La Farsa de la Psicología Moderna

   

La farsa de la psicología moderna que nos promete resolver nuestros problemas

Hace tiempo ya que los t√≥picos de la psicolog√≠a son de dominio p√ļblico. ¬ŅQue hay de veracidad en todos aquellos “consejos psicol√≥gicos” que compartimos?

“Esto es dedicado para Sigmund Freud y Judit Butler”, dice Residente en su nuevo video musical “Sexo”, en el que hace uso de aquello que est√° al alcance de todos, la cultura popular ‚ÄĒo en todo caso a esta aparente democratizaci√≥n y digitalizaci√≥n del conocimiento acumulado en las¬†culturas‚ÄĒ. El video es innegablemente divertido, casi tanto como el tema ‚ÄĒbueno, Trump tambi√©n era divertido en ocasiones‚ÄĒ, pero ya que estamos, vale preguntar:

a) ¬ŅTiene raz√≥n Residente? ¬ŅTodas las acciones son motivadas por la b√ļsqueda de sexo?¬† S√≠ y no, si nos atenemos a que en la teor√≠a psicosexual de Sigmund, el sexo es una especie de espina dorsal, algo inevitable m√°s que un objeto a conseguir;

b) ¬ŅEs esta manifestaci√≥n, as√≠ como otras, acercar la psicolog√≠a a √°mbitos ajenos a la misma, o s√≥lo es el remanente vago de una idea sin marco te√≥rico? Lo olvid√°bamos, Residente: el marco te√≥rico es una excusa para tener sexo.

II

¬ŅCu√°l es el ciclo que enfrenta la psicolog√≠a en tanto se independiza y pasa de ser relegada a formar parte de la cultura de masas? Si bien el psicoan√°lisis fue la estrella magna que acapar√≥ la segunda mitad del siglo XX ‚ÄĒen la que ahora brillan las neurociencias‚ÄĒ todas las corrientes, escuelas y teor√≠as pasaron de ser objetos de laboratorio u conceptos a ser alimento de miles de individuos, ansiosos por encontrar una medicina reparadora o explicativa.

   

Esto sucede con todas las disciplinas, pero es en la psicolog√≠a en la que quiz√° m√°s se manifieste. ¬ŅPor qu√©? Porque la psicolog√≠a es religi√≥n¬†en sus formas, y ocupa o disputa su sitio:¬†es enigm√°tica, es velada, ambigua, pero ofrece soluciones, a partir de una indagaci√≥n de la que abominan algunas doctrinas religiosas. Todos estamos constituidos por Quarks, pero a nadie le importa un comino su constituci√≥n cu√°ntica, excepto cuando fallece Stephen Hawking ‚ÄĒcuyo campo de paso, fue la astrof√≠sica y no las teor√≠as cu√°nticas‚ÄĒ. Entonces, ¬Ņcu√°nto hay de cierto en cada tip psicol√≥gico que ofrece una revista de actualidad y cu√°nto de mera teor√≠a popular?

III

¬°Todo un problema psicol√≥gico! Veamos una conocido razonamiento popular. Si alguien, ante alg√ļn infortunio aduce “todo lo malo pasa por algo, el resultado es la ense√Īanza”, ¬Ņqui√©n podr√≠a objetarlo? Uno acaba aprendiendo.

 

Ahora bien, este infortunio o equivocaci√≥n ‚ÄĒ¬Ņ√≠dem?‚ÄĒ no es producto ni causa de un Cosmos o destino que busque ense√Īarnos algo en s√≠. Al menos, no podr√≠amos asegurarlo. Es algo habitual la asociaci√≥n de causas y efectos arbitrarios, y muchas veces los estudios que respaldan estas asociaciones s√≥lo demuestran una conexi√≥n. Las teor√≠as populares encajan ‚ÄĒson l√≥gicas‚ÄĒ, ya sean ciertas o no, porque se basan en conceptos un√°nimemente aceptados, pero eso no significa que sus “remedios” funcionen. Sin una indagaci√≥n activa por parte de cada receptor estamos a merced de los caprichos del viento.

II

¬†Una primera aproximaci√≥n al divorcio de la psicolog√≠a institucional ‚ÄĒcient√≠fica o conceptual‚ÄĒ y la psicolog√≠a popular es a trav√©s de su ciclo biol√≥gico de nacimiento, crecimiento, reproducci√≥n y muerte, ya que todo tiene su ciclo. Su nacimiento est√° en los anales filos√≥ficos, crece al acercar su brazo a la ciencia ‚ÄĒseg√ļn el paradigma utilizado‚ÄĒ, se reproduce a partir de desacuerdos, se ramifica, y quiz√° su muerte o resurrecci√≥n dependa de la muerte y resurrecci√≥n del sujeto en tanto entidad, pero es tema de otro costal.

   

¬ŅSer√°, acaso, que la psicolog√≠a debe ser una mutaci√≥n fluctuante ante cada nueva investigaci√≥n, ante cada nuevo¬†acercamiento a los hechos o supuestos, para as√≠ salvarse de su devenir?¬ŅUtilizar el modelo de su ciclo en cada abordaje? Filosof√≠a al alba, m√©todo por las tardes, pregonera por las noches, revisionista antes que nazca el nuevo d√≠a. Quiz√° seguir este modelo sea un primer atisbo de esclarecimiento, deber de todo divulgador. Porque, ¬Ņcu√°les son los l√≠mites de la psicolog√≠a? La psicolog√≠a como estudio del comportamiento no puede cerrar ninguna puerta, ninguna posibilidad.

   

Debe contemplarlo todo, en tanto las causas posibles de¬†lo que pasa, sean m√ļltiples.He ah√≠ su debilidad y fortaleza; es Troya y el caballo con soldados en su vientre. Trata procesos inherentes a nuestra especie, sean fenomenol√≥gicos o incidentales, cuyo trofeo mayor ‚ÄĒla mente‚ÄĒ es el instrumento de trabajo anal√≠tico de otras ciencias. Trabaja, a fin de cuentas, con aquello que existe en la subjetividad ‚ÄĒLO inconsciente en el hombre existe, y existir√°, a√ļn cuando se refutara f√°cticamente la existencia de EL inconsciente freudiano‚ÄĒ.

III

Ahora, en caso de ser receptores de todo bagaje psicol√≥gico y consumidores de informaci√≥n psicol√≥gica, ¬Ņc√≥mo discernir lo v√°lido de las hip√≥tesis populares, de los constructos que nos rodean? El hombre es proclive a construir, a edificar teor√≠as, estructuras, relatos, no importa que tan fehacientes sean los cimientos que utiliza. Para decirlo de una manera brusca: un hombre, una mujer, pueden convivir toda su vida con una religi√≥n, una familia, o una concepci√≥n que no les sean propias, incluso que les hagan da√Īo, en tanto estas instituciones los cobijen. ¬ŅY los cobijen de qu√©?

 

De la soledad, claro, de la intemperie. ¬ŅC√≥mo no habr√≠a de adoptarse, entonces, una novedosa y seductora “formula de la felicidad” respaldada en supuestas “teor√≠as psicol√≥gicas”?

Es cierto que la gente sabe mucho m√°s de psicolog√≠a que antes. Se ha pasado de ver a la psicolog√≠a como un “tratamiento para locos” a una herramienta m√°s, y de “ir al psic√≥logo por derivaci√≥n m√©dica” a indagar sobre la orientaci√≥n psicoanal√≠tica o cognitiva de qui√©n nos va a tratar. Pero es cierto que tambi√©n la psicolog√≠a a√ļn, en muchas ocasiones, es una especie de territorio astrol√≥gico. ¬ŅC√≥mo discernir informaci√≥n? Posiblemente, detenernos en estas diatribas sea un primer paso necesario.

IV

Una √ļltima reflexi√≥n con base a la divulgaci√≥n del conocimiento acad√©mico. Una de las cunas del conocimiento cient√≠fico fue el antiguo Egipto ‚ÄĒ¬Ņy qu√© ser√≠a de √©ste sin las pr√°cticas m√°gicas? Cosa que no quiere decir que √©stas lleven raz√≥n‚ÄĒ, el conocimiento era preservado arbitrariamente y la

divulgaci√≥n era una herej√≠a ‚ÄĒherej√≠a ante muchos dioses a la vez, para peor‚ÄĒ. Este elitismo odioso es contrario al esp√≠ritu de toda instituci√≥n universitaria moderna. A su vez, en la actualidad, el conocimiento no va mucho m√°s all√° de las instituciones, y cuando √©ste sale de ellas deviene, por lo general, en material a transformar por las sociedades, en las que muchas veces se pierde o resignifica. Esta resignificaci√≥n, en tanto, puede ser importante ante los ojos abiertos de la psicolog√≠a, pero la perdida ocurre. Esto que parece insalvable quiz√° sea problem√°tica de divulgadores o fil√≥logos, irresoluble para los estudiosos de la psique. Pero, quiz√°s, esta falibilidad nos diga otra cosa: la psicolog√≠a es el √°mbito de lo uno. Est√° en el detalle, en el que no se encuentra Dios ‚ÄĒque siempre estuvo en las grandes generalizaciones, al contrario de lo que se piensa‚ÄĒ; en la excepci√≥n. Los art√≠culos de psicolog√≠a de las revistas de actualidad no nos hablar√°n en primera persona. ¬ŅHabr√° alguna vez una teor√≠a psicol√≥gica del todo? Mientras tanto, ¬°viva la diversidad!

El habito de Posponer – Procastinar

 

 

EL H√ĀBITO DE POSPONER

¬ŅPor qu√© siempre deja para¬†ma√Īana lo que puede hacer hoy?

Carlos I√Ī√≥n,¬†AGOSTO 1997

¬†S√ćNTESIS BASADA EN EL LIBRO El H√°bito de Posponer

de las DRAS. JANE B. BURKA y LEONORA M. YUEN

 

INTRODUCCI√ďN al H√°bito de Posponer

Las im√°genes que ilustran la portada no son azarosas. Intentan mostrar c√≥mo se siente o act√ļa una persona que posterga. Se pueden hacer algunas asociaciones:

 

  • haciendo equilibrio en la cuerda floja;
  • indeciso, dubitativo, apesadumbrado;
  • disminuido, ca√≠do, recortado;
  • pescado, enganchado;
  • tapado de papeles, actividades y obligaciones;
  • colgado de la rama y
  • sorprendido en falta, poniendo excusas

ACLARACIONES NECESARIAS

  • El h√°bito de postergar es un mecanismo de defensa ante el miedo y la angustia.
  • Priorizar y postergar no es la misma cosa. Priorizar es dar un cierto orden cronol√≥gico y de importancia. Postergar es no hacer
  • No postergamos en todos los aspectos de nuestras vidas, s√≥lo en algunos.
  • Cambiar el h√°bito de posponer es un proceso gradual que lleva su tiempo.

 

El libro y también esta ficha, se divide en dos partes: 1) Comprender el hábito de posponer y 2) Cómo superar el hábito de posponer.

PRIMERA PARTE:

COMPRENDER EL H√ĀBITO DE POSPONER

 

¬ŅPosponer es un estorbo o un castigo?

Posponer. La palabra puede asociarse a alguna imagen. ¬ŅCu√°l se le ocurre?. ¬ŅEs una persona disfrutando, acostada en una hamaca paraguaya y tomando una cervecita?. O bien es un escritorio tapado de papeles, los amigos a los que hace a√Īos no llamo por tel√©fono, ex√°menes o presentaciones preparados a √ļltimo momento, un proyecto que todav√≠a espera por su realizaci√≥n (arreglo dom√©stico, carrera profesional, tarea laboral, tratamiento m√©dico, etc.).

¬ŅQu√© responder√≠a a la pregunta del t√≠tulo?. Si a mi me preguntaran, contestar√≠a que las dos cosas.

¬ŅC√≥mo puedo saber si estoy postergando?

Cualquier persona puede ser postergadora. Puede ser joven o vieja, talentosa o mediocre, exitosa o no en su profesión. Esta conducta no discrimina en virtud de raza, credo o sexo.

Postergar, seg√ļn el diccionario, es ‚Äúaplazar una acci√≥n, demorar, posponer hasta otro d√≠a u otro momento. La postergaci√≥n es la conducta de posponer o postergar. Lo que diferencia a la postergaci√≥n inofensiva de la problem√°tica es cu√°n pesado a uno le resulta su posponer.

Existen dos maneras en las cuales la postergación puede ser conflictiva: 1) el demorar asuntos puede tener consecuencias externas, leves o severas. Desde una multa por devolver tarde un libro a la biblioteca hasta perder un trabajo o arriesgar un matrimonio. 2) las consecuencias internas para personas postergadoras se refieren a sentimientos que van desde una ligera irritación hasta una profunda autocondena, desprecio y baja autoestima.

 

Las personas que conocen sus límites no corren el riesgo de angustiarse cuando no pueden cumplir con todo. Se hace lo mejor que se puede, pero no se puede hacer todo. Por el contrario, hay personas para las cuales el hábito de postergar ha tenido consecuencias nefastas. Por dentro, se sienten desdichados. Se sienten frustrados y enojados consigo mismos porque su postergación, que puede ser un secreto bien guardado, les ha impedido hacer todo lo que ellos creen que son capaces de hacer. En consecuencia, aunque parece que hacen las cosas bien, sufren.

Para aquellos o aquellas que se sienten a merced del h√°bito de postergar, la cuesti√≥n no es broma. Ejemplo 1: Henry, un contador de 45 a√Īos de edad, ya perdi√≥ dos trabajos y est√° a punto de perder un tercero. En uno de ellos esper√≥ tanto tiempo en empezar un complejo trabajo de auditor√≠a que para conseguir una semana extra de tiempo le dijo a su cliente que su esposa se encontraba enferma en el hospital. El cliente, ansioso por el trabajo llam√≥ a casa de Henry, con tanta mala suerte que atendi√≥ la esposa. Ignorando la mentira de su marido, contest√≥ con sorpresa las preguntas sobre su salud. El cliente inform√≥ de la situaci√≥n al jefe de Henry. Nuestro contador fue despedido.

Ejemplo 2: La esposa de Brian, llamada Linda, le inicia juicio de divorcio despu√©s de 14 a√Īos de casados. Linda se cans√≥ de esperar que Brian encaminara su vida. √Čl estaba siempre ocupado pensando en nuevas ideas que lo har√≠an progresar como comerciante independiente, a pesar de que nunca llev√≥ estas ideas a la pr√°ctica.

Ejemplo 3: Susan, una abogada que fue demandada por un cliente porque no prepar√≥ el caso a tiempo para comparecer ante el tribunal. ‚ÄúNo s√© qu√© me pas√≥. Sab√≠a la fecha de presentaci√≥n, pero me demor√© recopilando material. Finalmente, esa ma√Īana hice unas pocas anotaciones, pero no hab√≠a hecho investigaci√≥n de fondo‚ÄĚ. Por problemas similares con otros clientes, Susan corre el peligro de ser excluida del ejercicio de la profesi√≥n para siempre‚ÄĚ.

EL CICLO DE LA POSTERGACI√ďN

 

Muchas personas comparan la experiencia de la postergaci√≥n con vivir en una monta√Īa rusa emocional. Su humor sube y baja. Al comenzar un proyecto y trabajar en su ejecuci√≥n, los postergadores se someten a una serie de pensamientos, sentimientos y conductas tan comunes que se lo denomina Ciclo de la Postergaci√≥n. La duraci√≥n del ciclo es muy variable seg√ļn la persona, pueden ser momentos, semanas, meses o a√Īos.

 

1) ‚ÄúComenzar√© temprano esta vez‚ÄĚ. Al principio, la esperanza. Esta vez se har√° de manera sistem√°tica y sensata. A pesar de sentirse incapaces o renuentes a empezar ya mismo, creen que el inicio ocurrir√° espont√°neamente, sin esfuerzo de su parte. S√≥lo despu√©s de transcurrido cierto tiempo, la esperanza se transforma en aprensi√≥n.

2) Tengo que comenzar pronto. Las ilusiones de realizar el proyecto bien esta vez se van desvaneciendo. Los postergadores se sienten ahora empujados a hacer un esfuerzo para hacer algo pronto. Pero, como la fecha límite todavía no es cercana, queda un poco de esperanza.

3) ¬ŅQu√© ocurre si no empiezo?. El tiempo transcurre y el postergador sigue sin comenzar. El postergador, imaginando que tal vez nunca comience, puede imaginar consecuencias horribles que arruinar√°n su vida para siempre. En este momento, la persona puede paralizarse, con una serie de pensamientos dando vueltas en su cabeza que llegan a aturdirla.

‚ÄúDeb√≠ haber comenzado m√°s temprano‚ÄĚ: Aparece la culpa, un acompa√Īante permanente del postergador. Se toma conciencia de que el tiempo es irrecuperable. Puede haber constantes lamentos.

‚ÄúEstoy haciendo todo, pero…‚ÄĚ: Se hace de todo excepto el proyecto en cuesti√≥n. Ciertos trabajos previamente obviados y menos costosos e importantes, se vuelven irresistibles. Se consuela diciendo: ¬°Al menos estoy haciendo algo!. Estas distracciones parecen tan productivas que pareciera que el postergador progresa en el Proyecto. Al final se hace evidente que esto no es as√≠.

‚ÄúNo puedo disfrutar de nada‚ÄĚ: El intento es distraerse con actividades placenteras e inmediatamente gratificantes. Cine, amigos, navegaci√≥n, juegos inform√°ticos, televisi√≥n. Aunque tratan de disfrutar, la sombra del Proyecto inconcluso se asoma por delante. El placer desaparece y en su lugar hay culpa, miedo o enojo.

‚ÄúEspero que nadie se d√© cuenta‚ÄĚ: Cuando el tiempo pasa y no se hace nada puede aparecer la verg√ľenza, sentirse avergonzado. Se inventan maneras de ocultar la inactividad. Se procura parecer ocupado. Se inventan mentiras muy elaboradas para justificar la demora. Recibir el p√©same por mi abuelita, cuando yo s√© que est√° viva me hace sentir mal. Esta sensaci√≥n de enga√Īo hacia los dem√°s se suma a las presiones internas y externas que se intensifican a medida que pasan los d√≠as.

4) Todavía hay tiempo. A pesar de sentirse culpable, avergonzado o mentiroso, el postergador sigue aferrándose a la esperanza de que todavía hay tiempo. Se espera el mágico alivio que rara vez llega.

5) Algo anda mal en m√≠. A esta altura, el postergador se siente desesperado. Las buenas intenciones no sirvieron, la verg√ľenza, la culpa y el sufrimiento tampoco, la fe en lo m√°gico tampoco. Aparece un miedo m√°s terrible que cumplir o no cumplir: ‚ÄúSoy yo, ¬°algo anda mal en m√≠!‚ÄĚ. Siente que algo le falta y los dem√°s lo tienen: autodisciplina, coraje, suerte, inteligencia. Despu√©s de todo, ellos s√≠ logran terminar sus proyectos.

6) La alternativa final: hacer o no hacer. En este momento el postergador toma una decisión, eligiendo entre dos alternativas: 1) Abandonar el barco que se hunde; o bien 2) Continuar hacia el amargo final.

 

ALTERNATIVA 1: NO HACER

 

 

1.a) ‚Äú¬°No puedo hacer esto!‚ÄĚ. La tensi√≥n se volvi√≥ insoportable, es imposible en tan poco tiempo. El esfuerzo requerido para salir adelante parece superar su capacidad. Al pensar que el esfuerzo ser√≠a demasiado grande, se rinde.

1.b) ‚Äú¬ŅPor qu√© preocuparse?‚ÄĚ. Simplemente es demasiado tarde para alcanzar la meta esta vez. Ya que no tiene sentido trabajar arduamente, ¬Ņpara qu√© preocuparse siquiera en intentarlo?. La confusi√≥n y el desorden se apoderan nuevamente de ellos y ah√≠ paran y no hacen nada m√°s.

