las emociones que desde un primer
momento moldean su actitud hacia la madre y el padre. La ansiedad, la
culpabilidad y los sentimientos depresivos son los elementos intrínsecos de
la vida emocional del niño y, por ello, penetran en las relaciones tempranas
del niño con sus objetos, consistentes en relaciones con personas reales, así
como con sus representantes en su mundo interior. A partir de estas figuras
introyectadas -las identificaciones del niño- se desarrolla el superyó, que a
su vez influye en la relación con ambos progenitores y en todo el desarrollo
sexual. Así, el desarrollo emocional y sexual, las relaciones de objeto y
desarrollo del superyó actúan los unos sobre los otros desde un comienzo.
La vida emocional del niño, las defensas tempranas construidas bajo
la tensión de conflictos entre amor, odio y culpabilidad, y las vicisitudes de
las identificaciones del niño, son tópicos que es muy posible que ocupen la
investigación psicoanalítica en tiempos venideros. Una mayor
investigación en estas direcciones nos conducirá a una mejor comprensión
de la personalidad, lo que implica una mejor comprensión del complejo de
Edipo y del desarrollo sexual.

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