Eutanasia

Una mirada interdisciplinaria de la eutanasia

Lic.
 Psicóloga
 

¿Que es la eutanasia? ¿Cuáles son los argumentos a su favor? ¿Cuáles son las razones que se esgrimen en su contra?¿Qué rol desempeña la justicia?

Estos y otros interrogantes sobre el tema convocante, son lo que dieron origen a este trabajo.

Se empezará por definir el término, Que se entiende por eutanasia en la actualidad, Más tarde pasaran a detallarse  los antecedentes históricos de esta práctica, y  se expondrán los argumentos de reconocidos eticistas sobre el tema. A continuación, el detalle somero acerca de  la legislación sobre la práctica de la eutanasia en el orden internacional  será el tema tratado. Luego el abordaje se hará desde el psicoanálisis, y a manera de conclusión se expondrán algunas reflexiones sobre la eutanasia y sus posibles efectos colaterales.

¿Que significa la palabra “eutanasia”? El término eutanasia proviene del griego (eu: bien; thanatos: muerte ) En la actualidad se entiende por eutanasia a  todo acto u omisión cuya responsabilidad recae en el personal médico o en individuos cercanos al enfermo, y que ocasiona la muerte inmediata de éste con el fin de evitarle sufrimientos insoportables o la prolongación artificial de su vida. Cabe destacar dos datos relevantes: para que la eutanasia sea considerada como tal, el enfermo ha de padecer, necesariamente, una enfermedad terminal o incurable, y en segundo lugar, el personal sanitario ha de contar expresamente con el consentimiento del enfermo. Actualmente, se distingue del término ‘muerte digna‘, que consiste en el otorgamiento de medidas médicas paliativas (que disminuyen el sufrimiento o lo hacen tolerable), de apoyo emocional y espiritual a los enfermos terminales.

No hay una sola “clase de eutanasia”

  1. Eutanasia directa: Adelantar la hora de la muerte en caso de una enfermedad incurable, esta a su vez posee dos formas:

a)Activa: Consiste en provocar una muerte indolora a petición del afectado cuando se es víctima de enfermedades incurables muy penosas o progresivas y gravemente invalidantes; el caso más frecuentemente mostrado es el cáncer, pero pueden ser también enfermedades incurables como el sida. Se recurre, como se comprende, a substancias especiales mortíferas o a sobredosis de morfina.

b)Pasiva: Se deja de tratar una complicación, por ejemplo una bronconeumonía, o de alimentar por vía parenteral u otra al enfermo, con lo cual se precipita el término de la vida; es una muerte por omisión. La eutanasia pasiva puede revestir dos formas: la abstención terapéutica y la suspensión terapéutica. En el primer caso no se inicia el tratamiento y en el segundo se suspende el ya iniciado ya que se considera que más que prolongar el vivir, prolonga el morir. Debe resaltarse que en este tipo de eutanasia no se abandona en ningún momento al enfermo.

  1. Eutanasia indirecta : Consiste en efectuar procedimientos terapéuticos que tienen como efecto secundario la muerte, por ejemplo la sobredosis de analgésicos, como es el caso de la morfina para calmar los dolores, cuyo efecto agregado, como se sabe, es la disminución de la conciencia y casi siempre una abreviación de la vida. Aquí la intención, sin duda, no es acortar la vida sino aliviar el sufrimiento, y lo otro es una consecuencia no deseada. Entra así en lo que desde Tomás de Aquino se llama un problema de doble efecto, en este caso aceptando voluntariamente pero no buscando que se vea adelantada la muerte del paciente.

Otra variante de la eutanasia es el  Suicidio asistido: Significa proporcionar en forma intencional y con conocimiento a una persona los medios o procedimientos o ambos necesarios para suicidarse, incluidos el asesoramiento sobre dosis letales de medicamentos, la prescripción de dichos medicamentos letales o su suministro. Se plantea como deseo de extinción de muerte inminente, porque la vida ha perdido razón de ser o se ha hecho dolorosamente desesperanzada. Cabe destacar, que en éste caso es el paciente el que voluntaria y activamente termina con su vida, de allí el concepto de suicidio.