ALTERNATIVA 2: HACER – HASTA LAS √öLTIMAS CONSECUENCIAS

 

2.a) ‚ÄúNo puedo esperar m√°s‚ÄĚ. La presi√≥n se ha tornado tan grande que finalmente es peor no hacer nada que empezar a actuar. Entonces, se resigna a su inevitable destino… y comienza.

2.b) ‚ÄúEsto no es tan malo. ¬ŅPor qu√© no comenc√© m√°s temprano?‚ÄĚ. Ante su propio asombro, el proyecto no es tan temible como cre√≠a. Puede ser dif√≠cil, doloroso o aburrido, pero hacerlo representa un gran alivio. Hasta puede haber placer en hacerlo.

2.c) “¡Sólo hay que terminarlo! El final está al alcance de la mano. La carrera es contra reloj. Ya no se preocupa por la calidad de lo hecho, sino sólo por lograr terminarlo.

7) ¡Nunca más postergaré mis cosas!. Cuando finalmente abandona o concluye el Proyecto, el postergador se desploma sintiendo alivio y un extremo cansancio. Se propone no quedar atrapado en el ciclo otra vez. La próxima vez comenzará temprano, se organizará mejor, se ajustará a un cronograma y controlará su ansiedad. Y su convicción es firme, hasta la próxima vez.

De esta forma, el Ciclo de la Postergación finaliza con una promesa categórica de renunciar a esta conducta para siempre. Sin embargo, la mayor parte de los postergadores repiten el ciclo una y otra vez.

 

LAS RA√ćCES DE LA POSTERGACI√ďN

 

Cabe aquí considerar algunas de las circunstancias que han influido en nosotros: los hechos, situaciones y actitudes que han moldeado nuestras vidas. Es cierto que vivimos en una sociedad competitiva y perfeccionista, pero no todas las personas corren a refugiarse en la postergación. Hay otros componentes que permitirán comprender cómo es que hemos elegido la postergación como estrategia principal para seguir adelante. Para esto es necesario analizar las dimensiones más personales de nuestras vidas.

Recuerdos tempranos

¬ŅRecuerda la primera vez que posterg√≥ algo?. ¬ŅCu√°les eran las circunstancias? ¬ŅEra algo para la escuela o algo que sus padres hab√≠an ordenado?. ¬ŅSecundaria o primaria?. Los recuerdos de algunos postergadores a modo de ejemplos: a) una tarea escolar postergada por un ni√Īo es realizada por la madre; b) ‚Äúmi madre orden√°ndome hacer algo, y mi sentimiento: ¬°No lo har√©!‚ÄĚ; c) El padre moribundo dice al hijo ‚ÄúTriunfa por m√≠‚ÄĚ, en la universidad el hijo jam√°s entreg√≥ un trabajo a tiempo; d) ‚ÄúMis padres siempre encontraban una falla en mis tareas y ten√≠a que rehacerlas‚ÄĚ.

Cuando era ni√Īo, por alg√ļn motivo, pudo haber encontrado que la postergaci√≥n pod√≠a ser una estrategia atrayente para tratar problemas. Tal vez pod√≠a aplazar y no sufrir consecuencias; quiz√°s era la posibilidad de ejercer ‚Äúcierto control‚ÄĚ al no cumplir las reglas. Otro ‚Äúatractivo‚ÄĚ pudo ser el desaf√≠o que implica hacer todo a √ļltimo momento producto de cierto aburrimiento en clase; y finalmente, el h√°bito de postergar pudo haberle otorgado cierta protecci√≥n en la clase, evitando su exposici√≥n.

 

EL C√ďDIGO DEL POSTERGADOR

 

Debo ser perfecto

Todo lo que haga debe resultar f√°cil y no acarrear esfuerzo alguno

Es m√°s seguro no hacer nada que asumir un riesgo y fracasar

No debería tener limitaciones

Si las cosas no se hacen bien, no vale la pena siquiera hacerlas

Debo evitar desafíos

Si tengo éxito, alguien saldrá lastimado

Si lo hago bien esta vez, siempre lo deberé hacer bien

El cumplir las normas de otra persona significa rendirse y no tener autocontrol

No puedo arriesgarme a soltar algo o a alguien

Si me muestro tal cual soy, no voy a gustarle a la gente

Hay una respuesta correcta y esperaré hasta encontrarla

Todos estos enunciados son ilusiones, fantasías; y la postergación puede colaborar en sostenerlas. Si piensa que debe ser perfecto, puede parecer mejor postergar antes que trabajar arduamente y arriesgarse a que alguien lo caratule de fracasado.

Si est√° convencido de que el √©xito es peligroso puede protegerse a s√≠ y a los dem√°s postergando y reduciendo sus posibilidades de desempe√Īo eficiente. Si usted cree que la cooperaci√≥n y la sumisi√≥n son la misma cosa, puede posponer las cosas y hacerlas cuando usted est√© listo, conservando as√≠ su sensaci√≥n de control. O bien, si cree que no le gustar√° a la gente tal cual es, puede hacer uso de la postergaci√≥n para contener sus ideas y mantener al resto a una distancia prudente.

Este hábito tiene raíces emocionales complejas. La base es el miedo, el temor a que, al actuar, sus acciones los metan en problemas. La postergación es una estrategia que protege a la persona de los siguientes miedos: 1) al fracaso, 2) al éxito, 3) a perder una batalla, 4) a separarse y 5) a unirse afectivamente con otros.

 

EL POSTERGADOR PUESTO A PRUEBA: EL MIEDO AL FRACASO Y AL √ČXITO

 

El temor est√° referido a ser juzgado por otros o por la autocr√≠tica que habita en su interior. Esto es miedo al fracaso. ¬ŅPodr√© estar a la altura de las circunstancias?. Si el temor es que por ser sobresaliente haya que enfrentar consecuencias desagradables, estamos frente al miedo al √©xito.

 

EL MIEDO A FRACASAR: LA B√öSQUEDA DE LA PERFECCI√ďN

 

Buscar la perfecci√≥n en algo, puede ser un buen motivo para postergar. De esta manera, uno evita poner a prueba su potencial. En estos casos, el trabajo realizado no es un reflejo de la verdadera capacidad de alguien, s√≥lo demuestra lo mejor que puede producirse bajo la presi√≥n de √ļltimo momento. La frase, siempre a mano, es ‚ÄúPodr√≠a haberlo hecho mucho mejor si s√≥lo hubiera tenido una semana m√°s‚ÄĚ. El temor al fracaso se basa en tres suposiciones: 1) lo que hago es un fiel reflejo de la capacidad que poseo, 2) mi grado de capacidad determina cu√°n valioso soy como persona, 3) por lo tanto, lo que yo hago refleja mi valor como persona.

 

El mundo de un perfeccionista

 

El psic√≥logo David Burns nos se√Īala ‚ÄúAquellos que alcanzan metas muy elevadas, no son com√ļnmente perfeccionistas tercos‚ÄĚ. La pregunta que uno debe hacerse es: ¬Ņme impongo modelos que me permiten progresar, o mis modelos son tan inalcanzables que me desanimo, me frustro, me paralizo. Veamos algunas ideas de los perfeccionistas que postergan:

La mediocridad genera desprecio. Todo lo que se haga debe ser sobresaliente, una obra maestra.

Excelencia sin esfuerzo. Si uno es sobresaliente, las cosas difíciles deben ser fáciles.

Hacerlo uno mismo. Todo debo hacerlo por mi cuenta. Delegar o recibir ayuda es un signo de debilidad. Se decide trabajar y sufrir en soledad.

Hay un camino correcto. Y sólo uno. En lugar de arriesgarse a tomar el camino equivocado, no se hace nada

No puedo soportar perder (¬Ņyo competitivo?). Muchos perfeccionistas odian tanto perder que evitan cualquier actividad que los haga competir con otros.

Todo o nada. Si el proyecto est√° incompleto, entonces no se hizo nada. ‚ÄúEs oro o es basura‚ÄĚ.

La perfección es un ideal que se abandona en forma muy gradual. Su origen se encuentra en las matrices familiares. Como prevención, preste atención cuando piensa en términos catastróficos.

 

Riesgos culturales: La cuestión del sexo

Muchas mujeres son educadas para apoyar a los hombres exitosos, pero no para tener éxito por sí mismas. Posponiendo, estas mujeres nunca desafiarán la tradición. (Mujer Ancestral versus Mujer Transgresora, Liliana Mizrahi, libro La Mujer Transgresora).

Riesgos personales: Por qué no debería triunfar

El éxito puede ser visto como algo que debe evitarse. Analicemos estos miedos personales, que pueden ser fuerzas de inhibición poderosas.

 

Me convertiré en un adicto al trabajo. Uno de los miedos más comunes. Si dejo de perder el tiempo, nunca más podré disfrutar del ocio. Hay un falso supuesto de que el éxito invariablemente conduce a una pérdida de control y de elección en la vida de uno.

No merezco triunfar. La base es la culpa. Algo hice mal (puede ser real o fantaseado) y no merezco el √©xito. Puede ocurrir tambi√©n la ‚Äúculpa del sobreviviente‚ÄĚ, alguien que se salv√≥ de un accidente y siente que al negarse a progresar se hace justicia.

Si yo triunfo lastimaré a otra persona. Por ejemplo: la esposa no triunfa para no tener un mejor ingreso que el marido. Puede ser un hijo que no quiere superar a su padre fracasado, para que no se sienta mal.

Podr√≠a lastimarme a m√≠ mismo. El √©xito puede convertirme en el centro de atenci√≥n. Los dem√°s podr√≠an abusarse. Alguien me desafiar√° o me criticar√° y no tendr√© fuerzas para defenderme. De ni√Īo, es posible que alguien se burlara de sus logros o los ignorara, quiz√°s hab√≠a mucho miedo al castigo; o ambas cosas. Experiencias reiteradas como √©stas pueden crear una visi√≥n del mundo en la cual el √©xito parece un pelda√Īo hacia el castigo.

El éxito no me corresponde. Lo sienten personas tímidas y de baja autoestima. El éxito no forma parte de la imagen que tienen de sí mismas. Si llega, es vivido como un golpe de suerte, como viene se puede ir.

¬ŅQu√© ocurrir√° si soy demasiado perfecto?. Me aislar√© del mundo y las cosas humanas. Postergando demuestro que no soy perfecto.

La base de todos estos miedos es la creencia de hay que elegir entre tener √©xito y tener amor. Si soy un adicto al trabajo y un desamorado, ¬Ņqui√©n querr√≠a ser mi amigo?. Si fuera demasiado perfecto, ¬Ņqui√©n lo aceptar√≠a como miembro de la pandilla?. Recuerde que usted puede cambiar y adaptarse a circunstancias nuevas, a√ļn al √©xito.

 

EL POSTERGADOR EN COMBATE: MIEDO A PERDER LA BATALLA

 

LA BATALLA POR EL CONTROL

 

Muchas personas postergan porque quieren sentir que tienen control sobre las cosas. Veamos algunos temas que surgen cuando la gente libra batallas por medio de la postergación. Son luchas interpersonales.

Las normas est√°n hechas para ser violadas

Quizás haya momentos en que obedecer normas le resulte tedioso y se sienta tentado a liberarse de ellas. Esto puede ser ocasional o permanente. En estos caso, el postergar queda asociado a una sensación de libertad.

Poder a los de abajo

Hay una estructura jer√°rquica y usted no est√° en la cima. El subordinado se demora en realizar trabajos para sus superiores. Usted siente que tiene m√°s control porque hizo las cosas a su modo (tarde). Su superior parece menos poderoso, porque no pudo obligarlo a cumplir a tiempo.

Dejen de fastidiarme

En este caso no son las normas, ni el poder de otros lo que molesta; sino una sensaci√≥n de intrusi√≥n. La postergaci√≥n es una forma de resistir tal intrusi√≥n. Ejemplo: una vecina¬† pide una receta familiar secreta. La due√Īa, en lugar de decir: NO, le dice a la vecina que le dar√° la receta, y luego ‚Äúolvida‚ÄĚ escribirla. La vecina, tres meses despu√©s, desiste, para alivio de la postergadora. Al hacer esperar a alguien, puede sentir que tiene un mayor control sobre las cosas y, en consecuencia, es menos vulnerable a la invasi√≥n ajena.

Vencer al reloj

Conducir una situaci√≥n hasta sus l√≠mites y salir airoso produce en algunos postergadores una sensaci√≥n de estremecimiento. La excitaci√≥n proviene de coquetear con el peligro. Sus sentidos tienen que estar completamente alertas, ya que est√°n arriesgando su trabajo, su seguridad o su vida a cada instante. ¬ŅCu√°ntas demoras tolerar√° su jefe antes de despedirlo?. ¬ŅCu√°nto tolerar√° su c√≥nyuge antes de enfurecerse?. La postergaci√≥n hace m√°s dulce la victoria.

El sabor de la venganza

La postergaci√≥n tambi√©n puede endulzar la victoria de la venganza. Si se ha sentido herido, enojado, desairado o traicionado por alguien, puede usar el ‚Äúarma‚ÄĚ como una forma de desquitarse.

 

LA CUESTI√ďN DE LA AUTONOM√ćA

 

El postergador piensa: ‚ÄúPuedo actuar de la manera que yo elija. No tengo que cumplir sus normas y sus pedidos‚ÄĚ. Siente que est√° viviendo su propia vida. Para aquel que teme perder la batalla, la ‚Äúcapacidad‚ÄĚ est√° relacionada con lo bien que puede resistir el control o la restricci√≥n a su autonom√≠a. ¬ŅConoce personas que habitualmente se quedan sin combustible en su auto?.

La batalla secreta

Cuando la necesidad de autonomía es el tema predominante en la vida de una persona, el tomar decisiones o comprometerse con una persona, o tener una línea de conducta, puede resultar muy difícil. La postergación indefinida provoca que sean los demás quienes toman las decisiones. Hay temor a la confrontación y dificultad en la expresión de sentimientos.

Una filosofía de la defensa

Profundicemos en las hipótesis básicas que parecen sostener quienes viven librando batallas:

El mundo es un lugar impredecible. Para el postergador combativo, la incertidumbre acecha por todas partes. Como no sabe si confiar en otras personas, simplemente supone lo peor. ‚ÄúLos dem√°s se aprovechar√°n de m√≠ si les doy oportunidad‚ÄĚ. Adem√°s de impredecible, el mundo es peligroso. Deben esconder sus debilidades y nunca revelar su necesidad o dependencia. La mejor defensa es un buen ataque.

Si alguien es fuerte, entonces debo ser débil. Alguien con mucho poder debe ser vencido. La postergación deja impotente al Otro poderoso. Si deja de hacer las cosas usted retoma parte del control.

La colaboración equivale a la capitulación. La sensación es haber sido obligado a comprometerse contra su voluntad.

Es m√°s importante frustrar a mi opositor que obtener lo que deseo. ‚ÄúSi quiere que lo haga, no lo har√©; a√ļn cuando yo misma pueda quererlo‚ÄĚ. Resulta m√°s placentero desafiar o frustrar a alguien, que lograr lo que es importante en su propia vida. ¬ŅQui√©n sale perjudicado?.

 

LAS RA√ćCES DE LA LUCHA

 

En personas preocupadas por el poder, el control y la autonom√≠a se encuentra en com√ļn una situaci√≥n familiar que no estimulaba el crecimiento de sus hijos. Ser independiente no era bien visto. Esta situaci√≥n repetida en la infancia provoca en la vida adulta una resistencia pasiva. Las negativas nunca son directas, frontales.

Para finalizar el tema del combate, la historia del samurai japonés. Este samurai era un espadachín ejemplar, uno de los más grandes y renombrados en todo el mundo. Era tan veloz y preciso con su espada, que nunca necesitaba un paraguas. Se preguntará por qué no necesitaba un paraguas.

No lo necesitaba porque, cuando llovía, sacaba la espada y con ella alejaba las gotas de lluvia antes de que tocaran su cuerpo. Usaba esta asombrosa habilidad para no mojarse. Aunque esto significaba que estaba muy ocupado durante una tormenta, nunca se le ocurrió usar un paraguas, buscar un refugio o siquiera divertirse con la lluvia.

Al igual que este espadach√≠n, usted puede estar esforz√°ndose demasiado para no mojarse con la lluvia. ¬ŅEs esa la manera en que verdaderamente desea gastar su energ√≠a?.

 

LA ZONA DE COMODIDAD: MIEDO A LA SEPARACI√ďN Y MIEDO A LA UNI√ďN AFECTIVA

 

La postergaci√≥n puede ir m√°s all√° de proteger a alguien de la cr√≠tica de los dem√°s o proporcionar una forma encubierta de participar en la batalla. La demora y el posponer tambi√©n pueden regular el grado de apego que una persona mantiene con otros. Sea que uno quiera pegarse o distanciarse demasiado, la postergaci√≥n sirve para mantenerse en la ‚Äúzona de comodidad‚ÄĚ.

 

MIEDO A LA SEPARACI√ďN: NUNCA CAMINAR√Č SOLO

 

Suelen utilizarse las siguientes maneras:

Se busca ayuda. Necesita que alguien venga y le inspire, de lo contrario, se queda sin hacer nada.

Esforzarse para ser el n√ļmero dos. Una c√≥moda posici√≥n secundaria.

Desear algo lo hará posible. Las personas postergan para mantener una relación dependiente con alguien que esperan que los cuide.

S.O.S. El postergador se entierra en un agujero profundo con la esperanza de que alguien lo salve. Alguien siempre se compadece con una persona que se hace cargo de tantos proyectos.

Mantener vivo el pasado. Si, por ejemplo, solía luchar con sus padres o maestros por hacer lo que ellos le ordenaban, puede encontrarse en una lucha similar con su cónyuge por cumplir con tareas domésticas o pedidos. Uno de los propósitos de reiterar viejas escenas puede ser el de mantener viva la conexión que tenía con el elenco original.

Una compa√Ī√≠a permanente. La postergaci√≥n puede hacerlo sentir acompa√Īado, no tan desamparado y solo. Es una compa√Ī√≠a fiel, aunque problem√°tica.

 

MIEDO A LA UNI√ďN AFECTIVA: DEMASIADO CERCA PARA SENTIRSE C√ďMODO

 

Aquellos que temen al compromiso se sienten m√°s c√≥modos manteniendo una ‚Äúdistancia respetable‚ÄĚ con los dem√°s. Estas son las aprensiones que mencionan postergadores que temen¬† permitir a los dem√°s acerc√°rseles:

 

Si das un dedo, se toman hasta la mano. Creen que las relaciones los agotar√°n. Se supone un Otro sumamente demandante.

 

Lo que es m√≠o es tuyo, entonces ¬Ņqu√© me queda a m√≠?. La suposici√≥n es que despu√©s de un arduo trabajo y esfuerzo, otro estar√° all√≠ para quitarles el reconocimiento.

 

La segunda vez. Habiendo quedado herido en una relación, se posterga el involucrarse con otras para no pasar por lo mismo.

 

El hombre-lobo en su interior. Es el miedo a lo que puede hacerle a otros si se comprometen con usted. Si mi padre era violento, no quiero tener hijos para no convertirme en una réplica.

 

Es mejor no amar que perder. Algunas personas desean tanto una aproximaci√≥n que se sienten asustados o abrumados por la intensidad de su deseo, y entonces los bloquean. ‚ÄúPrefiero esperar que la gente venga hacia m√≠‚ÄĚ. Hay temor al rechazo, no a una invitaci√≥n sino a la persona total.

