Albert Ellis, Biografía y su Terapia TREC

Albert Ellis y su Terapia Racional y Emotiva

Ellis nació en Pittsburg en 1913 y se crío en Nueva York. Se sobrepuso una infancia difícil usando su cabeza, volviéndose, en sus propias palabras, “un solucionador de problemas terco y pronunciado”. Un problema renal grave desvié su atención de los deportes a los libros, y la disensión en su familia (sus padres se divorciaron cuando él tenia 12 años) Ie condujeron a trabajar sobre la comprensión de los demás.

En el instituto Ellis concentró su atención en hacerse el Gran Novelista Americano. Consideró la posibilidad de estudiar contabilidad en la universidad; en hacer suficiente dinero como para retirarse a los 30 y escribir sin la presión de la necesidad económica. La Gran Depresión estadounidense puso punto final a su anhelo, pero logro llegar a la universidad en 1934, graduándose en administración de empresas en la City University of New York. Su primera incursión aventurera en el mundo empresarial fue la de un negocio de parches de pantalones junto a su hermano.  Buscaron juntos en tiendas de vestidos todos aquellos pantalones que necesitasen remates para adaptar igualmente los abrigos de sus clientes. En 1938, Albert llegó al puesto de director de personal de una firma novedosa.

Ellis empleó la mayoría de su tiempo Iibre en escribir historias cortas, obras teatrales, novelas, poesía cómica, ensayos y libros de no—ficción. Cuando alcancé los 28 años, ya había terminado al menos dos docenas de manuscritos completos, pero aun no había logrado que se los publicasen. Se percató entonces de que su futuro no descansaría sobre la escritura de ficción, por lo que se dedicó exclusivamente a la no-ficción, a promover lo que él llamaría la “revolución sexual-familiar”.

  

A medida que Ellis recolectaba más y más material de un tratado llamado “The Case for Sexual Liberty” (La Causa por la Libertad Sexual), muchos de sus amigos empezaron a considerarle como una especie de experto en la materia. Con frecuencia Ie pedían consejos, y Ellis descubrió que le encantaba la asesoría tanto como escribir. En 1942 volvió a la universidad y se apunté en un programa de psicología clínica en la Universidad de Columbia. Empezó su practica clínica a tiempo parcial para familias y como consejero sexual casi inmediatamente después de recibir su titulo de maestría en 1943.

En el momento en que la Universidad de Columbia le premió con su doctorado en 1947, Ellis llegó a la convicción de que el psicoanálisis era la forma mas profunda y efectiva de terapia. Decidió entonces alistarse en un análisis didáctico y se volvió “un analista brillante en los siguientes años”. En aquel momento, el instituto psicoanalítico rechazaba entrenar a psicoanalistas que no fueran médicos, pero esto no impidió que Ellis encontrase un analista dispuesto a llevar a cabo su entrenamiento dentro del grupo de Karen Horney. Ellis completo su análisis y empezó a practicar psicoanálisis clásico bajo la dirección de su maestro. A finales de los 40 ya enseñaba en la Rutgers y en Ia Universidad de Nueva York y era el jefe de psicologia clínica en el New Jersey Diagnostic Center y posteriormente en el New Jersey Department of Institutions and Agencies.

Pero la fe de Ellis en el psicoanálisis rápidamente se fue abajo. Descubrió que cuando atendía a sus clientes solo una vez a la semana o incluso cada dos semanas, progresaban igualmente que cuando les veía diariamente.

  

Empezó a adoptar un papel más activo, combinando consejos e interpretaciones directas de la misma forma que hacía cuando aconsejaba a familias o en problemas sexuales. Sus pacientes parecían mejorar más rápidamente que cuando utilizaba procedimientos psicoanalíticos pasivos. Y esto sin olvidar que antes de estar en análisis, ya había trabajado muchos de sus propios problemas a través de las lecturas y prácticas de filosofías de Epícteto, Marco Aurelio, Spinoza y Bertrand Russell, enseñándoles a sus clientes los mimos principios que le habían valido a él.

En 1955 Ellis ya había abandonado completamente el psicoanálisis, sustituyendo la técnica por otra centrada en el cambio de las personas a través de la confrontación de sus creencias irracionales y persuadiéndoles para que adoptaran ideas racionales. Este papel hacía que Ellis se sintiese más cómodo, dado que podía ser más honesto consigo mismo, “Cuando me volví racional-emotivo”, dijo una vez, “mis propios procesos de personalidad verdaderamente empezaron a vibrar”.