Historia de la práctica de la eutanasia.

La eutanasia no es una práctica nueva. Tampoco fue “descubierta” por las nuevas tecnologías. El solo hecho de que el ser humano esté gravemente enfermo, y esta gravedad sea irreversible y dolorosa, ha planteado esta práctica  en las distintas sociedades a lo largo de los siglos. La eutanasia es un problema persistente en la historia de la humanidad en el que se enfrentan ideologías diversas.

La eutanasia no planteaba problemas morales en la antigua Grecia: la concepción de la vida era diferente. Una mala vida no era digna de ser vivida y por tanto ni el eugenismo, ni la eutanasia complicaban a las personas. Hipócrates representa una notable excepción: él prohíbe a los médicos la eutanasia activa y la ayuda para cometer suicidio.

Durante la Edad Media se produjeron cambios frente a la muerte y al acto de morir. La eutanasia, el suicidio y el aborto bajo la óptica de creencias religiosas cristianas son considerados como “pecado”, puesto que la persona no puede disponer libremente sobre la vida, que le fue dada por Dios. El arte de la muerte (ars moriendi), en la cristiandad medieval, es parte del arte de la vida (ars vivendi); el que entiende la vida, también debe conocer la muerte. La muerte repentina (mors repentina et improvisa), se consideraba como una muerte mala (mala mors). Se quiere estar plenamente consciente para despedirse de familiares y amigos y poder presentarse en el más allá con un claro conocimiento del fin de la vida.

La llegada de la modernidad rompe con el pensamiento medieval, la perspectiva cristiana deja de ser la única y se conocen y se discuten las ideas de la Antigüedad clásica. La salud puede ser alcanzada con el apoyo de la técnica, de las ciencias naturales y de la medicina. El filósofo inglés Francis Bacon, en 1623, es el primero en retomar el antiguo nombre de eutanasia y diferencia dos tipos: la “eutanasia exterior” como término directo de la vida y la “eutanasia interior” como preparación espiritual para la muerte. Con esto, Bacon se refiere, por una parte, a la tradición del “arte de morir” como parte del “arte de vivir”, pero agrega a esta tradición algo que para la Edad Media era una posibilidad inimaginable: la muerte de un enfermo ayudado por el médico. Tomás Moro, en la Utopía (1516), presenta una sociedad en la que los habitantes justifican el suicidio y también la eutanasia activa, sin usar este nombre.

Tanto para los habitantes de la Utopía como para Bacon el deseo del enfermo es un requisito decisivo de la eutanasia activa; contra la voluntad del enfermo o sin aclaración, la eutanasia no puede tener lugar: “Quien se ha convencido de esto, quien termina su vida, ya sea voluntariamente a través de la abstención de recibir alimentos o es puesto a dormir y encuentra salvación sin darse cuenta de la muerte. Contra su voluntad no se debe matar a nadie, se le debe prestar cuidados igual que a cualquier otro” – se dice en Utopía.

El darwinismo social y la eugenesia son temas que también comienzan a debatirse. En numerosos países europeos se fundan, a comienzos del siglo XX, sociedades para la eutanasia y se promulgan informes para una legalización de la eutanasia activa. En las discusiones toman parte médicos, abogados, filósofos y teólogos.

La escasez económica en tiempos de la primera guerra mundial sustenta la matanza de lisiados y enfermos mentales. La realidad de los programas de eutanasia ha estado en contraposición con los ideales con el que se defiende su implementación. Por ejemplo, los médicos durante el régimen nazi hacían propaganda en favor de la eutanasia con argumentos tales como la indignidad de ciertas vidas que por tanto eran, según aquella propaganda, merecedoras de compasión,[2] para conseguir así una opinión pública favorable a la eliminación que se estaba haciendo de enfermos, considerados minusválidos y débiles (Aktion T-4) según criterios médicos. Por eso, ante la realidad de los crímenes médicos durante el régimen nazi, en los Juicios de Núremberg (1946 – 1947) se juzgó como criminal e inmoral toda forma de eutanasia activa y además se estableció de manera positiva, es decir expresamente, que es ilegal todo tipo de terapia y examen médico llevado a cabo sin aclaración y consentimiento o en contra de la voluntad de los pacientes afectados.

