* Superando el miedo - Biblioteca Virtual
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Superando el miedo

Este cuento fue seleccionado para ser leido en un grupo de fóbicos.

Dos almas diferentes

Mónica Caruso
carussomonica@gmail.com

Superando el miedo. Para reflexionar…

Un joven pastor llamado Shanti luego de apacentar el ganado, al atardecer se sentaba debajo del alerce y componía melodías con su clarinete.

Era un hombre asceta que llevaba consigo una tinaja para saciar su sed.

Un día transportado por la música se le acercó el espigador, se quitó la mochila, se sentó a su lado, y mientras despegaba algunas espigas ocres de su pantalón le dijo;

  • Siempre al caer la tarde escucho sus melodías.
  • Compongo melodías a esa hora del día porque es un momento trágico para mí. -dijo Shanti-

Mientras dialogaban detrás del aligustre estaba escuchando el viejo mercader Abhilash.

Siempre llevaba colgado del cinturón una bolsita de terciopelo con objetos preciosos, se ganaba la vida haciendo trueques y revendiendo mercancías…

Se acercó al pastor bucólico con la idea de lucrar. Estando próximo, lo miro de soslayo y mientras se tocaba la cabeza lampiña tras una sonrisa sarcástica tomo la bolsa aterciopelada, la abrió, sacó los objetos preciosos;  brillantes, esmeraldas y rubíes. Los volcó sobre la otra mano los acerco al rostro del joven a la altura de los ojos y dijo lacónicamente con voz rugosa:

  • Le cambio mis brillantes, esmeraldas y rubíes por su clarinete
  • No lo permuto ni lo vendo por nada. -Contestó Shanti-. Levanto el clarinete y prosiguió tocando.
  • Con odio, Abhilash, quiso persuadir y le dijo: Aparte de los brillantes, las esmeraldas y los rubíes le doy este dije de oro con cuarzo.
  • Shanti aparto el clarinete de sus labios y respondió -lo siento, el clarinete tiene para mí un valor espiritual, el atardecer me trae reminiscencias, heridas viejas que no han cicatrizado y el disipa mis angustias-.

Abhilash palurdo,  ambicioso no entendía de valores del alma, sintió envidia por el clarinete, en realidad por la felicidad que este le otorgaba al joven pastor. El mercader pensó en quitárselo, cuando se distrajo, robo el clarinete y huyó.

Al darse cuenta de lo sucedido Shanti desesperó, no sabía a qué aferrarse al atardecer, pero no le quedó otra opción  que recibirlo solo sin su instrumento.

Shanti se sentó sobre el tronco viejo, cruzo sus brazos apoyándolos sobre sus piernas temblorosas y endebles, inclinando sobre ellas su rubia cabellera. Sentía pánico, pensó que moría, su corazón latía acelerado y su boca estaba seca. Pero en ese preciso instante levanto la cabeza mirando el indefinido cielo amenazador y apocalíptico. Sintió de repente que supero el miedo, descubrió en ese segundo que no era tan difícil como creía, pero recién ahí lo supo, nunca lo había enfrentado, entonces se le metamorfoseo el rostro de felicidad porque por primera vez pudo ser el mismo y no necesitó de su amado clarinete para evadir la angustia que sentía al atardecer.

Aprendió a no depender de nada ni de nadie. Que en la vida todo es transitorio y circunstancial que sólo el alma es eterna.

Abhilash ya no podía hacerle daño, ni robarle nada para evitar su felicidad, pues Shanti seguía escuchando las melodías de su clarinete, pero dicha música le surgía del alma.

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