Publicó su primer libro en REBT (siglas en inglés para Terapia Racional Emotiva) “How to Live with a Neurotic” (Como Vivir con un Neurótico) en 1957, Dos años más tarde constituyó el Institute for Rational Living (Instituto para una Vida Racional), donde se impartían cursos de formación para enseñar sus principios a otros terapeutas. Su primer gran éxito literario. The Art and Science of love (El Arte y Ciencia del Amor), apareció en 1960 y hasta el momento ha publicado 54 libros y más de 600 artículos sobre REBT, sexo y matrimonio. Fue Presidente del Instituto de Terapia RacionaI-Emotiva de Nueva York, que ofrece un programa de entrenamiento completo y gestiona una gran clínica psicológica.

Teoría

REBT (Terapia Conductual Racional Emotiva) se define por el ABC en inglés.

La A se designa por la activación de las experiencias, tales como problemas familiares, insatisfacción laboral, traumas infantiles tempranos y todo aquello que podamos enmarcar como productor de infelicidad.

La B se refiere a creencias (believes) o ideas, básicamente irracionales y autoacusatorias que provocan sentimientos de infelicidad actuales.

Y la C corresponde a las consecuencias o aquellos síntomas neuróticos y emociones negativas tales como el pánico depresivo y la rabia, que surgen a partir de nuestras creencias.

Aún cuando la activación de nuestras experiencias puede ser bastante real y causar un gran monto de dolor, son nuestras creencias las que le dan el calificativo de larga estancia y de mantener problemas a largo plazo.

Ellis añade una letra D y una E al ABC: EI terapeuta debe disputar/discutir (D) las creencias irracionales, de manera que el cliente pueda a la postre disfrutar de los efectos psicológicos positivos (E) de ideas racionales.

Por ejemplo, “una persona deprimida se siente triste y sola dado que erróneamente piensa que es inadecuado y abandonado”. En la actualidad una persona depresiva puede funcionar tan bien como una no depresiva, por lo que el terapeuta debe demostrar al paciente sus éxitos y atacar Ia creencia de inadecuación, más que abalanzarse sobre el síntoma en si mismo.

A pesar de que no es importante para la terapia ubicar la fuente de estas creencias irracionales, se entiende que son el resultado de un “condicionamiento filosófico”, o hábitos no muy distintos a aquel que nos hace movernos a coger el teléfono cuando suena. Más tarde, Ellis diría que estos hábitos están programados biológicamente para ser susceptibles a este tipo de condicionamiento.

Estas creencias toman la forma de afirmaciones absolutas. En vez de aceptarlas como deseos o preferencias, hacemos demandas excesivas sobre los demás, o nos convencernos de que tenemos necesidades abrumadoras. Existe una gran variedad de “errores de pensamiento” típicos en los que la gente se pierde, incluyendo…

1 Ignorar lo positivo

2 Exagerar lo negativo, y

3 Generalizar

Es como negarse al hecho de que tengo algunos amigos o que he tenido unos pocos éxitos Puedo explayarme o exagerar la proporción del daño que he sufrido. Puedo convencerme de que nadie me quiere, o de que siempre meto la pata.

Hay 12 ejemplos de creencias irracionales que Ellis menciona con frecuencia:

  

12 ideas Irracionales que Causan y Sustentan a la Neurosis

  • La idea de que existe una tremenda necesidad en los adultos de ser amados por otros significativos en prácticamente cualquier actividad; en vez de concentrarse en su propio respeto personal, o buscando aprobación con fines prácticos, y en amar en vez de ser amados.

 

  • La idea de que ciertos actos son feos o perversos, por lo que los demás deben rechazar a las personas que los cometen; en vez de la idea de que ciertos actos son autodefensivos o antisociales, y que las personas que cometan estos actos se comportan de manera estúpida, ignorante o neurótica, y sería mejor que recibieran ayuda. Los comportamientos como estos no hacen que los sujetos que los actúan sean corruptos.

 

  • La idea de que es horrible cuando las cosas no son como nos gustaría que fueran; en vez de considerar la idea de que las cosas están muy mal y por tanto deberíamos cambiar o controlar las condiciones adversas de manera que puedan llegar a ser más satisfactorias; y si esto no es posible tendremos que ir aceptando que algunas cosas son así,

 

  • La idea de que Ia miseria humana está causada invariablemente por factores externos y se nos impone por gente y eventos extraños a nosotros; en vez de la idea de que la neurosis es causada en su mayoría por el punto de vista que tomamos con respecto a condiciones desafortunadas

 

  • La idea de que, si algo es o podría ser peligroso o aterrador, deberíamos estar tremendamente obsesionados y desaforados con ello; en vez de la idea de que debemos enfrentar de forma franca y directa lo peligroso; y si esto no es posible, aceptar lo inevitable.