 

SEGUNDA PARTE: COMO SUPERAR EL H√ĀBITO DE POSPONER

 

CONSECUENCIAS DE LA POSTERGACI√ďN

 

EXTERNAS INTERNAS
Pérdidas monetarias Autocrítica y desaprobación
P√©rdida de amistades Verg√ľenza
Bajas calificaciones Ansiedad
Programa académico inconcluso Falta de concentración
Conflictos con el jefe Incapacidad de disfrutar de otras actividades
Conflictos con compa√Īeros de trabajo Culpa
Responsabilidad en el trabajo en descenso Tensión
Reputación en baja Pánico
Tensión con los padres Estrés
Tensión con cónyuge o pareja Depresión
Tensión con amigos o miembros de la familia Cansancio físico extremo
Pérdida del empleo Enfermedad física
Separación conyugal o divorcio
Sanciones de autoridades (multas, arrestos)
Accidentes o lesiones físicas

 

 

SU H√ĀBITO DE POSPONER HOY

 

Sus áreas de postergación. Haga su propia lista en cada aspecto:

 

Hogar:            REPARACIONES

Trabajo           ESCRIBIR INFORMES

Estudio           PRESENTAR TRABAJOS

Cuidado personal¬†¬†¬†¬†¬†¬† HACER EJERCICIO F√ćSICO

Relaciones Sociales   LLAMAR A AMIGOS

Finanzas         PAGAR LOS IMPUESTOS

 

Su estilo de posponer: ¬ŅA qu√© se dedica cuando pospone? (arme su lista)

Ataco la heladera

 

 

Sus excusas para posponer (arme su lista)

¬ŅDe aqu√≠ a 200 a√Īos esto tendr√° sentido?

 

 

PROPONERSE METAS Y ALCANZARLAS: LA META FUNCIONAL

 

Tratar de concretar un proyecto sin dividirlo en partes es imposible. La modularidad es muy √ļtil en estos casos. Quiero dejar de postergar es una meta muy noble, pero no es funcional: no es concreta, no es observable, es dif√≠cil de descomponer en etapas. Una meta funcional debe ser:

 

  1. a) Observable: debe incluir una acción: Pediré hora en el dentista.
  2. b) Específica y concreta: Debe especificar cómo, cuándo, con quién, por cuánto, con qué recursos, etc.
  3. c) En peque√Īas etapas: Una meta se alcanza paso por paso. Cada peque√Īo logro se premia con una recompensa.

 

APRENDER A MANEJAR EL TIEMPO

Los postergadores tienen una relaci√≥n particular con la variable tiempo. Lo consideran algo con lo cual se puede jugar, tratando de burlarlo. Tienen una relaci√≥n de ‚Äúilusiones‚ÄĚ con el tiempo, esperan encontrar m√°s de lo que realmente hay, como si el tiempo fuera una cantidad que puede extenderse en lugar de ser fijo.

 

EL NO CRONOGRAMA

Es un método para seguir con atención el tiempo, especialmente pensado para postergadores. Consiste en ubicar todas las actividades que uno realiza habitualmente en una semana. Es una forma de objetivar el tiempo para ver cuánto queda libre para dedicar a nuevos proyectos.

 

T√ČCNICAS PARA MANEJAR SU RITMO

Practique diciendo la hora: Y cuestione la veracidad: ‚ÄúSin tr√°nsito, llego en media hora‚ÄĚ. ¬ŅY cu√°ndo no hubo tr√°nsito?.

 

Aprenda a usar cortos ratos de tiempo: No espere disponer del tiempo completo.

 

Espere interrupciones: Si reconoce anticipadamente la posibilidad de que existan contratiempos, estar√° m√°s preparado para tomarse los obst√°culos con calma en lugar de enfurecerse.

 

Delegue: Es una forma de aumentar su eficiencia. Es una habilidad. No caiga en la trampa perfeccionista.

 

Trate de no hacer muchas cosas a la vez: Reconocer los límites es fundamental. A algo hay que renunciar.

 

Encuentre su mejor momento: Conozca y respete sus ciclos. Si le gusta acostarse temprano no planifique escribir su novela en la madrugada.

 

Disfrute de su tiempo ‚Äúlibre‚ÄĚ: El placer es muy importante en la vida. No se puede vivir feliz con culpa y desesperaci√≥n. Rel√°jese.

 

CONSIGA APOYO DE LOS DEM√ĀS

ESTABLECER UN SISTEMA DE APOYO

 

Elegir a las personas adecuadas: No crea que todas las personas pueden ayudarle. La experiencia determinará quién puede y quién no.

ESTABLECER COMUNICACI√ďN

 

Haga una declaraci√≥n p√ļblica: Comunique a otros su prop√≥sito, metas y plazos.

 

Elabore un plan conjunto: Hablar con otra persona lo ayudar√° a traducir sus pensamientos en palabras claras y concretas.

 

Pida ayuda cuando est√© frenado: Otra persona puede ser decente con Usted, a√ļn cuando usted no pueda ser decente consigo mismo.

 

TENSI√ďN Y ESTR√ČS

Algunos postergadores suponen que producen mejor cuando su ansiedad est√° al m√°ximo nivel tolerable. El gr√°fico muestra la relaci√≥n entre desempe√Īo y ansiedad.

 

El desempe√Īo es alto con una ansiedad moderada. Pero si la ansiedad sigue aumentando, el desempe√Īo desciende por agotamiento.

 

T√ČCNICAS ESPEC√ćFICAS PARA CONVIVIR CON POSTERGADORES

Establezca límites claros, fechas límite y consecuencias

Ayude al postergador a fijar metas peque√Īas, provisorias

Ayude al postergador a ser concreto y realista respecto de lo que necesita hacer

Recompense el progreso hecho a lo largo del camino

Si se enoja, dígaselo al postergador en forma directa

H√°gale saber al postergador que para usted es mucho m√°s que su actuar

Considere ¬Ņqu√© podr√≠a pasarle a usted si el postergador no logra hacer algo?

 

POSTERGADORES QUE PUEDE CONOCER

SU HIJO

SU C√ďNYUGE

SU EMPLEADO

SU JEFE

SUS PADRES

SUS AMIGOS

SUS PROVEEDORES

ETC.

 

REFLEXI√ďN FINAL

Se puede actuar, en lugar de esperar. Se puede perseverar, en lugar de rendirse. Es posible, con autoconocimiento y paciencia, dar los peque√Īos pasos que lo conducir√°n a la meta final.

 

PENSAMIENTO

El descubrimiento de nuevos mundos no s√≥lo te aportar√° felicidad y sabidur√≠a, sino tambi√©n tristeza y temor. ¬ŅC√≥mo podr√≠as valorar la dicha sin haber experimentado nunca la tristeza?.En √ļltima instancia, el gran reto de la vida consiste en superar nuestros propios l√≠mites, ampli√°ndolos hasta lugares a los que jam√°s habr√≠amos so√Īado llegar.¬†¬† Sergio Bambar√©n – El Delf√≠n

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La Acrópolis de Freud

Carta La Acrópolis a Romain Rolland

Esta carta de Freud a Rolland relata una anécdota personal de Freud y su análisis de la situación. Una joya del psicoanálisis y de la literatura!


Carta a Romain Rolland. (Una perturbación del recuerdo en la Acrópolis) (1936)

carta la acropolis de freud

Nota introductoria:

Romain Rolland naci√≥ el 29 de enero de 1866; este trabajo le fue dedicado con motivo de cumplir setenta a√Īos de edad.¬†Freud sent√≠a por √©l la m√°s grande admiraci√≥n, como lo prueba no s√≥lo el presente art√≠culo sino el mensaje que le hizo llegar en ocasi√≥n de su 60¬į aniversario (Freud, 1926a) y las seis o siete cartas publicadas que le escribiera (Freud, 1960a), as√≠ como un p√°rrafo al comienzo de El malestar en la cultura (1930a), AE, 21, p√°gs. 65-6. La primera carta que Freud le envi√≥ data de 1923, y al parecer se reuni√≥ con √©l en una sola oportunidad, en 1924.

Ha sido imposible hallar una publicación de este trabajo en alemán anterior a la del Almanach que aquí consignamos. Debe tenerse en cuenta que todas las publicaciones vinculadas con Romain Rolland -y muchos otros autores, incluido Thomas Mann y, por supuesto, todos los autores judíos- fueron prohibidas en este período por los nazis.


James Strachey

Estimado amigo:

Me insist√≠an para que escribiese alguna cosa como contribuci√≥n al festejo de su setenta aniversario, y durante largo tiempo me empe√Ī√© en hallar un asunto que fuera en alg√ļn sentido digno de usted y pudiera expresar mi admiraci√≥n por su amor a la verdad, su coraje p√ļblico, su humanitarismo y solicitud hacia el pr√≥jimo, o que testimoniara mi agradecimiento al literato que me ha regalado tantos momentos de goce y exaltaci√≥n. Mas en vano; soy diez a√Īos mayor que usted, mi producci√≥n languidece. Lo que en definitiva le ofrezco es el don de alguien empobrecido que ¬ęha visto anta√Īo d√≠as mejores¬Ľ.

Usted sabe que mi trabajo cient√≠fico se hab√≠a fijado la meta de esclarecer fen√≥menos inusuales, anormales, patol√≥gicos, de la vida an√≠mica; esto es, reconducirlos a las fuerzas ps√≠quicas eficaces tras ellos y poner de manifiesto los mecanismos actuantes. Primero lo ensay√© en mi propia persona, luego en otros y, por fin, mediante una osada intromisi√≥n, en el g√©nero humano como un todo. Uno de esos fen√≥menos, que vivenci√© hace ya una generaci√≥n, en 1904, y nunca hab√≠a podido comprender, aflor√≥ en mi recuerdo una y otra vez durante los √ļltimos a√Īos (1). Al comienzo no supe por qu√©; finalmente me decid√≠ a analizar esa peque√Īa vivencia, y aqu√≠ le comunico el resultado de ese estudio. Desde luego, debo pedirle para las referencias sobre mi vida personal mayor atenci√≥n que la que en otro caso merecer√≠an.

Una perturbación del recuerdo en la Acrópolis

En aquella √©poca sol√≠a emprender todos los a√Īos, para fines de agosto o comienzos de setiembre, un viaje de vacaciones con mi hermano m√°s joven; duraba varias semanas y nos llevaba a Roma, alguna otra comarca italiana o las costas del Mediterr√°neo. Mi hermano es diez a√Īos menor que yo: de la misma edad que usted -una coincidencia que s√≥lo ahora se me ocurre- Ese a√Īo mi hermano me declar√≥ que sus negocios no le permit√≠an una larga ausencia y a lo sumo pod√≠a faltar una semana; debimos, pues, abreviar nuestro viaje. Decidimos viajar por Trieste hasta la isla de Corf√ļ, y pasar en ella nuestros escasos d√≠as de vacaciones. En Trieste, √©l visit√≥ a un amigo suyo all√≠ instalado con quien ten√≠a negocios comunes, y yo lo acompa√Ī√©. Este hombre amable se inform√≥ sobre lo que nos propon√≠amos hacer despu√©s, y cuando se enter√≥ de que ir√≠amos a Corf√ļ nos lo desaconsej√≥ vehementemente: ¬ę¬ŅQu√© har√≠an all√≠ en esta √©poca? Hace tanto calor que no podr√≠an emprender nada. Mejor vayan a Atenas. El vapor del Lloyd parte hoy en las primeras horas de la tarde; les deja tres d√≠as para ver la ciudad y los recoger√° a su regreso. Valdr√° m√°s la pena y ser√° m√°s grato¬Ľ.

Cuando nos separamos del triestino, los dos est√°bamos de un talante asombrosamente destemplado. Discutimos el plan que se nos hab√≠a propuesto, lo hallamos totalmente inadecuado y s√≥lo ve√≠amos obst√°culos para su ejecuci√≥n; adem√°s, supon√≠amos que sin pasaporte no nos dejar√≠an entrar en Grecia. Descontentos e irresolutos, dimos vueltas por la ciudad las horas que faltaban hasta que abriesen las oficinas del Lloyd. Pero cuando lleg√≥ la hora fuimos a la ventanilla y compramos pasajes en el vapor para Atenas, como si fuera lo m√°s natural, sin hacer caso de las presuntas dificultades y aun sin comunicarnos entre nosotros las razones de nuestra decisi√≥n. Y sin embargo, era bien raro ese comportamiento. M√°s tarde reconocimos que hab√≠amos aceptado enseguida y de la mejor gana la propuesta de ir a Atenas en vez de a Corf√ļ. ¬ŅPor qu√© hasta que abrieron la ventanilla nos asedi√≥ el mal humor e imagin√°bamos s√≥lo impedimentos y dificultades?

La tarde de nuestra llegada, estaba yo sobre la Acr√≥polis y abarcaba con mi vista el paisaje cuando de pronto me acudi√≥ este asombroso pensamiento: ¬ę¬°¬ŅEntonces todo esto existe efectivamente tal como lo aprendimos en la escuela?!¬Ľ. Descrito con mayor exactitud: la persona que formul√≥ la proferencia se separ√≥, de manera m√°s notable y tajante que de ordinario, de otra que percibi√≥ esa proferencia, y ambas se asombraron, si bien no de lo mismo. Una se comport√≥ como si bajo la impresi√≥n de una observaci√≥n indubitable se viera obligada a creer en algo cuya realidad leparec√≠a hasta entonces incierta. Con leve exageraci√≥n: es como si alguien, paseando en Escocia por el Loch Ness, viera de pronto escurri√©ndose en tierra el cuerpo del tan mentado monstruo y se encontrara forzado a admitir: ¬ę¬°Entonces existe efectivamente esa Serpiente del Lago en que yo no cre√≠a! ¬Ľ. Ahora bien, la otra persona se asombr√≥, y con derecho, pues nunca hab√≠a sabido que alguna vez se hubiera dudado de la existencia real de Atenas,¬†de la Acr√≥polis y de ese paisaje. M√°s bien esperaba una proferencia de arrobamiento y exaltaci√≥n.

Se tender√° a creer que insistiendo en ese extra√Īo pensamiento que me acudi√≥ sobre la Acr√≥polis s√≥lo me propongo indicar que es por entero diferente ver algo con los propios ojos a conocerlo por la lectura o de o√≠das. Pero ser√≠a una manera harto rara de presentar una trivialidad sin inter√©s. 0 podr√≠a ensayarse la tesis de que siendo alumno secundario uno cre√≠a estar convencido de la realidad de la ciudad de Atenas y su historia, pero a ra√≠z de esa ocurrencia en la misma¬†Acr√≥polis uno se entera, justamente, de que en esa √©poca no hab√≠a cre√≠do en ello en lo inconciente; y s√≥lo ahora -se agregar√≠a- uno adquiere un convencimiento ¬ęque llega hasta lo inconciente¬Ľ tambi√©n. Semejante explicaci√≥n suena muy profunda, pero es m√°s f√°cil de formular que de probar, y adem√°s es muy cuestionable desde el punto de vista te√≥rico. No; opino que los dos fen√≥menos,¬†la desaz√≥n en Trieste y la ocurrencia en la Acr√≥polis, se encuentran en √≠ntima copertenencia. El primero se comprende con mayor facilidad, y acaso nos ayude a explicar el otro.

Me percato de que la vivencia en Trieste no es sino la expresi√≥n de una incredulidad: ¬ę¬ŅQue podremos ver Atenas? Pero si no es posible: hay demasiadas dificultades¬Ľ. Y la desaz√≥n concomitante corresponde entonces a la pena de que no sea posible. ¬°Habr√≠a sido tan hermoso! Y ahora uno cae: es uno de esos casos de ¬ętoo good to be true¬Ľ {¬ędemasiado bueno para ser verdad¬Ľ}, que tan frecuentemente nos suceden. Un caso de esa incredulidad que suele darse cuando uno es sorprendido por una noticia feliz: ya sea que se sac√≥ la loter√≠a o gan√≥ un premio, o, trat√°ndose de una muchacha, que el hombre a quien ella ama en secreto se ha presentado como festejante ante sus padres, etc.

La comprobaci√≥n de un fen√≥meno hace surgir enseguida, desde luego, la pregunta por su causaci√≥n. Una incredulidad as√≠ es, evidentemente, un intento de desautorizar un fragmento de la realidad objetiva, pero en √©l hay algo de extra√Īo. No nos asombrar√≠a que un intento as√≠ fuera dirigido contra un fragmento de realidad que amenaza producir displacer; nuestro mecanismo ps√≠quico est√°, por as√≠ decir, montado para ello. Pero, ¬Ņpor qu√© tal incredulidad respecto de algo que, por el contrario, promete elevado placer? ¬°Una conducta realmente parad√≥jica! Ahora bien, recuerdo que ya una vez me ocup√© del caso, similar, de aquellas personas que, seg√ļn yo lo expres√©, ¬ęfracasan cuando triunfan¬Ľ (2).

De ordinario uno suele enfermar a ra√≠z de la frustraci√≥n, el incumplimiento de una de las necesidades o uno de los deseos vitales; empero, en estas personas es a la inversa: enferman, y hasta llegan a perecer, porque se les ha cumplido un deseo de intensidad avasalladora. Pero la relaci√≥n de oposici√≥n entre esas dos situaciones no es tan grande como parece al comienzo. En ese caso parad√≥jico ocurre simplemente que una frustraci√≥n interna remplaza a la externa. Uno no se permite la dicha; la frustraci√≥n {denegaci√≥n} interna ordena aferrarse a la externa. ¬ŅPero por qu√©? Porque -es la respuesta v√°lida para una serie de casos- uno no puede esperar del destino algo tan bueno. Vale decir, de nuevo el ¬ętoo good to be true¬Ľ, la exteriorizaci√≥n de un pesimismo del cual, al parecer, muchos de nosotros albergamos en nuestro interior una buena dosis. En otros casos ocurre en un todo como en el de quienes fracasan con el triunfo, hay un sentimiento de culpa o de inferioridad que puede traducirse as√≠: ¬ęNo soy digno de semejante dicha, no la merezco¬Ľ. Ahora bien, esas dos motivaciones son en el fondo la misma, una no es sino una proyecci√≥n de la otra. En efecto, como sabemos desde hace mucho, el destino del que uno espera un trato tan malo es una materializaci√≥n de nuestra conciencia moral, del severo supery√≥ dentro de nosotros en que se ha precipitado la instancia castigadora de nuestra ni√Īez (3).

Creo que con esto quedar√≠a explicado nuestro comportamiento en Trieste. No pod√≠amos creer que nos fuera deparado el j√ļbilo de ver Atenas. El hecho de que el fragmento de realidad que quer√≠amos desautorizar fuera al comienzo s√≥lo una posibilidad determin√≥ las peculiaridades de nuestra reacci√≥n de entonces.¬†Cuando luego, ya sobre la Acr√≥polis, la posibilidad se hubo convertido en efectiva realidad, aquella misma incredulidad hall√≥ una expresi√≥n modificada pero mucho m√°s n√≠tida.Sin desfiguraci√≥n, su texto habr√≠a podido ser este: ¬ę¬°Realmente jam√°s hubiera cre√≠do que me fuese dado alguna vez ver Atenas con mis propios ojos como ahora ocurre sin ninguna duda! ¬Ľ. Si recuerdo la ardiente a√Īoranza que me dominaba en mis a√Īos de estudiante secundario, y aun despu√©s, por viajar y ver mundo, y cu√°n tarde empec√© a trasponerla en cumplimiento,¬†no me asombra ese efecto retardado {Nachwirkung} en la Acr√≥polis; ten√≠a yo entonces cuarenta y ocho a√Īos. No le pregunt√© a mi hermano, m√°s joven, si sent√≠a algo parecido. Hubo algo de recelo en toda esa vivencia, que ya en Trieste nos hab√≠a estorbado intercambiar ideas.

Pero si he colegido rectamente el sentido de mi ocurrencia en la Acr√≥polis, y es que expresa mi jubiloso asombro por hallarme de hecho en ese lugar, se plantea otra pregunta: ¬ŅPor qu√© ese sentido ha experimentado en la ocurrencia un disfraz tan desfigurado y desfigurante?