Estos son algunos de los hechos históricos que se producen en un ámbito fundamentalmente público. Poco investigadas y mucho menos conocidas son las diferentes prácticas reales de las personas frente al acto de morir.  Antes de concluir con la historia de esta práctica, debe mencionarse, que hasta fines del siglo XIX en América del Sur existía la persona del despenador o despenadora encargada de hacer morir a los moribundos desahuciados a petición de los parientes.

En la actualidad, la eutanasia, esta prohibida en todo el mundo occidental, excepto en Holanda y Bélgica. En estos países,  se las permite siempre y cuando el enfermo padezca una enfermedad incurable y exprese su deseo de que se le practique la eutanasia.

 Aspectos legales  de la Eutanasia 

Múltiples y muy variadas son las cuestiones jurídicas que suscita la eutanasia, a modo

De ejemplo y sin tratar de agotarlas se pueden enumerar las siguientes:

  1. ¿Existe un derecho a la muerte o solamente se tiene derecho a la vida.?
  2. ¿Puede el Estado obligar a vivir a una persona en contra de su voluntad y sometida a tratamientos que se consideran indignos?
  3. ¿Debe penalizarse o despenalizarse a las personas que ayudan a que los enfermos terminales mueran dignamente de acuerdo a su voluntad?
  4. ¿Pueden los representantes legales solicitar la suspensión de los tratamientos de sus representados cuando dicha suspensión les produzca la muerte?
  5. ¿Es lo mismo solicitar que los enfermos terminales peticionen la suspensión de tratamientos médicos cuando dicha supresión produzca la muerte que solicitar a los médicos que suministren fármacos para morir?
  6. ¿La eutanasia requiere de una ley especial que solucione los conflictos o ellos deben ser juzgados por los Tribunales según los principios generales de derecho?

 

No existe una única respuesta a los interrogantes planteados, ésta dependen de las distintas circunstancias que se planteen. En el presente trabajo trataremos de analizar algunas respuestas dadas en el ámbito de la legislación y la jurisprudencia comparada, sin ánimo de agotar el tema, con la esperanza de lograr una primera aproximación y suscitar el interés para continuar con su investigación desde una perspectiva interdisciplinaria.

Como  ha quedado explicitado m voluntaria e involuntaria.

. 1.- La “eutanasia voluntaria”: es aquella en la que el paciente acepta que se le suspendan los tratamientos terapéuticos que prolongan su vida y/o solicita que se le suministren medicamentos que le produzcan la muerte.

. 2.- La “eutanasia involuntaria” es aquella en la cual el paciente no presta su consentimiento, en ella el fin de la vida se produce sin voluntad del paciente; está es llamada también “muerte piadosa”.

 Ambas clases de eutanasia se sub -clasifican en: a.- “eutanasia activa, positiva o directa” es aquella en la que existe una acción positiva tendiente a producir la muerte (eje. suministrar una inyección de cloruro de potasio) y “eutanasia pasiva inactiva o indirecta” es la producida por la omisión de los tratamientos, medicamentos, terapias o alimentos que adelanten la muerte.

EUTANASIA, ORTOTANASIA Y DISTANASIA: La ” orto – eutanasia” es aquella que permite al paciente con una enfermedad terminal morir lo mas confortable y naturalmente posible y autoriza a los médicos a prescindir de procedimientos o medicaciones desproporcionadas e inútiles que prolonguen la agonía. La “distanasia” es una prolongación ilícita de la vida mediante la utilización de medios desproporcionados (medios inútiles para conservar o curar la vida del paciente, causando graves

consecuencias, sin respetar deseos del enfermo), denominado ensañamiento terapéutico.

Como se dijo más arriba,  en Occidente la Eutanasia está solo permitida en Holanda y Bélgica. A continuación se expondrá  que posición toma la ley argentina acerca de  la Eutanasia..

La eutanasia en el Derecho Argentino.

En el derecho argentino en la legislación no existe una ley respecto a la eutanasia, nos encontramos con disposiciones aisladas en el ámbito nacional y provincial que hacen al tema.

