Alzheimer

 

Alzheimer: ¿Cuándo llega el momento en que los cuidadores deben pedir ayuda?

Prof. Dr. Fernando E. TARAGANO

Email: ftaragano@cemic.edu.ar

La Enfermedad de Alzheimer (EA) es la forma más común de demencia y constituye un trastorno que afecta gravemente las funciones cognitivas e intelectuales del paciente atentando contra su memoria, pensamiento y conducta hasta quitarle la independencia para vivir. En Argentina, hay 450 mil personas afectadas por este trastorno y se estima que el 70% de estos enfermos son cuidados por algún familiar.

Diferentes estudios realizados en nuestro país demuestran que los cuidadores forman parte de la población en riesgo de contraer la enfermedad y, además, que la sobrecarga y estrés que ocasiona su tarea constituye un factor de riesgo para enfermar. Si bien los síntomas clásicos de la EA involucran los dominios cognitivos, como amnesia y anomias, también se presenta frecuentemente y en cualquier momento de la enfermedad, una amplia gama de trastornos neuropsiquiátricos. Que estos síntomas sean frecuentes e incluso muchas veces dominen el cuadro clínico, no debería sorprender ya que la EA es una enfermedad que afecta al cerebro en múltiples aspectos.

Los síntomas psiquiátricos abarcan un amplio rango que va desde la apatía y la depresión, hasta la agitación psicomotriz, delirios y alucinaciones. Ya en la clásica descripción de Alois Alzheimer de su paciente Auguste D, se incluía a los síntomas conductuales como parte del cuadro clínico, relatando que “…la paciente comenzó con delirios celotípicos, paranoia y finalizó con sentimientos que alguien quería matarla y gritaba ruidosamente…”

 

Hay muchas razones por las cuáles estos síntomas son importantes en la evolución de la EA, algunas de ellas son:

  • Aumentan la morbimortalidad porque tienen gran repercusión funcional.
  • Impactan muy negativamente en la calidad de vida del cuidador.
  • Impactan negativamente en la calidad de vida del entorno familiar.
  • Determinan un aumento en la institucionalización.
  • Frecuentemente obliga al uso de medicación psicofarmacológica.

Las preguntas que a menudo me hacen los familiares de los pacientes son: `¿Es cierto que el paciente puede tener problemas psiquiátricos además del problema de la memoria?”¿Tienen tratamiento?’, `¿Cuándo ha llegado el momento indicado para pedir ayuda institucional?’, `¿Cómo hacerlo y en dónde?’ En general, lo que más afecta y sobrecarga al cuidador es la presencia y severidad de los trastornos conductuales. Las alucinaciones, los delirios, la agresividad, la desinhibición y el vagabundeo nocturno son síntomas muy disruptivos.

Ver al ser amado con un problema psiquiátrico es lo que desequilibra a la familia y sobrecarga al cuidador, que en la mayoría de los casos es un familiar directo. En cambio, el problema de la memoria (u otros cognitivos) genera pena, tristeza pero se sobrelleva mejor que el problema de la conducta (u otros psiquiátricos) En estas circunstancias es importante brindar a los familiares información sobre las fases de progreso del mal ya que reconocer la evolución probable de cada paciente permite pronosticar su deterioro y disminuir angustias. Si una familia brinda cuidado y amor al paciente, casi siempre les aconsejo “Pidan ayuda cuando sientan que el estrés ocasionado por la tarea empieza a dañar su salud fisica y/o psicológica, no son culpables de la enfermedad y menos aún de los síntomas neuropsiquiátricos”.

 

En la actualidad las familias pueden contar con la asistencia y contención de los grupos de apoyo que brindan distintas asociaciones civiles que luchan contra este mal, o bien acudir a centros de cuidado diurno y a hogares geriátricos. Grupos de apoyo. Los grupos de apoyo que brindan asociaciones civiles constituyen un espacio de diálogo, contención e intercambio de experiencias para familiares y cuidadores, especialmente útiles para

Hogares geriátricos.

La presencia y severidad de trastornos conductuales en especial alucinaciones, delirios, agresividad, desinhibición y vagabundeo nocturno impacta anímicamente mal a la familia y sobrecarga al cuidador. Dicha sobrecarga es tanto peor cuanto más intenso es el vínculo que los une. En las últimas etapas de la enfermedad, la fragilidad y el alto riesgo que presentan los pacientes hacen recomendable su internación en una institución aproximadamente al 20% de los pacientes. Cuando se analiza las características de dichos pacientes, se observa que los síntomas psiquiátricos son muy destacados. Por ello es que, el programa de asistencia médica, la seguridad edilicia, la asistencia de enfermería geriátrica, y la estimulación fisico — cognitiva son aspectos prioritarios en las instituciones.

 

 

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