 

  • La idea de que es más fácil eludir que enfrentar las dificultades de Ia vida y las responsabilidades personales; en vez de la idea de que eso que llamamos “dejarlo estar” o “dejarlo pasar’ es usualmente mucho más duro a largo plazo,

 

  • La idea de que necesitamos de forma absoluta otra cosa más grande o más fuerte que nosotros en la que apoyarnos; en vez de la idea de que es mejor asumir los riesgos que contempla el pensar y actuar de forma menos dependiente.

 

  • La idea de que siempre debemos ser absolutamente competentes, inteligentes y ambiciosos en todos los aspectos; en vez de la idea de que podríamos haberlo hecho mejor más que necesitar hacerlo siempre bien y aceptamos como criaturas bastante imperfectas, que tienen limitaciones y falibilidades humanas.

  

  • La idea de que, si algo nos afectó considerablemente, permanecerá haciéndolo durante toda nuestra vida; en vez de la idea de que podemos aprender de nuestras experiencias pasadas sin estar extremadamente atados o preocupados por ellas.

 

  • La idea de que debemos tener un control preciso y perfecto sobre las cosas; en vez de la idea de que el mundo está lleno de probabilidades y cambios, y que aún así, debemos disfrutar de la vida a pesar de estos “inconvenientes”.

 

  • La idea de que la felicidad humana puede lograrse a través de la inercia y la inactividad; en vez de la idea de que tendemos a ser felices cuando estamos vitalmente inmersos en actividades dirigidas a la creatividad, o cuando nos embarcamos en proyectos más allá de nosotros o nos damos a los demás.

 

  • La idea de que no tenemos control sobre nuestras emociones y que no podemos evitar sentirnos alterados con respecto a las cosas de la vida; en vez de la idea de que poseemos un control real sobre nuestras emociones destructivas si escogemos trabajar en contra de Ia hipótesis masturbatoria, Ia cual usualmente fomentamos.

 

(Extracto Behavior Therapy de Albert Ellis, Ph D. Revisado, mayo 1994),

Para simplificar, Ellis también menciona las tres creencias irracionales principales:

“Debo ser increíblemente competente, o de lo contrario no valgo nada”. 

“Los demás deben considerarme; o son absolutamente estúpidos”. 

“El mundo siempre debe proveerme de felicidad, o me moriré”. 

EI terapeuta utiliza su pericia para argumentar en contra de estas ideas irracionales en la terapia o, incluso mejor, conduce a su paciente a que se haga él mismo estos argumentos, Por ejemplo, el terapeuta podría preguntar…

¿Hay alguna evidencia que sustenten estas creencias? 

¿Cuál es la evidencia para enfrentarnos a esta creencia? 

¿Qué es lo peor que puede ocurrirle si abandona esta creencia? 

¿Y qué es lo mejor que puede sucederle? 

Además de la argumentación, el terapeuta REBT (TREC) se asiste de cualquier otra técnica que ayude al paciente a cambiar sus creencias. Se podría usar terapia de grupo, refuerzo positivo incondicional, proveer de actividades de riesgo-recompensa, entrenamiento en asertividad, entrenamiento en empatía, quizás utilizando técnicas de rol-playing para lograrlo, impulsar el auto-control a través de técnicas de modificación de conducta, desensibilización sistemática y así sucesivamente.

Auto-aceptación Incondicional

  

Ellis se ha ido encaminando a reforzar cada vez más la importancia de lo que llama “auto-aceptación incondicional”. Él dice que en la REBT, nadie es rechazado, aún sin importar cuán desastrosas sean sus acciones, y debemos aceptamos por lo que somos más que por lo que hemos hecho.

Una de las formas que menciona para lograr esto es convencer al paciente de su valor intrínseco como ser humano El solo hecho de estar vivo ya provee de un valor en sí mismo.

Ellis observa que Ia mayoría de las teorías hacen mucho hincapié en la autoestima y fuerza del yo y conceptos similares. Nosotros evaluamos de forma natural a las criaturas, y esto no tiene nada de malo, pero de la evaluación que hacemos de nuestros rasgos y acciones, llegamos a evaluar esa entidad holística vaga llamada “self”. ¿Cómo podemos hacer esto?; ¿Y qué bien hace?. Ellis cree que solo provoca daño.

Ahí están, precisamente, las razones legítimas para promover el propio self o ego: Queremos mantenernos vivos y estar sanos, queremos disfrutar de la vida y demás. Pero existen muchas otras formas de promover el ego o self que resulta dañino, tal y como explica a través de los siguientes ejemplos:

Soy especial o soy detestable. 