En el ámbito nacional existe una penalización de la asistencia al suicidio, contenida en el código penal. Hay respuestas aisladas dentro de las leyes de ejercicio de la medicina a temas puntuales que se relacionan con la suspensión de tratamientos o la negativa a someterse a terapias aún cuando aquellas terapias o tratamientos sean indispensable para mantener con vida al enfermo. Finalmente el Colegio de Escribanos de la provincia de Buenos Aires, creó el “Registro de actos de autoprotección en previsión de una eventual incapacidad. Para una mayor claridad expositiva cabe distinguir las soluciones en tanto se trate de una eutanasia voluntaria o involuntaria y activa o pasiva: a) La eutanasia voluntaria pasiva, ha sido contemplada en las leyes que regulan el ejercicio de la medicina y en la jurisprudencia aceptan que toda persona puede negarse a recibir tratamientos o intervenciones quirúrgicas aunque esta negativa le produzca la muerte El leading –case en esta materia fue el caso “ Bahamonde” donde la Suprema Corte de la Nación juzgó que un testigo de Jehovaa podía negarse a recibir una transfusión sanguínea aunque su decisión hiciera peligrar su vida, y que los médicos no podían sin el consentimiento del paciente realizar ningún tipo de curación ni terapia fundado en el respeto a la privacidad, en el derecho a la intimidad y en la dignidad contenidos en el artículo 19 la Constitución

Nacional Argentina y en los pactos de Derechos humanos a los que el país ha adherido

Está claro que la decisión sobre la calidad de vida que se quiere llevar pertenece al ámbito de privacidad de las personas, y que aunque se trate de un enfermo que no sea terminal y que la intervención quirúrgica le asegure varios años de sobrevida, si el paciente no presta el consentimiento a someterse a una operación, por ejemplo de amputación, no se le puede obligar

  1. b) La eutanasia voluntaria activa. En Argentina está penalizado el delito de asistencia al suicidio, y no existe ningún eximente de responsabilidad ni atenuación de la pena en el homicidio por piedad de allí que se puede afirmar que la única eutanasia permitida es la eutanasia voluntaria pasiva, en la cual el paciente presta su consentimiento, por si o por representante y se obra por omisión, es decir se suspenden los tratamientos o métodos que lo mantienen con vida y se omiten las terapias o intervenciones que podrían prolongársela.

En este caso se piensa que el paciente muere por su propia enfermedad y no por el acto médico.

Por lo aquí expuesto, se puede deducir, que la eutanasia, solo podría ser posible, cuando el sujeto en cuestión requiriera de medios artificiales para prolongar su vida. Es decir, si A, para poder mantenerse vivo necesita estar conectado a un respirador artificial, pero A se niega a esto, entonces la ley argentina habilita al médico a desconectarlo y así se produce el deceso de A.

¿Pero que ocurre si el mismo sujeto necesita del auxilio humano para seguir viviendo?

Supóngase, Que A, es un hombre o una mujer cuadriplejica que necesita de la ayuda de otros para higienizarse, alimentarse, vestirse, etc. Además padece fortísimos dolores, los cuales no cesan y esta situación se sostiene imperturbable durante el paso de los años.

A, ha manifestado el deseo de acabar con su padecimiento, y le pide al médico que lo auxilie en tal empresa.

La ley prohíbe esto al profesional de la salud, y a todo ciudadano, so pena de ser juzgado por homicidio.

La eutanasia desde una mirada psicoanalítica

Si se busca la palabra eutanasia en el diccionario de la Real Academia Española, se encontrará la siguiente definición: “muerte sin sufrimiento físico., acortamiento voluntario de la vida de quien sufre una enfermedad incurable para poner fin a sus sufrimientos’

Como se puede observar, en la presente definición se ha omitido el sufrimiento mental de quien padece una enfermedad incurable.

Por desgracia, no solo la Real Academia omite el sufrimiento psíquico de quien padece una enfermedad Terminal, sino la gran mayoría de los agentes de salud, de los legisladores, de los teólogos, resumiendo, gran parte de los estudiosos de este tema  pasan por alto tal padecimiento.