El contenido esencial del pensamiento se conserv√≥ sin duda en la desfiguraci√≥n; es una incredulidad: ¬ęSeg√ļn el. testimonio de mis sentidos, estoy ahora de pie sobre la Acr√≥polis; sin embargo, no puedo creerlo¬Ľ. Pues bien, esta incredulidad, esta duda en un fragmento de la realidad, es desplazada en la proferencia de dos maneras: primero, se la remite al pasado y, segundo,¬†se la traslada de mi presencia en la Acr√≥polis a la existencia de la Acr√≥polis misma. As√≠ se produce algo que equivale a aseverar que alguna vez he dudado de la existencia real de la Acr√≥polis, cosa que empero mi recuerdo desautoriza por incorrecta, y aun por imposible.

Esas dos desfiguraciones implican sendos problemas independientes entre s√≠. Puede intentarse penetrar m√°s a fondo en el proceso de trasposici√≥n. Sin indicar con m√°s detalle el modo en que lo consigo, tomar√© como punto de partida el siguiente: lo originario tuvo que haber sido una sensaci√≥n de que en la situaci√≥n de entonces se registraba algo incre√≠ble e irreal. Esa situaci√≥n incluye a mi persona,¬†la Acr√≥polis y mi percepci√≥n de ella. No s√© d√≥nde situar esa duda, es evidente que no puedo dudar de mis percepciones sensoriales de la Acr√≥polis. Pero me acuerdo de que en el pasado he dudado de algo que ten√≠a que ver con ese sitio, y as√≠ hallo el expediente de hacer remontar la duda al pasado. Pero de ese modo la duda cambia su contenido.¬†No recuerdo simplemente que en a√Īos anteriores dud√© de llegar a ver alguna vez la Acr√≥polis, sino que asevero que en ese tiempo no cre√≠ en la realidad misma de la Acr√≥polis.¬†Y justamente de ese resultado de la desfiguraci√≥n infiero que la situaci√≥n presente sobre la Acr√≥polis ha contenido un elemento de duda en la realidad objetiva. En verdad, no he conseguido hasta ahora aclarar la secuencia, y por eso dir√© sucintamente, a modo de conclusi√≥n, que toda esa situaci√≥n ps√≠quica de apariencia confusa y dif√≠cil de exponer se resuelve de manera fluida mediante el supuesto de que sobre la Acr√≥polis yo tuve -o pude tener- por un lapso este sentimiento: ¬ęLo que veo ah√≠ no es efectivamente real¬Ľ. Se llama a esto un ¬ęsentimiento de enajenaci√≥n¬Ľ {¬ęEntfremdungsgef√ľhl}. Intent√© defenderme de √©l, y lo consegu√≠ a costa de un enunciado falso acerca del pasado.

acropolis de freud

Estas enajenaciones son unos fen√≥menos muy asombrosos, mal comprendidos todav√≠a. Se las describe como ¬ęsensaciones¬Ľ, pero es evidente que se trata de procesos complejos, anudados a determinados contenidos y conectados con decisiones acerca de estos √ļltimos. Muy frecuentes en ciertas enfermedades ps√≠quicas, tampoco son desconocidos para el hombre normal, al modo de las ocasionales alucinaciones de las personas sanas. Sin embargo, no dejan de ser unas operaciones fallidas de construcci√≥n anormal como los sue√Īos, y¬†las consideramos paradigmas de perturbaci√≥n an√≠mica sin tener en cuenta su regular aparici√≥n en los sanos.¬†Se las observa en dos formas: o bien es un fragmento de la realidad el que nos aparece ajeno {fremd} o bien lo es uno del yo propio. En este √ļltimo caso se habla de ¬ędespersonalizaci√≥n¬Ľ; enajenaciones y despersonalizaciones se copertenecen √≠ntimamente. Hay otros fen√≥menos en que cabe discernir, por as√≠ decirlo, sus contrapartidas positivas: la llamada ¬ęfausse reconnaissance¬Ľ, lo ¬ęd√©j√° vu¬Ľ, ¬ęd√©j√° racont√©¬Ľ (4), espejismos en que queremos suponer algo como perteneciente a nuestro yo, del mismo modo que en las enajenaciones nos empe√Īamos en excluir algo de nosotros. Un intento de explicaci√≥n apsicol√≥gica, m√≠stico-ingenua, pretende aducir el fen√≥meno de lo ¬ęd√©j√° vu¬Ľ como prueba de existencias anteriores de nuestro yo an√≠mico. Desde la despersonalizaci√≥n, hay un camino que lleva hasta la ¬ędouble conscience¬Ľ, en extremo asombrosa, que ser√≠a m√°s correcto llamar ¬ęescisi√≥n de la personalidad¬Ľ {¬ęPers√≥nlichkeitsspaltung¬Ľ}. Todo esto es a√ļn tan oscuro, tan poco dominado por la ciencia, que me veo obligado a prohibirme seguir elucid√°ndolo ante usted.

Para mi prop√≥sito me bastar√° retomar dos caracteres universales de los fen√≥menos de enajenaci√≥n. El primero es que todos sirven a la defensa, quieren mantener algo alejado del yo, desmentirlo. Ahora bien, de dos lados acuden al yo elementos que pueden reclamar la defensa: del mundo exterior objetivo {real} y del mundo interior de los pensamientos y mociones que afloran en el yo. Acaso esta alternativa recubra el distingo entre las enajenaciones propiamente dichas y las despersonalizaciones. Existe una abundancia extraordinaria de m√©todos -mecanismos, decimos- de los que nuestro yo se vale para dar tr√°mite a sus tareas defensivas. Alguien allegado a m√≠ est√° redactando un trabajo que se ocupa del estudio de esos m√©todos de defensa: mi hija, la analista de ni√Īos, est√° escribiendo justamente un libro sobre ese tema (5). Del m√°s primitivo y radical de esos m√©todos, la ¬ęrepresi√≥n¬Ľ (esfuerzo de desalojo), parti√≥ nuestra profundizaci√≥n en la psicopatolog√≠a. Entre la represi√≥n y la defensa (que debe llamarse normal) frente a lo penoso insoportable mediante admisi√≥n, reflexi√≥n, juicio y acci√≥n acorde a fines, se extiende toda una serie de modos de comportamiento del yo, de car√°cter patol√≥gico m√°s o menos n√≠tido. ¬ŅMe es l√≠cito detenerme a considerar un caso l√≠mite de este tipo de defensa? Usted conoce el famoso romance-lamento de los moros espa√Īoles, ¬°Ay de mi Alhambra!, que refiere el modo en que el rey Boabdil tom√≥ la noticia de la ca√≠da de esa ciudad. Vislumbra que esa p√©rdida significa el fin de su reinado. Pero no quiere ¬ętenerlo por cierto¬Ľ {¬ęwakr haben¬Ľ}, resuelve tratar la noticia como ¬ęnon arriv√©¬Ľ (7). Los versos dicen:

¬ęCartas le fueron venidas
de que Alhambra era ganada.
Las cartas echó en el fuego
y al mensajero matara¬Ľ.
(8)

Se colige fácilmente que en esta conducta del rey cooperó la necesidad de salir al paso de su sentimiento de impotencia. Quemando las cartas y matando al mensajero procura mostrar todavía la plenitud de su poder.

En cuanto al otro car√°cter universal de las enajenaciones, su dependencia del pasado, del tesoro mn√©mico del yo y de vivencias penosas anteriores que desde entonces pudieron caer bajo la represi√≥n, no lo admitir√° usted sin objeci√≥n.¬†Pero justamente mi vivencia en la Acr√≥polis, que en efecto parte de una perturbaci√≥n del recuerdo,¬†de una falsificaci√≥n del pasado, nos ayuda a demostrar ese influjo. No es cierto que en mis a√Īos de estudiante secundario dudara yo alguna vez de la existencia real de Atenas. S√≥lo dud√© de que pudiera llegar a ver Atenas. Viajar tan lejos, ¬ęllegar tan lejos¬Ľ, me parec√≠a fuera de toda posibilidad. Esto se relaciona con la estrechez y la pobreza de nuestros medios de vida en mi juventud. La a√Īoranza de viajar tambi√©n expresaba sin duda el deseo de escapar a esa situaci√≥n oprimente, deseo similar al que a tantos adolescentes esfuerza a largarse de su casa. Desde mucho tiempo atr√°s ten√≠a en claro que buena parte del gusto por los viajes consiste en el cumplimiento de esos deseos tempranos, vale decir, tiene su ra√≠z en el descontento con el hogar y la familia. Cuando uno ve por vez primera el mar, atraviesa el oc√©ano, vivencia como unas realidades ciudades y pa√≠ses que durante tanto tiempo fueron quimeras lejanas e inalcanzables, uno se siente como un h√©roe que ha llevado a t√©rmino grandes e incalculables haza√Īas.¬†En aquel momento, sobre la Acr√≥polis, pude preguntar a m√≠ hermano: ¬ę¬ŅRecuerdas c√≥mo en nuestra juventud hac√≠amos d√≠a tras d√≠a el mismo camino, desde la calle … hasta la escuela, y despu√©s, cada domingo, √≠bamos siempre (9) al Prater o emprend√≠amos una de las archisabidas excursiones al campo?¬†¬°Y ahora estamos en Atenas, de pie sobre la Acr√≥polis!¬†¬°Realmente hemos llegado lejos!¬Ľ. Y si fuera l√≠cito comparar algo tan peque√Īo con algo grande, ¬Ņno se dirigi√≥ el primer Napole√≥n, cuando lo coronaban emperador en Notre-Dame a uno de sus hermanos -debe de haber sido al mayor, Jos√©-, exclamando: ¬ę¬°Qu√© dir√≠a nuestro padre si pudiera estar presente!¬Ľ (10)

Pero aqu√≠ nos cae en las manos la soluci√≥n de un peque√Īo problema, el de saber por qu√© nos estropeamos ya en Trieste el contento por el viaje a Atenas. Tiene que haber sido porque en la satisfacci√≥n por haber llegado tan lejos se mezclaba un sentimiento de culpa; hay ah√≠ algo injusto, prohibido de antiguo. Se relaciona con la cr√≠tica infantil al padre, con el menosprecio que relev√≥ a la sobrestimaci√≥n de su persona en la primera infancia. Parece como si loesencial en el √©xito fuera haber llegado m√°s lejos que el padre, y como s√≠ continuara prohibido querer sobrepasar al padre.

A esta motivaci√≥n universalmente v√°lida se agrega todav√≠a en nuestro caso el factor particular, a saber, que en el tema Atenas y Acr√≥polis, en s√≠ y por s√≠, est√° contenida una referencia a la superioridad de los hijos. Nuestro padre hab√≠a sido comerciante, no hab√≠a ido a la escuela secundaria, Atenas no¬† pod√≠a significar gran cosa para √©l. Lo que nos empa√Īaba el goce del viaje a Atenas era entonces una moci√≥n de piedad.¬†Y ahora ya no le asombrar√° a usted que el recuerdo de la vivencia en la Acr√≥polis me frecuentara desde que, anciano yo mismo, me he vuelto menesteroso de indulgencia y ya no puedo viajar.

Lo saluda a usted cordialmente suyo,

Sigmund Freud

Enero de 1936

Notas:
1- [Ya hab√≠a hecho breve referencia a este episodio unos diez a√Īos antes, en El porvenir de una ilusi√≥n (1927c), AE, 21, p√°g. 25, pero en ese momento no dio sobre √©l ninguna explicaci√≥n.]
2- [Secci√≥n II de ¬ęAlgunos tipos de car√°cter dilucidados por el trabajo psicoanal√≠tico¬Ľ (1916d).]
3- [Cf. El malestar en la cultura (1930a), AE, 21, p√°g. 122.]
4- [Estos fen√≥menos fueron examinados con alg√ļn detalle por Freud en dos oportunidades: en Psicopatolog√≠a de la vida cotidiana (1901b), AE, 6, p√°gs. 257 y sigs., y en ¬ęAcerca del fausse reconnaissance (“d√©ja racont√©”) en el curso del trabajo psicoanal√≠tico¬Ľ (1914a). V√©ase tambi√©n la referencia al ¬ęvelo¬Ľ en el caso del ¬ęHombre de los Lobos¬Ľ (1918b), AE, 17, p√°gs. 69 y 91 y sigs.]
5- [Anna Freud (1936).]
6- {Ultimo rey moro de Granada, en el siglo XV.}
7- [Freud usó esta misma frase para describir el proceso defensivo en su primer trabajo sobre las neuropsicosis de defensa (1894a), AE, 3, pág. 50, y en Inhibición, síntoma y angustia (1926d), AE, 20, pág. 115.]
8- {En castellano en el original.}
9- {Célebre parque en las afueras de Viena.}
10- [Suele decirse que Napoleón expresó lo que se consigna a continuación al ser consagrado con la Corona de Hierro de Lombardía, en Milán.]

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libros de psicologia

Clínica en Psicoterapia Gestalt

terapia gestalt 
El diálogo en la Clínica Gestalt, su relación con la empatía, el contacto y el encuentro

Lic. Rita Giardino
www.ritagiardino.com.ar

 

El diálogo es el medio por el cuál básicamente se realiza la tarea terapéutica.

Por eso podemos pensar en el di√°logo como un intercambio que ocurre en la frontera de contacto, donde las partes se expresan y satisfacen necesidades.

Se√Īala Bohn que los obst√°culos o bloqueos del di√°logo son:

  • tratar de imponerse
  • temor a renunciar a las viejas ideas e intenciones
  • temor a enfrentarse a algo nuevo que la situaci√≥n requiera
  • dificultad para escuchar
  • rigidez al defender las ideas propias

Creo que estos obstáculos se producen básicamente cuando no se establece una empatía adecuada. Me parece interesante observar que cualquiera de los 5 obstáculos puede darse tanto en el paciente como en el terapeuta y la presencia de cualquiera, por falta de empatía, impide el contacto. En realidad me parece que la empatía es un requisito para el diálogo, para crear esa zona de intercambio nutritiva para las partes que intervienen.

La empatía es un vehículo fundamental en la situación de terapia y en la sustentación del diálogo y especialmente para llegar a un contacto.

Adem√°s el di√°logo tambi√©n puede ser interno, dentro de una sola persona consigo misma y entonces no hay intercambio con el ambiente, ni encuentro y por lo tanto no hay enriquecimiento. Se me ocurre entonces que en la cl√≠nica el paciente viene a tratar sus di√°logos interrumpidos o aquellos que no puede lograr, las situaciones en las que no realiza el proceso de intercambio con el ambiente. Cuando la persona no puede intercambiar con el mundo de modo de satisfacer sus necesidades (por algunos de los cinco obst√°culos) y su experiencia se reduce al ‚Äúdi√°logo interno‚ÄĚ sostenido en creencias, roles y miedos, deviene la neurosis u otra patolog√≠a.

Por lo tanto la función del diálogo terapeuta-paciente es fundamental para la reparación y facilitar el ajuste creativo del paciente, que no evite el contacto y se produzca el hecho creativo. O sea la recuperación del diálogo a través de la empatía y del contacto con el terapeuta, reconociendo las interrupciones y los obstáculos que tiene para llegar a la satisfacción de sus necesidades.

Para que esto ocurra se debe producir el contacto, que para que sea saludable y nutritivo tendr√° que estar acompa√Īado de un darse cuenta. Este darse cuenta llegar√° en el momento del encuentro.

Lo podemos graficar de esta manera:

dialogo gestalt

En el caso de la terapia para que el paciente pueda desarrollarse y madurar, pueda ampliar su autoconocimiento y su autosost√©n, no solo es necesario el di√°logo que conduce al contacto, sino en la capacidad de empat√≠a, entendida como la identificaci√≥n del terapeuta con el punto ciego del paciente. Considero di√°logo y empat√≠a las columnas del punto de encuentro y fusi√≥n que producen el darse cuenta en la terapia y el descubrimiento de lo nuevo que ser√° ‚Äúmutativo‚ÄĚ luego de la separaci√≥n y retirada.

Algunos dispositivos para el Di√°logo

Dentro de la terapia gestáltica el diálogo también es la base de uno de los dispositivos más usados que es la silla vacía, donde el diálogo entre las partes que se pretende integrar es el medio para el contacto interno. Este dispositivo pone afuera el diálogo interno entre las partes en conflicto del paciente y si se da el contacto se produce el darse cuenta que lleva a la modificación.

Otro dispositivo basado en el di√°logo es el que se realiza con los √≥rganos, cuando el paciente presenta alg√ļn tema org√°nico y que permite el re-conocimiento de un √≥rgano o una parte del cuerpo y fundamentalmente la recuperaci√≥n del cuerpo como parte del si-mismo. Podemos pensar que en tanto el √≥rgano realiza un mon√≥logo es s√≠ntoma ajeno al Yo, mientras que cuando podemos construir un di√°logo lo recuperamos y recuperamos partes propias antes enajenadas.

Conclusión

M√°s all√° de lo dicho anteriormente, creo que no es posible el di√°logo sin una escucha de las partes, por lo tanto sin escucha no es di√°logo, podr√≠a ser mon√≥logo o un ‚Äúhablar acerca de‚ÄĚ, en donde no habr√≠a contacto verdadero, sin intercambio ni enriquecimiento, en el mejor de los casos es intercambio de informaci√≥n.

Si bien anteriormente mencioné que algunos autores dicen que el diálogo posibilita el contacto, creo que no es posible el diálogo sin contacto, como si fueran dos partes necesarias para el encuentro y cuyo verdadero posibilitador es la empatía mutua. Creo que no hay diálogo sin contacto ni contacto sin diálogo. Diálogo implica escucha y feedback, por lo tanto diálogo es contacto. Por ese motivo el diálogo puede ser no verbal y sin embargo tener un profundo contacto.

Finalmente el darse cuenta es el resultado de un diálogo (incluyendo en este concepto de diálogo la empatía, el contacto y el encuentro) entre el yo conciente y la sombra.

La fórmula del diálogo podría ser:

clinica gestalt

* Sumatoria

El diálogo es en sí la base de la comunicación, con uno mismo y con el ambiente, es el medio que nos permite nutrirnos y nutrir, conocernos y conocer. Es una función insoslayable de una vida sana.

BIBLIOGRAF√ćA

– Sobre el di√°logo, David Bohn.

РFuncionamiento saludable y no saludable y Pensamiento diagnóstico procesual en terapia-gestalt, Lilian Meyer Frazao

– Enfoque gest√°ltico y Testimonios de Terapia, F. Perls.

– Los di√°logos del Cuerpo, A. Schnake

– Proceso y Di√°logo en Gestalt, Yontef

Psicologia y Deportes

La Psicología gana partidos

La Unidad de Cultura Cient√≠fica y de la Innovaci√≥n de la Universidad de C√≥rdoba lanza su octava ficha divulgativa centrada en el mundo del f√ļtbol.

CORD√ďPOLIS

Cada vez es m√°s com√ļn la incorporaci√≥n de personas expertas en el cuerpo t√©cnico de los equipos. La psicolog√≠a tiene como objetivo describir, explicar, prevenir y modificar la conducta humana en todos los √°mbitos, incluido el deporte. Entrenadores y psic√≥logos trabajan conjuntamente para coordinar y obtener el m√°ximo beneficio de la pr√°ctica deportiva, trabajando los factores t√°cticos, t√©cnicos y f√≠sicos, adem√°s de los psicol√≥gicos y emocionales.

La psicología procura conocer bien a cada jugador, saber cuáles son los factores que influyen en su rendimiento para potenciar la motivación, controlar el nivel de estrés y fortalecer su autoconfianza y conseguir una buena cohesión en el equipo. Las habilidades psicológicas se comienzan a practicar desde el inicio de temporada. Así el trabajo resulta más efectivo ya que las técnicas aprendidas pueden irse adaptando a los jugadores, al entrenamiento y a la competición durante más tiempo.