Debo ser amado o cuidado. 

Debo ser inmortal 

Soy o bueno o malo. 

Debo probarme a mí mismo 

Debo tener todo lo que deseo. 

 

Ellis cree firmemente que la autoevaluación conduce a la depresión y a la represión, así como a la evitación del cambio, ¡Lo mejor para la salud humana es que deberíamos detenemos a evaluamos entre todos!.

Pero quizás esta idea sobre el ego o el self está sobrevalorada. Ellis es especialmente escéptico sobre la existencia de un “verdadero” self, como Horney o Rogers. Particularmente le disgusta la idea de que exista un conflicto entre un self promovido por la actualización versus otro promovido por la sociedad. De hecho, dice, la propia naturaleza y la propia sociedad más bien se apoyan entre sí, en vez de ser conceptos antagónicos

Realmente él no percibe ninguna evidencia de la existencia de un self transpersonal o alma. El budismo, por ejemplo, se las arregla bien sin tomar en cuenta esto. Y Ellis es bastante escéptico con respecto a los estados alterados de consciencia de las tradiciones místicas y las recomendaciones de la psicología transpersonal, De hecho, ¡considera a estos estados más irreales que trascendentes.

Por otra parte, Ellis considera que su abordaje surge de la antigua tradición estoica, apoyada por filósofos tales como Spinoza. También considera que existen similitudes con el existencialismo y la psicología existencialista. Cualquier acercamiento que coloque la responsabilidad sobre los hombros del individuo con sus creencias, tendrá aspectos comunes con la REBT de Ellis.

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Coaching: qué es verdad y mentira

Manuel Arboccó

Psicólogo–Profesor Universitario

Ante un Colegio de Psicólogos que no responde ante tanta intrusión como debiera, es necesario que los profesionales de la Psicología estemos atentos ante la aparición de estos vendedores de cebo de culebra que se cuelgan de la terapia gestált, la hipnoterapia o el ahora tan manoseado PNL para ofrecer sus servicios de crecimiento, felicidad y éxito a raudales. Muchos se hacen llamar terapeutas alternativos o simplemente coachs metafísicos, estéticos y holísticos. Algunos de ellos hablan de vidas pasadas, masajes curativos, aceites fabulosos y viajes a otras dimensiones (física cuántica incluida). Cuidado, pueda que se lleven no solo tu dinero.

Estamos en la época del coach (¡cómo nos gustan los términos en inglés!). ¿Qué significa coach? Entrenador. Es decir, un tipo que se encarga de motivar a una persona y dirigirla hacia la consecución de sus metas, las cuales de pronto el pobre sujeto que consulta aún ni siquiera conoce. La mayoría de estos coachs no son psicólogos, sino administradores, abogados, ingenieros o periodistas. Marcan distancia con los psicólogos con el cuento que los psicólogos solo vemos a personas enfermas y con problemas serios de personalidad; o que solo nos preocupa el pasado y los traumas infantiles. Eso es desconocer que, dentro de la Psicología, y en especial de la psicoterapia, hace rato la orientación psicopatológica dejó de ser la regla y, más bien, hay toda una opción de posibilidades de verdadero crecimiento personal, orientación hacia la vida y de asumir nuestra existencia con valentía, responsabilidad y libertad, sin consejos ni directivas de por medio. Algunos de estos ‘chamulladores’ carismáticos cuentan incluso con centros, páginas web, asociaciones y espacios en las redes.

Alerta: trabajar con personas y con sus temas requiere los cuidados del caso, pues hay ejercicios y procedimientos que pueden abrir heridas, movilizar ansiedades y situaciones muy penosas, las cuales dudamos puedan ser atendidas por un ingeniero, una administradora o una profesora, por más bien intencionada que sea. La población debe estar atenta tanto ante los malos psicólogos (que los hay) como ante los falsos terapeutas y pseudoconsejeros de vida.

No por hablar bonito, verse bien, tener “cara de éxito y felicidad” y haber llevado algún curso online o en 8 meses significa que alguien sea una voz autorizada en el campo de la Psicología. Una buena preparación universitaria significa haber estudiado por años el comportamiento humano, tanto el sano como el enfermo, haber estudiado desarrollo infantil y adolescente, diagnóstico psicológico, evaluación, psicología social, abordaje de parejas y formas de entrevistar, así como haber llevado asignaturas de psicopatología, de motivación y procesos afectivos, y teorías de la personalidad.