No es lo único que omite esta definición. También queda excluida aquí la condición de pacientes en etapa Terminal, así como los que sufren daño cerebral masivo e irreparable.

Por otro lado cualquier enfermedad incurable no justificaría la eutanasia pues existen muchas de estas enfermedades que no son deterioran Tes., incapacitan tes, o dolorosas, por el contrario, pueden ser bien toleradas por los pacientes.

Es decir, para definir la práctica de la eutanasia, se deberá tener en cuenta al menos tres cuestiones: 1)La relación que tienen el deterioro físico, la invalidez, y el dolor sobre la noción de muerte. 2) Como afectan estos hechos (deterioro físico, la invalidez, y el dolor) en la economía libidinal del paciente, y por último la pérdida progresiva de los vínculos afectivos y el desprendimiento del mundo real. Por que se deberá tenerse en cuenta estos dos últimos ítems?

Por que ambos son indicadores de salud mental. Si un paciente puede investir el mundo circundante, si puede “restarle libido a su yo” para ponerla al servicio de otro, y /u otros, es un paciente que seguramente no pedirá se le practique la Eutanasia.

Y entonces, por que no se los tiene en cuenta a estos indicadores?

Quizás, algunos de estos indicadores no sea tenido en cuenta, cuando de definir la práctica de la eutanasia se trata, por la ambigua  posición frente a la muerte que toma el humano.

Esta postura no es nueva. La relación del humano con la muerte ha sido equívoca y ambigua desde tiempos remotos.

El mismo Freud, dice en el artículo “Consideraciones sobre la Guerra y la Muerte”, que si bien es cierto que , el ser humano considera la muerte algo natural e ineludible, También es cierto que frente a la misma, adopta una actitud negadora. En relación con el aspecto de negación total frente a la muerte: “nadie cree en su propia muerte (…) en el inconciente cada uno de nosotros está convencido de su inmortalidad”, (Pág. 234) más adelante (Pág. 236-238), refiriéndose a la relación del hombre primitivo con la muerte, la cual inicialmente es negada en sí misma y solo aceptada para los demás, pero el contacto con la evidencia que le aporta la realidad termina por dar el siguiente resultado: “aceptó la muerte también para sí” (pág. 238). Es decir el propio Freud, se contradice en un mismo artículo cuando habla del tema.

Quizás, esto suceda, porque la muerte es en si misma una gran negación. Niega la vida, niega nuevas oportunidades, niega nuevos proyectos, Niega placer, pero también niega dolor. Como se dijo anteriormente, mucho se ha hablado del dolor físico, del padecimiento del cuerpo, y de los cuidados paliativos que los Agentes de Salud ofrecen al respecto, pero se omitió, o quizás, se debería decir ¿Se negó? El dolor psíquico, el dolor moral.

Freud, en Introducción al Narcisismo (1914)  escribe que la libido yoica pareciera oponerse a la libido objetal.. El funcionamiento de éstas semeja a un protozoo con sus seudópodos. Ya deja esbozado que la naturaleza de “ambas” es la misma, lo que no es lo mismo es su localización.

Cuánto mayor es la libido yoica, menor es la libido objetal y viceversa. La segunda alcanza su punto más alto en el enamoramiento. Y la primera en la fantasía o auto percepción de fin de mundo, en las psicosis. En el mismo texto dice (Pág. 7)”Todos

Sabemos, y lo consideramos natural, que el individuo aquejado de un dolor o un malestar orgánico cesa de interesarse por el mundo exterior, en cuanto no tiene relación con su dolencia. Una observación más detenida nos muestra que también retira de sus objetos eróticos el interés libidinoso, cesando así de amar mientras sufre.