La actuaci√≥n del psic√≥logo no ocurre s√≥lo antes del partido, sino tambi√©n en el post-partido. Es fundamental realizar una evaluaci√≥n del desempe√Īo individual y colectivo y a partir de ella establecer nuevos objetivos de trabajo.

La infograf√≠a adjunta es la octava entrega del estudio de la Unidad de Cultura Cient√≠fica y de la Innovaci√≥n de la Universidad de C√≥rdoba. El proyecto est√° incluido en el IV Plan Anual de Divulgaci√≥n Cient√≠fica de la Universidad cordobesa y cuenta con la colaboraci√≥n de la Fundaci√≥n Espa√Īola para la Ciencia y la Tecnolog√≠a del Ministerio de Econom√≠a, Industria y Competitividad.

psicologia del deporte

Alzheimer

 

Alzheimer: ¬ŅCu√°ndo llega el momento en que los cuidadores deben pedir ayuda?

Prof. Dr. Fernando E. TARAGANO

Email: ftaragano@cemic.edu.ar

La Enfermedad de Alzheimer (EA) es la forma m√°s com√ļn de demencia y constituye un trastorno que afecta gravemente las funciones cognitivas e intelectuales del paciente atentando contra su memoria, pensamiento y conducta hasta quitarle la independencia para vivir. En Argentina, hay 450 mil personas afectadas por este trastorno y se estima que el 70% de estos enfermos son cuidados por alg√ļn familiar.

Diferentes estudios realizados en nuestro pa√≠s demuestran que los cuidadores forman parte de la poblaci√≥n en riesgo de contraer la enfermedad y, adem√°s, que la sobrecarga y estr√©s que ocasiona su tarea constituye un factor de riesgo para enfermar. Si bien los s√≠ntomas cl√°sicos de la EA involucran los dominios cognitivos, como amnesia y anomias, tambi√©n se presenta frecuentemente y en cualquier momento de la enfermedad, una amplia gama de trastornos neuropsiqui√°tricos. Que estos s√≠ntomas sean frecuentes e incluso muchas veces dominen el cuadro cl√≠nico, no deber√≠a sorprender ya que la EA es una enfermedad que afecta al cerebro en m√ļltiples aspectos.

Los s√≠ntomas psiqui√°tricos abarcan un amplio rango que va desde la apat√≠a y la depresi√≥n, hasta la agitaci√≥n psicomotriz, delirios y alucinaciones. Ya en la cl√°sica descripci√≥n de Alois Alzheimer de su paciente Auguste D, se inclu√≠a a los s√≠ntomas conductuales como parte del cuadro cl√≠nico, relatando que “…la paciente comenz√≥ con delirios celot√≠picos, paranoia y finaliz√≥ con sentimientos que alguien quer√≠a matarla y gritaba ruidosamente…”

 

Hay muchas razones por las cuáles estos síntomas son importantes en la evolución de la EA, algunas de ellas son:

  • Aumentan la morbimortalidad porque tienen gran repercusi√≥n funcional.
  • Impactan muy negativamente en la calidad de vida del cuidador.
  • Impactan negativamente en la calidad de vida del entorno familiar.
  • Determinan un aumento en la institucionalizaci√≥n.
  • Frecuentemente obliga al uso de medicaci√≥n psicofarmacol√≥gica.

Las preguntas que a menudo me hacen los familiares de los pacientes son: `¬ŅEs cierto que el paciente puede tener problemas psiqui√°tricos adem√°s del problema de la memoria?”¬ŅTienen tratamiento?’, `¬ŅCu√°ndo ha llegado el momento indicado para pedir ayuda institucional?’, `¬ŅC√≥mo hacerlo y en d√≥nde?’ En general, lo que m√°s afecta y sobrecarga al cuidador es la presencia y severidad de los trastornos conductuales. Las alucinaciones, los delirios, la agresividad, la desinhibici√≥n y el vagabundeo nocturno son s√≠ntomas muy disruptivos.

Ver al ser amado con un problema psiqui√°trico es lo que desequilibra a la familia y sobrecarga al cuidador, que en la mayor√≠a de los casos es un familiar directo. En cambio, el problema de la memoria (u otros cognitivos) genera pena, tristeza pero se sobrelleva mejor que el problema de la conducta (u otros psiqui√°tricos) En estas circunstancias es importante brindar a los familiares informaci√≥n sobre las fases de progreso del mal ya que reconocer la evoluci√≥n probable de cada paciente permite pronosticar su deterioro y disminuir angustias. Si una familia brinda cuidado y amor al paciente, casi siempre les aconsejo “Pidan ayuda cuando sientan que el estr√©s ocasionado por la tarea empieza a da√Īar su salud fisica y/o psicol√≥gica, no son culpables de la enfermedad y menos a√ļn de los s√≠ntomas neuropsiqui√°tricos”.

 

En la actualidad las familias pueden contar con la asistencia y contenci√≥n de los grupos de apoyo que brindan distintas asociaciones civiles que luchan contra este mal, o bien acudir a centros de cuidado diurno y a hogares geri√°tricos. Grupos de apoyo. Los grupos de apoyo que brindan asociaciones civiles constituyen un espacio de di√°logo, contenci√≥n e intercambio de experiencias para familiares y cuidadores, especialmente √ļtiles para

Hogares geri√°tricos.

La presencia y severidad de trastornos conductuales en especial alucinaciones, delirios, agresividad, desinhibici√≥n y vagabundeo nocturno impacta an√≠micamente mal a la familia y sobrecarga al cuidador. Dicha sobrecarga es tanto peor cuanto m√°s intenso es el v√≠nculo que los une. En las √ļltimas etapas de la enfermedad, la fragilidad y el alto riesgo que presentan los pacientes hacen recomendable su internaci√≥n en una instituci√≥n aproximadamente al 20% de los pacientes. Cuando se analiza las caracter√≠sticas de dichos pacientes, se observa que los s√≠ntomas psiqui√°tricos son muy destacados. Por ello es que, el programa de asistencia m√©dica, la seguridad edilicia, la asistencia de enfermer√≠a geri√°trica, y la estimulaci√≥n fisico ‚ÄĒ cognitiva son aspectos prioritarios en las instituciones.

 

 

La Psicología y el Dolor Crónico

 

Psicología en el Tratamiento del Dolor Crónico

La figura del psicólogo es necesaria en las unidades del dolor multidisciplinares

Enrique G. Jord√°

Bajo el t√≠tulo ‚ÄúNuevas Aportaciones de la Psicolog√≠a en el Tratamiento del Dolor Cr√≥nico‚ÄĚ, se celebr√≥ la pasada semana en el Colegio Oficial de Psic√≥logos de Madrid la I Jornada del Grupo de Trabajo de la Sociedad Espa√Īola del Dolor (GTSED) de Psicolog√≠a y Dolor. Una jornada en la que diferentes especialistas en el √°mbito de la Psicolog√≠a han explicado aspectos relacionados con el dolor.

Las ponencias expusieron temas como la experiencia bio-psico-social del dolor; la terapia cognitiva-conductual en el tratamiento del paciente con dolor crónico; la complejidad de las evaluaciones del dolor; el tratamiento psicológico del dolor crónico infantil; las nuevas tecnologías y el tratamiento psicológico del dolor, y la terapia constructivista para los síntomas depresivos del paciente con dolor. Además, se presentaron tres casos clínicos, así como los resultados, en una mesa redonda, de la encuesta de la SED sobre el perfil del psicólogo que trabaja en dolor.

Le preguntamos al Dr. Antoni Castel, psicólogo de la Unidad de Dolor del Hospital Universitario de Tarragona Joan XXIII y coordinador del Grupo de Psicología y Dolor de la SED, por la importancia de esta jornada:

 

A finales de 2013, desde la junta de la SED se propuso la creaci√≥n de un grupo de psicolog√≠a y dolor que estuviese formado por psic√≥logos. La SED es una sociedad multidisciplinar que lleva muchos a√Īos trabajando en todos los √°mbitos del mundo del dolor y con el grupo de trabajo de Psicolog√≠a y Dolor, la SED quiere mandar un mensaje y sensibilizar a la poblaci√≥n y a las autoridades sobre la falta de recursos dedicados a tratar los aspectos psicol√≥gicos del dolor mediante un abordaje profesional, en el contexto de un tratamiento multidisciplinar. Es por lo que resulta muy importante la realizaci√≥n de esta I Jornada del GTSED de Psicolog√≠a y Dolor. Jornada que nos va a permitir crear un grupo espec√≠fico de profesionales y en la que queremos que se visualice, de alguna manera, el rol profesional del psic√≥logo en las unidades del dolor.

¬ŅCu√°l es la importancia de los psic√≥logos en las unidades del dolor?

A lo largo de los √ļltimos a√Īos, en el GTSED de Psicolog√≠a y Dolor, hemos intentado conocer cu√°l es la situaci√≥n de los psic√≥logos que trabajamos el dolor en Espa√Īa. En este 2017 el grupo ha liderado una encuesta realizada a los psic√≥logos de las unidades de dolor espa√Īola bajo el t√≠tulo ‚ÄúEl papel de la psicolog√≠a en las unidades de tratamiento del dolor: acerca de la actividad asistencial, docente e investigadora‚ÄĚ. Igualmente, hemos publicado un monogr√°fico sobre psicolog√≠a y dolor en la Revista de la SED. Los resultados de la encuesta nos indican que el panorama es un poco desolador en algunos √°mbitos. Aunque la figura del psic√≥logo es necesaria en las Unidades del Dolor multidisciplinares, la realidad no lo confirma. En nuestra encuesta y con todas las limitaciones de la muestra, de las 187 unidades de dolor que hay en Espa√Īa, √ļnicamente en el 51% de las mismas, dentro de los niveles 3 y 4, hay psic√≥logo. Es m√°s de la mitad y eso est√° bien. Pero, tambi√©n, hemos mirado en detalle y, por ejemplo, en las horas de dedicaci√≥n de cada psic√≥logo en la Unidad de Dolor, tenemos una media de 23 horas semanales, lo que determina que muchos est√°n muy pocas horas. Al igual que dentro de las condiciones muchos psic√≥logos est√°n como becarios vinculados a proyectos de investigaci√≥n.

¬ŅCu√°l es su opini√≥n sobre la intervenci√≥n psicol√≥gica en los temas del dolor en Espa√Īa?

 

Cuando hablamos de dolor crónico, nos centramos en el aspecto físico. La realidad no es evidentemente así, ya que los elementos emocionales, los elementos interpretativos y cognitivos juegan un papel muy importante. Yo puedo tener una lesión o un problema de dolor determinado, pero después ese dolor en función de cómo puedo afrontarlo y manejarlo, ese dolor me va a interferir mucho más en mi funcionalidad, en mi estado de ánimo y también va a aumentar en sí mismo por los mecanismos de modulación del dolor. Entonces es cuando realmente el papel del psicólogo en las unidades del dolor es de suma importancia.

Lo que ocurre es que todo lo que es la intervenci√≥n psicol√≥gica en nuestro pa√≠s es algo muy precario todav√≠a. En muchos centros de √°reas b√°sicas de salud o centros de Atenci√≥n Primaria carecen de la figura del psic√≥logo y las unidades del dolor, tambi√©n son el reflejo de esa realidad espa√Īola. Hay que tener en cuenta que el 92-93% de los responsables de las unidades del dolor consideran que el psic√≥logo es una figura esencial. Una iniciativa como esta, al igual que el intento de que los psic√≥logos tambi√©n se adhieran a la SED, busca que la figura del psic√≥logo tenga m√°s peso y tengamos una masa cr√≠tica mayor y que, a partir de ah√≠, podamos aumentar la presencia del psic√≥logo en las unidades del dolor. La figura del psic√≥logo en una unidad del dolor tiene que ser una figura estable que desarrolle un trabajo en condiciones de continuidad. Este es el h√°ndicap que tenemos.

 

 

¬ŅC√≥mo funciona la Hipnosis Cl√≠nica?

  

¬ŅC√≥mo funciona la hipnosis cl√≠nica?

Artículo de la Escuela Superior de Hipnosis Clínica

Podemos considerar la hipnosis clínica como una poderosa herramienta clínica de cambio comportamental.

Los trastornos comportamentales comienzan a formar su sentido de identidad personal a una edad muy temprana. Todo ataque negativo que recibimos se va almacenando en nuestro subconsciente, siendo la percepción de uno mismo la suma de todo el material guardado en el depósito subconsciente.

Con estas técnicas podemos borrar antiguas calificaciones negativas que han distorsionado la percepción de nosostros mismos y las circuns- tancias de nuestro entorno (distorsión cognitiva), aprendendiendo así a comprender nuestros errores.

Hay tres motivos que hacen de la hipnosis clínica un excelente instrumento de re-estructuración de la conducta:

-Desasocia condicionamientos operantes mientras estamos en un estado altamente sugestionable.
-Permite estructurar nuevas asociaciones.
-Facilita la creación de nuevos condicionamientos comportamentales.

  

En definitiva, la hipnosis clínica refuerza o complementa clásicos modelos de terapia (coginitivo-conductuales) para un re-estructuración comportamental más rápida y eficaz.

¬ŅQu√© es la hipnosis cl√≠nica?.

La hipnosis cl√≠nica es un estado de focalizaci√≥n de la atenci√≥n del paciente. Hay un gran n√ļmero de ideas negativas predefinidas sobre estas t√©cnicas, pero en realidad lo que podemos esperar durante una sesi√≥n de hipnosis cl√≠nica es:

Una inhibición de la actividad muscular y motora (relajación muscular).
Un semi-estado cataléptico muscular, semi-catatónico con disminución de la ritmia cardiaca y la ventilación. (relajación sistemática).
Una mayor predisposición a instalar estructuraciones terapéuticas. (sugestionabilidad).
Una profunda sensación de relajación fisiológica, mientras sensorialmente permanecemos no solo alerta sino incluso sobre-estimulados, sin pérdida alguna de la consciencia. (focalización).
Una pérdida de la percepción espacio temporal.(estupor).
Una insensibilidad localizada. (√ļnicamente en la hipnosis anest√©sica).

Elementos de terapia en hipnosis clínica.

Una sesión de hipnosis clínica, sigue una serie de pasos a la hora de aplicarse. Son, de forma muy resumida, los siguientes:

  

-Preparación para la relajación.
-Relajación sistemática físiológica.
-Profundización en la focalización. (PIEAF: protocolo de inducción al estado de atención focalizada).
-Desarme de los condicionamientos patológicos y comprensión de nuestros errores (del yo) (terapia cognitiva).
-Inducción al abandono de nuestra conducta patológica.(terapia conductual modelo Bandura).
-Premios y sustracciones de elementos negativos (refuerzos positivo y negativo).
-Castigos de las severas pérdidas del control comportamental (aversiones).
-Visualizaciones de modelado (refuerzo conductual modelo Bandura).
-Insensibilización de aquellos elementos que nos producen miedo o pánico (desensibilización sistemática).
-Entrada en el sitio especial de cada uno.(elementos clínicos para el control de los episodios de ansiedad).
-Vuelta a la consciencia vigilica y finalización de la sesión.

Revisemos los elementos clínicos de la terapia en hipnosis clínica.

Pongamos como ejemplo, una cr√≠tica hiperactiva a uno mismo, de la que subyace un dep√≥sito de auto inculpaci√≥n, que llega a producir un constante miedo a que le vean en alg√ļn fallo que haga presuponer la existencia de ese miedo irracional. Esta situaci√≥n amplifica los trastornos le- ves y los convirte en devastadores.

Los tres principales medios que tiene el paciente para protegerse de este miedo son:

-La fuga, con su evitación y aislamiento emocional.
-El ataque a los dem√°s, dirigiendo la rabia hacia otro.
-El ataque a sí mismo, dirigiendo la rabia hacia uno mismo.

Inicialmente esta defensa psicológica puede ayudar a controlar parte de los niveles más profundos de la ansiedad, pero uno se puede volver adicto a estas defensas, sin llegar jamás a controlar el trastorno.

  

Dentro de las tres defensas psicol√≥gicas, nombradas anteriormente, el ataque a uno mismo es la que castiga mas la auto-estima, ya que se trata de un ejercicio de negaci√≥n de s√≠ mismos. Primero niega la posibilidad del error insistiendo en que es deseable llegar a la perfecci√≥n. Despu√©s niega la realidad pensando que puede hacerse da√Īo a uno mismo y producir m√°s bien que mal.

Hay una forma de resolver esta actitud y es re-estructurar los conceptos, que normalmente se basan en la creencia que una cosa es de forma intrínseca buena o mala y la actuación comportamental que se condiciona de este concepto.

Habiendo muchas cosas que nos producen miedo e inseguridad, y que resulta reconfortante tildarlas de malas y rehusarlas. En realidad lo que estamos haciendo es distanciarnos y protegernos nosotros mismos.

Afrontamiento del dolor (duelo) en hipnosis clínica.

El afrontamiento del dolor (duelo) son unas técnicas basadas en conocer nuestro dolor (emocional) y como afrontarlo. Sus encuentros con él resultaran menos abrumadores. El dolor tiene una naturaleza ondeante, aumenta y disminuye (angustia, ansiedad) hasta desaparecer de forma repetida, escapando absolutamente a nuestro control.

Las técnicas más habituales de inhibir los episodios de ansiedad son:

Visualizar y sentir el dolor (ansiedad) y ver como se aleja progresivamente (exposición y desensibilización sistemática).
Asociar el dolor emocional (ansiedad) a un estímulo calmante de acción inmediata. (técnicas de inhibición recíproca generalmente asocia- das a la salivación).
Respirar profundamente y relajarse asociadolo a una sensación de bienestar. (respiración diafragmática).
Re-estructurar cognitivamente el elemento estresor.
Visualizarse a uno mismo habiendo superado este dolor. (emocional) (refuerzo positivo).

El lenguaje de la auto-estima en hipnosis clínica.
  

En cada una de las estructuraciones que realizamos al paciente, tenemos que proporcionarle una retro-alimentación revestida con el len- guaje de auto-estima.

Es el lenguaje de la visualización (psico-imágenes) con la superación del elemento condicionante o estresor.
Es el lenguaje de la compresión de nuestras circunstancias sin distorsiones. (re-estructuración cognitiva).
Es el lenguaje que valida la experiencia de superación, apreciando sus esfuerzos que culminan con la obtención del objetivo deseado. (refuerzo positivo).
Tenemos que describir la conducta a asumir para superar los elementos estresores y alcanzar el objetivo deseado (terapia conductual).
Tenemos que tener una razón (cognitiva) para hacer este cambio de conducta.

  

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Del Apego al Deseo de Intimidad

  

Las angustias del desencuentro

Dr. Hugo Bleichmar

bleichmar@aperturas.org

Este art√≠culo fue publicado en la Revista Aperturas Psicoanal√≠ticas n¬ļ2 el 05/07/1999.

Agradecemos al autor el permiso de publicación.

 

Resumen: se examinan las motivaciones que impulsan las conductas de apego desde la perspectiva del enfoque “modular-transformacional”, tratando de delimitar psicoanal√≠ticamente los diferentes tipos de objetos del apego. Se establece la especificidad del deseo de intimidad, las modalidades bajo las cuales se trata de cumplirlo, el tipo de sufrimiento generado cuando no se lo logra -claramente diferenciables de las angustias de la ruptura del apego-, as√≠ como estructuraciones de la personalidad como defensas ante la intimidad Se estudia una forma de la patolog√≠a de la intimidad, el masoquismo del dolor compartido, forma de alcanzar el sentimiento de comuni√≥n intersubjetiva.

Se reconceptualiza  la afectividad dentro de un modelo que toma en cuenta lo intrapsíquico y lo intersubjetivo, delimitándose tres dimensiones: la expresiva, la comunicacional- inductora y una tercera, en la que el sujeto se autoimpone la afectividad del otro para sentir que se fusiona con éste.