Una recomendación final: si usted amable coach existencial o promotora emocional desea fervientemente ayudar al prójimo con sus actitudes y comportamientos, porque su vocación es enorme y quiere irradiar la luz que encontró en su último viaje al Tíbet, muy bien, hágalo, y está en todo su derecho, pero estudie Psicología, los 5 o 6 años del caso, saque su título, su colegiatura y certifíquese en algún modelo de abordaje, hágalo bien y recién ahí podrá hacer un trabajo de calidad y respaldado por la ley. Sin eso, solo son buenas intenciones –cuando no burdo lucro– y con buenas intenciones apenas llegamos a la esquina.

La mayoría de estos coachs no son psicólogos, sino profesionales que provienen de otras ramas.

De qué trata la Hipnosis

LOS MISTERIOS DE LA HIPNOSIS

  

Cada vez son más los médicos que recurren a esta vieja técnica. Usan la hipnosis para atacar el dolor, para combatir el asma y ciertos trastornos nerviosos, y, también para remplazar la anestesia en operaciones quirúrgicas menores. Pero ¿qué pasa en el organismo y, sobre todo, en el cerebro, cuando nuestro cuerpo permanece mucho tiempo sometido a ese raro sueño artificial que anula la conciencia? Para qué sirve en realidad, como se hace para hipnotizar a una persona.

UN CONTROL PSÍQUICO ENIGMÁTICO.

La hipnosis se basa en el poder de la sugestión, que no siempre es absoluto. No se puede obligar al hipnotizado a realizar actos en contra de su voluntad, porque su conciencia crítica sigue funcionando. Pero, ¿por qué hace todo lo demás? Por ejemplo, ¿por qué “obedece” órdenes?

 

EL CEREBRO ESCONDE SU JUEGO.

Aunque el hipnotizado siente, y de alguno modo sabe, que se encuentra en una situación distinta, rara, su electroencefalograma es similar al de una persona en estado de vigilia normal. Una paradoja que hoy intentan dilucidar los científicos.

EL CUERPO SUPERA LOS LÍMITES.

En un estado de hipnosis nuestro cuerpo se vuelve súbitamente capaz de llevar a cabo hazañas que no realizaría en situaciones normales. Por ejemplo, quedar completamente rígido y aceptar ser suspendido entre dos sillas, apoyado con nuca y pies.

A más de doscientos años de su polémica presentación en Europa, la hipnosis ha revelado su principal secreto: ningún hipnotizador puede influir sobre un sujeto que no desea ser hipnotizado. O sea, no hay hipnotismo, sólo autohipnosis, un peculiar estado de relajación muscular y concentración mental voluntarias, que induce y supervisa un terapeuta calificado. Hoy, los científicos son categóricos al respecto: es posible situar a un individuo en un enclave psíquico y físico especial mediante una técnica de sugestión oral que modifica temporalmente su estado de conciencia, pero no convertirlo en un autómata que cumpla órdenes caprichosas o en contra de su ética personal, como robar o asesinar. Lejos quedó el mito sintetizado por Fritz Lang en “El doctor Mabuse”, filme mudo que en 1922 mostraba cómo un genio loco hipnotizaba media Europa para dominar el mundo, y que más tarde censuró Hitler porque se sintió retratado. Actualmente, dentistas franceses, rusos y estadounidenses emplean la hipnosis controlada para reducir el dolor de una extracción de muela, por ejemplo. Y también parece resultar útil para tratar ciertos síndromes asmáticos, algunas fobias y no pocos trastornos psicosomáticos.

Como lo explica el antropólogo Lapassade, de la Universidad de París, “la hipnosis concita a una capacidad natural de nuestro cerebro: la sugestión, herramienta que transforma un pensamiento es una inédita reacción corporal y emocional”. Según el profesor León Chertok, pionero de la hipnosis en Francia, “el limite de esa reacción es el espíritu crítico del hipnotizado, que no suele aceptar modos autoritarios por parte del hipnotizador, aun tratándose de extravagancias más propias del teatro que de la ciencia médica”. Indudablemente, Chertok desaprueba que algunos hipnotizados, no todos, hagan el ridículo al saborear una cebolla creyendo que es un durazno, o al sentirse borrachos tras beber un vaso de agua, por engaño del hipnotizador. “Pero lo peor es la tetanización, ese acto de poner a un sujeto tieso cual tronco y colocarlo entre dos sillas, apoyado sólo con nuca y pies”, agrega Lapassade, con lo que se corre el evidente riesgo de contracturas musculares e incluso posibles lagunas mentales antes no experimentadas por el hipnotizado.

¿Qué es la hipnosis?