La vulgaridad de este hecho no debe impedirnos darle una expresión en los términos de la teoría de la libido. Diremos, pues, que el enfermo retrae a su yo sus cargas de libido para destacarlas de nuevo hacia la curación. `Concentrándose está su alma´, dice Wilhelm Busch del poeta con dolor de muelas, `en el estrecho hoyo de su molar”   Es decir el yo des inviste al mundo externo, para concentrarse en su dolor. Cuando este cesa, vuelve a investir el mundo circundante. Pero ¿Qué sucede si este dolor no cesa? ¿Si este dolor, si esta enfermedad se estanca en el yo? Piénsese  por un momento, padecer de manera permanente y constante un dolor de muela. La libido se estancaría en ese lugar y es allí donde el sujeto enferma, pero esta vez, enferma psíquicamente. Dice Freud, que lo que enferma es el estancamiento libidinal,  “Desde este punto, podemos ya aproximarnos a la cuestión de por qué la vida anímica se ve forzada a traspasar las fronteras del narcisismo e investir de libido objetos exteriores. La respuesta deducida de la ruta mental que venimos siguiendo sería la de que dicha necesidad surge cuando la carga libidinosa del yo sobrepasa cierta medida. Un intenso egoísmo protege contra la enfermedad; pero, al fin y al cabo, hemos de comenzar a amar para no enfermar” (Pág.9)

Queda claro que el paciente que pide se le practique la eutanasia no solo sufre en su cuerpo, también sufre en su psique. Sufrimiento, que no menguara, que no retrocederá, empeorara, o en el mejor de los casos, se mantendrá inmutable, estancado. Es justamente este estancamiento el que produce el dolor. El paciente no se encuentra amparado, se enfrenta a un total desamparo, pero además, sus manos y sus pies, están atados, no puede huir,  no puede atacar, solo esperar… ¿Qué?

El paciente está estancado, frente a un entorno permanentemente cambiante y vertiginoso.

Piénsese en una estatua, humana. En la mitología, en los cuentos infantiles, esto era producto del maleficio de alguna bruja malvada o quizás el castigo por desobedecer vaya a saber que indicación. En la realidad, no existe un hada bondadosa que rescate al enfermo de tal padecimiento. El enfermo queda preso de ese terrible maleficio.

Edgar Alan Poe, escritor que influenció a personajes tales como Charles Baudelaire, Víctor Hugo, Guy de Maupassant, Julio Cortázar, Jorge Luís Borges, entre otros, en su cuento “La verdad sobre el señor Valdemar”, Es quien se atreve a tratar el sufrimiento del moribundo que no termina de morirse. Valdemar se está muriendo de tuberculosis, un “amigo” de éste, intenta “detener”, ¿Estancar? A la muerte mediante la hipnosis. Logran esto por 7 meses, pero cuando intentan despertarlo del estado hipnotico, el hipnotizado comienza a gritar: “Por amor de Dios… pronto… pronto… hágame dormir… o despiérteme… pronto… despiérteme! ¡Le digo que estoy muerto!”. Finalmente, se desintegra en las manos del hipnotizador y en su lugar deja un líquido “de repugnante, de abominable putrefacción”.

Debe aclararse que el hombre se desintegra antes de que pueda ser despertado.

Una vez más el arte y el psicoanálisis acuerdan. El estancamiento solo produce displacer sufrimiento, putrefacción.

Son muchas las personas que no quieren quedar encerradas en el estancamiento, en el detenimiento, entre ellas Freud, quién, padeció durante 16 años, un cáncer de mandíbula, tras 33 operaciones y 83 años en su haber, le pidió a su médico personal, Shur, que cumpliese con lo prometido. Años atrás, ambos médicos habían hecho un pacto, cuando fuese la hora, el joven ayudaría a morir al viejo. Llegó la hora, y el Dr Shur en presencia de Anna , la hija del maestro, y por expreso pedido de éste, le dio una dosis letal de morfina, para poner fin a un largo padecimiento.

Largo padecimiento por el que también han transitado, Piergiorgio Welby y Ramón San Pedro

El italiano Piergiorgio Welby, de 60 años, que durante  30 años padeció una distrofia muscular progresiva que le impidió hablar, caminar y moverse, y cuya vida dependía de una máquina que le ayudaba a respirar, dirigió una carta-vídeo pública al presidente de Italia, Giorgio Napolitano, en la que pide que le sea practicada la eutanasia. El caso de Welby amenazó con provocar un gran debate sobre la eutanasia en Italia.