Los conceptos anteriores son aplicados a la situación analítica a fin de establecer variantes de combinaciones en la pareja analista-analizando de encuentros/desencuentros entre las respectivas formas de deseos de apego, de intimidad, de angustias ante estos deseos, y de tipos de defensas que en ambos integrantes se pueden activar.

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Este trabajo intenta explorar psicoanal√≠ticamente cu√°les son las relaciones entre los deseos de apego -sus variantes- y¬† un √°rea de la intersubjetividad¬† que desencadena intensos deseos y tensiones: la vivencia, a nivel inconsciente y consciente, de que el sujeto y el otro se hallan o no en un mismo espacio emocional, espacio en que el sujeto puede sentir que se fusiona jubilosamente con el otro sin perder su sentimiento de ser, o que, por el contrario, tiene una sensaci√≥n lacerante de soledad en presencia del otro, de vac√≠o, de que el otro est√° por fuera de ese espacio, a la vista, incluso en estrecho contacto f√≠sico, pero inalcanzable. Vivencia dif√≠cil de describir con palabras porque el lenguaje convencional apenas resulta adecuado para dar cuenta de una experiencia profunda de c√≥mo es el encuentro entre el sujeto y el otro, y cuya construcci√≥n se remonta a los primeros intercambios emocionales en un lento pero progresivo proceso que va desde precursores como la sonrisa de los primeros meses para provocar la sonrisa del otro ‚Äďencuentro de sonrisas- hasta el sentimiento de compartir una ideal. Cuando se enuncian frases como ‚Äúte siento distante‚ÄĚ, ‚Äúno nos entendemos‚ÄĚ, ‚Äúes como si estuvi√©ramos en dos mundos diferentes‚ÄĚ, con todo el dolor que encierran, se est√° intentando cercar con palabras algo perteneciente a otro orden: la soledad en el instante mismo en que se est√° f√≠sicamente acompa√Īado. Sentimiento de desencuentro que no debe confundirse con la angustia, el miedo o la tristeza. Se trata, m√°s bien,¬† de una tensi√≥n dolorosa que podemos ubicar dentro de la categor√≠a gen√©rica que Freud (1926, p. 160-1), para referirse al objeto perdido, denominara ‚Äú investidura de a√Īoranza‚ÄĚ, la cual, en el caso de la intimidad, asume una forma espec√≠fica de tensi√≥n ps√≠quica: ‚Äúa√Īoranza de deseo de intimidad‚ÄĚ, que puede llegar a alcanzar niveles intolerables cuando se siente que el otro est√° por fuera del alcance emocional del sujeto.

 

Es necesario diferenciar el sentimiento de no encontrarse en el mismo espacio mental del de soledad producido por la ausencia del otro. En este caso, se le puede extra√Īar pero no se produce el sufrimiento tant√°lico de que est√° f√≠sicamente presente pero en otro lugar psicol√≥gico, de que el sujeto no ocupa el lugar deseado en la mente del otro y, sobre todo, que no le puede llegar con sus sentimientos, con sus pensamientos, para provocar en √©l/ella la resonancia que posibilite la vivencia de estar juntos, de intimidad. Entonces, se prefiere romper con el otro, no verle m√°s, para no experimentar el dolor del desencuentro emocional en el momento mismo de su presencia. En estas condiciones,¬† el odio es reforzado al servicio de tratar de destruir dentro del sujeto el anhelo de intimidad, base del sufrimiento.

  

Apego e intimidad, dos condiciones cuyas relaciones merecen ser precisadas. Las ideas de Bowlby (1969, 1973) sobre el apego encontraron mucha oposici√≥n dentro del psicoan√°lisis, al mismo tiempo que dieron lugar a una importante producci√≥n (ver: Ainsworth, 1978; Atkinson, 1997; Bailly, 1997; Bernardi, 1998; Lebovici, 1991; Marrone, 1998; Murray Parkes, 1991; Ortiz Bar√≥n, 1993; Sperling, 1994; Vollin, 1998). Contribuy√≥ a ello el hecho que √©l mismo las opusiera de manera frontal a la tesis freudianas sobre el papel determinante de la sexualidad en la fijaci√≥n al objeto, viendo al apego como independiente de aqu√©lla, no impulsado por el¬† deseo sexual sino por una motivaci√≥n propia que, desde una perspectiva neodarwiniana, servir√≠a en la escala zool√≥gica para la autopreservaci√≥n (Slavin, 1992). Otra causa del rechazo por parte de la comunidad psicoanal√≠tica deriv√≥ de que buena parte de los estudios sobre el apego tuvieron un car√°cter conductual sin penetrar en la fantas√≠a del sujeto, tratando de describir conductas frente a la presencia/ausencia/retorno del objeto del apego. A pesar de que Bowlby dej√≥ claro que el apego depende de esquemas internos que moldean las formas que adoptan ‚Äďesquemas internos a los que llam√≥ ‚Äúworking models‚ÄĚ-, el centro de la investigaci√≥n no se centr√≥ en la subjetividad, en lo intraps√≠quico, en la complejidad de la estructura motivacional que dentro del sujeto determina su b√ļsqueda de relaci√≥n con el objeto externo.

 

Por nuestra parte, en trabajos anteriores (Bleichmar 1997, 1999), indicamos que para comprender qu√© es lo que impulsa al apego resulta necesario tener en cuenta los distintos sistemas motivacionales que movilizan al psiquismo. En ocasiones, el objeto del apego es aquel que permite obtener un sentimiento de seguridad ‚Äďautoconservaci√≥n-, como se constata en la relaci√≥n del f√≥bico con su acompa√Īante. En otras, es el placer sexual el que fija a un objeto que queda seleccionado de entre todos los que rodean al sujeto. En este orden de cosas, la tesis freudiana de la elecci√≥n de objeto y fijaci√≥n al mismo por ser el que satisface la pulsi√≥n sexual tiene en la actualidad una amplia confirmaci√≥n no s√≥lo a nivel psicol√≥gico sino en base a rigurosos estudios en neurociencia (Insel, 1997).

 

El objeto del apego puede ser el que contribuye a la regulación psíquica del sujeto, a disminuir su angustia, a organizar su mente, a contrarrestar la angustia de fragmentación, a proveer un sentimiento de vitalidad, de entusiasmo. El sentimiento de desvitalización, de vacío, de aburrimiento ante la ausencia del objeto del apego hace que se le busque compulsivamente.

 

El objeto del apego puede ser, tambi√©n, y de manera prevalente, el que sostenga la autoestima del sujeto, aquel con el cual fusionarse para adquirir un sentimiento de val√≠a. Objeto narcisizante en las m√ļltiples dimensiones que hemos descrito (objeto de la actividad narcisista, posesi√≥n narcisista (Bleichmar, 1981), a las que se agregan las funciones que Kohut (1971) denomin√≥ de especularizaci√≥n e imago parental idealizada.

 

Por otra parte, hay que distinguir el apego impulsado por el placer que surge en la relación con el otro (el sexual, por ejemplo, o el que narcisiza) del apego defensivo para contrarrestar angustias de separación, de soledad, de desrregulación psicobiológica, de intensos sentimientos de inferioridad. En estos casos, el apego es secundario a la angustia, como en la simbiosis defensiva frente al terror de la desintegración.

 

En s√≠ntesis, el apego se realiza con un objeto de la autoconservaci√≥n, con un objeto del narcisismo, con un objeto de la sexualidad, con un objeto de la regulaci√≥n de las necesidades psicobiol√≥gicas. En todos estos casos,¬† en la conducta de apego hay una fantasm√°tica (de b√ļsqueda del placer o de hu√≠da del displacer) que la impulsa y una memoria procedimental que lo organiza (Pally, 1997; Stern, 1985).

 

El placer en el sentimiento de intimidad que produce el encuentro con el otro es una motivación adicional para el apego que no es reducible ni a la sexualidad ni al sentimiento de protección de la autoconservación, ni tampoco a la valoración en el área de la autoestima y el narcisismo, o a la regulación psicobiológica. A algunos sujetos les es suficiente con el apego autoconservativo o el sexual, siendo la cuestión de la intimidad algo que ni siquiera está planteada en sus mentes. Basta que la propia necesidad sexual se satisfaga, incluso sin que el otro vibre, para que se busque a un objeto que rondará continuamente en sus pensamientos.

 

En cuanto a lo autoconservativo, para tomar un ejemplo, el paciente f√≥bico con crisis de p√°nico o hipocondr√≠aco puede manifestar un s√≥lido y compulsivo apego al terapeuta ‚Äďno faltar√° jam√°s a sesi√≥n, sentir√° intensas angustias de separaci√≥n- pero en su mente el otro es simplemente un instrumento-cosa que le protege, no alguien con sentimientos y necesidades que se desea compartir.

Otros sujetos no buscan ni que el objeto les proteja, ni que les brinde gratificación sexual, ni que les regule psicobiológicamente, ni que les equilibre la autoestima. Su necesidad es la de sentirse en el mismo espacio emocional que el otro, sentir que hay un encuentro de mentes. En consecuencia, así como el psicoanálisis describió un objeto de la sexualidad, uno de la autoconservación, uno del narcisismo, uno de la regulación psicobiológica (Lichtenberg, 1989), de igual manera resulta necesario reconocer la existencia de un objeto de la intimidad.

 

El sujeto podr√° tener todos estos objetos separados en distintas personas ‚Äďel amigo/a de la intimidad es claramente diferente del objeto sexual o del autoconservativo-, o algunos de ellos confluir en un solo personaje que cumple varias funciones simult√°neamente. Articulaci√≥n compleja entre los diferentes objetos, con disociaciones y condensaciones, que nos alertan acerca de que expresiones tales como ‚Äúansiedad de separaci√≥n‚ÄĚ requieren ser particularizadas respecto a cu√°l es el objeto que est√° en juego: qu√© funci√≥n cumple en relaci√≥n a uno o varios sistemas motivacionales.

 

Modalidades de la intimidad

 

El sentimiento de intimidad se alcanza bajo modalidades diversas. Hay sujetos que experimentan¬† que est√°n en el mismo espacio psicol√≥gico si ambos sienten el cuerpo del otro. O, con m√°s precisi√≥n, si el cuerpo de cada uno est√° representado placenteramente en la mente del otro. El tipo de contacto que pasa a ser √≠ndice de que se est√° juntos es muy diverso: mientras que para algunos requiere como indispensable la sexualidad directa, para otros resulta suficiente pasar junto al otro y rozar fugazmente una parte de su cuerpo¬† a condici√≥n de que ese roce sea tambi√©n para el otro √≠ndice de que se comparte una presencia. Este ‚Äúobjeto de la intimidad corporal‚ÄĚ es diferente del ‚Äúobjeto del apego corporal‚ÄĚ en que el sujeto busca el contacto s√≥lo para sentir en su cuerpo al cuerpo del otro, en que se desea dormir abrazado al otro para que su presencia sea calor/sensualidad en el propio cuerpo. En cambio, cuando es el¬† cuerpo de la intimidad el que se desea pasa a requerirse, adicionalmente, que la mente del otro, el cuerpo del otro, sientan al cuerpo del sujeto: encuentro entre dos mentes en las que el cuerpo del otro es vivido como deseante y no como objeto de un deseo que existe s√≥lo en el sujeto.

 

Otros viven la intimidad como basada en participar de un mismo estado afectivo, sea el de alegr√≠a, el de tristeza, el de sorpresa, el de inter√©s, el de horror y disgusto, etc.¬† Cuando el anhelo de cohabitar tal espacio emocional es el que domina al sujeto, se hace todo lo necesario para activar en el otro el estado afectivo deseado: la comunicaci√≥n es una acci√≥n sobre el otro para producir la resonancia afectiva, para que el otro vibre en la misma longitud de onda. Incluso, se hipertrofia el propio sentimiento, se histeriza la emoci√≥n,¬† para arrastrar al otro. O, a la inversa, el sujeto se mimetiza con el estado de √°nimo del otro para sentir que est√° con ese otro. En ambos casos, la afectividad no es algo en s√≠ misma, no vale por su cualidad expresiva de estados interiores sino como medio para alcanzar el encuentro con el otro. Por ello la pregunta que en la situaci√≥n anal√≠tica guiar√° nuestra captaci√≥n del paciente no es s√≥lo ¬Ņqu√© siente? sino, tambi√©n, ¬Ņsiente esto para sentir qu√© otra cosa? Y esa otra cosa consiste, no infrecuentemente, en lograr sentir que se ‚Äúest√° con‚ÄĚ. Por ello se obtiene placer al estar sufriendo ‚Äújunto con‚ÄĚ, lo que genera en algunas personas una de las formas del masoquismo: el placer de sufrir deriva de que permite alcanzar el¬† sentimiento de intimidad con un otro que sufre. Si √©sta ha sido la modalidad b√°sica de intimidad que se vivi√≥ en la relaci√≥n con los padres o con los hermanos ‚Äďrelatos de uno de los padres sobre su sufrimiento en la relaci√≥n con el otro, o sufrimientos experimentados en la infancia-, entonces, para readquirir la vivencia del encuentro, se recrear√° el sufrimiento que fue el aire que se respiraba en com√ļn. La propuesta de sufrir juntos que se propone inconscientemente al otro, sea un amigo/a o la pareja o el terapeuta, mediante el hablar o recordar hechos y experiencias dolorosas, tiene el car√°cter agridulce derivado de ser la condici√≥n que posibilita el sentimiento de encuentro √≠ntimo.

 

La adicci√≥n al sufrimiento compartido, que constituye toda una forma del car√°cter, nos coloca de lleno en el papel de la intersubjetividad en la g√©nesis de la psicopatolog√≠a del masoquismo. √Čste fue estudiado en su origen como fen√≥meno puramente individual: fuerza que dentro del sujeto produc√≠a placer ‚Äďmasoquismo sexual- o aliviaba culpa ‚Äďmasoquismo moral- (Freud, 1924), o lograba un sentimiento de cohesi√≥n del self (Kohut, 1971). Pero el placer en el sufrimiento puede tener sus ra√≠ces, y su reactualizaci√≥n en el presente, en v√≠nculos en los que el sufrir es el medio privilegiado para sentirse en comuni√≥n con el otro. De ah√≠ el riesgo de esta forma de transferencia-contratransferencia masoquista en que paciente y analista obtienen un sentimiento de intimidad a trav√©s de centrarse en experiencias dolorosas.

 

De paso, as√≠ como es un progreso incorporar la dimensi√≥n intersubjetiva a la comprensi√≥n del masoquismo, igual sucede con la profundizaci√≥n de las motivaciones que generan y mantienen a una personalidad narcisista. Junto a las motivaciones puramente intraps√≠quicas, a los movimientos defensivos, en que la exaltaci√≥n narcisista y el self grandioso sirven ya sea para contrarrestar sentimientos de envidia, de agresividad ‚Äď‚Äúsi soy grandioso no tengo nada que envidiar, no siento rabia‚ÄĚ-, la posici√≥n de Kernberg, 1975) o porque contribuyen a compensar fallas de narcisizaci√≥n por parte de los objetos del self ‚ÄďKohut (1971), otra causa reside en que el self grandioso constituye una ofrenda que el ni√Īo/a brinda a padres que le requieren esa exaltaci√≥n. Hay padres que exigen inconscientemente que el hijo/a despliegue una exaltaci√≥n narcisista para otorgarle no s√≥lo su presencia, su reconocimiento, sino para permitir compartir su intimidad: se sue√Īan juntos fantas√≠as de grandiosidad que moldear√°n, luego, la forma prevalente bajo la cual la personalidad narcisista reclamar√° del otro un estado de exaltaci√≥n grandiosa a compartir.

 

Nociones como las de ‚Äúfalso self‚ÄĚ o de personalidad ‚Äúcomo s√≠‚ÄĚ recubren, entre sus modalidades, al car√°cter estructurado en base al uso del mimetismo para lograr la intimidad: se autofuerza el sentimiento, el pensamiento y la actitud hasta hacerlos equivalente al del otro para conseguir ese sentimiento m√°s b√°sico ‚Äďel de intimidad- que subtiende a los sentimientos particulares que son meramente productos del azar de qu√© es lo que sent√≠a aquel con qui√©n el sujeto se hab√≠a encontrado.

 

Triple dimensión de los afectos: expresión, comunicación-inducción y acomodación

Buena parte del desarrollo emocional, de la adquisición por parte del sujeto del vocabulario emocional del otro, de la identificación emocional con los padres, la pareja o el analista, se produce para sentir que se está con el otro, para unirse a ese otro. Lo que obliga a revisar la tan difundida concepción de que los afectos serían exclusivamene expresión de un estado interior, reacción del sujeto a ciertas representaciones. Es decir, que cuando el sujeto es dominado por representaciones que significan peligro, entonces siente miedo; cuando pierde al objeto, sobreviene la tristeza; cuando logra realizar un deseo, aparece alegría, etc. En todos estos casos el afecto es resultado, parte de un estado mental, correlato automático de ciertas ideas. Dimensión puramente intrapsíquica ya que los afectos se pueden experimentar en la más estricta soledad.

 

Junto a esta dimensi√≥n intraps√≠quica de la emoci√≥n ‚Äďno requiere de la presencia del otro ni est√° dirigida al otro- queremos destacar otras dos. Una m√°s conocida, la emoci√≥n como comunicaci√≥n, en que el sujeto activa o intensifica una emoci√≥n para llegar al otro y hacerle sentir lo que √©l siente. Y si el otro (padres o analista) es ‚Äúsordo‚ÄĚ, el sujeto debe incrementar su estado emocional en un intento de que se le escuche. Es la causa por la cual algunos pacientes desarrollan una angustia o una tristeza que van en aumento cuando el analista no ‚Äúescucha‚ÄĚ, o cuando el sentimiento de no ser escuchado resulta de que transfieren sobre √©ste un objeto interno ‚Äďreal en el pasado o pura construcci√≥n imaginaria- de padres insensibles, no emp√°ticos que no captaban su estado emocional. Emoci√≥n ‚Äúcomunicaci√≥n-inducci√≥n‚ÄĚ, destinada a tratar de promover en el otro una respuesta emocional y un posicionamiento (un rol en la relaci√≥n) desde el cual responda a la demanda del sujeto expresada en forma de esa emoci√≥n particular. El estado afectivo es un instrumento en los intercambios con el otro para que √©ste sienta y se comporte de la manera deseada. Proceso en dos tiempos: primero, se produce en el sujeto un cierto estado emocional; luego, con la finalidad de llegar al otro, se lo intensifica. ‚ÄúHisterizaci√≥n‚ÄĚ de lo existente, ahora al servicio de buscar cierta respuesta del otro.

 

Pero, adem√°s de lo anterior, cuando lo que se anhela es compartir un espacio ps√≠quico, la emoci√≥n cumple una funci√≥n a la¬† que podemos denominar ‚Äúfusional‚ÄĚ: medio para producir el encuentro. La emoci√≥n pierde su car√°cter de componente de estados interiores cognitivo-afectivos y pasa a ser convocada s√≥lo para generar el encuentro. Si los padres s√≥lo prestan atenci√≥n y responden positivamente cuando el sujeto muestra alegr√≠a, este estado afectivo corresponde no a estados interiores (emoci√≥n-expresi√≥n) sino que constituye la manera autoimpuesta por la cual el sujeto intenta estar con el otro.

 

Desde esta perspectiva, la g√©nesis del car√°cter hipoman√≠aco no se debe siempre a una defensa en contra de algo que el sujeto trata de negar ‚Äďpuro movimiento intraps√≠quico- sino que puede ser el resultado del requerimiento del otro de que el sujeto sea alguien que le alegre. Si √©sta es la relaci√≥n interna que el sujeto tiene con un otro que le ‚Äúobligaba‚ÄĚ a la alegr√≠a, a la excitaci√≥n, ahora, en la situaci√≥n anal√≠tica, al proyectar en el analista ese otro, puede necesitar negar, alegrarse, para el otro, es decir, no en contra de representaciones negativas propias sino para sentir que agrada al otro. Lo que muestra, una vez m√°s, que hay defensas a requerimiento del otro, sea √©ste requerimiento real o simplemente imaginario en el sujeto que cree que ese otro as√≠ se lo demanda. Causa intersubjetiva de la defensa muy poco estudiada en que el sujeto est√° alienado en la emocionalidad y la modalidad defensiva que tiene el otro, y no por identificaci√≥n ‚Äďincorporaci√≥n de un rasgo del otro que pasa a formar parte del self nuclear- sino para proteger el v√≠nculo con el otro.