Y bien, ¿qué es la hipnosis? La palabra proviene del griego hypnos. que significa “sueño”, pero resulta insuficiente a la hora de precisar qué es ese cuarto trance al que los científicos atribuyen un determinismo fisiológico distinto al de los otros tres estados vitales: la vigilia, el dormir sin soñar y el dormir con sueños. Porque el hipnotizado no está dormido, no sueña y, es más, su respiración, tono muscular y pulsaciones son los de una persona despierta. ¿Cuál es la clave de este enigma? La actividad cerebral. “Si bien el electroencefalograma de un hipnotizado es idéntico al de alguien completamente lúcido, se detectan significativas diferencias neurológicas”, afirman los expertos del hospital belga de Lieja, dirigidos por Jacques Faymonville.

Esta tesis se basa en una valiosa comprobación: los efectos de la hipnosis sobre la reducción del dolor son tan variables de un paciente a otro, que no pueden deberse a meras perturbaciones psicológicas de la sensibilidad, sino a reales modificaciones neurofisiológicas. Es decir, que dentro del estado hipnótico se descubrió una actividad cerebral específica, cuyos mecanismos y alcances se mantuvieron en secreto, además, hasta su reciente publicación en el New England Journal of Medicine. El escepticismo de Faymonville lo llevó a desechar los argumentos sensacionalistas de los hipnotizadores no científicos, que promocionan su “poder” encubriéndolo con ocultismo o con un “don” de la pura naturaleza animal.

Y es que el mencionado determinismo fisiológico de la hipnosis podría dar lugar a interpretaciones parciales, basadas en comprobaciones en apariencia indiscutibles: la serpiente, el halcón y la mangosta “hechizan” visualmente a sus victimas para luego comérselas, y este fenómeno difícilmente se explicaría por la sola fuerza de la sugestión, en general sujeta a la interrelación de al menos dos voluntades libres y a un puente de oralidad simpática. Otro dato que contradice el lugar común acerca de la hipnosis: las personas más sugestionables no serían las únicas que pueden ser exitosamente hipnotizadas. Para el doctor Jeannot Hoareau, psiquiatra del hospital Cochín, en París, “quienes mejor responden son los individuos inteligentes, con fuerte personalidad, que muestran una gran capacidad de concentración y no temen dejarse ir por su interior”. Según Hoareau, en toda sociedad habría hasta un 15 % de sujetos hipersugestionables y, salvo un reducido grupo de refractarios a cualquier intromisión mental, prácticamente todo el mundo es hipnotizable. Osada moción que, si no fuera improbable, acentuaría que la disposición no es indispensable para ser hipnotizado, dado que el cuerpo respondería aunque el intelecto se negara. Como se advertirá, los criterios son distintos aun dentro del campo clínico, y la polémica no acaba.

Considerada por minorías culturales como un arma de sometimiento, la hipnosis no termina de liberarse del inquisitorial cepo al que la condenó, por ejemplo, una comisión de notables del rey Luis XVI de Francia, entre los que figuró el estadounidense Benjamin Franklin. Ellos acusaron de curandero a Mesmer a fines del siglo XVIII. Justamente al médico austriaco Franz Anton Mesmer, sin cuya concepción de las enfermedades como un desequilibrio de lo que llamaba fuerzas magnéticas, y que él pretendía combatir colocando imanes sobre el organismo afectado, no habríamos conocido la noción de rapport, o conexión espiritual entre terapeuta y paciente, ni abandonado el prejuicio que ubica a la hipnosis como pare del rito vudú, la gestación de zombis y demás artes negras de la brujería.

En 1829, Juies Cloquet efeoctuó la primera operación quirúrgica en que se aplicó la hipnosis como anestésico, y desde 1938, en la entonces Unión Soviética, miles de embarazadas se prepararon para un novedoso parto sin dolor en los “hipnotarium” de los hospitales.

Tres niveles de hipnosis:

Hipnoidal, medio y profundo. En el primero se busca el estado de relajación ideal, en el segundo es posible obtener sensaciones analgésicas y en el último, conocido también como sonambúlico y para el que sólo sería apto un pequeño porcentaje de individuos, podría aflorar el subconsciente.

En muchos países se ha regulado legalmente el empleo de la hipnosis, con el fin de limitar tanto su uso por parte de médicos charlatanes, como los abusos que cometen los mentalistas en los teatros de variedades. En Inglaterra, por ejemplo, se llegó a prohibir esta práctica en todo tipo de espectáculos públicos, porque no pocos sujetos sufrieron regresiones y no han podido volver a la realidad, o experimentaron diversos problemas cardiacos. Este debate es cada vez mayor en Europa y Estados Unidos. Incluso, en algunos países se cuenta con normas especificas para la aplicación de la hipnosis en medicina y psiquiatría. Especialistas como el doctor Raúl Miserda, miembro del Instituto Milton H. Erickson, asumen esta técnica con ética y responsabilidad. “En los estados hipnóticos, la gente puede ser influida por el terapeuta, tanto antes como después de entrar en el trance. Muchas veces, las regresiones son simples fantasías inducidas por el hipnotizador, y el paciente las siente como si fueran realidad”, señala. Esto hace necesaria una formación especial, un entrenamiento periódico y un fuerte compromiso que asume todo aquel que trabaja con el inconsciente de las personas.