Welby, gracias a un sintetizador, pudo grabar un vídeo en el que con voz metálica afirma que su “grito” no es de desesperación, sino que está cargado de “esperanza humana y civil para el país” y que su estado era el de una persona que perdió todas las esperanzas y sólo deseaba no despertarse al día siguiente. El enfermo aseguraba  en su carta-vídeo que él amaba la vida, que morir le horrorizaba, “pero lo que por desgracia tengo no es vida… sólo es un testarudo e insensato ensañamiento en mantener activas las funciones biológicas”. EL país 25/09/2006

Welby, llegó hasta los tribunales,  estos  ampararon su petición, pero consideraron que retirarle el respirador sería un homicidio. Aun así, un médico anestesista, Mario Riscio, acudió a su casa, le pidió que confirmara “su deseo de que fuera interrumpida la ventilación asistida”, le sedó y le desconectó.  El mayor temor del paciente, era morir sofocado

 

Ramón San Pedro, el marino mercante gallego que quedo tretraplejico, a la edad de 25 años, tras sufrir  un accidente, al tirarse de cabeza al agua desde una roca un día de resaca marítima. Este accidente lo dejó postrado en una cama por varias décadas. Pidió se le practicase la eutanasia, pero al serle negada ésta, con la ayuda de una amiga se suicidó,  bebiendo cianuro de potasio disuelto en agua. Para que nadie fuese incriminado, realizó su último acto frente a una cámara grabadora. Algunas de las frases de San Pedro “Mi mente es la única parte de mi cuerpo que todavía esta viva. Soy una cabeza atada a un cuerpo muerto”,”Una libertad que quita la vida no es libertad. Una vida que quita la libertad no es vida.” “Vivir es un derecho, no una obligación.” .

Al leer esta breves líneas, queda dramáticamente expresado que el padecimiento no es solo físico. Cómo no padecer cuando se necesita de artefactos o simplemente de otros para  realizar actividades básicas para la vida, como la alimentación, el control de esfínteres, o tan solo respirar.

Algunos opinan, que mientras se pueda pensar…, pero ¿Pensar en qué? ¿ E n si se va a morir sofocado o no? Pensar en que músculo fallará mañana?  O tal vez, en que las cosas que no se pudieron hacer hoy, tampoco se podrán hacer mañana, ni pasado, ni nunca, y observar que el único sitio en el que se puede estar es en la cama de un hospital, hasta que la muerte decida venir?

 

Bibliografía 

  • Dworkin, Ronald: El dominio de la vida. Una discusión acerca del aborto, la eutanasia y la libertad individual. Versión española de Ricardo Caracciolo y Víctor Ferreres (Universitat Pompeu Fabra) del original Life’s Dominion, 1ª ed. 1993. Ed. Ariel, Barcelona, 1994. ISBN 84-344-1115-6
  • Dworkin, Gerald; Frey, R. G. y Bok, Sissela: La eutanasia y el auxilio médico al suicidio. Traducción de la primera edición en Cambridge (1998) hecha por Carmen Francí Ventosa. Cambridge University Press, Madrid, 2000. ISBN 84-8323-109-3
  • Sigmund Freud. Obras completas. Volumen XIV: Trabajos sobre metapsicología, y otras obras (1914-1916), «Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico». Capítulo II: Introducción del narcisismo (1914). Buenos Aires/Madrid: Amorrortu, 1979
  • Sigmund Freud. Obras completas Freud, S. Cuestiones sobre la Guerra y la muerte. S.E. Vol. 14, 1915, pp. 275-302
  • García Rivas, Nicolás, “Despenalización de la eutanasia en la Unión Europea: autonomía e interés del paciente”, Revista Penal, ISSN 1138-9168, Nº 11, 2003, pags. 15-30
  • Garrido Sanjuan, Juan Antonio. Acortar la muerte sin acortar la vida. P.P.C. ISBN 84-288-0484-2

http://www.expansion.com/edicion/exp/economia_y_politica/entorno/es/desarrollo/11… 30/09/2008 Consultado 01-06-09

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/poe/verdad.htm consultado el día 26-06-2009