 

Formas de alcanzar la intimidad

 

Si bien el compartir un estado emocional ‚Äďsea por imposici√≥n al otro o por acomodaci√≥n al de otro- es una de las formas privilegiadas para obtener el sentimiento de intimidad, no debemos universalizar aquella condici√≥n. Alguna gente adquiere ese sentimiento de espacio mental compartido cuando hace algo pr√°ctico en que el otro interviene ‚Äďcocinar, arreglar un objeto, pintar un cuarto, seleccionar algo que se compra.¬† La actividad act√ļa de indicador semi√≥tico para el sujeto de ‚Äúestar con‚ÄĚ. El otro participante de la escena podr√° no expresar emociones¬† pero el hecho de alcanzar el destornillador que se le pide, o que anticipa que el sujeto necesita para completar una acci√≥n, es lo que brinda el sentimiento de uni√≥n. ‚ÄúAy√ļdame a poner la mesa o a hacer la cama‚ÄĚ pueden ser el medio que en la cotidianidad trata de dar forma al anhelo de encuentro. As√≠ como hay familias que se reunen para hablar, para relatarse estados afectivos, para hac√©rselos vivir a los dem√°s, otras alcanzan el espacio com√ļn de la intimidad a trav√©s de las tareas pr√°cticas que comparten.

  

Lo expuesto hasta aqu√≠¬† nos va indicando que¬† no es ni el cuerpo, ni la emoci√≥n ni la actividad instrumental lo decisivo para alguna gente, sino que hay una cierta y muy espec√≠fica cualidad de la experiencia intersubjetiva que es lo que se desea. Lo que no significa que otra gente no busque exclusivamente gozar con el cuerpo sin interesarse en el espacio psicol√≥gico compartido, o alcanzar cierto estado emocional deseado propio, o conseguir cierto objetivo en s√≠ mismo, para s√≠ mismo, sin que entre como motivaci√≥n lo que est√° pasando en el otro. Por ello la pol√©mica entre Fairbairn¬† (1952) -la libido busca la relaci√≥n con el objeto- y la posici√≥n freudiana- el objeto es un medio para obtener la satisfacci√≥n de la pulsi√≥n- coloca en t√©rminos dicot√≥micos, universaliza, lo que son formas de la relaci√≥n entre el sujeto y el objeto: se puede utilizar al cuerpo para alcanzar un sentimiento de uni√≥n con el objeto, o se puede utilizar al objeto, y hasta el sentimiento de uni√≥n, para conseguir la m√°s pura realizaci√≥n de un deseo sexual o un objetivo pr√°ctico; o se pueden articular ambos tipos de deseos. Y ello depender√° no una cualidad innata del sujeto sino de las experiencias bajo las cuales su¬† psiquismo haya sido estructurado, de lo que buscaban sus padres en el contacto con el sujeto: por ej., que √©ste fuera alguien que se comportase de determinada manera u, otra posibilidad, fuera un ser con quien obtener el sentimiento de estar ‚Äújunto con‚ÄĚ. Depender√°, tambi√©n, y en no menor medida, de las transformaciones que la fantas√≠a inconsciente imprima a las experiencias, en esa compleja interacci√≥n existente entre lo interno y lo externo. Si el experimentar emociones, por ejemplo, es captado como peligroso, y el sujeto bloquea defensivamente cualquier emergencia de aqu√©llas, el logro del sentimiento de intimidad tomar√° otros cauces, que podr√°n depender, a su vez, de la catectizaci√≥n narcisista de ciertas funciones ‚Äď la de pensar, por ejemplo- y sus productos -los pensamientos. Relaci√≥n no lineal en los efectos de los intercambios con las figuras parentales que nos previene de cualquier concepci√≥n mec√°nica de la transmisi√≥n generacional: si los padres para sentir que estaban en contacto inundaban de una emocionalidad angustiante, el rechazo de √©sta por parte del sujeto puede determinar que la forma de intimidad buscada no sea la vivida traum√°ticamente en la infancia sino el compartir un silencio: se siente que ambos de la nueva relaci√≥n ‚Äúest√°n con‚Ä̬† porque experimentan el mismo placer del silencio y la calma emocional concomitante. Con toda la importancia que la identificaci√≥n posee para reproducir en los hijos las modalidades de v√≠nculos que se vivieron con los padres, las angustias y los deseos del sujeto imponen transformaciones al hacer entrar nuevas dimensiones. En ciertos casos hay interiorizaci√≥n pero siempre lo que domina es¬† proceso interiorizaci√≥n-transformaci√≥n.

 

La intimidad en la situación analítica

 

Deseos desvinculados de la intimidad, o guiados por la b√ļsqueda de √©sta, que imprimen su curso a la situaci√≥n anal√≠tica: si el analista busca exclusivamente que el paciente haga insight, o que siga determinada conducta bajo ciertos ideales de salud/enfermedad, contribuir√° a estructurar al psiquismo de su paciente bajo la motivaci√≥n ‚Äúun objetivo a alcanzar‚ÄĚ. Metaf√≥ricamente, estar√°n tres: el paciente, el analista y la meta-objetivo terap√©utico. El paciente ser√° para el analista un objeto a transformar y √©ste, para el paciente, un objeto-instrumento para lograr ciertos fines. Ambos mirar√°n el objetivo, y si esto determina que se desatienda el deseo de ‚Äúestar junto con‚ÄĚ, en algunos pacientes se reforzar√° una estructura ps√≠quica en que ese deseo estuvo insuficientemente desarrollado. Es lo que sucede con ciertas personalidades ‚Äúf√°cticas‚ÄĚ orientadas hacia acciones en el mundo exterior y para quienes el encuentro con el otro es una contingencia que se agrega, y a la que hay que soportar, en el camino hacia sus metas.

 

Otros pacientes, en aras de alcanzar el estar ‚Äújunto con‚ÄĚ el analista, moldear√°n¬† toda su actividad: asociar√°n, contar√°n sue√Īos, cambiar√°n. El hablar ser√° una forma de ‚Äúestar con‚ÄĚ, de lograr un sentimiento de intimidad. Incluso el insight estar√° al servicio de la necesidad b√°sica de compartir un espacio psicol√≥gico. Desde esta perspectiva, no podemos dejar de¬† alertar acerca de la paradoja de una personalidad ‚Äúcomo s√≠‚ÄĚ que hace insight de que siempre ha funcionado como ‚Äúcomo s√≠‚ÄĚ pero bajo la motivaci√≥n inconsciente de sentirse unida al otro al que sabe que agrada, y con el cual se une, mediante ese insight. Por tanto, reforzamiento del car√°cter ‚Äúcomo s√≠‚ÄĚ.

 

De manera sim√©trica, si el deseo prevalente¬† en el¬† analista es el de ‚Äúestar con‚ÄĚ, entonces, para algunos pacientes se reforzar√° esta tendencia que es la que ya dominaba su psiquismo, aunque en otros dar√° origen a lo que nunca fue desarrollado. Lo que nos aleja de cualquier valoraci√≥n ‚Äúa priori‚ÄĚ de una u otra actitud ‚Äďla de promover el encuentro intersubjetivo, el ‚Äúestar con‚ÄĚ, o la de buscar el insight y ciertos tipos de cambios- por parte del analista pues entrevemos el riesgo de iatrogenia cuando se act√ļa universalmente independientemente del tipo de paciente.

 

En cuanto a la cuarta modalidad por la cual ciertas personas alcanzan el sentimiento de intimidad, la de compartir ideas, el pensar igual, tenemos como ilustraci√≥n a ciertas comunidades ideol√≥gicas – movimientos pol√≠ticos, religiosos, cient√≠ficos o profesionales-¬† en las que aquello¬† que brinda el sentimiento de comuni√≥n, de intimidad, es el pensar de manera¬† de similar. L√≠deres o seguidores pueden sentir que forman una unidad, que ‚Äúest√°n con‚ÄĚ, al compartir¬† el credo pero molest√°ndoles que el otro le proponga cualquier intercambio afectivo o una actividad desvinculada de la concordancia ideol√≥gica.

Pero hay en la dimensi√≥n cognitiva algo que va m√°s all√° del contenido de las ideas como capaz de producir o no el sentimiento de intimidad. Para una persona con una organizaci√≥n de su psiquismo bajo ciertas formas de razonar que se ajustan a la manera con la cual el discurso convencional encadena pensamientos y argumentos, cuando entran en contacto con alguien que piensa en t√©rminos m√°s de proceso primario, ligando pensamientos mediante formas de articulaci√≥n diferentes, saltando de un tema a otro, volviendo al anterior, dejando indeterminado de qui√©n se est√° hablando (ej. ‚Äúentonces vino‚ÄĚ, y no se ha explicitado qui√©n es el que vino), al primero se le produce una disonancia cognitiva, una sensaci√≥n de malestar, de falta de encuentro. Igualmente, el detallismo de algunos obsesivos que abruma al interlocutor, genera en ciertas personas el sentimiento de no poder encontrarse con el otro porque las corrientes que organizan el pensamiento de uno y otro circulan por diferentes caminos de jerarqu√≠a de aquello de lo que se habla, de qu√© se espera que sea el momento siguiente en el di√°logo

 

O el ritmo de pensar del otro, demasiado r√°pido o demasiado lento para el interlocutor, hace sentir que no se puede seguir el paso; asincron√≠a que es captada como desencuentro. Lo que nos conduce a considerar en el sentimiento de encontrarse en un mismo espacio psicol√≥gico la importancia que reviste el fen√≥meno del ‚Äúentonamiento‚ÄĚ (‚Äúattunement‚ÄĚ), de los ritmos que se encuentran por parte de ambos participantes de una interacci√≥n, cuesti√≥n que tanto ha destacado Stern (1985).

 

Entonamiento o ritmo que abarca al encuentro corporal, o al afectivo, o al instrumental o al cognitivo. Entonamiento que nos interesa por algo que va m√°s all√° de la posibilidad de que cierta acci√≥n se desarrolle exitosamente ‚Äďla sexualidad en la pareja, o el amamantamiento, o la tarea terap√©utica, por ejemplo-, ya que interviene con car√°cter de determinante¬† para que se logre esa dimensi√≥n supraordinada que estamos trabajando, el sentimiento de intimidad. Supraordinada en el sentido de que el ritmo que posibilita el encuentro sexual hace que √©ste posibilite, a su vez,¬† algo que el sujeto puede buscar por encima de todo: el sentimiento de comuni√≥n psicol√≥gica.

 

Cuatro dimensiones del ‚Äúestar con‚ÄĚ ‚Äďafectiva, cognitiva, instrumental, corporal- que en la situaci√≥n anal√≠tica se reducen a tres ‚Äďexcluida la corporal no s√≥lo por razones doctrinarias sino por las funestas consecuencias que ocurren cuando as√≠ no se lo hace-, y que ser√°n los vectores por los cuales transcurrir√°n las vicisitudes del sentimiento de intimidad para ambos participantes. Contenido y ritmo de la afectividad, de la labor compartida -lo instrumental, la c√©lebre ‚Äúalianza de trabajo‚ÄĚ-, y de consonancia/disonancia de los estilos cognitivos marcar√°n la posibilidad del sentimiento de intimidad, con sus placer y angustias.

 

Las preguntas ser√°n: ¬Ņqu√© hace el paciente afectiva, instrumental, cognitivamente, para lograr que el analista est√© en su mismo espacio ps√≠quico, o para evitarlo cuando esto produce angustia? ¬ŅQu√© hace el analista afectiva, instrumental y cognitivamente para conseguir objetivos equivalentes de aproximaci√≥n o distancia, de compartir o separar espacios psicol√≥gicos? ¬ŅQu√© hacen ambos, independientemente de lo que desean, por pura compulsi√≥n a la repetici√≥n que va en contra de lo que desean y se proponen?

 

Y, a√ļn de m√°s importancia: ¬ŅQu√© sucede si ambos integrantes tienen distintas modalidades para sentir que el otro est√° en su espacio psicol√≥gico, o de mantener separados estos espacios? Por ejemplo, si el analista siente que ‚Äúestar junto con‚ÄĚ, su forma caracterol√≥gica √≥ptima de intimidad, es cognitiva -pensar igual, compartir insights, construcciones, teor√≠as sobre el funcionamiento ps√≠quico- y para el paciente es el encuentro afectivo, compartir el mismo estado emocional? El conflicto entre ambos es inherente a la¬† estructura de ese encuentro, y lo que desde el analista podr√≠a ser considerado resistencia del paciente al encuentro cognitivo, a ‚Äútomar conciencia de‚ÄĚ, con igual legitimidad desde el paciente podr√≠a ser vivido como resistencia del analista al encuentro afectivo. A modo de iron√≠a: ¬Ņera Irma quien se resist√≠a a las interpretaciones de Freud o era Freud quien se resist√≠a a la afectividad de Irma? En otros t√©rminos, ¬Ņel paciente se resiste a las interpretaciones del analista porque su contenido despierta angustias o por transferencia negativa de tipo narcisista -qu√© dudas caben que esto sucede-, o porque, a veces, hay una diferente definici√≥n y necesidad, a nivel inconsciente, por parte de ambos integrantes de la pareja terap√©utica de qu√© significa estar ‚Äújunto con‚ÄĚ, de la modalidad bajo la que se busca alcanzar el sentimiento de intimidad?

 

¬ŅPero es indispensable para que exista el sentimiento de intimidad que se tengan iguales, similares o equivalentes estados afectivos, cogniciones, actividades o encuentros entre los cuerpos? Para algunas personas s√≠. Para otras, en cambio, bastar√° que cada uno de los participantes capte qu√© es lo que pasa en la mente ‚Äďemocional, cognitivamente- del otro, lo valide, y sienta que esa diferencia no separa. Dos formas de sentir que se logra la intimidad¬† que podr√≠a conducirnos a considerar a la primera como m√°s ‚Äúinmadura‚ÄĚ, ‚Äúinfantil‚ÄĚ, ‚Äúegoc√©ntrica‚ÄĚ, ‚Äúnarcisista‚ÄĚ, que son los t√©rminos con que generalmente se valoran diferencias. Por nuestra parte, dado que la segunda forma es mucho m√°s infrecuente, casi un ideal algunas veces alcanzado, incluso no de manera estable por ninguna pareja, s√≥lo¬† por momentos, preferimos ubicar a ambas formas como modalidades del encuentro. Desde el punto de vista terap√©utico nos conformamos no con pasar de la primera a la segunda sino con un ideal que la pr√°ctica muestra como tampoco f√°cil: que cada uno sepa cu√°l modalidad regula su encuentro con el otro y cu√°l regula en el otro el sentimiento de intimidad. Ese saber sobre uno y el otro es ya una forma de encuentro. Incluso, el saber que uno de los integrantes de la pareja busca la intimidad y el otro la reh√ļye, ambos por las leg√≠timas razones que puedan tener. En algunos casos el √ļnico encuentro posible consiste en compartir el conocimiento de las profundas diferencias que separan.

 

Diferenciaci√≥n self-no self en el espacio compartido y su relaci√≥n con el ‚Äúespacio transicional‚ÄĚ

 

¬ŅQu√© relaci√≥n guarda el concepto de ‚Äúespacio de intimidad‚ÄĚ con el de ‚Äúespacio transicional‚ÄĚ, desarrollado por diversos autores influenciados por las ideas de Winnicott (1971) sobre lo que √©l denominara ‚Äúespacio potencial‚ÄĚ Bajo la expresi√≥n ‚Äúespacio transicional‚ÄĚ se ha intentado describir a un tipo de experiencia ilusoria en que la diferencia entre interno/externo, subjetivo/objetivo, ‚Äúm√≠/no m√≠‚ÄĚ pasa a ser irrelevante, permitiendo ello que el sujeto no sea abrumado por una realidad con la cual tendr√° que lidiar toda su vida y que siempre resulta traumatizante. Espacio de creatividad en el que es la actitud del otro -la madre, el analista, etc.- quien permite que esa ilusi√≥n se mantenga, aceptando esa realidad ilusoria del que as√≠ la vive, introduciendo gradualmente, a peque√Īas dosis, la realidad. En ‚ÄúPlaying and Reality‚ÄĚ – traducido como ‚ÄúRealidad y juego‚ÄĚ aunque la idea de Winnicott¬† es la de algo que est√° ocurriendo creativamente, de ah√≠ el uso de ‚Äúplaying‚ÄĚ, jugando- se enfatiza que la ilusi√≥n es el resultado de una actitud del otro, ‚Äúde una t√©cnica de crianza‚ÄĚ, en que no se cuestiona al sujeto acerca de si es √©l quien cre√≥ al objeto o lo encontr√≥ en la realidad, es decir que se le permite dejar indeterminada la diferencia entre lo interno, su fantas√≠a ,y la realidad.

 

En cambio, el sentimiento de intimidad surge en relaci√≥n a un otro al que se reconoce como separado del¬† sujeto -existiendo en la realidad- en el momento que manteni√©ndose ese sentimiento de diferencia, simult√°neamente, se vive como que se comparte algo importante de la mente del otro, sean sus sentimientos, sus ideas, sus intereses y se le hacen vivir los propios. Es el sentimiento de uni√≥n en el seno de una diferencia percibida, uni√≥n que produce tanto m√°s placer porque no anula la diferencia: somos diferentes pero sentimos, pensamos, igual.¬† Uno existe para la mente del otro y el otro en la de uno, y se siente que ambas mentes tienen algo importante en com√ļn. Es la tensi√≥n entre separaci√≥n y uni√≥n la que posibilita el placer de la intimidad. Por ello no es fusi√≥n total, p√©rdida de la individuaci√≥n. M√°s a√ļn, que se reconoce al otro como diferente dentro del marco de la intimidad se evidencia por las angustias que puede producir la intimidad al no existir el sentimiento de control en el fantasear que tiene lugar en el espacio transicional winnicottiano. La intimidad se desea y se sale en b√ļsqueda de que el otro la desee. La intimidad exige una ‚Äúteor√≠a de la mente‚ÄĚ, en el sentido que se le da actualmente: la atribuci√≥n al otro de¬† estados mentales (Fonagy, 1996).

 

Una vez establecida esta diferencia con el ‚Äúespacio transicional‚ÄĚ, dado que el sentimiento de intimidad con el otro es siempre una construcci√≥n subjetiva podr√° moverse, seg√ļn el momento y las personas, entre dos extremos: por un lado, en el nivel totalmente ilusorio en que el sujeto desea y cree que hay tal intimidad cuando eso no corresponde a lo que el otro siente y es. Guarda relaci√≥n con lo que Kohut (1971) describi√≥ como ‚Äútransferencia gemelar‚ÄĚ en que el paciente ve al analista como teniendo los mismos deseos y pensamientos. Pero, por otro lado, el sentimiento de intimidad puede corresponde a la captaci√≥n, m√°s acorde con lo que le pasa al otro, de que s√≠ existe esa concordancia entre sujeto y el otro. Entre ambos polos, el de la subjetividad m√°s arbitraria y el m√°s cercano a la realidad -nunca alcanzable, nunca totalmente objetiva, siempre construida-, se encuentra toda la gama de experiencias posibles. Por lo cual el sentimiento de intimidad es una construcci√≥n subjetiva para cada uno de los participantes, regulada por sus deseos, por sus angustias, por las defensas pero, al mismo tiempo,¬† creada entre los dos participantes. Lo que aplicado a la situaci√≥n anal√≠tica indica que el sentimiento de intimidad puede ser para ambos participantes, no s√≥lo para el paciente sino para el analista tambi√©n, una pura ilusi√≥n -uno de los polos mencionados- o algo que se aproxima a la realidad de lo que ambos sienten.