Terapia Hipnótica

Según Miserda, la terapia hipnótica ha servido para superar problemas de aprendizaje, complejos, enfermedades psicosomáticas y fobias, así como para curar ulceras, cuadros asmáticos y de hipertensión, y muchos otros trastornos. Uno de los métodos más utilizados es la progresión hacia el futuro del paciente. Consiste en llevar a la persona hasta el tiempo donde su problema se encuentre totalmente superado, de manera que, gracias al terapeuta, sepa cómo consiguió superar sus complejos. Esta parece ser la cara favorable de una práctica que aguarda una regulación responsable.

Por otro lado, hasta los hipnotizadores menos acreditados del espectáculo argumentan en su defensa una dudosa seriedad que, no cabe duda, han copiado directamente de los postulados científicos. Resta por corroborar éticamente, entonces, hasta dónde la finalidad pecuniaria, de la que no está exenta la propia medicina, es un punto en contra del hipnotismo como entretenimiento. Los efectos del fenómeno, así como sus aplicaciones en cualquier terreno, siguen siendo inciertos, quizá preocupantes. Para que el siglo XXI no le depare a la hipnosis un futuro injusto, arraigado en los tabúes de su lado oscuro, es de esperar que prevalezca el digno papel que le fue asignado por los médicos de Grecia, Persia y el antiguo Egipto, mucho antes que los magos y exorcistas de feria se apropiaran de esa extraña sabiduría para su exclusivo y espurio beneficio.

 

HIPNOSIS MÉDICA

En 1958, un grupo de jóvenes médicos y odontólogos mexicanos interesados en la hipnosis, invitaron a un médico cubano a impartir cursos sobre hipnosis médica. Estos cursos dejaron 1a semilla para que se creara, entre otras, la Sociedad de Hipnosis Médica, de la cual formaron parte cirujanos dentistas, médicos, psicólogos y psiquiatras. En 1959, durante el Congreso Médico Panamericano realizado en México, se creó la sección de Hipnosis Médica. El 31 de agosto de ese año, durante dicho congreso, se llevó a cabo la primera intervención quirúrgica (una apendicectomía) sin anestesia. En su lugar se empleo la hipnosis. Intervinieron el cirujano y ginecólogo español Juan Alejandro Tero, el cirujano pediatra Felipe Cacho y el cirujano dentista Roberto Villegas Malda, quien fue el hipnólogo y de quien era paciente la mujer intervenida. Por si las dudas, estuvo presente el anestesiólogo Guillermo de Ovando. Sin embargo, no fue necesaria su intervención gracias a que la hipnosis surtió efecto.

 

En una charla con Conozca Más, el doctor Roberto Villegas Malda, profesor de la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional Autónoma de México, psicoterapeuta y fundador de la Sociedad Mexicana de Psicoprofilaxis y Obstetricia, explica que la hipnosis es una herramienta más de la medicina para luchar contra al dolor, y un auxiliar en el control del sangrado en cirugías menores, de los movimientos peristálticos y de la náusea que se presenta como efecto reflejo de una broncoscopia. Le pediatría también se sirve de la hipnosis para, por ejemplo, convencer a los niños de que se tomen sus medicamentos. Sin embargo, la hipnosis no sustituye la anestesia; es sólo una herramienta más en determinadas situaciones y personas, una herramienta que emplea la significación de la palabra.

 

El profesor Villegas Malda ha impartido cursos de hipnosis médica en la Facultad de Odontología de la UNAM.

HIPNOSIS: ¿PARA QUE SIRVE?

Desde tiempos inmemoriales, el uso de la hipnosis en espectáculos públicos opacó sus posibilidades reales en la terapéutica; incluso faltaba desmitificarla como una panacea capaz de curar casi cualquier enfermedad psicosomática.

 

Para algunos psicoanalistas, la hipnosis puede constituir un tratamiento completo. Para muchos médicos, el trance hipnótico llega a servir como anestésico. No todos están de acuerdo. Sin embargo, aprobada por el faraón Ramsés II y fundamentada teóricamente por el médico-alquimista Paracelso en 1529, esta añeja técnica empieza a revelar, en pleno umbral del siglo XXI, cuáles son las dolencias que ayuda a erradicar y cuáles están muy lejos de su alcance terapéutico.

¿Para qué sirve la hipnosis?

Para dejar de fumar, por ejemplo, con una tasa de éxitos hasta del 80%, según algunos especialistas. Eso sí, aún no hay estudios comparativos respecto a las aplicaciones a largo plazo con rayos láser o parches y chicles de nicotina. En cirugía dental, los beneficios de la hipnosis fluctúan, según la receptividad de los pacientes, entre un 10 y un 90%. Lo mismo para quemaduras graves y curaciones cutáneas. En excesos de peso y bulimia puede volver repulsivos ciertos alimentos antes irresistibles. Fobias, neurosis, ansiedad, depresión, anorexia, impotencia, eccemas y asma están en la lista de la actual hipnoterapia. Incluso los problemas digestivos, haya o no úlceras, diarreas y dolores abdominales, son susceptibles de tratamiento con hipnosis, aseguran algunos terapeutas.

¿En qué casos es ineficaz la hipnosis?

La drogadicción, su mayor enemigo, le impide actuar porque, como dice el analista especializado Didier Michaux, “la toxicomanía crea una dependencia pesada, es un auténtico estado hipnótico autoinducido y cerrado”. También en los cuadros psiquiátricos fuertes, como la esquizofrenia o la depresión aguda, la hipnosis resulta de nulo valor auxiliar.

Y, naturalmente, queda fuera en las intervenciones quirúrgicas de alto riesgo, en las que la anestesia sume en un sueño profundo al paciente. Esto es así porque, como se ha dicho, para lograr una autohipnosis oralmente inducida, un trance de todos modos diferente al estado de vigilia normal, el sujeto no debe estar dormido. Razón por la cual numerosos terapeutas prefieren que sus pacientes se relajen cómodamente sentados o recostados, pero no echados horizontalmente. Un simple bostezo puede romper el triple proceso en su fase inicial sugestiva de descenso a uno mismo, o a una “rara” zona psíquica.

También los niños

Aunque no es habitual su empleo en los niños, la hipnosis manejada profesionalmente como un juego interactivo demuestra una amplia eficacia que no atenta contra la lucidez del paciente, el cual siempre distingue entre realidad y ficción.

¿CÓMO SE HIPNOTIZA?

La hipnosis sólo es practicable en individuos sugestionables y bien dispuestos a dejarse guiar profesionalmente hacia ese extraño punto de la conciencia en el que no se está ni dormido ni despierto.

la fórmula “¡Duérmase, se lo ordeno!” es un recurso de magos e ilusionistas, y no reviste seriedad alguna. En cambio, cuando se trata de un médico o un psicoanalista, el proceso hipnótico es inducido paso a paso y con mucha serenidad. Una sesión dura alrededor de una hora y en general el paciente está recostado en un diván, mientras el terapeuta lo invita a cerrar los ojos o a mirar un punto exacto de la sala, y lo guía al relajamiento muscular con suave voz: “Apoye su mano derecha en el muslo, sienta la textura de su pantalón”, por ejemplo. “Esas sugerencias tienen como objetivo fijar la atención del sujeto en sí mismo -explica el doctor Jean-Marc Benhaiem-, lo que restringe su percepción del mundo y le permite asimilar mejor sus sensaciones y las consignas del terapeuta”. Luego, éste le pide al paciente que levante una mano o cruce los dedos. Si lo hace, quiere decir que ya esta hipnotizado. Llega entonces la fase crucial de la sesión clínica. El terapeuta repite varias veces sus sugerencias: “El cigarrillo le hace mal al corazón” o “Ese dolor de pecho desaparecerá si deja de fumar”. Al terminar la sesión, el paciente es sacado del trance gradualmente (no de golpe, como en los programas de televisión o en los teatros), lo que le devuelve el control de sus músculos y la lucidez sin ninguna sensación de malestar. Antes de despedirse, el paciente y su terapeuta comentan en detalle lo ocurrido y así, amablemente, el primero completa su experiencia mediante la razón, libre de ocultamientos que pudieran minar su credulidad. Porque así como el hipnotizador declara en un teatro que su acto será exitoso sólo si los “voluntarios” creen en su “poder”, en la praxis científica la confianza es, siempre, la clave de toda interacción provechosa. Sobre todo en el área de la hipnosis, proceso que básicamente requiere un guía.

La mirada firme del hipnotizador y su viejo péndulo son herramientas para captar la atención del hipnotizado.

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