 

Pero antes de profundizar en las posibles combinatorias posibles cuando dos subjetividades se relacionan, debemos detenernos en las angustias ante la intimidad porque hasta aqu√≠ hemos razonado como si siempre fuera algo deseado. Para alguna gente, ya sea a trav√©s de experiencias directas de intercambios con sus figuras significativas, ya sea por identificaci√≥n con esas figuras que le transmitieron c√≥mo ellas viven la intimidad, o por el producto de sus producciones fantasm√°ticas, o por la articulaci√≥n de estos factores con m√ļltiples direcciones de determinaci√≥n, lo cierto es que la representaci√≥n interna del encuentro con el otro est√° cargada de temor: ser invadidos, avasallados, culpabilizados, perseguidos, castigados, entristecidos, sobreexcitados, contagiados con ansiedad, forzados a hacer lo que no desean, perturbados en sus ritmos, desorganizados cognitivamente, etc. Es decir, violentados corporal, afectiva, instrumental o cognitivamente. El espacio compartido es equivalente a estar en la jaula de los leones. En algunas relaciones entre los adolescentes y sus padres, aqu√©llos rechazan a √©stos porque la intimidad conlleva el sentimiento de invasi√≥n en cualquiera de los niveles descritos. Igual sucede en determinadas parejas, con el agregado que se puede rechazar al otro en una de las modalidades de la intimidad, la sexual, por ejemplo, no por retaliaci√≥n narcisista ante las ofensas del otro, no para realizar el deseo de que se frustre el deseo del otro, no¬† por falta de deseo sexual, no por ser vivida bajo las angustias de la penetraci√≥n corporal sino por otra causa que se agrega a aqu√©llas: la sexualidad es significada como intimidad que es la que causa angustia por lo que ha significado en la historia del sujeto. Sobre el encuentro sexual recae el significado de que ‚Äúestar con‚ÄĚ es amenazante para la integridad del self en cualquier de las dimensiones que se√Īalamos poco m√°s arriba.

 

Una de las modalidades de intimidad que pueden generar m√°s rechazo, movilizando defensas, es el impacto traumatizante que es capaz de producir la afectividad del otro. Si esta afectividad es excesiva, cambiante, ca√≥tica ‚Äďpadres borderline, por ej.-, el sujeto se defiende de los mismos, llegando a eliminar todo deseo de contacto. En la situaci√≥n anal√≠tica, si el analista es ansioso, si su forma de hablar, su tono de voz, transmite alarma, si es un analista preocupado a la manera de padres que quieren hacer sentir la gravedad de lo que est√° en juego, en estos casos el paciente puede tender a aislarse, a ‚Äúresistirse‚ÄĚ no por el contenido tem√°tico de lo que se le dice, no por rivalidad narcisista sino porque el estado emocional con el que se le inunda, y se le pide compartir, es desorganizante para su psiquismo.

 

Este nivel de la interacci√≥n, que no depende del contenido tem√°tico de lo que se dice, es el que ha sido m√°s descuidado en psicoan√°lisis, a punto tal en no pocas ocasiones, para reflejar la parcipaci√≥n del analista, se la transmite bajo la forma ‚Äúle dije que…‚ÄĚ, faltando la reflexi√≥n sobre la serie denominada ‚Äúparaling√ľ√≠stica‚ÄĚ que aportar√≠a: ‚Äúle dije con un tono de ‚Ķ(alarma, dureza, gravedad, distancia afectiva, sobreinvolucraci√≥n emocional, etc.), y¬† con un ritmo‚Ķ(precipitado, tumultuoso, lento, etc.).

 

Como con cualquier tipo de deseo, el de intimidad est√° inscrito en el sujeto bajo m√ļltiples expectativas de cu√°l ser√° la posibilidad de realizarlo. Se puede tener la anticipaci√≥n de que la intimidad no ser√° jam√°s alcanzada, de que no habr√° forma de llegar al otro. Desesperanza generada, a veces, cuando se siente que el otro ‚Äďla pareja, por ejemplo-, no comparte una racionalidad que para el sujeto es autoevidente, que corresponde a c√≥mo aprendi√≥ que socialmente se entienden las obligaciones rec√≠procas, las formas bajo las cuales cada uno debe regular su relaci√≥n con el otro.¬† Esta condici√≥n la ilustra el caso de una paciente que cuando reclamaba¬† a su pareja un comportamiento inadecuado, la respuesta consist√≠a, seg√ļn el sentimiento del paciente: ‚Äúempieza a revolear argumentos, que los saca de cualquier lado, que escapan a toda l√≥gica, y entonces me desespero, me lleno de rabia‚Ķ‚ÄĚ.

Si alguien ha tenido la experiencia de convivir en su infancia con padres irracionales puede llegar un momento en que abandone cualquier esfuerzo en pos del logro de intimidad, por lo que no comunicar√° sus pensamientos, sentimientos, o movimientos. La esquizoid√≠a y el silencio se convierten en la forma de protegerse de las angustias del desencuentro, del sentimiento de que no es posible sentar una base com√ļn para el di√°logo y el entendimiento.

 

En otras ocasiones, sin llegarse al terreno de la desesperanza, la expectativa es que el otro s√≥lo llegar√° a entender al sujeto si √©ste fuerza dentro de √©ste √ļltimo los sentimientos que desea comunicar. Un paciente, cuando me quer√≠a transmitir una idea, una angustia, una preocupaci√≥n, comenzaba a gritar dando por anticipado que no le entender√≠a. La frase tan frecuente de ‚Äúno s√© si me entiende‚ÄĚ no resulta siempre de la proyecci√≥n de la incomprensi√≥n del sujeto sobre s√≠ mismo o sobre el otro sino de las experiencias reiteradas que ha¬† tenido de no poder alcanzar el sentimiento de intimidad con el otro, de compartir el mismo espacio mental.

 

En este sentido, la p√©rdida del objeto de la intimidad -aquel en el que el deseo de intimidad se realiza- puede generar las reacciones emocionales equivalentes al primer tiempo descrito por Spitz para el hospitalismo y por Bowlby para la p√©rdida del objeto de amor, es decir, las¬† correspondientes a la fase de protesta para forzar el reencuentro con el objeto. Pero si a pesar de la protesta, el objeto de la intimidad no se muestra dispuesto a desempe√Īar lo que de √©l se demanda, la fase de desesperanza y retracci√≥n es la que pasa a un primer plano.

Defensas en contra de la intimidad

Las formas que tiene el sujeto para mantener al otro a distancia, o directamente por fuera del espacio compartido defensas ante las angustias de la intimidad-, podr√°n transcurrir desde el alejamiento f√≠sico, o el retiro esquizoide en presencia del otro, o los estados disociados en que se preserva una parte de s√≠ por fuera de la organizaci√≥n de la personalidad que participa en los intercambios con¬† el otro -m√ļltiples selves, Bromberg (1996)¬† hasta la agresividad para distanciar al otro (Bleichmar, 1997; Mahler, 1981)

 

Por otra parte, se puede buscar la intimidad en una de sus formas ‚Äďcorporal, afectiva, instrumental o cognitiva- pero rechazarse las otras no porque impliquen intimidad sino porque afectan el sentimiento de seguridad en los sistemas motivacionales del narcisismo, de la autoconservaci√≥n, de la regulaci√≥n del equilibrio psicobiol√≥gico. As√≠ un miembro de la pareja puede buscar la intimidad en el plano sexual pero esto significa entrar en contacto con un otro que le desrregula psicobiol√≥gicamente llen√°ndole de ansiedad, o que le transmite su tristeza, o que desea imponerle sus ideas generando tensi√≥n en el sistema narcisista. Pero, a la inversa, la intimidad puede ser sobresignificada desde el sistema narcisista: ‚Äúel/ella comparte conmigo‚Ķluego, me valora‚ÄĚ, con lo cual se refuerza su b√ļsqueda.

 

Esta reacci√≥n diferencial a la acci√≥n del otro desde los distintos sistemas motivacionales ‚Äďse le acepta desde uno, se le rechaza desde otros- permite una descripci√≥n m√°s fina de lo que se llama ambivalencia, fen√≥meno omnipresente en toda relaci√≥n precisamente porque el sujeto se vincula desde una multiplicidad de sistemas motivacionales y modalidades de b√ļsqueda y rechazo que propone al otro y desde los cuales reacciona a las propuestas de √©ste. M√°s que ambivalencia entre dos categor√≠as (amor-odio), con lo que nos encontramos es con polivalencia, es decir, valencias de signos opuestos entre los sistemas motivacionales.

 

Los desencuentros resultan de las m√ļltiples combinaciones que se pueden generar entre el deseo de intimidad, las formas de lograrlo y las necesidades que siente un sujeto desde sus sistemas motivacionales.¬† Ferenczi¬† (1933) habl√≥ de confusi√≥n de lenguas para referirse a la condicion en que alguien se dirige a un otro en b√ļsqueda de cuidado y protecci√≥n y este √ļltimo le responde mediante su deseo sexual. No importa que el primero sea el ni√Īo y el segundo el adulto, lo decisivo del aporte de Ferenczi es que ilustra acerca de¬† una de las variantes del desencuentro entre dos subjetividades.

  

Así como la sexualidad puede ser algo en sí misma, por el casi puro placer pulsional, o ser un    instrumento para alcanzar la intimidad, los deseos y necesidades de los demás sistemas motivacionales se pueden alcanzar sin que la intimidad esté de por medio. El placer narcisista es dable de obtenerse en algunos casos, precisamente, porque el sujeto siente que el otro no le interesa, ni lo que siente, ni lo que piensa ni lo que hace. Igualmente con la regulación psicobiológica o la autoconservación que es alcanzada mejor por alguna gente  en soledad, sin la presencia física, emocional, instrumental o cognitiva del otro.

 

Si el sentimiento de intimidad estuvo acoplado con el de sentirse seguro, protegido, cuando no se alcanza la intimidad el sujeto puede representarse en peligro.

 

Pero como el psiquismo no funciona como un sistema de cómputo que logra maximizar beneficios y disminuir perjuicios sino que es impulsado, de manera más bien ciega, por distintas fuerzas motivacionales, que empujan cada en su propia dirección, alguien puede tener intensos deseos de intimidad, buscarla en el plano emocional o en el corporal, pero se encuentra con otro que le desregula  el sistema narcisista o el sensual/sexual o el de la autoconservación por lo que terminará rehuyendo el contacto. O, a la inversa, alguien puede ser empujado por fuertes necesidades del sistema narcisista hacia la confrontación con el otro, hacia la demarcación y diferencia para sentirse superior, con lo que se frustran simultáneos e igualmente intensos deseos de intimidad.

 

En consecuencia, en cada encuentro con el otro, el sujeto se halla expuesto no √ļnicamente a las contradicciones entre sus sistemas motivacionales -contradicciones intraps√≠quicas- sino a las que resultan¬† del interjuego con las del otro. Y esto vale para el encuentro anal√≠tico en que se activan deseos y angustias ante la intimidad en cada uno de los participantes, con especificidad en sus predominios relativos, y, a la vez, encuentros/desencuentros entre los deseos y necesidades de los respectivos sistemas motivacionales.

 

Preguntas, entonces: ¬Ņen la dimensi√≥n b√ļsqueda/rechazo de la intimidad en la que se mueven ambos miembros¬† de la pareja anal√≠tica, cu√°les ser√°n las consecuencias cuando los dos la buscan, cuando los dos la rechazan, cuando uno busca y el otro rechaza? ¬ŅC√≥mo contribuye la orientaci√≥n t√©orico-t√©cnica del analista, adem√°s de su caracterolog√≠a, para reforzar la b√ļsqueda o hu√≠da de la intimidad? ¬ŅGeneran un campo similar, en cuanto a la intimidad, un¬† analista freudiano, kleiniano, kohutiano, lacaniano, intersubjetivista, interpersonalista?

 

La falla en el logro de la experiencia de intimidad puede articularse con tendencias melancólicas o paranoides, es decir tendencias de atribución de responsabilidad de quién ha sido el causante del dolor, lo que conduce a estados melancólicos o paranoides, de autorreproche o reproche al otro, en los que la preocupación por la intimidad pasa a un segundo plano. Momentos del suceder psíquico, pasaje desde el deseo de intimidad al sentimiento de frustración, de éste a la rabia contra el objeto externo, a las angustias que esta rabia produce, a las defensas ante estas nuevas angustias.

 

Las distintas combinaciones entre las modalidades por las que una persona busca la intimidad, la relaci√≥n entre intimidad y apego, entre apego y sistemas motivacionales, variables para cada sujeto, nos indican una vez m√°s que el psiquismo funciona como un sistema de articulaci√≥n de componentes, en que los m√≥dulos, al articularse, sufren e imprimen transformaciones en los otros. Lo mismo, pero de manera a√ļn m√°s compleja, tiene lugar cuando son dos subjetividades las que entran en contacto.

 

 

¬ŅPor qu√© se busca la intimidad?

 

Si hemos afirmado que el deseo de intimidad no se reduce a las motivaciones¬† habituales que llevan al apego autoconservativo, sexual o narcisista, que aqu√©l constituye una condici√≥n con especificidad propia, entonces ¬Ņpor qu√© se busca la intimidad? De no contestar a esta pregunta correr√≠amos el riesgo de convertir a √©sta en una entelequia. ¬ŅQu√© es lo que sucede en el momento en que sentimos que compartimos con otro un estado de √°nimo? Por un lado, se convalida nuestro estado mental y nosotros en tanto seres que tenemos ese estado mental. Uno es confirmado en el sentimiento de que existe, en la validez de nuestras percepciones y pensamientos, en la medida que para otro aquello que somos, sentimos, pensamos, s√≠ existe. El sentimiento de ser sujetos lleva la marca de nuestra constituci√≥n a partir del otro: el ni√Īo desea, las m√°s de las veces, casi dictatorialmente, que el adulto mire lo que √©l esta mirando porque su placer acerca de algo requiere recrear los momentos constitutivos del psiquismo en que el significado de una experiencia, especialmente su valencia emocional,¬† no puede ser asignado desde adentro sino a partir de los referentes que el otro provee. Incluso algo que es una disponibilidad biol√≥gica, el sonreir, es le√≠do en la sonrisa y el placer¬† del adulto que sonr√≠e en el mismo momento; o el placer por un alimento determinado es creado por el que se observa en el otro significativo frente al mismo; o el placer funcional de los primeros dominios motores requiere la respuesta jubilosa del otro que contribuye¬† a darle existencia.

 

Como adultos, continuamos requiriendo para nuestra confirmaci√≥n como sujetos, para la validaci√≥n de sentimientos, pensamientos y acciones, de que un otro los¬† revalide.¬† Revalidaci√≥n que para algunas personas no corresponde simplemente a un ‚Äúre‚ÄĚ de un existente intraps√≠quico sino que es condici√≥n de su propia constituci√≥n, de que pase a existir.

 

Pero ya sea que el otro nos confirme o nos conforme (en el sentido de que nos da forma, nos construye), jam√°s dejamos de requerir que un otro real o imaginario d√© testimonio de nuestra existencia y de la valencia emocional de la experiencia. El placer que se encuentra en la intimidad es, precisamente, esa revalidaci√≥n. Por ello tiene un car√°cter vivificante que no se reduce al ‚Äúyo valgo‚ÄĚ, desarrollo ulterior que exige que se haya organizado en el psiquismo un sistema de valoraciones, una escala de preferencias, un yo ideal, una capacidad de comparar la representaci√≥n de s√≠ con la de ese yo ideal. Se trata, en cambio, de algo mucho m√°s general y abarcativo en que la libido del otro, el placer del otro, entra entra como fundante del placer del sujeto en ser, en pensar, sentir y actuar.

 

Una vez que se descubre, dolorosamente, que el estado emocional del otro, que sus intereses y deseos, pueden ser muy diferentes a los del sujeto, el deseo de reencuentro mental se convertirá en motor del psiquismo. El placer de la intimidad no es indiferenciación, borramiento de los límites self-no self,  sino afirmación del ser en el encuentro con un otro que confirma al sujeto y sus vivencias pero a condición de que el sujeto lo confirme dentro de sí  para que, entonces, el otro sí disponga del poder de asignar significado a los momentos particulares del existir.

 

Obst√°culos internos a la intimidad

 

Este requisito de que el otro tenga validez dentro del sujeto para que surja el sentimiento placentero de intimidad pone sobre la pista de cuáles pueden ser las condiciones que conspiren para que se alcance. No es sólo porque el objeto externo no aporte esa confirmación, factor sobre el que le estamos reconocido a Kohut por haber hecho hincapié, sino porque la propia agresividad del sujeto deteriora, corroe la representación del objeto que podría confirmar a aquél. La crítica tendenciosa al objeto externo priva al sujeto de todo placer en la intimidad ya que hace desaparecer a aquel de quién se espera algo y para quién se es. Ese es el aporte de M. Klein (1940) al destacar las condiciones internas del sujeto que conspiran en contra del poder hacer uso del objeto externo para su propio desarrollo, en este caso para la confirmación de su ser y de sus vivencias.

 

La consecuencia que se deriva de lo anterior para la terapia anal√≠tica es que la¬† reafirmaci√≥n del sujeto, y la vitalizaci√≥n del self derivada,¬† requiere de un analista que le confirme -la posici√≥n de la psicolog√≠a del self – pero, adem√°s, de un trabajo sobre las condiciones internas, en especial la agresividad y sus diversas causas, que impiden que el objeto externo, el analista,¬† tenga el ‚Äúestatus‚ÄĚ necesario dentro del sujeto para que su confirmaci√≥n no sea denigrada -la posici√≥n kleiniana.

 

P√°gina web del Enfoque Modular-Transformacional

 

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Sexualidad en la Tercera Edad

La Facultad de Psicología dedica una jornada a la sexualidad en la Tercera Edad

El profesor Feliciano Villar dar√° una conferencia, centr√°ndose en los mayores que viven en residencias

Elena Fernández-Pello 17.11.2017 | 19:08

 Feliciano Villar, doctor en Psicología por la Universidad de Barcelona, profesor titular en el departamento de Cognición, Desarrollo y Psicología de la Educación de la Universidad de Barcelona, director del Máster de Psicogerontología y coordinador de la Red Iberoamericana Interdisciplinar de Investigación en Envejecimiento y Sociedad (RIIIES), impartirá la semana que viene una conferencia sobre la sexualidad de las personas mayores, invitado por la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo.

El t√≠tulo de la sesi√≥n, que tendr√° lugar en la sede de la Facultad, en la plaza Feijoo de Oviedo, el mi√©rcoles 22 de noviembre a las 17.30 horas, es “Sexualidad en entornos residenciales para personas mayores. Evidencias y elementos para la buena praxis profesional”.

El Comit√© de √Čtica de Intervenci√≥n Social de Asturias se ha sumado a esta convocatoria, “apoy√°ndola y colaborando en su difusi√≥n al considerar que la sexualidad de personas mayores es un tema de enorme relevancia para mejorar la pr√°ctica profesional en los servicios sociales y residenciales”.

Desde el comit√© sostienen que “la sexualidad de personas mayores en centros -residencias y tambi√©n en centros de atenci√≥n diurna- es un tema sobre el que todav√≠a existe poca informaci√≥n y que, a menudo, es obviado a pesar de ser fuente, en no pocas ocasiones, de conflictos √©ticos” y consideran que “una mayor formaci√≥n sobre este tema contribuir√°, no solo al reconocimiento de los derechos sexuales de las personas mayores y al fomento de su salud y calidad de vida, sino que tambi√©n resultar√° de ayuda a las instituciones y a los profesionales para procurar un abordaje √©tico ante algunas situaciones que pueden generar dudas”.